El kirchnerismo ante el efecto boomerang de su plan castigAR

La policía bonaerense y otros servicios de seguridad desafían al gobernador de Buenos Aires, Axel Kiciloff , después de hcorrespondeaber sido instrumentalizados durante siete meses, en el marco de una política de represión policial, extra judicial y arbitraria, nunca vista desde la última dictadura.

Si en la mayoría de las democracias, los servicios de seguridad no pueden ejercer un derecho a huelga, es porque, técnicamente, cuando los uniformados cesan de responder a los órdenes de un poder judicial o ejecutivo, la situación de insubordinación entra en una zona gris, haciendo peligrar los fundamentos del Estado de derecho. En un país que registró, el siglo anterior, entre la mayor cantidad de asonadas militares del mundo, la situación prevalente en la Provincia de Buenos Aires, tras tres días de manifestaciones en puntos neurálgicos, tanto como la mismísima Quinta de Olivos, residencia del jefe de Estado, conforma un escenario muy peculiar.

No obstante, la responsabilidad del caos corresponde al presidente Alberto Fernández. La ruptura con el orden constitucional tiene fecha: el 20 de marzo, cuando a través de un decreto ordinario (Decreto Nacional de Urgencia, DNU), desbordando ampliamente de sus facultades, el presidente se otorgó, de facto, la suma de los poderes. Se gestó entonces en Argentina una situación sin punto de comparación entre las naciones reconocidas como Estado de derecho. El decreto fue aprobado tan solo tres meses después de entrar en vigencia, por un Congreso apático, y nunca sesionando en forma presencial. Es el único país del mundo, sin por lo tanto ser el más afectado por el Sars Cov-2, donde el poder legislativo dejó de sesionar presencialmente. También es el único en el cual se suspendió a lo largo de un semestre el poder judicial. Por lo tanto, las manifestaciones acordonando la residencia del Gobernador de Buenos Aires, Axel Kiciloff, no pueden sino ser consideradas como una etapa más de una situación de disrupción del ordenamiento democrático, iniciado por el propio presidente.

Plan A, Plan B

Las varias facciones del kirchnerismo, cada día más atravesado de corrientes esquizofrénicas, busca reducir las protestas policiales a un movimiento salarial. El kirchnerismo de antes de 2015, el cual usurpó una narrativa de derechos humanos, a pesar del pasado más bien colaboracionista de Néstor y Cristina hubiese elaborado con deleite sobre la épica del golpe, su mantra preferido. En este caso es distinto. El kirchnerismo ha vuelto con un discurso amoldado a aquello que desde su representación caricatural de las corrientes políticas, estima, a la sazón, ser el populismo de mano dura. En la medida que, la ex presidente gobierna a través de un proxy, ha considerado sabio dotarse de dos caballo como para asegurarse no volver a perder el poder, en caso que el primero deje de servirle. El primero es su traidor de mayor confianza, Alberto Fernández. El segundo, Sergio Berni, Ministro de Seguridad de la Provincia de Buenos Aires, dispuesto a cualquier fechoría por la Jefa, y así lo admite. A través de esos dos personajes ha construido una política de policía malo y policía peor.

El coronavirus ha instado a teatralizar una política, que de todos modos hubiese sido autoritaria, en cumplimiento del afanoso deseo de castigar quienes dejaron de votarlos en 2015 y, peor, quienes osaron investigarlos (a pesar del poco celo dispuesto). El fascismo bonachón de Alberto Fernández fue plebiscitado, durante los tres primeros meses de imposición del DNU, cuando cundía el pánico, ayudado por una oposición que se prohibió terminantemente pensar, dudar, cuestionar. La imagen de Fernández llegó a alcanzar picos de 68% de aprobación. Está ahora en su fase de caída libre, a medida que su política sanitaria se estrella contra la realidad. La de la pobreza de las infraestructuras, de los médicos, los cuales además se aburren al no poder curar las enfermedades prevalentes. La realidad del cese de las campañas de detección de enfermedades graves. La medicina preventiva ha desaparecido en un país que se distingue por sus altos estándares en materia profiláctica. El salto exponencial de la pobreza es dramático. La represión ya no dispone de alcahuetes para justificarla. El covid ya no es sino un problema entre otros muchos, todos más candentes. Cunde la bronca.

Violaciones a los derechos humanos al por mayor

Durante la pandemia, los servicios de policías, singularmente la Policía Bonaerense, perpetraron todo tipo de ultrajes, intrusiones en domicilios privados sin órdenes de allanamiento, desapariciones forzadas, confiscaciones arbitrarias, formas varias de hostigamiento, humillaciones, de lo cual se conoce solo la parte reportada cuando afectó una persona con posibilidad de comunicarlo en las redes sociales. A diferencia de otras etapas de la escabrosa historia de esa fuerza provincial, esta vez, la represión venía motivada por un objetivo «noble», consistiendo en «cuidar» la población, aún de ser necesario, de ella mismo. Por si fuera poco, las órdenes provenían de una formación dentro del peronismo que ha enarbolado los Derechos Humanos como si los hubiese inventado. Si un gobierno de derecha hubiese cometido 1% de las violaciones a los derechos humanos perpetradas en un semestre, en este momento con o sin Covid, ya se estaría diligenciando una investigación internacional.

El caso más emblemático es el de Facundo Astudillo Castro. El joven desapareció el 30 de abril de la localidad bonaerense, Mayor Buratovich, tras haber sido arrestado por una unidad de la policía provincial. Hace una semana, el Equipo Argentino de Antropología Forense (EAAF), identificó sus restos en un cuerpo hallado en un estuario cercano a la ciudad de Bahía Blanca. Todos los elementos colectados apuntan a la culpa de elementos de esa fuerza. Empero, Axel Kiciloff y su ministro de seguridad, Sergio Berni, comentan el hecho como si hubiese ocurrido a terceros. Berni instigó explícitamente a la violencia policial, arengando contra los tibios, aquellos que no reprimían con el debido entusiasmo, los ciudadanos quebrantando la cuarentena más larga del mundo..

Proyecto Castigo Infinito

Y asi fue. Hasta que los policías empezaron a dudar, al ver los numerosos videos que los exponían en situaciones de verdugos, so pretexto de «cuidar la gente». No hay cifras confiables de ejecutados o desaparecidos, en ausencia de un organismo centralizador confiable. Menos teniendo en cuenta que el sistema judicial se ha visto en coma inducido durante más de la mitad del año. Asi y todo, la Comisión Provincial por la Memoria, sintió la necesidad de redactar una carta abierta a Sergio Berni, pidiéndole de refrendar su pasión represora.Berni se define él mismo como soldado de Cristina. En las últimas semanas ha publicado una serie de anuncios promocionales de tipo accion movie, donde se lo ve con armas en las manos, entrenando. Toda una escenografía de candidato. Si Alberto Fernández es el Cantiflas represor de Cristina, Berni es el auténtico Torquemada al servicio del proyecto Castigo Infinito. Cuanto más doloroso es el castigo infligido, mayor el goce de la jefa. A medida que Argentina se va pareciendo al país de las últimas cosas y que cada día la salud económica y emocional de sus compatriotas se deteriora, Cristina parece sentirse mejor. «Estoy mejor que nunca» así contestaba al senador Esteban Bullrich hace dos semanas.

Son muchos los nombres de los ejecutados o desaparecidos en condiciones sospechosas. Luis Espinosa (Tucuman), Mauro Coronel (Santiago del Estero), Alan Maidana (Berazategui, Provincia de Buenos Aires), Blas Correas (Cordoba), Magali Morales etc. Más allá de sus pésimas condiciones salariales, las fuerzas de seguridad ya no parecen querer seguir dándole cuerda a una represión desaforada. Los eventos de estos últimos tres días ya registran una primera víctima en la persona de Sergio Berni y sus aspiraciones políticas. Su capacidad a negociar y hacerse respetar ha demostrado ser nula. Ha quedado completamente en ridículo. La tasa de aprobación de Alberto Fernández no deja de bajar.Cristina Fernández debe su resurrección política únicamente a los malos resultados de Mauricio Macri, pero de poco le habrá durado la tregua. Hoy es una personalidad de las más odiadas de Argentina. Aun con la paz volviendo a las brigadas, la señal emitida evoca tiempos de gran desorden institucional en los meses venideros, en medio de una crisis de representación política y de depresión económica.

Riesgos para los derechos humanos del confinamiento coercitivo en las democracias imperfectas



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