Trump, un presidente tan especial

@Teresita Dussart, todos derechos de propiedad intelectual y reproducción reservado

¿Por qué tantos intelectuales en el mundo toman la defensa de Donald Trump? ¿Por qué asumir una postura asociada a un tal estigma cuando sería tan gratificante ser parte de los fiscales del políticamente correcto? Por seducción intelectual no es. La oratoria trumpiana es de lo más rudimentario y su autor no desplegó ningún esfuerzo para mejorarla en sus cuatros años en la Casa Blanca. Hubo aspectos realmente chocantes como el nepotismo más desenfadado en la designación de asesores de primera plana. Su capacidad abstractiva tampoco es de la que suma adhesiones y cuando puesto en situación de debatir con representantes del partido Demócrata se defendió con argumentos muy por debajo del potencial temático, teniendo en cuenta la corrupción y los desastres antológicos de la administración Obama/Biden/Clinton.

Un Barack Obama que salió -, ahora parece que todo el mundo lo ha olvidado -, por la puerta trasera de la historia[i] con 400.000 muertos provocados por sus primaveras árabes, millones de desplazados de la zona del Sham, colonias infinitas de refugiados, una Europa asediada por el terrorismo suni como efecto domino de lo que fue el más descarado financiamiento de yihadistas apodados “rebeldes moderados”[ii], y tantas otras plagas. Sin hablar de algunas cuestiones que hubiesen merecido un trato judicial, de no ser por haber Obama obtenido un premio Nobel de la Paz, solo por ser el primer presidente afroamericano. Entre ellos, el inexplicable ataque a Deir-ez- Zor en 2017, matando decenas de soldados sirios y permitiendo a Isis ganar una batalla estratégica. Justo cuando la desbandada del grupo terrorista empezaba a hacerse sentir. Fue muy raro. Lo mismo se puede decir del ataque a un hospital de campaña de Médicos sin Fronteras en Kunduz Afganistán, crimen que nunca fue investigado. La violencia que representó los ocho años de mandato de Obama se traduce en cifras elocuentes: 1,5 millones de refugiados sirios en Alemania solo entre 2015 y 2016. Mientras aleccionaba el mundo sobre la paz y otras bondades, en Estados Unidos solo entraron 12.386 refugiados sirios en ocho años.

Enemigos compartidos: el colonialismo chino, el pensamiento único, el racialismo o racismo progre, la ecología misantrópica consistiendo en considerar el ser humano como un engendro contaminador a erradicar

Trump, no sacó ningún redito de todo eso. Ni tampoco de los acuerdos de paz firmados entre enemigos declarados en Medio Oriente bajo su egida. Pero algo en la perceptividad única del personaje, sobre las circunstancias reales de nuestra contemporaneidad, lo sitúa por encima de la generación de políticos estandarizados, y es compartido más ella de Estados Unidos.Esos retos que tanto ocuparon Trump y contra los cuales ejerció de dique de contención, aunque no siempre los haya conceptualizado como tal, fueron: el colonialismo explícito y declarado chino, el pensamiento único y su censura, el racialismo o racismo progre, la ecología misantrópica consistiendo en considerar el ser humano como un engendro contaminador a erradicar (Greta Thunberg, siendo la cara más visible de esa corriente). Principal pero no excluyentemente.

De populistas

Es poco probable que otro se atreva a ponerse al frente de esas batallas tras el escarnio infligido. ¿Quién puede, seriamente, enfrentarse a una China accionaria, a través de sus sociedades de capitalismo de Estado, de los mayores grupos de prensa occidental? Un país cuyo mercado es tan atractivo que en 2016 el propio Mark Zuckerberg proponía proactivamente de crear una herramienta de censura a su red Facebook, para satisfacer las demandas del partido comunista chino[iii]? Son intereses colosales al lado de los cuales hasta la superpotencia americana se ha quedado chica.

La lección ha sido aprendida por los populista disfrazados de moderados. Las pautas de hora en más para los próximos comicios consistirán en implementar herramientas para luchar contra los «conspiracionistas”, tomar medidas de prevención contra los “terroristas domésticos”, y prevenir el “voto presencial” por motivos sanitarios, aunque se desarrollen en los próximos años. En cuanto al conspiracionismo en su acepción contemporánea, vale recordar que sus primeros exponentes fueron los Demócratas de la administración Obama y su obsesión por la supuesta intervención rusa en las elecciones, cosa que nunca fue ni lo más remotamente demostrada pero valió a Trump un primer juicio de destitución. Esa tentativa de destitución fue equiparable a una tentativa de golpe, ni más ni menos, dando un orden de idea de hasta que extremos de radicalidad la cultura de cancelación puede llegar.

El estigma de populista es el tropismo más común para calificar Trump. La realidad es que populista es quien ejerce dos condiciones nefastas: demagogia y clientelismo. Demagogos son aquellos que definen su línea programática acorde a lo que indican las encuestas de opinión y clientelista quien tira un hueso, brinda pan y circo, o se asegura la paz social infundiendo miedo. Desde luego Trump, no hizo, ni lo uno ni lo otro.

Los autopercibidos moderados

En el prototipo de político respetable se destaca el presidente francés, Emmanuel Macron. Otro que ha tomado nota de lo que no se debe hacer o ser es Pablo Casado el presidente del Partido Popular en España. Dos personas de misma generación, obsesionadas por parecer moderados.Como si la moderación fuese un fin en sí. Se pude ser moderadamente valiente, moderadamente listo. En sus casos, ser moderado consiste en abogar por el encierro poblacional más estricto, sin miramientos a sus consecuencias. Los Demócratas entendieron mientras gobernó Obama que ser moderado en esa acepción tan particular, consistía en financiar grupos desprendidos de al Nusra para destituir a Bashar el Assad, o fomentar una guerra interétnica en Ucrania entre gente que hasta entonces siempre había vivido en paz. Belicosidad que se esfumó al momento mismo en que salió del escenario Obama. No cabe duda que el flamante gobierno de Biden representará un crescendo en radicalidad, afortunadamente sin guerras comenzadas, gracias al legado de su predecesor. Será muy difícil generar unidad entre un gobierno que corresponde a los criterios de un casting de Almodóvar o de una publicidad de Benetton, poco representativo y sin disponer de visibilidad sobre los KPI.

El racialismo consiste en conferir una representación hiperbólica y victimaría a las señales de diferencias étnicas, sobreponiéndola a todas las características que hacen a lo que de verdad es la persona

La cuestión de color se ha vuelto muy estridente. Es como un regreso a los 60. Hasta los años 90, las naciones del hemisferio norte fueron progresivamente construyendo una sociedad cosmopolita, liberal, donde las cuestiones étnicas o de minoría sexual no se zanjaban ni por discriminación, ni por condescendencia. Entrado en este milenio, y a medida que los argumentos iban cediendo ante los eslóganes, o menos aun que eslóganes, hashtag, el racismo, esa disposición mental repugnante, volvía a hacer su entrada, pero esta vez encapsulada en un concepto políticamente correcto: el racialismo. Se trata de conferir una representación hiperbólica a las señales de diferencias étnicas, sobreponiéndola a todas las características de la persona, asumir que esa persona se percibe como formando parte de una minoría, aunque no sea el caso, y decretar que esa “minoría” es ontológicamente víctima, mientras sus compatriotas blancos ocupan ellos el infamante puesto de victimarios.

Así individuos con los cuales teníamos un trato normal: colegas, amigos, conocidos, esposos, vecinos, comerciantes, abogados, cirujas de la esquina, de pronto pasaron a ser racializados y de facto constituidos en víctimas nuestras. Se complicaron ligeramente las relaciones. Más teniendo en cuenta que ese desfasaje de percepción viene acoplado a otra asimetría. Las victimas designadas gozan de una libertad de expresión total, pudiendo proferir bromas de mal gusto y hasta emitir frases racistas. Los culpables designados deben consultar un abogado antes de apartarse del tecno lenguaje de corrección política. De hecho. muchos diarios han despedido los periodistas que se dedicaban a hacer caricaturas. El sentido del humor se ha convertido en un campo de minas antipersonales.

Trump, fue el político menos preocupado por cuajar en las normas del pensamiento único, pero a su vez, fue tal vez el ultimo mandatario, reflejando las preocupaciones propias al ser humano, sus miedos ante la perdida de libertades, ante la desnaturalización de la especie, en un mundo francamente antipático. Con todas y por todas sus imperfecciones, lo vamos a extrañar.

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Cuando la injuria es de buenos modales

 

https://relacionesinternacionales.co/2017/01/30/trump-una-dosis-de-tribalismo-para-el-mundo-libre/

https://relacionesinternacionales.co/2020/06/15/del-politicamente-correcto-a-los-antifa-estragos-de-la-doxa-del-odio/

[i] https://relacionesinternacionales.co/2016/12/18/patetica-salida-del-escenario-internacional-de-barack-obama/

[ii] https://relacionesinternacionales.co/2016/12/26/los-rebeldes-moderados-por-su-nombre/

[iii] https://www.nytimes.com/2016/11/22/technology/facebook-censorship-tool-china.html



Categorías:Estados Unidos, Transhumanismo, Uncategorized

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