Hegemonía peronista en un Argentina jurásica

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El 16 de junio 2019, Argentina era noticia de vuelta por uno de esos hechos estrambóticos que la dan a conocer como una suerte de gran pesadilla de suburbio napoletano. Un colapso de su sistema de distribución energético sumó el país en una suerte de fantasía jurásica afectando a países vecinos.  Semejante colapso tan solo debido (a priori) a una avería técnica cuando no la humedad, según declaraciones de un representante de Transener, el órgano de distribución energética, no se da por casualidad en Argentina y en ningún otro país. Mientras el mundo intenta arbitrar o adaptarse a los planteos de la tecnociencia, Argentina tiene problemas de conectividad eléctrica y no sabe porqué, porque los responsables ni siquiera son capaces de diagnosticar la falla. Y es que la corrupción tiene un costo. Hace décadas que la infraestructura sustentando las operaciones vitales de la nación viene siendo concesionada a redes de amigos. Dragado de ríos, energía, redes de transporte, son noticias por las expropiaciones a las cuales fueron sometidos sur inversores extranjeros cuando los hubo, son silencio por las licitaciones discrecionales a amigos y son barrullo por la propaganda que tapa el mal desempeño de sus gestores.

En 2015, cuando Mauricio Macri llegó al poder una esperanza recorrió como pólvora la sociedad argentina. Iban a llover las inversiones. Esa era una promesa estandarte del flamante presidente. Lo cierto es que, si es por llover, no llovieron. Pero sí se acercaron potenciales inversores, respondiendo con sus pliegos a varias grandes licitaciones relacionadas al sector de la infraestructura. En ningún caso las propuestas de esos grandes conglomerados internacionales fueron retenidas. El macrismo que copió en todo al kirchnerismo mantuvo ese sesgo tan propio de la argentina peronizada que es el de la economía prebendaria y del reparto entre amigos. La obsesión por la obra pública de la actual presidencia se traduce en obras segundarias sin incidencia estratégica, cuyo financiamiento escapa a toda indagación seria.  No existe ente fidedigno para fiscalizar el Estado. La propia titular de la Oficina Anticorrupción, el halcón militante, Laura Alonso declaró negarse a investigar el gobierno sin temor a desvirtuar la única razón de ser de la mentada institución.   

Mauricio Macri es el hijo de un calabrés; Franco Macri llegado a Argentina a hacer fortuna con el dinero del Estado en base a sobreprecios, extorsiones, contrabando y desvió de fondos públicos. La lógica de la ‘‘Ndrangheta, mafia autóctona de Calabria, y por ende la subcultura que se desprende de ella, consiste en infiltrar el poder para hacer negocios. La lógica del peronismo se resume en:  de izquierda, de derecha o como sea, pero hay que estar al poder. Son idiosincrasias hechas para entenderse y, no es de sorprender que con el encuentro mefistofélico entre el populismo mussoliniano austral y la subcultura mafiosa del Sur de Italia, aunados en las más altas esferas del país, se desemboque, varias décadas después en esta tragedia nacional, cuyo síntoma ya no consiste en enterrar la basura en la Pampa o «los de siempre» de la mafia bonaerense. La metástasis ya roza el apagón generalizado.

Son idiosincrasias hechas para entenderse y, no es de sorprender que con el encuentro mefistofélico entre el populismo mussoliniano austral y la subcultura mafiosa del Sur de Italia, aunados en las más altas esferas del país, se desemboque, varias décadas después en esta tragedia nacional

Más Mequetrefe que Maquiavelo

Una alternancia real al populismo peronista ya sea este kirchnerista o macrista, expondría sus representantes ante un juicio para la Historia, por lo cual ambos se ven unidos en una comunidad de destino osmótica, no solo para robar, sino para respaldarse y transmitirse el poder de modo transversal. Por lo tanto, solo un inocente podría sorprenderse en serio de la elección del paleo peronista Miguel Ángel Pichetto como vicepresidente en la fórmula que acompaña la candidatura de Mauricio Macri a su reelección. Pichetto representa lo más antidemocrático de Argentina o de cualquier país. La disciplina partidaria, la promoción de leyes a ciegas, la cultura antiparlamentaria, la vieja política del cinismo, la confusión entre Maquiavelo y Mequetrefe, la ausencia de ética, la cultura de aparato. De hecho, lo que aporta Pichetto no son votos (elección a la que se presentó por un puesto ejecutivo, elección que perdió), sino la promesa de un aparato que reproduzca lo que viene disfunccionando.

Durante las dos presidencias kirchneristas el entonces Diputado de la Nación por Rio Negro, defendió acaloradamente expropiaciones, el Memorándum of Understanding con Irán y toda una serie de leyes absurdas que marcaron la presidencia populista. Fue el principal artífice de la disciplina partidaria al servicio del socialismo del siglo XXI.  

El presidente Macri que fue electo bajo la bandera del cambio, que de hecho fue el nombre que le dio a su coalición será ahora acompañado del más servil de los soldados de Cristina. Y no es de sorprender porque, si bien es verdad que los analistas políticos internacionales no viven en Argentina y cuando vienen son recibidos por funcionarios que ajustan su discurso a aquello que los visitantes desean oír, la realidad es que el macrismo nunca disimuló su admiración por Cristina. Los hechos hablan por ellos mismos. Macri reprodujo todas las tropelías del kirchnerismo. La mayor parte de las veces en peor, accediendo a peores plazas en prácticamente todos los rankings: libertades económicas, hiper proteccionismo, hiperfiscalidad, hiperinflación, hipercorrupción etc.

Pero esta dicho que el discípulo en algún momento supera al maestro. Macri o la gente que piensa por él, inventaron un concepto desde los albores de su presidencia: “la grieta”. Hubo hasta un amanuense de Télam, la agencia de propaganda oficial que redactó una suerte de panfleto contra la grieta. La grieta como su nombre lo indica es una fisura, a priori geológica que divide. Las huestes macristas pusieron un énfasis obsesivo en propagar a través de medios afines (casi todos) que la grieta está mal; Es una cosa horrenda. Fue bastante sutil el modo en que entronizaron el partido único y en eso se merecen un reconocimiento. Substituyeron la palabra “oposición”, propia a la democracia por “grieta”. En lugar de decir, “que feo tener que enfrentar una oposición, síntoma de una democracia”, instalaron la idea que la grieta, lo que divide es aquello que hay que erradicar. El kirchnerismo hacia decir a sus halcones que la oposición o los “tibios” eran el enemigo, y “al enemigo ni justicia”. El macrismo hace decir que hay que eliminar toda división, votar de la misma manera y todo con buena onda instagramer. Y lo lograron. Lograron devolver al peronismo su hegemonía. Para las elecciones todas las formulas presidenciales con un chance razonable de figurar en el balotaje son peronistas. Macri logró lo que ni Perón se habría atrevido a soñar. Y no necesitó ser inteligente para ello. Solo necesito que sean muchos los tontos.

Además de la formula Pichetto-Macri (Juntos por el Cambio); está la fórmula de los Fernández (Frente de Todos), compuesta de Alberto Fernández, ex jefe de gabinete de Néstor y Cristina Fernández como Vice, el Alma Mater de la ruina del país. Y, por fin, una tercera formula (Compromiso Federal 2030), conformada por el ex Ministro de Economía de Néstor Kirchner, el peronista Roberto Lavagna, candidato a presidente y, de Vice, el Gobernador peronista de Salta, Juan Manuel Urtubey. Este último, a pesar de haber sido secuencialmente el hijo prodigo del kirchnerismo, no obstante ultra macrista de 2015 hasta hace pocas semanas, conforma ahora una alianza cuyo lema es: «Ni Macri, ni Cristina». Todos entienden que, en cualquiera de las tres formulas, todo queda en familia y que, organizar su propia oposición es una vieja artimaña del peronismo.

Voto en blanco

Siendo las tres alternativas exageradamente malas por parte igual, con matices los cuales no fundan ningún tipo de esperanza, la única opción es el voto blanco masivo con tal de restarle legitimidad al próximo presidente. Que el próximo candidato se sepa mal electo y eso lo incite ganar por su gestión la aprobación que no le concedieron las urnas. En 2015, las urnas dieron victorioso a Macri por unos muy pocos puntos, en relación al candidato del kirchnerismo, Daniel Scioli. A pesar de ello, Macri se comportó como si hubiese sido plebiscitado y que su legitimidad no requiriese cumplir con las más básicas urgencias de gestión como podía ser la cuestión de la inflación estructural, la crisis energética, la ausencia de libertades económicas; el nulo acceso al crédito no usurero, la inexistencia de continuidad territorial en un espacio, federal solo de nombre etc.

Cuatro años más tarde, la nave se sigue hundiendo. En la clase media la esperanza de las familias para sus hijos pasa por el exilio de estos. Será importante que el mensaje sea de una profunda y perceptible desaprobación.



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