Un desafío para el multilateralismo: la instrumentalización de África por China y sus consecuencias sobre las decisiones de la OMS

Esta publicación es la traducción de un artículo publicado en francés el 14 de abril por la “Fondation pour la Recherche Stratégique” (FRS), el think thank más prestigioso para los asuntos estratégicos del espacio francófono, bajo el título en francés: “Un défi pour le multilatéralisme: l’instrumentalisation de l’Afrique par la Chine et ses conséquences sur les décisions de l’OMS»

Su autor, Valerie Niquet es una experta de geopolítica asiática. Entre sus muchas funciones, además de dirigir el Departamento de estudios asiáticos de la Fundación, es directora del Centro de Estudios asiáticos del IFRI (Institut Français de Relations Internationales), fundadora y directora del observatorio de Estrategias chinas y asiáticas de IRIS (Institut des Relations Internationales et Stratégiques).

Agradezco la generosidad en haber aceptado la republicación de la nota y su traducción al español. Una manera de extender a un lectorado hispanohablante un paper muy documentado sobre la apabullante dimensión de lo que a todas luces se aparenta cada vez más a un encubrimiento por parte de la Organización Mundial de la Salud (OMS), en el marco de la pandemia del virus de Wuhan y la responsabilidad de las autoridades centrales chinas. También es una reflexión sobre la vulnerabilidad de ciertas naciones africanas, ante los intereses de China y la agresividad de su estrategia de influencia. Por fin, invita a repensar que tanto vale un multilateralismo que pone en una misma comunidad de destino naciones de larga trayectoria democrática y naciones con valores muy distintos. Un multilateralismo, cada vez más sinónimo de unilateralismo chino.

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Valérie Niquet (FRS)/

China desempeña un rol mayor en África y notablemente en Etiopia, donde el actual director general de la OMS ha sido ministro de la Salud y luego ministro de Asuntos Extranjeros. Esa influencia, a menudo opaca, así como el sostén proveído por Pekín a Tedros Adhanom Ghebreyesus, parecen haber pesado sobre la toma de decisiones de la OMS ante la crisis del Covid-19. Las consecuencias de esas decisiones se hacen hoy sentir a nivel mundial, y contribuyen a descredibilisar un sistema multilateral fragilizado. Esta nota tiene por objeto analizar las estrategias de influencia de China en África y en Etiopia, y de proceder a un repaso de las consecuencias para el sistema de salud internacional.

China y África, vínculos de dependencia estrechos

China ha vuelto a descubrir África en 1996. En el mes de mayo de ese año, el presidente Jian Zemin visitaba seis países africanos: Kenia, Egipto, primer país de África en haber establecido relaciones diplomáticas con la República popular de China (RPC) en 1956, Etiopía, Mali, Namibia, Zimbabue. Al hacerlo, China, focalizada desde 1979 sobre su propio desarrollo, después de la puesta en obra de la política de reformas económicas de Deng Xiaoping, se reencontraba con un pasado que le permite hasta el día de hoy, capitalizar sobre su imagen de potencia “del Sur”. En los años 1960-1970, África era para la RPC maoísta un campo de rivalidad ideológica mayor con Moscú. Pekín ha sostenido movimientos de liberación en Angola, en Zimbabue y en otras partes, que le eran favorables, en contra del “revisionismo” soviético. Es también la época de los “médicos descalzos”, enviados en varios países de África, para establecer cuidados básicos fundados sobre el modelo chino. Es por fin, la época de la construcción de la vía ferroviaria Tanzam (Tanzania, Zambia), entre 1968 y 1973, primer proyecto de construcción de infraestructura “modelo” que serviría los intereses, entonces esencialmente geopolíticos de la RDC. A partir de los 80; el final del conflicto sino-soviético, la caída de la URSS y la reducción de las tensiones ideológicas con el mundo occidental -, Pekín estando en busca de apertura y de inversiones extranjeras-, redujeron fuertemente la importancia de África en el paisaje estratégico chino.  

La mitad de los 90 representa un giro.  El interés renovado por África respondía a varias motivaciones de nuevas necesidades en recursos naturales y en energía, un sostén de la Unión Africana en la ONU sobre las cuestiones de interés directo para la RPC y una estrategia de presión sobre Taiwán apuntando a reducir el espacio diplomático de la isla después de la primera elección de un presidente taiwanés al sufragio universal.  

En ese contexto, la visita del presidente Jiang Zemin, fundaba las bases de la política africana de China “por un nuevo periodo”.

Esos principios, siempre de actualidad, son en teoría, la “no injerencia”, el desarrollo de la cooperación económica en un espíritu “ganador-ganador” y la igualdad en el espíritu de los cinco principios de coexistencia pacifica enunciados en Bandung en 1955.

De 2003 a 2013, el sucesor de Jiang Zemin, Hu Jintao, obrará a consolidar esas evoluciones, visitando dieciocho países africanos en diez años. Hecho simbólico, Xi Jinping dedica igualmente a África su primer viaje al extranjero en calidad de presidente, en 2013, país donde regresaría en 2018. África se ha convertido en estos casi veinticinco años, en un campo de acción mayor de la estrategia exterior de China, mucho más allá de los retos económicos.

Un rol esencial en la ONU

Desde los orígenes, el peso de los Estados africanos en la ONU ha constituido un elemento importante para Pekín.

En 1971, sobre los 76 países que sostuvieron la entrada de la República popular de China en la ONU, 25, es decir cerca de 33% pertenecían al continente africano. En 1966, el general Xiong Guankai, jefe de los servicios de seguridad del Ejército Popular de Liberación (EPL), constataba que “los Estados africanos representan un tercio de los efectivos de la ONU”.   

Esa porción no hizo más que reforzarse (paso de 52 en 1996 a 54 después de 2011 con la entrada de Sudán del sur) y sigue constituyendo un factor mayor de interés para la RCP sobre el escenario internacional. Después de la represión de la Plaza Tiananmen en 1989 y las sanciones que durante un tiempo golpearon a China, el peso del voto africano en el seno de comisiones tales como la de los Derechos Humanos, ha jugado un rol significativo; a cambio, China, miembro permanente del Consejo de Seguridad, ha podido con regularidad oponer su veto a las sanciones presentadas contra los Estados africanos los más represivos como el Zimbabue o Sudán.

El sostén de las voces africanas también desempeño un rol en la ofensiva conducida por China contra la iniciativa del G4 (Japón, Alemania, India, Brasil) lanzada en 2005 para obtener una reforma del Consejo de Seguridad de la ONU, con ocasión del sexagésimo aniversario de su creación, reforma que hubiese portado el nombre de sus miembros permanentes de 5 a 11. Para Pekín, esa reforma, iniciada por Japón, amenazaba directamente su capacidad de influencia y su estatuto muy privilegiado de único representante de los países asiáticos – y de los países el Sur – disponiendo de un derecho de veto en la ONU.  

Por otra parte, las estrategias de influencia de China en África, a partir de la mitad de los años 1990, sustentadas por un desarrollo económico rápido, fuente de una capacidad de acción aumentada, permitieron de considerablemente reducir el peso diplomático de Taiwán. Mientras que una veintena de países africanos reconocían Taiwán a principios de los 90, solo Suazilandia sigue respondiendo presente, desde la defección del Burkina Faso en 2020.

Influencia de China en las organizaciones internacionales y el rol del bloque africano

El sostén del bloque africano a la ONU, y más globalmente de los países del Sur que comparten los mismos “valores” ha permitido a la RPC de considerablemente reforzar su influencia en las organizaciones internacionales.  

Esa evolución corresponde al concepto de posición central (central stage舞台中心) utilizado por Xi Jinping desde su llegada al poder. Durante el XIX Congreso del Partido Comunista en 2017, el presidente chino declaró:” China es, de hora en más, una grande potencia en el mundo. Es tiempo para nosotros de ocupar un lugar central ( 走上世界舞台中心) en el escenario mundial.”

«La OMS multiplicó las declaraciones positivas sobre el tratamiento de la epidemia por las autoridades chinas, así como las consignas, de lo cual resultaba que el objetivo era de no “estigmatizar” China

Sacando provecho, en particular en África de su peso económico y diplomático, China encabeza hoy cuatro de las quince comisiones dependiendo de la ONU, siendo el único país miembro del Consejo de seguridad a detener más de una dirección. En 2020, Pekín no pudo obtener la dirección de la Organización de la Propiedad intelectual, atribuida con el sostén de Washington al singapuriano Daren Tang. Perdió la dirección de Interpol, obtenida en 2016, después de que su presidente Meng Hongwei, ex viceministro de la Seguridad Pública de China hubiese desaparecido, para reaparecer en China, condenado por corrupción. Al día de hoy, China encabeza la Comisión de la aviación civil internacional, de la alimentación, de la agricultura, del desarrollo industrial y de las telecomunicaciones internacionales, tantos dominios que están en relación directa con sus intereses en el marco de las Rutas de la seda y del rol de las empresas chinas en el desarrollo de la 5G a nivel mundial.  

Esa influencia, en el caso de la OMS, no pasa por un sostén financiero directo, particularmente importante. Al contrario de lo que se haya podido decir al respecto. Desde 2014, en relación con su peso demográfico y económico, la contribución oficial de China ha aumentado, pero solo era de 18.948.900 USD en 2019, cuando la de Estados Unidos alcanzaba 58.991.024 USD, la de Japón 23.156.735 USD y aquella, proporcionalmente más importante, la de Francia, 10.260.740 USD. Las contribuciones voluntarias que constituyen hoy una parte mayoritaria del financiamiento de la OMS han sido de 86 millones de USD para China, cuando la de los Estados Unidos ha alcanzado 893 millones de USD en 2019.

En cambio, China pudo apoyarse sobre los resultaos de su activa estrategia de influencia en África.

Vínculos de dependencia económica reforzados

China, en relación con su desarrollo económico, a partir de la mitad de los años 90, ha manifestado rápidamente su interés hacia el continente africano, como fuente de materia prima y energía, de lo cual su economía se ha transformado en el primer consumidor del mundo. Angola es uno de los primeros proveedores de petróleo de la RPC. Los bosques gaboneses, mal controlados, han sido sobre explotados por compañías chinas.

África es igualmente una fuente importante en metales raros, indispensables a la industria. Además, aun si no compensa los mercados europeos o norte americanos, el mercado africano está en pleno crecimiento, especialmente para bienes de menor calidad producidos por pymes chinas y telecomunicaciones. Ese interés económico esta relacionado a los intereses geopolíticos de China y sustenta el discurso sobre la cooperación Sur-Sur.

Gracias a los medios considerables de los cuales dispone, y a una “flexibilidad” de decisión de la cual no disponen las potencias que respectan las reglas en materia de desarrollo sostenible, de transparencia y de control de la corrupción, China a multiplicado sus inversiones en África y sus “prestamos” al servicio de la construcción de infraestructuras por empresas chinas, antes mismo que sea evocado el concepto de “Rutas de la Seda”.

El primer Foro para la cooperación entre China y África (FOCAC), inspirado del modelo japones de conferencias TICAD (Tokio International Conference on African Development) inaugurado en 1993, tuvo lugar en Pekín en 2000, congregando 52 jefes de Estado africanos. El foro se reúne alternativamente en China y en África todos los tres años, y ha tomado amplitud a partir de 2006. En 2015, el presidente Xi Jinping ha presentado diez grandes proyectos de cooperación con África, permitiendo de integrar el continente a los proyectos de Ruta de la Seda (BRI) y de dar a estas de este modo más amplitud y más visibilidad.

Desde 2010, China se ha convertido en el primer socio comercial de África. Los intercambios han alcanzado un pico de 170 mil millones de USD en 2017, para recaer después, como consecuencia de la desaceleración del crecimiento económico en China. De la misma manera, en lo más alto, según las estadísticas oficiales, el cumulo de las inversiones chinas en África alcanzaba 43 mil millones de USD en 2017.

El mismo año, 76 proyectos de inversión en Partenariado Publico Privado (PPP) eran firmadas con África, de las cuales 60% en el sector de transportes.

El caso de Etiopía

Etiopía, el país de origen del actual Director general de la OMS, ocupa un lugar a parte en esta estrategia africana de China. Aunque ese país este desprovisto de materias prima, China ha focalizado hace mucho su interés sobre Etiopía con el cual mantiene relaciones diplomáticas, establecidas en 1970. Desde la llegada al poder del Frente popular democrático de liberación en 1991, los vínculos ideológicos entre Pekín y Addis-Abeba se han reforzado, incluidos aquellos de partido a partido con el Partico comunista chino. La sede regional de la agencia Xinhua, uno de los principales órganos del aparato de propaganda exterior del Partido Comunista se encuentra en Addis Abeba, así como la sede del fondo sino-africano de desarrollo.

El refuerzo de los vínculos con la RPC y la adopción de un “modelo chino” de desarrollo han permitido a Etiopía, la cual hizo parte mucho tiempo de entre los países más pobres a escala mundial, de conocer entre 2005 y 2007, con la implementación de una estrategia de desarrollo industrial definido en 2002, de una tasa de crecimiento de 8,5% por año en promedio.   

China instauró igualmente una “Eastern Economic Zone”, cerca de la capital, especializada en la producción y exportación de productos textiles y de la industria de cuero, productos agrícolas, metalurgia, materiales de construcción y demás. La presentación oficial de esta zona económica construida por China insiste en el hecho que Etiopia, debido a su estatuto de país en vía de desarrollo, beneficia de accesos privilegiados a los mercados norte americanos y europeos, sin cuotas ni derechos aduaneros, lo cual explica la deslocalización de empresas chinas hacia ese país.  

China es por otra parte, la primera fuente de inversiones extranjeras y el primer socio comercial de Etiopia. Entre 2005 y 2019, el monto acumulado de inversiones chinas ha alcanzado 8% del total para el conjunto de África subsahariana. Etiopía ocupa el segundo rango de los países receptores africanos. Las inversiones (147 proyectos aceptados en 2019) refieren al sector de infraestructura, entre los cuales una línea de trenes a gran velocidad en dirección de Yibutí donde el EPL dispone de una base logística desde 2018. China ha igualmente permitido a Etiopía de lanzar su primer satélite de teledetección, el ETRSS 1, en 2019.

Así es como Etiopía es muy dependiente del “estatuto” que le confiere China. En 2003, el segundo foro FOCAC tuvo lugar en Addis-Abeba. China ha enteramente construido y financiado la sede de la Unión Africana, inaugurada en el mes de diciembre de 2012, haciendo simbólicamente de Etiopía, la “capital de África”.

Más significativo, el nuevo African Center for Diseases Control, establecido en 2017, tiene su sede en Addis-Abeba, y China ofreció de construir esa sede por un monto de 80 millones de USD. Es por ese centro, en Etiopía que deben igualmente transitar, antes de su redistribución, los productos proveídos por China en el marco de la lucha contra el Covid-19 en África.

El rol de Tedros Adhanom Ghebreyesus y el posicionamiento de la OMS

Por todos esos motivos, se expresaron interrogaciones sobre el rol del nuevo Director general de la OMS, elegido en mayo de 2017 con el sostén de China y de la totalidad de los Estados de la Unión africana. Hoy a cargo de la gestión de la crisis del coronavirus, es un antiguo cuadro del Frente de liberación marxista-leninista de Tigré, sostenido por China (y Albania) contra las autoridades de Addis Abeba, cercanas a Moscú en los años 1970 y 1980.

Ha sido sucesivamente ministro de la Salud (2005-2012) y ministro de Asuntos extranjeros (2013-2017). En ambos casos, su postura implicaba relaciones estrechas a nivel estatal, político y económico con China, convertida en socio insoslayable de Etiopía.

Desde su elección a la cabeza de la OMS, Tedros Adhanom Ghebreyesus ha sostenido la propuesta china de nombrar el expresidente Robert Mugabe, Embajador de buena voluntad de la OMS, antes de retractarse ante las fuertes oposiciones. De la misma manera, tal como fue inmediatamente reportado por la prensa oficial china, ha garantizado a Pekín, desde el primer momento de su elección, que la OMS seguiría adhiriendo al principio de “una sola China”, siguiendo la voluntad china de no volver a acordar a Taiwán el estatuto de observador, bajo el nombre de “Chinese Taipéi” en vigor de 2009 a 2016.

Sean cual sean sus méritos -, especialmente en la lucha contra la malaria en su país -, es su estatuto de “representante del Sur” y más particularmente el ser de un continente y de un país donde la influencia de China es considerable, que ha pesado en la elección de Pekín de sostener su candidatura, como un modo desviado, y por tanto en apariencia más legítimo, de preservar su influencia en la OMS. En un discurso pronunciado en el Pekin University Public Policy International Forum el 14 de marzo de 2017, algunos meses antes de su elección, Tedros Adhanom Ghebreyesus, aún ministro de Asuntos Exteriores, declaraba que la “cooperación entre China y África en materia de salud es un modelo de cooperación Sur-Sur.

En 2018, con motivo de una nueva visita en China, Tedros Adhanom Ghebreyesus declaraba, según el sitio web oficial de la OMS, que China, [país] del cual “el sistema de salud es un modelo” podía “mejorar la salud de 60 millones de personas en los más de sesenta países involucrado en las Rutas de la Seda”. Hacia un llamado a reforzar el “partenariado estratégico entre la China y la OMS” así como la cooperación con el proyecto Belt & Road Initiative en el sector de la salud.  

¿Qué consecuencias sobre la aprehensión por la OMS de la crisis del coronavirus?

Creada en 1948 la OMS juega un rol mayor en la prevención de las epidemias y la gestión de las crisis sanitarias. Su palabra hace autoridad en la percepción del publico y la toma de decisiones de los gobiernos. Según las reglas sanitarias internacionales de la OMS revisadas en 2005, jurídicamente coercitivas para el conjunto de los 193 Estados del planeta, miembros de la ONU, los principios de transparencia, de diligencia en el reporte de la emergencia de una epidemia y del respecto para los Derecho del Hombre y las libertades individuales deben presidir a la gestión de una crisis sanitaria. Los grados de urgencia que son definidos influyen sobre las medidas adoptadas por los Estados.

En ese sentido, la gestión de la crisis del Covid-19 por la China, transmitida a la OMS es problemática. Si una incertidumbre persiste sobre los primeros casos que podrían haber aparecidos esporádicamente desde los meses de octubre o noviembre 2019, el 30 de diciembre, un grupo de médicos mencionaba en una discusión WeChat privada, la multiplicación inquietante de neumonías de tipo SARS.

Esos siete médicos, entre los cuales el Dr. Li Wenliang serian convocados el 3 de enero por la policía de Wuhan y obligados de publicar una retracción publica por difusión de “falsos rumores”.

El 31 de diciembre, el Comité de Salud Publica de China declaraba a la OMS “41 casos de una neumonía de origen desconocido”.

El 1ero de enero, el mercado de animales salvajes vivos de Wuhan seria cerrado y desinfectado, haciendo imposible toda trazabilidad hacia el animal portador [de la cepa]. Una prohibición “provisoria” del comercio de animales vivos y de las especies salvajes seria instaurado, antes de convertirse en teoría, en un orden permanente.

El 14 de enero, la misma comisión de Wuhan declaraba que no existe ninguna prueba de transmisión entre humanos, antes de organizar un gigantesco banquete de Año Nuevo.

Tras una visita de inspección en Wuhan, los 20 y 21 de enero 2020, un comité de expertos de la OMS publica un informe muy prudente indicando que “las fuentes sugieren [subrayado por la autora de la nota] que una transmisión entre humanos se produce en Wuhan. No obstante, análisis más profundos serían necesarios para entender la extensión de esa transmisión.”

La delegación hacía igualmente mención de la “identificación rápida por China del virus, su secuenciamiento genético y el suministro de cepas para hacer posible la fabricación de testeos”, a pesar del hecho que el 3 de enero, la comisión nacional de salud había dado la orden a los laboratorios que habían empezado a trabajar sobre el secuenciamiento del virus de parar sus investigaciones y de destrozar las muestras. El secuenciamiento del genoma no seria difundido por un laboratorio de Shanghái hasta el 11 de enero y compartido por la OMS.

A pesar de esos elementos, las declaraciones oficiales chinas, tanto en Wuhan como a nivel central, siguieron minimizando la contagiosidad del nuevo coronavirus. En mismo tiempo, la delegación de la OMS indicaba que “los protocolos compartidos por los expertos chinos serían utilizados para implementar recomendaciones internacionales para el control de las infecciones, la gestión clínica y la definición de casos”.

La ausencia de estadísticas confiables, sobre la cantidad de contaminaciones y sobre todo de decesos en esa fecha, solo podían falsear las conclusiones en las cuales la delegación desembocó.  

A pesar de esos retrasos voluntarios, la OMS multiplicó las declaraciones positivas sobre el tratamiento de la epidemia por las autoridades chinas, así como las consignas, de lo cual resultaba que el objetivo era de no “estigmatizar” China. En el marco de un discurso al Comité permanente del buro político, pronunciado el 3 de febrero 2020, Xi Jinping declaraba “Me he encontrado con el Director General de la OMS, Tedros. Me ha dicho que la rapidez y la extensión de las acciones tomadas por China son excepcionales. Es la ventaja institucional china. Una experiencia que debe ser estudiada por otros países”.

Hasta la declaración de pandemia por la OMS el 11 de marzo y más allá, las declaraciones del director general y recomendaciones han, de modo general, privilegiado las posiciones chinas. Tras el encuentro oficial entre Xi Jinping y el Director General el 28 de enero de 2020 -, después que la ciudad de Wuhan y la provincia fuesen declaradas en cuarentena el 23 de enero -, este último declaró que China había establecido un “nuevo estándar” en la gestión de las crisis sanitarias. Del mismo tenor, en el marco de la Conferencia de Múnich sobre seguridad, Tedros Adhanom Ghebreyesus afirmó que “China había ofrecido tiempo al mundo”.  

La OMS también renunció a declarar el estado de pandemia al final del mes de enero, limitando la amenaza al nivel de PHEIC (Public Health Emergency of International Concern) a pesar de la preocupación de los expertos. El estado de pandemia solo seria declarado el 11 de marzo, es decir tres meses después de las primeras alertas en China. En varias ocasiones, la OMS ha denunciado el cierre de fronteras, particularmente el cierre de fronteras con China. La elección del nombre de Covid-19 también resulta de la toma en consideración del miedo de China de verse estigmatizada. Según las declaraciones del Director General de la OMS, “debíamos encontrar un nombre, que no haga referencia ni a un lugar geográfico, ni a un animal, ni a un grupo particular de población”.

Conclusión

La gestión de la epidemia del Covid-19 representa un desafío colectivo para el conjunto del planeta. Mas allá de las cuestiones de salud que suscita, interroga sobre el funcionamiento del multilateralismo en ausencia de una comunidad de valores entre los principales Estados responsables. Si China se convirtió en la segunda potencia económica mundial, es la primera potencia comercial, en el corazón de las cadenas logísticas globalizadas. La naturaleza de su sistema político plantea al mundo amenazas específicas que no son tomadas en cuenta.

Desde los años 1970, China ha desarrollado vínculos estrechos, fundados sobre una comunidad ideológica y de sistema con el continente africano. Llenando el vacío dejado por las antiguas potencias coloniales después del fin de la Guerra fría, la RPC ha reforzado su influencia en una región, de la cual su principal activo es su peso diplomático en las Naciones Unidas.  En África, Etiopia ocupa un lugar aparte por razones múltiples. La asimetría de relaciones entre los dos países, los vínculos estrechos y antiguos entre el partido actualmente al poder y China, el rol de Etiopía en el seno de la Unión Africana, hacen de él un socio estratégico privilegiado por Pekín.

La nominación de Tedros Adhanom Ghebreyesus al puesto de Director General de la OMS en 2017 era un modo para la RPC de preservar una influencia desproporcionada en el seno de esa organización internacional. Dos motivaciones explican esa elección: el lugar de Taiwán en el seno de la OMS y, después del episodio del SARS, la voluntad de preservar la imagen de China en caso de nueva pandemia. Las declaraciones de Tedros Adhanom Ghebreyesus, sus tomas de posición demuestran que la estrategia de influencia de Pekín, sirven sus intereses. No obstante, el fracaso de la OMS en desempeñar su rol, y las consecuencias humanitarias y económicas considerables para el mundo entero podrían desembocar en una toma de consciencia en cuanto a la necesidad de reconsiderar los fundamentos y el modo de funcionamiento de las instituciones multilaterales, pero también el compromiso de las potencias democráticas al lado de los países más vulnerables a las estrategias de influencia de China.

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Enlace hacia el texto original: «Un défi pour le multilatéralisme: l’instrumentalisation de l’Afrique par la Chine et ses conséquences sur les décisions de l’OMS«. Auteur Valérie Niquet. Fondation pour la Recherche Stratégique. 14 avril 2020.

https://www.frstrategie.org/publications/notes/un-defi-pour-multilateralisme-instrumentalisation-afrique-chine-ses-consequences-sur-decisions-oms-2020



Categorías:China, Compliance, Corrupción, Covid 19, Diplomacia, Uncategorized

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