Medida extorsiva de Horacio Larreta

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El giro hacia la satrapía que está tomando Argentina, tanto a nivel nacional como de su capital, acaba de registrar un nuevo capítulo. El intendente de Buenos Aires, Horacio Larreta, se pronunció el viernes pasado a favor de una decisión para la cual solo cabe una palabra: extorsión.

Como en muchos países el uso de la mascarilla (barbijo en español de Argentina) se impuso en los espacios cerrados como una suerte de recomendación consensuada entre todos, a partir de un criterio de responsabilidad individual y colectivo. Tras otro de los preocupantes giros en U de la Organización Mundial de la Salud (OMS), algunos Estados están pidiendo a sus ciudadanos que se use también en espacios abiertos. Durante varias semanas, el mensaje de la OMS fue que su uso, era innecesario a menos que el usuario fuese parte del personal hospitalario o una persona diagnosticada positiva al virus. Europa y Estados Unidos, han aprendido a sus expensas a tomar con mucha cautela, las recomendaciones de la OMS.

Asustando con multas por delitos que no son

Siempre subiéndose al tren, por no querer ser menos, Larreta exige ahora a los porteños que hagan uso de un barbijo en la calle también, so pena de tener que pagar una multa de más de mil dólares, considerando la tasa de cambio oficial del peso argentino (79.000 pesos argentinos). Una suma irreal para la mayoría de los porteños. Pero sobre todo, esa decisión se funda en una orden que no viene a sustentar ninguna Ley. La constitución argentina en su artículo 18, establece que una multa es una pena, por lo cual debería referirse a un delito especifico del Código Penal de la Nación, el único posible. El artículo 19 de la Constitución lo estipula claramente “’Ninguno está obligado a lo que la Ley no manda.” Tanto la configuración de un delito, como su multa en caso de transgresión debería figurar en algun codigo. Larreta en sus pocas luces ha entendido que la pandemia daba para todo. Potencialmente, si se le antojaba podría ordenar a la gente que salga vestida de amarillo, o que camine por las veredas pares, de lunes a miércoles, e impares de jueves a domingo. Es la misma lógica. Su actuar es el del Sultán de Porteñistan.

Mas allá de la cuestión jurídica, esencial en lo que hace al Estado de Derecho, la decisión de Larreta es una medida de un cinismo espeluznante. Larreta exige a sus administrados, amenazandoles de una sanción financiera usurera, en caso de no cumplimento, de proveerse de algo que no se encuentra en Buenos Aires. En kiosco y farmacias se puede llegar a comprar un “coso” de celulosa que hace oficio de barbijo, vendido por unidad. Salen de una bolsa, sin ninguna consideración de proveniencia, de garantía de los materiales, de certificación, hasta de higiene. No hay marca, no hay trazabilidad. Encontrar un barbijo digno de ese nombre, pudiendo garantizar su esterilidad es como buscar el Grial. Y allí viene la trampa. Larreta ha substituido la palabra “barbijo”, porque sabe que no los hay y que precisamente, era de su incumbencia que los haya, por “tapaboca” así como se podría decir “taparrabos”. Una cosa totalmente troglodita. Es más, el intendente prohíbe el uso de las máscaras N95, so pena, como no podía ser de otra manera, de “multa”. Es decir que aquel que las tuviese por el motivo que sea, porque se la regalaron de cumpleaños, no las debe usar. Por ahora es una multa, pero la semana que viene, todo siendo tan a dedo, bien podría ser el destierro.   

Por algo el barbijo es un producto médico

Argentina tiene eso que sus políticos son atrozmente inútiles, en cambio dispone de un estamento técnico, en determinados nichos, muy eficiente. En el sector de la salud por ejemplo. Una norma del Ministerio de la Salud [i], del 30 de marzo de 2020, reza: “Los barbijos se encuadran en la categoría de productos médicos y pertenecen a la Clase de Riesgo I según la normativa vigente. Los mismos deben contar con la habilitación del establecimiento como fabricante, importador y/o distribuidor y el registro del producto para asegurar que sean seguros y eficaces.”. En el mismo documento, la administración de tutela para ese tipo de producto identifica tres características esenciales al barbijo para poder ponerlo en circulación:

  1. Eficiencia filtrante contra las bacterias (bfe/BFE), expresada en % : define la capacidad filtrante de los barbijos; a mayor valor, mayor será la capacidad filtrante.
  2. Resistencia a la respiración: define la dificultad de respirar a través del Barbijo; a menor valor, menos será la dificultad de respirar (< x Pa / cm2).
  3. Resistencia al splash (salpicaduras): define la resistencia contra las salpicaduras que puedan surgir; a mayor valor, mayor será la protección (> x mmHg).

Larreta y el artículo 205

Muy lejos del tapaboca casero, como se puede observar. ¿Si tan dramática es la necesidad del uso del barbijo, cómo puede ser que a cinco meses de declaración de la pandemia por la OMS, siendo Larreta el intendente de la mayor ciudad de Argentina, no haya provisto lo necesario para dotar farmacias y establecimientos autorizados de insumos correspondiendo a los criterios dictados por el Ministerio de la Salud? Larreta no puede extorsionar los porteños, a usar un “tapaboca” en toda ocasión, pudiendo poner su salud en peligro cuanto más que lo impone hasta en la calle, con los riesgos bacteriológicos, serológicos, de enfermedades dermatológicas, problemas respiratorios y sin siquiera las métricas necesarias para garantizar la protección al virus causante de la pandemia. A menos, de exponerse él mismo al artículo 205 del código penal argentino de Delitos contra la Salud Publica al imponer el uso imprudente de un tapabocas ni seguro, ni eficaz en lugar del barbijo. Hasta ahora el 205 ha sido utilizado para acusar cualquier ciudadano de envenenador potencial si no se sometía a los ukases caprichosos e irracionales de los ejecutivos argentinos.

«Su mano dura busca disimular el estado ominoso de impreparación de la capital. En un país normal debería responder ante el Congreso por ello«

Su mano dura busca disimular el estado ominoso de impreparación de la capital. En un país normal debería responder ante el Congreso por ello. Ahora, decir que no hizo nada, seria faltar a la verdad. Según reportes de la prensa local, procedió a la compra de 1600 barbijos (un numero incomprehensible, de todos modos en relación con los tres millones de habitantes censados) de barbijos de la marca 3M, vencidos desde 2013, (¿qué son 7 añitos?) en el marco de una operación de manifiesto sobreprecio, a través de una empresa “Green Salud”, que parecería haber sido creada ad hoc para operaciones de ese tipo. El intendente es un aficionado de la creación de números de teléfono de delación. El capítulo de Green Salud, merece una denuncia de otro rango que un llamado anónimo y cobarde al 147.    

El pedir una multa para una supuesta transgresión a una Ley que no existe, duele. ¿Cómo se puede ser tan poco empático, en medio de una pandemia de quiebres de empresas y de nuevos pobres, espantando con multas fantasiosas y astronómicas para la mayoría de los habitantes de la ciudad que gobierna? Desde el principio de la pandemia, a diferencia de las mayorías de los intendentes del mundo, Larreta no ha dado un discurso, no ha tenido otra retorica que la de inventar nuevas prohibiciones en forma de ukase. Se refiere a los porteños como niños nunca lo suficientemente castigados.

Castigo e infantilización

No es el primer exceso de Larreta. Ya intentó encerrar las personas mayores de modo coercitivo “para cuidarlas”, infantilizando millones de ciudadanos. Una medida que fue revertida tras un amparo judicial. Más recientemente el gobierno nacional, había decido “flexibilizar” la radicalidad del arresto domiciliario poblacional, tras 35 días de encierro, “autorizando” medidas de esparcimiento de una hora, a 500 metros del domicilio (ninguna de esas medidas es mínimamente legal, no parece que sea menester aclararlo). Eso también fue desestimado por Larreta.

La trayectoria de Larreta en cuestiones de salud pública es siniestra. En julio de 2000, el eminente cardiólogo René Favaloro se disparaba una bala, desperado ante la falta de pago del PAMI por las deudas que debía al establecimiento que había creado. El interventor de ese organismo en ese momento era … Larreta, segundado por María Eugenia Vidal (ex gobernadora de la Provincia de Buenos Aires). Se atribuye a su ausencia de respuesta, cuando no su cinismo, parte del proceso de inducción al suicidio del Doctor Favaloro.

Pero Larreta, no es un caso aislado, sino esto no habría ido tan lejos. A pesar de ser teóricamente opositor al gobierno nacional, manifiesta una sintonía que de fina no tiene nada, con Alberto Fernández. Estando los dos rivalizando de aprendizes dictadores, se genera una disuasión de tipo guerra fría, neutralizando las eventuales denuncias por los excesos de autoritarismo del otro.

Larreta es un hombre de notable deficiencia cognitiva. Un hombre sin valores, visión propia, personalidad. El tipo de persona que estando en una fiesta nadie se percata de su presencia. Observó que el autoritarismo paga en cuanto a tasa de aprobación, a traves de la notable suba en opinión positiva del presidente. Sus opciones a futuro son pocas, aparte tentarse por la presidencia en 2023, una apuesta para la cual demostrar que él también odia los porteños puede ser útil o, reformar la Constitución de la Ciudad para presentarse a un tercer mandato, algo que tendría que pactar con el kirchnerismo. Tal vez eso le inspire transformarse en el Mini Me de Alberto Fernández, en versión calva.

El 13 de abril de 2020 se fue un avión de Aerolíneas Argentinas con una cantidad alucinante de pilotos comerciales a bordo, pero ningún funcionario de la ANMAT para habilitar, certificar, controlar, registrar los insumos, en una expedición publicitada como si Argentina hubiese mandado una nave a poblar un nuevo sistema solar. Se dijo que trajeron 13 toneladas de insumos, que nadie vio hasta la fecha. En todo caso, si hubo barbijos en ese avión, los deben tener encanutados para la próxima pandemia de sus amigos chinos o destinados a distribución clientelar.

Aunque Argentina se encuentre afortunadamente exonerada de circulación del Covid-19, o impactada de modo muy marginal, desde la imposición de la cuarentena se ha maniobrado al margen de la Ley en todas las decisiones que han tomado los ejecutivos, usando y abusando del pretexto de crisis sanitaria. Para poner los hechos en perspectiva, en Argentina, país de 44 millones de habitantes, se registran 4352 casos de contaminados, de los cuales 225 muertos, nueve de cada diez ostentando más de 70 años. La medida siendo tan desproporcionada si puesta en perspectiva con la amenaza, siendo que no se registra circulación de virus, incluso en las zonas de alto hacinamiento, y ya en el segundo mes de confinamiento, no se puede seguir calificando el presente Estado de excepción de cuarentena sanitaria Es el confinamiento más duro del mundo después de China. No fue sometido en ningún momento a aprobación del Congreso. La totalidad de las naciones democráticas, no solo de papel sino de espíritu, han procedido a solicitar el aval de los representantes del pueblo, en sesión presencial, tanto para la decisión inicial como para sus prorrogas.

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