Un virus que vino para quedarse y matar, el H1N1

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Macro image of H1N1 swine influenza virus cells

El H1N1 es el gran olvidado de los noticieros. Sin embargo desde 2010 provoca 650.000 muertos en promedio por afecciones respiratorias asociadas a la gripe estacional, según datos de la organización Mundial de la Salud. Resulta que la gripe estacional justamente, desde hace una década, es el H1N1. Vino, mutó, se quedó.

Hasta 2008, las muertes por causas respiratorias venían marcando un retroceso en el mundo. Según un estudio difundido por el National Center for BioIogy and Information (NCBI), por el periodo 1998-2008, la tasa de mortalidad paso de 56,9 muertes por 100.000 en 1998, todas edades confundidas a 26,6 en 2008.  Tras el pasaje del H1N1pdm9, mejor conocido como gripe A, esas muertes no dejarían de aumentar sigilosamente. No solo eso, sino que se convirtió en la cepa local, en posición dominante delante de otra cepa A, el H3N2 y la gripe B, en porción tan insignificante como inofensiva. Cuando dos cepas virales circulan concomitantemente en un mismo territorio explican los epidemiólogos, se produce una interferencia viral. Como sería para cualquier otro organismo dentro de la teoría de la evolución, gana el más fuerte, aquel cuyo ADN garantice las mejores disposiciones para expandirse. 

El virus de la gripe porcina, como también se lo conoce, nunca había sido desafiado por otro virus más fuerte hasta la aparición del COVID-19. La recombinación potencial del H1N1 con un agente más peligroso y su posible mutación es algo que queda por ver. Es difícil medirlo en Europa, donde llego en fin del ciclo gripal. Se medirá en la parte más austral de América del Sur, cuando el Covid-19 alcance su pico de contagio y se encuentre con la cepa local. Aunque sería reductor dejar el protagonismo total al virus en sí. La cepa nueva representa una parte del problema. El verdadero problema es la conformación de la población afectada:  criterios de edad, de estado general, de acceso a la salud, el grado de preparación de las infraestructuras sanitarias, los criterios geográficos. Lo que afecta al hemisferio norte no afecta de la misma manera ni en las mismas proporciones el hemisferio sur y viceversa.

Lo que afecta al hemisferio norte no afecta de la misma manera ni en las mismas proporciones el hemisferio sur y viceversa.

La pandemia de 2009-2010 pegó en la parte baja del árbol etario, siendo letal preferentemente para niños, mujeres embarazadas, personas de menos de 40 años o, en el caso contrario en personas mayores presentando cuadros de comorbilidad. En resumen el absoluto opuesto de lo que ocurre con el Covid-19. El virus de Wuhan como es sobradamente sabido afecta a personas de 65 para arriba, y solo a jóvenes padeciendo de comorbilidades. Por lo cual según la composición demográfica de cada pueblo, afecta en mayor o menor cantidad.

El H1N1pdm9 ya era una recombinación de genes aviarios, porcinos y humanos.  Una bomba genómica, sin ser de las grandes plagas, pero con un lejano antepasado, de siniestra memoria, el virus de la gripe española (de origen aviario). Después de su fase genocidiaria de 1918, el virus juega al escondite, saltando varias veces la barrera de las especies. Reaparece una primera vez en los 60 y vuelve a aparecer en 1977 con rango de gripe estacional, dotada de una vacuna la cual durante treinta años produce su efecto. Evoluciona, se instala en el mundo animal, los puercos y vuelve en 2009, no como zoonosis sino como virus de transmisión intrahumana.  Entre abril de 2009 y abril de 2010 contamina 60 millones de personas, de la cuales 274 304 hospitalizaciones, dejando un saldo de 12 469 muertos, siempre según la OMS. Mucho menos de lo que generaría después de su mutación, cuando hubiese pasado el clima de alerta general y se dispusiera de una vacuna contra él.

Todos los muertos por gripe A son el resultado de complicaciones respiratorias. La impresión que dan la ultimas cepas en circulación pandémica es que el ingenio de la naturaleza les ha predispuesto a atacar específicamente los pulmones.

En su fase crítica, la gestión de la pandemia, entre 2009-2010, fue gestionada indudablemente mucho mejor de aquello a lo cual se asiste con la gripe estacional y por supuesto con la crisis sanitaria del Covid-19. En México donde se desató la epidemia del H1N1 se dispuso de una cuarentena. En el resto del mundo, no hubo confinamiento, ni siquiera se planteó organizarlo, de tal modo que las declaraciones obligatorias y la visibilidad sobre el avance del virus fue mucho más riguroso. Al no haber confinamiento, no existir el clima de realidad aumentada por efecto de las redes sociales, no se generó estigma sobre el portador de síntomas. Durante los dieciséis meses que duro la pandemia de gripe porcina, las personas acudían espontáneamente a los consultorios, los cuales se mantuvieron abiertos, con los médicos haciendo el trabajo que eligieron hacer y para el cual juraron por Apolo, Esculapio, Higia y Panacea, sin que nadie halle en ello algo que merezca ser resaltado, aun cuando estos tampoco estaban vacunados.

Tal vez en 2010, la sensibilización relacionada al VIH surtía aun efectos y se sabía que el estigma hace a la propagación del virus, por inhibir el reporte espontaneo. Tal vez, simplemente eran las postrimerías de un mundo, irremediablemente ido. Con el Covid-19, se sabe de numerosísimos casos de personas presuntamente contaminadas, las cuales al salir de sus casas asistidas de personal médico fueron amenazadas por sus vecinos o escrachadas por las redes sociales. Eso hace que los números de personas falsamente asintomáticas se mantenga muy bajo, y por lo tanto todas las cifras sobre el coeficiente contaminador del Covid-19, así como su letalidad, publicadas por el organismo que sea, solo pueden ser consideradas como elucubraciones, en el mejor de los casos modelizaciones a partir de matrices abstractas.

Se puede deducir del clima imperante en torno al Covid-19 que las personas solo alertan cuando los síndromes de crisis respiratoria aguda ya se han hecho sentir, lo cual hace a la dramatización de la enfermedad. En el caso del H1N1 los médicos hubiesen venido a casa, en base a una simple llamada del paciente. Parece surrealista, en este abril de 2020. Se dispone de alarmante constancia de casos, en que los servicios de sanidad han aconsejado a personas sobre infectadas, padeciendo de neumonía, de quedarse en casa «para no contagiar«. Una aberración a escala de la historia medica del mundo mundial. En 2010, las personas que padecían de síntomas críticos eran indemniatamente hospitalizadas, y ventiladas sin pasar por el clima de guerra biológica al cual se asiste.

En 2010, las personas que padecían de síntomas críticos eran inmediatamente hospitalizadas, y ventiladas sin pasar por el clima de guerra biológica al cual se asiste.

En 2010 se sabía que los testeos rápidos acusaban una tasa de falsos negativos de entre 40 a 60% por lo tanto la tendencia era de descartarlos y recurrir a las pruebas de secuenciamiento genético como el rRT-PCR. Habría que ser epidemiólogo para poder deducir si el conocimiento del virus y sus mutaciones en tiempo real propicio el desarrollo de una vacuna más rápido. El caso es que para la segunda ola del virus, en noviembre de 2010, el mundo estaba preparado. También es verdad que se disponía de algunos retrovirales de muy modesta operatividad, entre los cuales el Oseltamivir que permitió a varios países deshacerse de su stock de Tamiflu (Hoffmann-La Roche), comprado para hacer frente a la gripe aviaria (H5N1) de 2005 y a punto de caer en caducidad. En 2020, naciones de primera liga se pelean por beneficiarse de la caridad del pirómano bombero, mendigando kits de testeo rápido a China. Productos que son a la farmacopea, lo que la marroquinería trucha es al lujo.   

En marzo de 2019, la Organización Mundial de la Salud, creó el “Global Influenza Strategy 2019-2030”, un módulo que se fijaba como objetivo determinar los conceptos claves de respuesta a la gripe, enfocado en tres ejes: 1. Reducir la carga de la gripe estacional. 2. Minimizar el riesgo de gripe zoonótica. 3. Reducir el impacto de la gripe pandémica.  El documento fundador reza: “La gripe es una grave amenaza para la salud mundial que afecta a todos los países: según los cálculos, cada año se registran en el mundo 1000 millones de casos, de los cuales entre tres y cinco millones son graves, y entre 290 000 y 650 000 personas fallecen por causas respiratorias relacionadas con la gripe. En nuestro mundo interconectado, la cuestión no es saber si habrá una nueva pandemia de gripe, sino cuándo ocurrirá, y muchos expertos creen que una pandemia grave puede ser el evento más devastador para la salud mundial y dejar secuelas a largo plazo”. En ninguna parte del documento, redactado hace tan solo un año, figura la palabra “confinamiento” o el concepto de “distancia social”. Una ausencia que alimenta aún más las más dudas sobre el rol de la OMS y su curioso empecinamiento en imitar la metodología totalitaria china en respuesta a la crisis del coronavirus, sin ponderación de riesgos colaterales.

Ya hemos hecho referencia a los estados del hemisferio sud o aquellas democracias imperfectas que intentan sacar redito político de la situación, imponiendo radicales restricciones a las libertades civiles, aun cuando no estén expuestas a las mismas métricas que las naciones del hemisferio norte. Por parte de la OMS y de varios estados de Europa, tales como España, Francia, Italia se puede concluir al bochorno lisa y llanamente. La infodemia (antiguamente histeria colectiva) afecta aquello que más debería cuidar la OMS, el estado de salud general de la población. La cantidad de errores acumulados, el costo en vidas humanas y lo que va a facturar el economicidio solo puede ser imputado a una responsabilidad de índole político.

Por donde se lo mire, comparando los estragos de la gripe estacional con el virus de Wuhan solo hay dos lecturas posibles: o se trata de una mariconada antológica de hipocondriacos o un efecto en cascada de golpes de Estados, preparando una era de más disrupciones radicales a las libertades civiles.

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