Nada bueno, en principio, para 2021

@Teresita Dussart, todos derechos de propiedad intelectual y reproducción reservado

Este año a diferencia de los años anteriores, en este blog, no hemos publicado ningún mensaje compaginando con el optimismo propio de un pasaje a un año nuevo. En 2021 los cisnes negros podrían ser varios. Tal vez no coincidan con el carácter impredecible asociado al fenómeno del cisne negro. Empero, llegados a estas alturas de Idioceno, cualquier consecuencia en cadena que se produjera, por enormemente ineluctable que resultase si pensada por mentes del siglo anterior, nos encontraría desprevenidos y sin entender lo que nos ocurre, en manos de comunicadores que no llegan a periodistas, para aleccionarnos con una narrativa aún más infantilízante, de ingesta corrección política y-, como no podría ser de otra manera-, primus inter pares de la Idiocracia, nuestros gobernantes.

Se nos viene encima una depresión económica como pocas veces vista en la historia. Y es solo parte del problema. La pérdida de confianza en las instituciones por parte de un segmento cada vez más substancial de los ciudadanos, asociado a la frustración provocada por el empobrecimiento acelerado de centenares de millones de personas, augura de graves disturbios sociales. Los valores democráticos están en juego. La normalización del avasallamiento de las libertades impuesta tras cada nuevo encierro poblacional (confinamiento) adiestra al sometimiento, propio de los sistemas totalitarios, especialmente entre los jóvenes, ya lo suficientemente imbecilizados[i]. Los pocos que quedan en nuestras sociedades conformadas como árboles etarios inversados.

El teletrabajo no es otra cosa que el síndrome Hikikomori generalizado. Todos encerrados como esos adolescentes japoneses alienados en su auto aislamiento

El devenir del hombre ante la irrupción de la inteligencia artificial[ii], o dicho de otra forma el pasaje obligado por la instancia “maquina”, para toda actividad humana de la índole que sea, se confabula con la cultura política de la “nueva normalidad”. El teletrabajo no es otra cosa que el síndrome Hikikomori generalizado. Todos encerrados como esos adolescentes japoneses alienados en su auto aislamiento, enclaustrados en domicilios exiguos, esperando que el mundo llegué a ellos pantalla mediante, más bien que de ir al mundo despojados de sus lentes de realidad aumentada. Para entender los efectos evolutivos de semejante imposición, hay que remitirse a la etología o ciencia de la conducta animal.

Quedan los peligros geopolíticos clásicos. El más venenoso: el colonialismo chino. Queriendo o no, el tío Xi supo sacar provecho de nuestra debilidad. Lo más probable es que superamos sus expectativas más osadas. Mientras nuestros PIB se iban a pico, China festejaba con bombos y platillos, en discoteca, juergas de toda estirpe y fuegos de artificios multitudinarios, un crecimiento de 8% para 2020. Pensándolo bien, es justicia que desaparezcan las civilizaciones más débiles y ganen las más fuertes. Tal vez nos lo tengamos merecido. Por fin, quedan los desafíos bioéticos, los cuales podrán parecer anecdóticos o retrogradas para muchos por falta de perspectiva antropológica pero hacen a nuestra involución.

Los folclóricos desbordes en Estados Unidos, en margen de lo que había empezado como una marcha pacífica ante el Congreso americano, pueden interpretarse como un atentado de la supuesta extrema-derecha-supremacista-blanca, también conocida como “los deplorables”, entiéndase los seguidores de Donald Trump, entre los cuales muchos representantes de minorías étnicas, que son los que más le votaron. Si ha habido o no fraude en las elecciones y si ese fraude hubiese podido traducirse en una diferencia a favor del presidente saliente, la Justicia americana no ha podido demostrarlo. De lo que no cabe duda es que ha habido una sesgada censura, a favor del partido Demócrata por parte de las grandes redes sociales, en particular Twitter, la cual ha intervenido en la campaña con más impacto aun de lo que podría haber alcanzado una potencia extranjera, sin darse la pena de disimularlo.

La instauración del Estado de excepción a nivel cuasi global ha reforzado la dependencia del ciudadano al mundo digital a la vez que se consumía el giro tiránico de la clase política. Las redes sociales han canalizado lo grueso de la frustración durante mucho tiempo y a su vez incitado a la insurrección y saqueo cuando estas obedecían a la corrección política, como fue para el movimiento racialista (racismo progre) “Black Lives Matter”. El hecho que la censura en las redes apunte específicamente a los votantes de Trump, estriba en que la catarsis popular se exprese a la vieja usanza, en la calle.

En Francia, Jean Castex, evoca el “régimen” de restricciones donde el régimen es aquello en lo cual la republica se ha transformado, merced a la guerra santa de Macron contra él «bicho». En Argentina, el presidente Alberto Fernández, a quien se debe el confinamiento y el periodo de desescolarización de niños más largo del mundo, intentó sin someter a aprobación del Congreso, tal Yo El Supremo, un toque de queda de las 23 a las 5 de la mañana, sumado a la obligación de descargar la aplicación de rastreo, así como otras medidas demenciales. Sin miedo a que esas medidas contrasten con la reciente multitudinaria manifestación proaborto o el velorio en cueros de Maradona. Siendo justos, es más difícil volver a imponer el encierro por parte de Alberto Fernández, que para los gobernantes de las ex democracias del hemisferio norte. El argentino se enfrenta a una doble oposición, la de todo demócrata ante el populismo y la de toda persona sana de mente ante la dictadura sanitaria. Aunque después de 2020, las diferencias entre las ex democracias y las repúblicas del eje bolivariano tiendan a desvanecer. En cierta medida también desaparecen en comparación con Corea del Norte.

El fact checker, todo un síndrome

Muchos ponemos en duda todas o determinadas instituciones. La que escribe considera por ejemplo que las autoridades de regulación del fármaco han perdido toda credibilidad al otorgar el procedimiento fast track a un producto denominado vacuna de lo cual no se sabe: ¿de qué virus vacunaría? Tampoco se busca colectar datos sobre el estado de salud y otras características de las personas vacunadas. Cierto que se vacuna preferentemente personas muy mayores en residencias o personal sanitario subalterno, los cuales se substituyeron a las ratas de laboratorio de la fase preclínica. Las imágenes de ancianos de 90 años en primera línea experimental violan todos los estándares bioéticos habidos y por haber. En teoría, se vacuna toda persona que levante la manga (la buena noticia siendo que la distribución este pesimamente organizada) sin preguntar si la persona está transitando alguna contaminación, si posee anticuerpos, ni cuáles son sus antecedentes médicos. No mencionado la multiplicidad de factores más sofisticados e insoslayables en un proceso de pruebas normal.

En el mismo orden de idea, llama la atención que grupos farmacéuticos que no disponen de ningún blockbuster nuevo en su pipe line de R&D desde décadas, que no han logrado ningún avance significativo en las terapias génicas, de pronto, en seis meses ofrezcan varios sueros listos para consumo. La facultad de sorprenderse es lo que hizo pasar el ser humano de primate a ser pensante. Es una facultad especista que no se debería intentar desprogramar a mazazos de propaganda y demonización. Fact checker es el nuevo nombre del Comisario político-sanitario y no se contratan en base a las palmas académicas.

No existe una conspiración, ni de Bill Gates, ni de Georges Soros, ni de nadie, pero sí una conjuración de imbéciles

El fact checker de tu vecindario virtual no lo sabe, pero si los lapsos de experimentación clínica son tan largos es porque los efectos adversos toman tiempo en manifestarse. A veces años. Se ha descubierto décadas después de comercializar un fármaco que podía tener efectos adversos durante la gestación (ejemplo, la Depakine de Sanofi). Y eso, sin considerar los efectos epigenéticos. En el caso de las vacunas anti Covid, la homologación de emergencia choca con la realidad: un virus inocuo en 99% de los casos, de bajísima letalidad, pudiéndose además curar en base a la farmacopea existente. Lo peor, si es que se pueda jerarquizar: se ha avalado que la producción se inicie e incluso se venda, antes mismo que el suero sea habilitado por las agencias de tutela.

El dudar de las instituciones es lo que una fracción considerable de personas ha tomado por costumbre nombrar: “conspirativo”, “complotista”, “terraplanista”. No existe una conspiración, ni de Bill Gates, ni de Georges Soros, ni de nadie, pero sí una conjuración de imbéciles. Se llega a este nivel de obcecación y de uniformidad del pensamiento a través de un proceso muy largo que empezó en los 50. Un proceso sobre el cual el filósofo Günter Anders, ex marido de Hannah Arendt escribió, con visión preclara, en su opus “Obsolescencia del Ser humano”, (1956). Los medios masivos producen el hombre masa. Y el hombre masa, el pensamiento único. Quien disienta es por definición un reaccionario. Y lo nuevo es necesariamente sinónimo de progreso. Si esta epidemia fue un fiasco científico desde el vamos, empezando por el aspecto taxonómico, es porque la ciencia necesita del poder disentir sin padecer de acusaciones ignominiosas.

Es una realidad que el poder estratégico y económico de los fundadores de los mastodontes de la economía digital es equiparable al de Estados soberanos. Esa rivalidad se manifiesta hasta en China. Hasta cierto punto en todo caso. Jack Ma, el fundador desaparecido de Alibaba, llegó a tal punto de capitalización y poder que pensó en su hybris rivalizar con el PCC. De hecho la base de datos que posee su grupo, compite con la de los servicios de la dictadura china, gracias a sus clientes que son también su producto.

Bill Gates, siendo un ciudadano común, sin ningún nivel de legitimidad, un profano total-, no es médico, no es científico, ni siquiera un brillante autodidacta por decirlo de alguna manera-, dotado de una fortuna por encima del PIB de varios países africanos, puede preconizar la vacuna obligatoria, tal Jefe de Estado o Secretario General de la OMS. El 15 de diciembre el cofundador de Microsoft se alarmaba, porque cabría la posibilidad, que tal vez, la FDA no aprobaría la vacuna anti Covid. Le parecía en ese entonces, que las declaraciones del jefe de la agencia del fármaco americano no alcanzaban los niveles de alarmismo suficiente, induciendo cierto prurito de herejía filotrumpiana (ver entrevista en Bloomberg [iii]). Lo que debería ser la opinión de uno más, tomó desde el principio de la dictadura sanitaria proporciones universales. Y esa obsesión hacia la vacuna por parte de un personaje tan influyente genera perplejidad.

Gana el miedo

2020 nos deja un saldo económico equivalente o superior al de un estado en guerra. La única solución parece pasar por ahondar los deficits fiscales.Y sigue. Se habla de reconfinamientos varios, uno, dos, tres… En Reino Unido, Boris Johnson ha propuesto un confinamiento hasta el 31 de marzo! Los gobiernos actúan como videntes profetizando “nuevas olas”, “rebrotes”, cepas mutantes, planificando nuevos encierros, por si las moscas, (para que podamos comer en familia en Navidad, para que los niños puedan volver a la escuela, etc.…). Todo ello a pesar del saldo sanitario en términos de denegación de cuidado y de empobrecimiento sistémico. Es ilusorio pensar que el miedo podrá contener las uvas de la colera ante el cuadro que se avecina. Por ahora el miedo ha ganado por KO todos los rounds.

Konrad Lorenz, Premio Nobel de Medicina en 1973 y autor de numerosos ensayos de Etología, decía: “El confinamiento de muchos seres humanos en espacios muy angostos no solo acarrea indirectamente una deshumanización incipiente con el agotamiento y entorpecimiento paulatino de las relaciones interhumanas, sino que también suscita un comportamiento agresivo”. También se preocupaba de aquellos “seres humanos inmunes a las temibles consecuencias del confinamiento intensivo”.[iv]

 

Cuando la injuria es de buenos modales

[i] La Imbecilizacion amenaza nuestras democracias

La imbecilización amenaza nuestras democracias

[ii] Confinamiento del ser humano, desconfinamiento de la Inteligencia Artificial

Confinamiento del ser humano, desconfinamiento de la Inteligencia Artificial

[iii] https://www.bloomberg.com/news/articles/2020-09-15/bill-gates-wonders-whether-fda-can-be-trusted-on-a-covid-vaccine

[iv] Konrad Lorenz, Los ocho pecados mortales de la humanidad civilizada.

 

VACUNAS FLOJAS DE PAPELES



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