Discriminación al modo “people care”

@Teresita Dussart, todos derechos de propiedad intelectual y reproducción reservados

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Lo lees, te lo cuentan, lo percibes, lo sabes, hasta que un día te golpea, a ti, y a otro, y a otro y pronto ha arrinconado a todos tus amigos. Para algunos de nosotros, aquellos que nos inscribimos en falso contra las medidas distopicas de la Nueva Normalidad, ser víctima de discriminación es una actitud que levanta tan poco oprobio, genera tanto consenso, que no requiere siquiera disimulación. Hasta darle publicidad podría generar beneficios para el autor.

A mitades de 2020, mi empresa, que ya había conocido un momento difícil tras mis divulgaciones en el caso Nisman en 2017, conoció un párate definitivo, víctima del economicidio general. Hace un mes, We’ll Group una empresa francesa experta en Recursos Humanos se puso en contacto conmigo, para cubrir el puesto de Director de Operaciones para su filial española Facthum y sus actividades en América Latina. Mantuve una serie de tres entrevistas, incluido con el CEO. Me pidieron que les realice un plan de acción. [i]

Las entrevistas habían transcurrido en un clima de inteligencia totalmente anómalo para lo que es la época. Las preguntas excedían en coherencia con los criterios del puesto a cubrir. Confieso que estaba maravillada. Obviamente no me hicieron pasar por ninguna de las herramientas de “assessment” que proponen a sus clientes. Una de ellas “Proctoring”, parece indicar alguna especialización en la selección de proctólogos, pero es una picardía. Es solo para darle un toque científico. “Se trata de la metodología para supervisar evaluaciones online”, reza la web corporativa.

Al enemigo ni justicia

Llegado el cabo del proceso de selección, nos teníamos que ver las caras el 21 julio en la periferia de Madrid a las 15H00. A las 14.55 recibí una llamada de la empresa, informando que la reunión había sido cancelada, alegando que a la parte española “no le gusta [mi] ideología”. Es curioso. Pocas personas entre mis contemporáneos combaten tanto las ideologías como yo. Siempre he preferido el argumento al eslogan y el epistemólogo al militante. Pero más allá de lo que yo pueda pensar de las ideologías en general o de una en particular, el caso es que jamás tal afirmación podría haber sido proferida con tanto descaro si mis planteamientos hubiesen sido percibidos como de izquierda.

A decir verdad estaba algo preocupaba que una empresa vende humo, plataforma de “coach”, un ambiente equiparable en mi representación a las fumisterías que puedan llegar a emanar de un congreso de psicólogas en Miami, se haya fijado en alguien cuyas funciones de Director de Operaciones estaban en todo alejadas de las elucubraciones de la autoayuda y esas cosas. Mi mundo ha consistido en ir a rescatar partes de la anatomía de personas en Asia Central para que las familias puedan enterrar el cuerpo entero, investigar determinadas formas de financiamiento del terrorismo en la zona transahariana o sacar un «honesto padre de familia mormón» de alguna situación embarazosa en América Latina (manto de piedad requerido). En cuanto a la parte Business Intelligence, se ha tratado de acciones con objetivos definitivamente no procesables en una sesión de coaching.

Y así lo había confiado a mi tertulia de amigos. Entendiéndolo como una forma de corrupción por mi parte. Pero nadie es perfecto y de algo hay que vivir. La convivencia se anunciaba difícil. Yo, desde luego, si fuese una empresa vende humo, no me hubiese elegido. Pero bueno, los expertos en recursos humanos son ellos…

Los proctólogos del RH no fueron capaces de constatar la enormidad de mi perfil público-, entre la publicidad deseada y la que no-, hasta cinco minutos antes de la hora fijada para la reunión. Cuanto más increíble, teniendo en cuenta que todas mis publicaciones se han dado poniendo un pundonor en jamás de los jamases recurrir a la falsificación de identidad. Guste o no guste, nunca he publicado nada que no haya asumido y firmado.

No hubo disculpas, ni empatía, ni contemplación de los efectos que una decisión tan brutal podría producir en una persona a quien se le hace venir desde 800 kilómetros, más en el cuadro del mercado laboral tal como lo dejaron los tiranos de la distopia sanitaria. Y no lo habrá, porque todas las categorías del “people care” están destinadas a poblaciones que piensan dentro de los carriles autorizados. “Al enemigo ni justicia”, diría un fascista argentino. De hora en más, un precepto universal.

El suicidio de Mike Adams, profesor de la Universidad de North Carolina, en julio de 2020 fue toda una parábola. Mike Adams, representa una forma de libre electrón pensador de “derecha” si se lo quiere ubicar en un lugar del viejo antagonismo ideológico. Pero sobre todo se trataba de un espíritu volando por encima de las ideologías. Un franco tirador apuntando con ironía al encorsetamiento militante, y pronto policial, del políticamente correcto. Fue víctima de amenazas que nunca pudo denunciar formalmente, pues en su caso habrían aparecido como lo justo y merecido. En este campo de lucha cultural, era, a pesar de su vulnerabilidad, de su inteligencia, de su lucidez, el malo.

Ser divergente es inevitable para un demócrata. No implica ningún postureo radical. Al contrario. Implica cuestionar la radicalidad y peligrosidad de la Nueva Normalidad

Intelectuales de izquierda también fueron víctimas de la caza de brujas, Lauren Wolfe del New York Times, perdió su trabajo por salir de unos milímetros del libreto y más cerca de nosotros en el ámbito español, el director del País, Antonio Caño, uno de los mejores periodistas de su generación por ende de esta y de la que sigue, se fue por la puerta trasera de un medio a cuyo prestigio obró como nadie, por haberse atrevido a apuntalar el control de los medios por parte del actual jefe de gobierno. “Ningún presidente ha tenido un entorno mediático tan favorable como Pedro Sánchez”. Eso es un hecho, y recabar hechos es subversivo. Los censores del soviet interno del País, incapaz de diferenciar entre comunicador político y periodista, previsiblemente, lo destituyeron.

Fascismo de buenos modales

La cultura de cancelación no esperó la dictadura sanitaria para llevarse puesto cohortes enteras de intelectuales, científicos, libres pensadores. Pero sin lugar a duda, desde 2020 el amedrentamiento va mucho más allá de la parafernalia habitual consistiendo en difamar, ridiculizar. Se trata de atacar por el trabajo. Cuanto más fácil, que el perfil de los libres pensadores es el de personas cuya situación económica es a menudo inversamente proporcional a sus competencias objetivas.

Haciendo abstracción de las consecuencias, ser divergente es inevitable para un demócrata. No implica ningún postureo radical. Al contrario. Implica cuestionar la radicalidad y peligrosidad de la Nueva Normalidad. Como cuestionar la coerción vacunal, por sueros que no han pasado por las fases clínicas incompresibles para su plena aprobación; comunicar en las redes sociales en base a estadísticas oficiales sobre la cantidad de suicidios de menores en comparación con la misma categoría etaria de víctimas del COVID; denunciar la denegación de cuidados para las patologías endémicas; escandalizarse por la brutalidad de la represión policial de civiles perpetrada por gobiernos que proclaman querer “cuidar” los ciudadanos más allá de su voluntad; ironizar sobre el hecho que obesos prefieran cercenar el derecho a la alegría de jóvenes sanos, en lugar de refrenar su gula (habiéndolo dicho esto me expongo a la censura por gordofobia); exponer el numero de muertos por covid vacunados en base a estadísticas oficiales; cuestionar la eficacia de las vacunas a la luz de nuevos encierros poblacionales dentro de los países más vacunados del mundo; emitir críticas sobre la constitucionalidad de medidas de un nivel de tiranía desconocido en la historia de Occidente; pensar en términos de proporcionalidad en cuanto a la gestión de riesgos; retuitear el informe con las cifras del Banco Mundial del año pasado, dando un 62% de salto de empobrecimiento infantil en tan solo un semestre de confinamiento; expresar sideración por la obsecuencia de los medios masivos en torno a los preceptos de la dictadura sanitaria. Y tantas otras realidades fomentadas por datos duros.

La Nueva Normalidad es un fascismo de buenos modales. Cuanto más legitimidad intelectual, profesional y académica tendrá el divergente, más se producirá ese coctel bastardo entre sentimiento de buena consciencia y goce sádico por parte de los autores del linchamiento social. Es un dato de la realidad. No va a cambiar sino para empeorar. Solo nos queda seguir con lo que sabemos hacer y profundizarlo.

[i] Agregar sacárselos todo de encima.

 



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