Covid, revelador del envejecimiento global

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Lo único de bueno del virus de Wuhan es que actúa de revelador de un fenómeno tan disruptivo en su magnitud como el de las nuevas tecnologías. Lo que las estadísticas de letalidad anormal, por influenza, no han podido visibilizar, el Covid-19 lo está haciendo. Eso es, el “super” envejecimiento global y su drástica aceleración desde 2015. Una variable de ajuste, sino la variable de ajuste de nuestra contemporaneidad. Sin sorpresa, toda crisis sanitaria, cepa “casera” o exótica, se dirimirá según el grado de reformas impulsadas, al “shock gris”.

Donde viene siendo contenido el virus chino es donde también es controlada la letalidad de la gripe autóctona y casualmente donde imperan mejores infraestructuras, publicas o privadas, adaptadas al envejecimiento poblacional. Esos tres elementos puestos en perspectiva otorgan cierta lógica para explicar los resultados tan dispares entre naciones, a veces vecinas, en la gestión del tan mediático coronavirus.

En los países de la OCDE casi un cuarto de la población ostenta más de 65 años. En 2030 esa franja etaria alcanzará los 40%. En 2050, poco más de 30% superará los 80 años. En ese contexto, cualquier microorganismo o mutación de este, puede desembocar en una crisis requiriendo de camas y unidades de terapia intensiva dignas de un escenario de guerra, no tanto por la virulencia de la cepa, sino por la vulnerabilidad de los afectados. Sorprende el poco caso que se hace del fenómeno, siquiera como clave analítica, especialmente teniendo en cuenta la tremebunda explosión demográfica de nuestro siglo. No es lo mismo 40% de los 3 mil millones de habitantes de 1960, que 40%, de 8 mil millones en 2020, o la misma proporción pero de los 10 mil millones proyectados para 2050.  El envejecimiento del sistema respiratorio sigue por la misma escalera además de los factores socioambientales, como la contaminación que le hace espejo. Al alcanzar dígitos de nueve ceros, para proteger los «super mayores», el distanciamiento social dejará de ser una respuesta de crisis, se convertirá en una modalidad crónica, sin por lo tanto ser confinamiento. Cuando eso ocurra, el transhumanismo sustentado en la inteligencia artificial, será realidad.

El mejor informe sobre el impacto de un envejecimiento poblacional mal preparado reside en los números de muertos de Italia, Francia y España

Italia es el país que menos esfuerzos viene desplegando para adaptarse al fenómeno como lo demuestra un estudio del National Center for Biotecnology Information en 2018, o también por citar una de las tantas fuentes sobre el tópico, el think thank americano, el Centre for Strategic and International Studies. El CSIS ha dedicado un programa, el Global Aging Initiative en 1999. Su idea consistía en desempeñar investigaciones proyectando el impacto del envejecimiento global en la economía, la geopolítica, los presupuestos de defensa, de salud y muchos otros aspectos. Las medidas que preconizaban tuvieron un impacto de poco alcance y el programa terminó por ser abandonado en 2018. Hoy el mejor informe sobre el impacto de un envejecimiento poblacional mal preparado reside en los números de muertos de Italia, Francia y España, comparándolos a la realidad en Japón, Alemania, Suiza, Corea del Sur. Países que desde una década vienen elaborando adecuaciones sustentables y creativas, en todos los ámbitos de la vida.

La irrupción de las nuevas tecnologías difunde una entelequia de sociedad joven. Pero la realidad es que es la primera vez en la historia que la sociedad se debe pensar, desde un tropismo de ciudadanos de mayores a muy mayores.  Durante algo más de 19 siglos el mundo se acostumbró a pensarse como un lugar donde los más de 60 años conformaban 5% del grueso de la población. Eso cambio radicalmente.   

Al alcanzar dígitos de nueve ceros, para proteger los «super mayores», el distanciamiento social dejará de ser una respuesta de crisis, se convertirá en una modalidad crónica, sin por lo tanto ser confinamiento. Cuando eso ocurra, el transhumanismo sustentado en la inteligencia artificial, será realidad.

Empezar a imponer un cordón sanitario para protegerse de China en el futuro será imprescindible. Cinco cepas en 10 años, de las cuales dos pandemias proviniendo de un mismo país, que encima nos debe su crecimiento, es como mucho. No obstante, no se debe plantar un bosque para esconder una hoja. Considerando el cuadro de crisis sanitaria, no desde el ángulo del covid, sino de los afectados, incluyendo parámetros epistemológicos aun desconocidos, queda claro que las medidas de confinamientos coercitivas, no son sino manotazos de ahogado por parte de naciones que ya venían inmersas en un estado de crisis sanitaria preexistente, a sabiendas que se ahogarían, sea como fuere, ante cualquier amenaza emergente. Para hacer frente a la situación demográfica se va a necesitar de sociedades prosperas, para crear herramientas disruptivas de la economía privada y soportar la presión fiscal. No de sociedades en arresto domiciliario.  

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