Herramientas contemporáneas de los profetas del miedo

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1978: uno de los apotegmas más galvanizantes de Juan Pablo II fue: “No tengáis miedo”. Quien no haya probado en persona del totalitarismo, difícilmente pueda medir, cuan inspiradora fue esa recomendación para el mundo y los efectos que tendría. Mayo de 2020: parte del mundo empieza a despejarse del delirium tremens tras la imposición del método chino a la mitad del planeta. Se reinician los motores económicos. Ahora es cuando los responsables políticos van a poder apreciar el sentido de la expresión de Sir Francis Bacon, “la verdad es hija del tiempo, no de la autoridad”. A asumir políticamente el inventario. Miles de muertos, parte de ellos por el virus, otros por somatización del terror, centenares de millones de nuevos pobres.

Bajo el intenso bombardeo de datos escalofriantes-, pensar que algunos diarios titularon: “El nuevo apocalipsis ya tiene nombre” (Diario La Voz, Argentina) -, la crisis sanitaria se transformó en una profecía auto realizada. Las glándulas del miedo, o glándulas suprarrenales trabajaron como nunca, segregando adrenalina y noradrenalina. Infundido el miedo en esas proporciones delirantes, no es de extrañar que se reportará un numero anormalmente alto de muertes por crisis cardiacas y ACV en los países que más dramatizaron los hechos. Todas víctimas de la distopia sanitaria.

El virus circula en China desde octubre por lo menos. Muchos antes de los escenarios más tempranos que se venían barajando hasta ahora. Atletas franceses que participaron de los Juegos Mundiales Militares, evento que tuvo lugar entre el 18 y 27 de octubre en la ciudad de Wuhan, regresaron con síntomas de lo que ya pudíera ser Covid-19. Se están reabriendo expedientes de neumonías atípicas en Europa y encontrando rastros del virus muy anterior a la declaración de la pandemia. Por lo cual se deduce, que antes que se desate la infodemia, el Covid-19 fue confundido con la gripe estacional y tratado como tal, con mejores resultados.

Cuanto más distante en el tiempo del interludio psicótico, más nítida se hace la responsabilidad de los que organizaron aquello que quedará en la historia como la peor gestión de crisis sanitaria de historia de la humanidad. ¿Por qué tomó las proporciones que tomó? Porque por acción u omisión se gestó la construcción de un paradigma del miedo, o si se prefiere de histeria colectiva. Ninguna plaga en 7000 años de historia habrá coludido en una tal pantano intelectual, científico y moral. 

Nadie niega la virulencia del virus chino. Lo menos que se pueda decir del Covid-19 es que es una caja de Pandora y que todo apunta a un muy probable diseño chino de ingeniería genómica. Pero no es la más virulenta de las cepas que circulan en el mundo. Aun reconociendo el pico de sobreletalidad en varios países como Italia, Francia, España, Estados Unidos, Reino Unido, entre el primero de marzo y el 24 de abril, es equiparable a las gripes estacionales de tipo A. La gripe estacional deja un sado de entre 290.000 a 670.000 muertos por año en el mundo, dentro de las 12 semanas que dura su temporada. El nuevo coronavirus, por más profetas del miedo que le aseguren su marketing, habrá matado el 10 de mayo de 2020, 280.454 personas. Las enfermedades respiratorias vinculadas al H1N1 van en aumento.  (cfe. nota en ese blog, «El virus que vino para quedarse»).

Entre las veinte causas de mayor mortandad en el mundo, una de ellas es bacteriológica, la tuberculosis, y otra viral, el HIV. Aunque el nuevo coronavirus matase dos veces más de lo que ha hecho hasta ahora, no lograría entrar en ese podio. La tuberculosis se ha llevado puesta en lo que va del año 521.196 personas.  Un proceso patológico que va empeorando, a medida que muta en nuevas formas de resistencia y multi resistencia a los fármacos.  Su bacilo provoca síntomas para quien se vea afectado, que son los de una enfermedad pulmonar, similar a los de un coronavirus: tos seca, problemas respiratorios, fiebre, sudoración y en muchos casos problemas extrapulmonares. Factor agravante, la contaminación se da por el aire. No obstante, Los pacientes sanos contaminados que no desarrollan la enfermedad son considerados como portadores latentes. No son representados como conformando una quinta columna de “asintomáticos”, los “enemigos invisibles”, con rango de creaturas paranormales al estilo “Están entre nosotros”.

ASINTOMATICOS: Se empezó a hacer notar el accionar de los profetas del miedo a través del sutil desliz retórico entre la noción de “latente” y “asintomático”. En lugar de interpretar como buena noticia, el hecho de que, a pesar de que se trate de un virus con un índice de propagación muy alto; 90% de los contaminados no padecerían de ningún tipo de síntoma o muy leve. Esa narrativa no coincidía con el ímpetu paranoico. Los profetas del miedo prefirieron maximizar la percepción de amenaza, que decir tranquilamente las cosas como son: “muchos de nosotros van a estar contaminado, es casi imposible frenar su propagación, pero tranquilos, la mayoría, ni no vamos a dar cuenta”. Se privilegió representar esos asintomáticos como bombas humanas, portando su carga virológica a punto de estallar entre la muchedumbre. No hubo diario televisivo, nota, que no desarrollara sobre la peligrosidad de los asintomáticos, “cobardes”, expuestos a la vindicta cuando identificados. Información desmultiplicada por el efecto de las redes sociales, cuyo rol fue substancial en la instauración del terror. Para imponer con mayor rotundidad la noción de peligrosidad, se le aplicó al contaminado de Covid-19, el estigma propio al HIV “positivo”. 

CONTEO DE MUERTOS EN TIEMPO REAL: Otra herramienta de los profetas del miedo fue el conteo de muertos en tiempo real. Es insoslayable el banner con las estadísticas de infectados, muertos, personas en terapia intensiva. Las tres principales fuentes del conteo son: la universidad Johns Hopkins en Estados Unidos, Worldometer o la propia Organización Mundial de la Salud. Worldometer, o Dadax Limited Liability Company DBA Worldometer es el más utilizado. El portal se hizo famoso a raíz de la pandemia. Nadie conoce el nombre de los fundadores. Worldometer Es presentado como una plataforma estadística independiente, conformada por un grupo de ingenieros. Según explican ellos mismos en su portal, los datos se nutren de las cifras proveídas por las naciones.

Ese conteo de muertos, que no existió para ninguna otra pandemia o enfermedad, produce el efecto de una inyección de curare. Cristaliza el pánico, especialmente entre la población a riesgo. Es cuanto más preocupante que el mismo sitio fue sujeto a un supuesto hackeo el 15 de marzo, anunciando una explosión de 1 millón de muertos en el Vaticano. La información figuró durante 20 minutos en el portal hasta que la retiraran, generando varios breaking news, de medios mainstream que no tomaron el recaudo de verificar en el terreno. Se desconoce la metodología de WoM así como se desconoce todo de ellos por lo general.  

CURVA DE CONTAMINACION: La supuesta herramienta técnica de proyección de un Armagedón sanitario por venir. De modo muy rudimentario, especialistas autoproclamados y epidemiólogos de generación espontánea, trasladaron el coeficiente super propagador lombardo al resto del mundo, con la convicción de lo que ocurre en determinado campo es trasladable a una situación dotada de métricas radicalmente distintas, sin que eso afecte el elemento bajo estudio. La contención de una cepa nueva en un territorio determinado, no se puede sustentar con un análisis técnico solo, y menos con una simulación computacional.

Esa matriz debía provocar, según un economista tuitero muy arrogante una proporción de muertos “similar o superior al de la gripe española”. En ese cálculo no entraba ninguna otra variable. Ni siquiera la propia dinámica del virus. Un equipo de virólogos del laboratorio nacional de los Álamos, en conjunto con investigadores de la Universidad de Duke &Sheffield, de Kent, Reino Unido, estiman que el virus mutó 14 veces desde marzo), con lo cual no se está hablando del mismo vector viral por todas partes y siempre. Están los factores demográficos: la variable de ajuste por definición consistiendo en el factor etario. Otro es el estado de salud general, todas consideraciones propias a las poblaciones encontradas. En fin, se debe incorporar la competencia con cepas locales pudiendo eventualmente encontrarse con una que se mantenga dominante en el marco de la interferencia viral. Por último se sabe muy poco del genoma del virus él mismo, debido al rechazo por parte del régimen chino de colaborar. Con lo cual en esa curva puede que se esté midiendo manzanas y peras. 

Está demostrado que la progresión ha seguido caminos muy distintos de territorio en territorio. Un dato de la realidad que hubiese requerido de estudios epidemiológicos ad hoc para estimar el tipo de respuesta a aportar. Con el confinamiento, la solución de la facilidad, se barre con esas minucias.

ES UNA GUERRA: Como para conferir un espesor épico y justificar el estado de sitio de facto, la idea de una “guerra” fue todo un hallazgo. El primero en evocarlo fue Emmanuel Macron. Luego fue recuperado con creces por tiranzuelos con veleidades de entrar en la Historia. Las democracias imperfectas y satrapías adaptaron la ocurrencia del francés a sus propias necesidades. “Estamos en guerra y ustedes la hacen desde casa”. De ese acervo bélico cosy, surge la heroización de los médicos y enfermeras retratados con estética Benetton: su cansancio, su sacrifico, sus estigmas. Una gran farsa si se tiene en cuenta que en los países donde se impuso el confinamiento global, los consultorios se cerraron y muchos médicos se aplicaron a si mismo la consigna de quedarse en casa. La tasa de letalidad por patologías no Covid aumento por todas partes donde hubo confinamiento.  Sobraron camas vacías en los hospitales, como no se había visto en décadas. Finalmente si el Covid-19 fue una guerra, entonces se terminó en un Waterloo (visto desde el punto de vista napoleónico). No se puede imaginar peor desempeño médico y científico. Los médicos del Medioevo hubiesen resultado más acertados.

A lo largo de estas ocho semanas se han habilitado personas autorizadas y otras silenciadas. Todo científico por prestigioso que fuese que no maximizará el miedo se veía calificado, de perdedor, bizantino, marginal, antisistema. 

CRIMINALIZAR LA CONTAMINACION: La cuestión de la contaminación tomo proporciones hiperbólicas. Pensemos. A todos nos ha pasado de ser contagiado o de contagiar en el marco de una gripe estacional. Una gripe estacional no es poco. El año pasado 30.000 personas murieron del H1N1 solo en Argentina[i] . Todas fueron contaminadas por alguien. Nadie puede jurar no haber sido el eslabón propagador del virus de la gripe hacia un desconocido, quien pudo desarrollar una forma más severa, tal vez letal. En Argentina, haciendo del Covid un caso aparte, el Ejecutivo en plena concentración de poder decidió que quien contaminará, incurriría en la violación del artículo 205 del código penalEnlace añadido por la extensión vLex federal, siendo asimilado a un homicida. Tal vez el presidente Alberto Fernández el mismo haya alguna vez contaminado la gripe a una persona que hoy no lo pueda contar. La contaminación interhumana es aleatoria, anónima, inverificable. Si la noción de conducta imprudente se extendía a todos los contaminados por cepas transitivas se debería imponer el lockdown de toda la especia humana por la cantidad de gérmenes que vehiculamos. Lo propio de la vida biológica es de convivir con microorganismos huéspedes e ir generando defensas. Hay personas que están siendo juzgadas, en Argentina, ahora mismo, bajo esa interpretación grotesca de la ley, con el riesgo de ser condenadas a penas largas. Argentina es el país donde las medidas fueron de las más desproporcionadas, siendo un territorio donde no circula prácticamente el coronavirus. Sin la publicidad que le dio Europa, no hubiesen siquiera identificado un nuevo virus. No obstante, allí está el terrorismo psicológico de Estado.

FLASHMOB: Para amenizar el encierro, surgieron iniciativas consistiendo en juntarse en los balcones, en el marco de una algarabía fingida y de allí aplaudir o cantar canciones, cuyo contenido generalmente ensalza la libertad, tal como Bella Ciao en Italia, sin miedo de incurrir en contradicción alguna. La biopsiologia ha demostrado a través de numerosas experiencias que el miedo provoca un desdoblamiento de la personalidad, por lo cual no resulta impensable que una persona sometida a un poder autoritario se perciba sí mismo como un paragón de la libertad. El vivir en la era de la posverdad y de la realidad aumentada potencia los efectos del miedo y viceversa.

Para imponer medidas antipáticas, nada mejor que el tono paternal por parte del Principe y reducir el conjunto de los ciudadanos al estatuto de incapaces civiles

TAPAR LA BOCA: La OMS facilitó parte de la panoplia argumentativa del terror. Hasta hace unas semanas habíamos quedado en que las mascarillas eran necesarias solo para los enfermos, el personal médico o paramédico, por extensión todo personal en situación de alta densidad social. Hace pocos días eso cambio. La mascarilla se extiende a toda la población. Aunque solo sea coercitiva en las democracias imperfectas donde todo es impuesto a una población infantilizada, es vigorosamente recomendada por todas partes. La política del miedo exige la negación de la singularidad, el ninguneo a través de la disimulación de las facciones. No es necesario adentrarse en sofisticadas interpretaciones para entender que tapar la boca es cerrar la boca, acallar, reducir al silencio, invisibilizar el lenguaje corporal. Desemboca en una forma de robotización del humano.

FAKE NEWS: Otra forma radical de acallar las voces que molestan es anatemizar de entrada lo que pudieran aportar. La desautorización más cómoda consiste en calificar lo que no abunda en la tesis mayoritaria de “fake news”. No que no existan las verdaderas fake news. Al contrario abundan y nunca se notó tanto. Aquí el uso del concepto refiere al síndrome de Procusto.  Lograr la uniformidad total de los medios mainstream, cortando, despedazando lo que sobresale y degradando las voces disidentes a falsificadores. A lo largo de estas ocho semanas se han habilitado personas autorizadas y otras silenciadas. Todo científico por prestigioso que fuese que no maximizará el miedo se veía calificado, de perdedor, bizantino, marginal, antisistema. 

La conspiración por antonomasia, consiste en haber otorgado rango de plaga bubónica a una cepa viral, del rango de virulencia de una gripe estacional. Los profetas del miedo son conspiradores profesionales.

Los mismo se puede decir del «conspiracionismo«. No es bueno estigmatizar sistemáticamente toda aquella hipótesis, duda, cuestionamiento, que salga de la versión oficial autorizada. Sobre todo ante un hecho nuevo. Acusar a China fue considerado como conspiracionista durante tres meses. Es ahora considerado razonable en vista de los elementos reunidos por servicios de inteligencia. La ciencia se ha construido a través del método iterativo, en base a aproximaciones, luego descartadas, antes de dar con una verdad tangible. Muchas de esas oscilaciones fueron eslabones necesarios para alcanzar la epifanía. Por último en cuanto a este aspecto, es preciso ser muy lucidos sobre el hecho que la conspiración por antonomasia, consiste en haber otorgado rango de plaga bubónica a una cepa viral, del rango de virulencia de una fuerte gripe estacional. Los profetas del miedo son conspiradores profesionales.

En las redes, en Argentina, los profetas del miedo de corte kirchnerista, instauraron una suerte de Kestapo digital que por suerte no prosperó, dedicada al “patrullaje digital”. Así se bautizaron ellos mismos. Inútil mencionar, que los valientes cazadores de cuentas falsas usan falsas identidades. Empero, para ser justo, el kirchnerismo no tuvo el monopolio del alcahueterismo. La bajeza resultó ecuménica. En la mayoría de los países las voces que se elevaron contra el confinamiento fueron primero acalladas. Se observa, muy recientemente, un fenómeno de resistentes de la ultima hora, probablemente impulsados por manifestaciones a favor del respeto de la Constitución en Estados Unidos. 

TE ESTAMOS “CUIDANDO”. Para imponer medidas antipáticas, nada mejor que el tono paternal por parte del Principe y reducir el conjunto de los ciudadanos al estatuto de incapaces civiles. El padre sabe lo que es bueno para los niños, y aunque estos sean algo idiotas, por cuidarlos, impondrá las medidas que él juzgue necesarias. De allí surge el insufrible “te estamos cuidando”. Los profetas del miedo han logrado instalar la idea que la aniquilación de las libertades civiles, enclaustro de los niños, el renunciar a los placeres de la vida de personas mayores en su última línea recta, el arruinar económicamente miles de empresas, el afamar millones de nuevos pobres, serian meros daños colaterales del “cuidar la gente”. Hasta hace poco esas tropelías eran calificadas de crímenes contra la humanidad.


[i] «Un virus que vino para quedarse y matar. El H1N1». En este blog.



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