Diversión ucraniana desde la factoria de autoritarismo politicamente correcto

@Teresita Dussart, todos derechos de propiedad intelectual y reproducción reservados

La primera diversión ucraniana, en 2014, sirvió a hacer olvidar el sostén de Estados Unidos al hiper terrorismo bajo el pretexto de las Primaveras Árabes, o supuesta democratización de algunas naciones autoritarias aunque laicas. En 2022, la tierra que vio nacer Gogol vuelve a ser motivo de un postureo moralista por parte de naciones situadas a miles de kilómetros, totalmente desconectadas de su historia y realidad. Occidente amonesta una democracia explícitamente imperfecta, Rusia, para tratar de hacer olvidar la narrativa sanitaria que hizo entrar el autoritarismo en su Derecho positivo y los estragos de dos años de distopia.

Desde la ratificación del Protocolo de Minsk de 2014 y Minsk II, cuyas disposiciones nunca fueron terminantemente cumplidas por parte de Ucrania, la obsesión totemica hacia ese país parecía reducida a una reminiscencia de difuso bochorno geopolítico, indigno de cualquier reseña en los libros de historia. De hecho nadie parece acordarse que aquello existió. Cuanto más que con el regreso de Joe Biden, esta vez de presidente, Ucrania se anunciaba como tabú, debido al protagonismo de Hunter, hijo del que actuaba entonces como vice de Barack Obama.

En 2014, durante las protestas de la Plaza Maidan (para el análisis del conflicto de 2014 leer [i]), Hunter ocupó un lucrativo puesto de complacencia en la empresa Burisma Holding del ahora expresidente ucraniano, Viktor Yanukovich.

Como no podía ser de otra manera, ese episodio de prevaricación fue evocado varias veces por Donald Trump durante su campaña y censurado por las redes sociales en cada una sus evocaciones. Sigue siendo el tema que puede derivar en el cierre sin previo aviso de cualquier cuenta.

Rusia quiere violar la vestal

De corrupción Ucrania sabe desde luego mucho más que Biden de táctica, cuya reciente retirada de Afganistán, quedara como el episodio más humillante de historia militar. Pero en la era de la posverdad los hechos son artefactos mentales en desuso. A pesar de ser una de las naciones de más endémica corrupción del mundo, según las mediciones de Transparency International, Ucrania sigue siendo representada por los medios mainstream como un enclave tan euroatlántico como democrático, bajo permanente amenaza de caer en las garras rusas. El pitch es que Rusia quiere violar la vestal. No importa que nada venga a fundamentar esa acusación. Basta con alegar que el gigante euroasiático despliega tropas hacia las fronteras con Ucrania, aunque sea en su propio territorio. Los motores de la factoría del estado de alarma funcionan a pleno rendimiento.

Soplar sobre las brasas de un conflicto etnocéntrico en Europa no represento ningún dilema ético a Barack Obama cuando se trató de hacer olvidar la bochornosa aventura de las Primaveras Árabes, las cuales dieron pie a la creación del hiper terrorismo del Estado islámico y su sequito de imitadores, sin hablar de la crisis de refugiados. La crisis ucraniana permitió hacer pasar en segundo plano el terror que los actores de las primaveras árabes iban sembrando por Europa.

Habiendo hecho sus pruebas una primera vez en una sociedad tan idiotizada, no hay razón que no vuelva a servir. El pánico tiene que cundir. Esta vez se trata de hacer olvidar la narrativa covidiana. El miedo “al bicho” está perdiendo adhesión en la opinión pública. El estado de transe hipocondriaco colectivo, al resquebrarse, queda a la vista las consecuencias del delirium tremens. Centenares de millones de nuevos pobres en el mundo, abandono escolar masivo, naciones antes democráticas hoy desposeídas de toda forma de contra poder, un panorama sanitario escabroso conformado por millones de personas cuya condición ha sido desatendida, canceres que antes de 2020 habrían sido prevenidos y tratados a tiempo, servicios de hospitales sigilosamente cerrados alegando de un presunto colapso que nunca fue, y una parte sustancial del censo mundial habiendo sido expuesto por gobiernos democráticamente electos a experiencias clínicas, de las cuales los resultados se darán a conocer en los años por venir. Y qué decir de la inflación, el desempleo, el estado de endeudamiento público y tanto más.

Estados de alerta atipicos para asentar el autoritarismo

El método es el mismo. Para caldear los ánimos, instrumentalización de medios de comunicación habiendo perdido toda dignidad propia del periodismo independiente. Medios que entretienen hacia la verdad un vinculo de indole semejante al de la difunta Pravda-, paradoja de un antagonismo de guerra fría recalentado. El diario The Washington Post, órgano oficial de la tecnoestructura, comprado en 2013 por Jeff Bezos, propietario de Amazon, uno de los hombres a quien la denominada crisis sanitaria más ha beneficiado, anuncia el 3 de diciembre que según inteligencia militar (la misma que afirmaba que Sadam Hussein poseía armas de destrucción masivas) Rusia estaría a punto de invadir Ucrania en una operación que implicaría tropas de 175.000 personas. [ii]. La máquina de fake news se ajusta a la nueva temática. Los censores están a la obra. Se denominan «verificadores» y por lo general se trata de empresas en India o lugares asi, proveyendo motores de busqueda configurados para perseguir el disidente, si se trata de desconocidos. Para la farandula, el trato es otro. El periodista de Fox, Tucker Carlson ha sido directamente acusado de traición por haber osado ironizar sobre el fondo de esta nueva entelequia de crisis. El almirante alemán Kay-Achim Schönbach ha sido obligado de presentar su dimisión tras haber proferido verdades intolerables por la plutocracia. Y solo es principio.

El problema de Occidente no es que nuestro personal político dé lecciones de democracia. El problema es que ya no esté moral e intelectualmente calificado para hacerlo.

Otra regla, siguiendo el modelo de la distopia sanitaria, es la prohibición de hablar de temas profanos. Así es como Joe Biden, se sintió autorizado de injuriar de «hijo de p…. » un periodista por ser el deplorable autor de tamaño ultraje consistiendo en preguntar sobre la inflación galopante en Estados Unidos, cuando el único tema del día era la heroización de la figura del Comandante en Jefe. Biden, Macron, mismo combate. Emmanuel Macron él, es sabido, quiere “joder los franceses” que no se plieguen a sus exigencias de inyecciones. Ese es el personal político de un Occidente sin brújula. Una casta que propina lecciones de democracia, con los modales de Vlad el Empalador.

Para entender las claves de la cultura política en la cual estamos inmersos, hay que volcarse en los textos que hacen referencia. En enero, la revista Cambridge University American Political Science, publicó un paper de Ross Mittiga, asistente profesor, formado en la Universidad Católica de Chile (referencia del vokismo violento iberoamericano, antes teología de la liberación). Cabe señalar que al académico le parece importante hacer saber que es vegano en sus redes sociales. Para que cada uno se ubique.

Del abstracto de su artículo, “Political Legitimacy, Authoritarianism and Climate Change”, se desprende la clave de la filosofía política del momento: “Si bien en condiciones normales, mantener la democracia y los derechos es compatible con la garantía de seguridad, en situaciones de emergencia, conflictos entre esos dos aspectos de legitimidad pueden aparecer. Un ejemplo de ello es la pandemia de Covid-19, en el marco de la cual severas limitaciones de libertad de movimiento y asociación han sido técnicas legitimas de gobierno. El cambio climático plantea una amenaza aún más importante a la seguridad pública. Por lo que planteo, que el cambio climático exige un acercamiento igualmente autoritario. “

Esa es la catequesis de la izquierda woke, que de liberal ya solo conserva el nombre. Occidente se hunde en un autoritarismo políticamente correcto y asumido; donde las restricciones a nuestras libertades son relativizadas como técnicas de gobierno. Para alimentar una realidad política y filosófica tan disruptiva esta generación de gobernantes necesita del estado de alerta permanente, sanitario, geopolítico, climático. Se las tiene que inventar. Es por eso, que es urgente desautorizarlos. El problema de Occidente no es que nuestro personal político dé lecciones de democracia. El problema es que ya no esté moral e intelectualmente calificado para hacerlo.

Entre l’Europe et la Russie, la tresse de Timoshenko

[i] https://relacionesinternacionales.co/2014/02/06/ucrania-receta-para-remozar-los-viejos-conflictos-etnicos-de-europa-oriental/

[ii] https://www.washingtonpost.com/national-security/russia-ukraine-invasion/2021/12/03/98a3760e-546b-11ec-8769-2f4ecdf7a2ad_story.html



Categorías:Asia Central, Corrupción, Diplomacia, ensayo, EUROPA, Uncategorized

Etiquetas:, , , , , , , , , , ,

Deja un comentario

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.

error: Content is protected !!
A %d blogueros les gusta esto: