Pasaporte digital covid, chantage a la vacuna

El pasaporte digital no logrará su cometido para impulsar el turismo. Será un obstáculo. No un incentivo. La tasa de personas vacunadas, el promedio de edad, hablan de personas con poca movilidad.

Un pasaporte digital covid ejercería un efecto coercitivo y violaría todos los convenios de bioética celebrados desde 1947 a la fecha.

Los aspectos de seguridad y estudios de riesgos prospectivos sobre el devenir de los datos hablan de otra caja de Pandora, la cual no se podrá volver a cerrar una vez abierta.

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Son de temer las bruscas aceleraciones de la historia. Cuando el 1ero de marzo, Úrsula von der Leyen, presidente de la Comisión Europea, anunció por la red social Twitter, que el grupo regional introducía un proyecto de Ley sobre el Pasaporte Verte Digital, conocido como el pasaporte covid, se quemó otra estantería de derecho público internacional sobre bioética y derechos humanos. Decirlo es hacerlo. Si algo nos deja como enseñanza 2020, es que todas las medidas más delirantes se concretan. No quedan al estado de amenaza. El cerco de censura y cancelación de voces disidentes, y la utilización de los elementos de lenguaje para distorsionar la presentación de los hechos ha sido hasta ahora terriblemente eficaz.

El tweet de la alemana es muy claro: el pasaporte es “una prueba que la persona ha sido vacunada”. Es su razón de ser. Presenta como punto alternativo, la posibilidad que el pasaporte sea otorgado, presentando “resultados de tests para aquellos que aún no hayan podido tener acceso a la vacunación. “Los que no “pueden”. Es muy sutil. Los que no quieren, ellos no podrían beneficiarse del salvoconducto. Vale recordar que la inyección, todo laboratorio confundido, no es obligatoria. Y es muy importante que así sea, en la medida que sigue estando en fase experimental. Una ilustración de ello es que el Ministerio de Salud francés impide a los residentes vacunados en las EPAD (residencias de adultos mayores en Francia) salir, pues no se saben y lo dicen explícitamente “si las personas pueden contaminar o ser contaminadas y que necesitaran más tiempo para saberlo”. Sin precisar de cuánto tiempo. En otras palabras las autoridades francesas admiten administrar un fármaco del cual desconocen su eficiencia y seguridad y reconocen que la vacuna no es un producto terminado, sino un ejercicio en progreso consistiendo en buscar respuestas sobre aspectos que normalmente se estudian en la fase I, II y III[i]. Si a ello se suma que los contratos firmados en total opacidad entre los laboratorios y los Estados nacionales se acompañan de un cheque en blanco en cuanto a la responsabilidad civil de las farmacéuticas, el consenso del paciente hacia un producto tan arriesgado se vuelve aún más imprescindible.

Cuidadanos en lugar de ciudadanos

Con el pasaporte digital, hecho Ley, se ejercería un chantaje a la aplicación de la inyección. La dimensión coactiva es evidente. El que no se administre el producto (el que sea, ya que no se puede elegir), no podría viajar, ni por ocio, ni por trabajo. Correría el riesgo de perder su trabajo a corto o mediano plazo, si es que aun dispone de un trabajo. Perdería su negocio, en las muchas situaciones en que el desplazamiento en persona es esencial, o debería renunciar al personal idóneo en caso de que algunos no quieran vacunarse y eso afecte su movilidad profesional. El que no quiera vacunarse tampoco podrá visitar museos, teatros, asistir a lugares de culto.

Además de dar por obsoleto el pacto de Schengen, la burocracia europea, archiva en la sección de valores en desuso, el concepto de integridad física, la libertad de reunión, la libertad de circular, libertad de culto, y todo lo que hace a la singularidad del ser humano. “Todo lo explícitamente humano es inoportuno”. “Todas las manifestaciones que contribuyen a la pérdida del carácter humano son extraordinariamente deseables para una mejor manipulación de las masas”. Günther Anders, compatriota de von der Leyen. Un visionario.

Muchos países ya han hecho efectivos certificados de vacuna usados como salvoconducto. Entre ellos se encuentra Grecia, Chipre, Estonia, Hungría, Italia. Boris Johnson, anuncio a principios de marzo que entregaría un “certificado de estatuto sanitario”. El uso de la palabra pasaporte, en lugar de certificado, de por si no menos coercitiva, es importante porque implica que a partir de ahora, el estatuto de salud se confundiría y sustituiría a la noción de ciudadano. En la Argentina de Alberto Fernández y Cristina Fernández de Kirchner, en el marco de la dictadura sanitaria el ciudadano paso a ser nombrado “cuidadano”. Es interesante porque en lo tocante a rasgos de utopía orwelliana, el peronismo a menudo fue pionero, debido a su ADN nacionalsocialista. Por lo tanto hay que saber recibir esas señales.

Es una disrupción utópica, subliminalmente eugenista, la del “cuidadano” premiado con la posibilidad de viajar, versus el ciudadano desclasificado, pobre y aislado, castigado por su oposición a clarificar su estatuto sanitario a funcionarios o comerciantes a quien se les antojaría exigírselo, aun cuando nada tengan que ver con la salud.

Los que se vacunan no están para ir de tapas

El pasaporte covid europeo es el resultado de una aceleración de la presión por parte de grupos de intereses privados, tanto como de los países de Europa de sur. España y Grecia singularmente confían en que, un tal documento permitiría relanzar la industria del turismo que sus gobiernos y una oposición de plutócratas inútiles han destruido a través de medidas una más demente que la otra, a lo largo del año distópico.

En el marco de una entrevista al diario el Mundo, la Ministra de Sanidad Carolina Darias declaraba que ese pasaporte permitiría a las personas que dispongan de él de viajar hacia “países que tengan instaurada la misma medida.” (…) “La propuesta de España es para viajar de dentro a afuera y, sobre todo, de afuera a adentro, o sea, que los extranjeros con Pasaporte Covid puedan entrar en España. Por eso, la lucha se centra en que la medida sea unitaria y de la UE.” Así en la acepción de esa funcionaria, el pasaporte permitiría, no obstaculizaría, los viajes. La distorsión de la realidad es fenomenal.

La realidad es que la gente no se vacuna, porque no quiere aun cuando pueda hacerlo. Los que se están vacunando, pertenecen a grupos que no están en condiciones de viajar por su rango etario

La realidad es que la gente no se vacuna, porque no quiere, aun cuando pueda hacerlo. Los que se están vacunando, pertenecen a grupos que no están en condiciones de viajar por su rango etario. En Reino Unido, país de la Unión Europea que más vacuna, la tasa de personas habiendo recibido una dosis es de 32,9%. En Alemania 8,1%. Francia 5,79% (Fuente, Our World In Data). De los casi 33% de vacunados de RU, más de 85% se sitúa por encima de los 65 años, con una muy fuerte representación de la cohorte por encima de 80 en residencia geriátrica. Es decir personas presentando algún grado de dependencia y de restricción de movilidad. Personas padeciendo a menudo de enfermedades neurodegenerativas, propias a la edad. Personas de las cuales hasta se puede dudar en muchos casos de la calidad del consentimiento informado ante la vacuna, pretendiendo presuponer que les fuera solicitado.

Esa composición demográfica de “vacunados” se reproduce por todas partes. En parte porque se ha decidido ensayar los productos primeros sobre personas en fin de vida, violando los preceptos más básicos de bioética. Pero también es verdad que los menos de 55, aun cuando no declaren oponerse a la vacuna covid, prefieren ceder su turno. Una ilustración: en Francia una serie de manifestaciones se ha desarrollo la primera semana de marzo por parte del personal sanitario, el mismo que administra la vacuna, protestando contra la decisión de imponérsela a ellos. El gobierno ha terminado por hacer marcha atrás. En las cohortes de turismo masivo de las playas del sur de Europa, de seguir impulsado una herramienta que obstaculiza el viaje, los hosteleros deberán equiparse de material gerontológico. No habrá otro turismo.

Tabula rasa de todos los códigos bioéticos

La medida no solo es carente de análisis estratégico. Carece de algo de mucho más fundamental que es de perspectiva jurídica y ética. Federico Montalvo, presidente del Comité Español de Bioética se ha manifestado en la prensa a favor de la medida: “Yo sí que apoyo incentivos positivos a la vacunación como el pasaporte covid«. Los catetos y ignorantes se han adueñado de España, a tal punto que se confunde coacción con incentivo. Sin ser el país que tomó las medidas más violentas de Europa a nivel nacional, es el país de Europa de lejos el más histriónico, dispuesto a cualquier barbaridad, con tal de erradicar el miedo medieval al ”bicho”.

Ese pasaporte digital violaría los principios fundadores de ética surgidos como lecciones de la Shoah y del Nunca Más y plasmados en el Código de Nuremberg

A pesar del silencio de los juristas en 2020, el cuadro normativo no ha cambiado. Ese pasaporte digital violaría los principios fundadores de ética, surgidos como lecciones de la Shoah y del Nunca Más y plasmados en el Código de Nuremberg, publicado el 20 de agosto de 1947. Entre esos principios, el primero asocia consentimiento informado y prohíbe la coerción.

Muchos de los conceptos de Nuremberg son retomados por la Declaración de Helsinki de 1964. Más recientemente, elConvenio del Consejo de Europa para la protección de los derechos humanos y la dignidad del ser humano respecto de las aplicaciones de la biología y la medicina”, conocido como Convenio de Oviedo, establece en su artículo 2, la “Primacía del ser humano”. “El interés y el bienestar del ser humano deberán prevalecer sobre el interés exclusivo de la sociedad o de la ciencia.” No se debe alegar del presunto interés de la mayoría para imponer medidas pudiendo siquiera potencialmente ser nociva a una minoría o ir en contra del consentimiento informado del individuo. Por si fuera poco, el “Consejo de Organizaciones Internacionales de las Ciencias Médicas (CIOMS) de la OMS, en su tratado de 2011 “Pautas éticas internacionales para la investigación relacionada con la salud de los seres humanos” advierte sobre las formas de coerción disfrazadas.

De esa hemeroteca se desprende principios sagrados de antropología del derecho. Uno de ellos consiste en proscribir los ensayos clínicos sobre personas vulnerables. Es una vergüenza haber practicado ensayos masivos sobre personas mayores en residencia. Habla de nuestra decadencia moral. Pero ese es otro tema.

El pasaporte covid, vía rápida hacia el Singleton

En cuanto a la privacidad nos lleva a preguntarnos quien fabricará los pasaportes, ya que se entiende que se le quiere dar a estos la forma mas global posible. Prácticamente como un documento único a nivel global. Sin sorpresa Microsoft, la empresa fundada por Bill Gates, cuya huella se observa en cada una de las etapas de esta distopia, lleva meses de adelantado para la elaboración del pasaporte, con Oracle. Otras empresas deberían contribuir en lograr la interoperabilidad a nivel global del documento, de modo que los datos estén procesados por una suerte de inteligencia artificial única o singleton.

Sabemos que durante todo el año 2020 y hasta la fecha, Apple a través de su sistema iOS y Google de Android, sumaron fuerzas para crear un sistema común de rastreo de los sujetos, tal servicio de inteligencia sanitario autoproclamado. Los dos oligopolios tecnológicos han aseverado que dejarían de rastrear las personas a penas las autoridades sanitarias dicten el fin de la pandemia. Lo más grave es que hayan podido hacerlo, fuera de toda forma de control, antes, durante y lo mismo será del después. Y luego, la certeza de que, no solo no dejaran de rastrean, sino que no borraran los datos.

Sin sorpresa Microsoft, la empresa fundada por Bill Gates, cuya huella se observa en cada una de las etapas de esta distopia, se ha adelantado para realizar el pasaporte

Donde avanza la inteligencia artificial, nunca da un paso atrás. Observando el nivel de censura y de cancel culture que operan las big tech, a punto tal de poder censurar el Presidente de la nación más poderosa del mundo, cualquier ciudadano se vería en una situación extremadamente vulnerables en manos de un puñado de personas privadas, las cuales hacen y deshacen la agenda de salud pública, como tantas otras consideraciones estratégicas. Y ese escenario está por producirse. Porque el pasaporte covid, de concretarse dispondrá de una biometría constantemente aggiornada. Cae de peso propio que la colección de datos será inmensa. Hará esas empresas aún más ricas, y nos dejará, los humanos sometidos, bajo las horcas caudinas de una inteligencia artificial evolucionado un ritmo cada vez mayor, mientras la especie retrocede a una velocidad simétrica.

[i] https://relacionesinternacionales.co/2020/12/20/vacunas-flojas-de-papeles/



Categorías:Covid 19, ensayo, gestion de riesgo, Inteligencia Artificial, Transhumanismo, Uncategorized

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