Bolsonaro, neocon, antropológicamente correcto

© Texto Teresita Dussart. Todos derechos de propiedad intelectual y reproducción reservados

Jair Bolsonaro no es un presidente antisistema. Muy al contrario. Es un presidente neoconservador. Por pereza intelectual, por ausencia de referencias, por el tipo de alzhéimer provocado por el consumo frenético de nuevas tecnologías, lo que en política no se entiende se caricatura como antisistema. Lo cierto es que, hasta hace poco, nadie hubiese apostado que el neoconservatimo tuviese una posteridad tan lejos de sus raíces, cuanto más en un país tan empapado de la catequesis del PT. Si en Estados Unidos, las figuras más emblemáticas del movimiento neoconservador americano de los 90, Paul Wolkowitz o Richard Pear entre los que tuvieron más prensa, no resistieron al primer mandato de Georges Bush Jr., el impulso de restauración de valores cardenales, de freno a los efectos del postmodernismo y de esa suerte de contra reforma a la contracultura, ha dejado huella en una nueva generación de mandatarios a menudo envilecidos por ir contra la corriente de su época. Jair Bolsonaro es hasta demostración de lo contrario, el representante latino americano de esa corriente, mientras que “o país mais grande do mundo” se transforma en laboratorio neocon.

Como todos los neocon, Bolsonaro suscita dudas sobre la calidad de su ADN liberal. No sé puede pensar en él sin tener presente la excruciante pregunta de Ezequiel Martínez Estrada ante lo que fuera la subida del peronismo en Argentina: “¿Qué es esto? En América Latina durante la última década ha surgido una nueva izquierda, el socialismo del siglo XXI cuya característica consistió y aún consiste en generar asfixia tributaria para planes sociales clientelistas, levantar barreras de hiper proteccionismo, inventar obra pública para los amigos y producir siempre más pobres. Esa corriente en Argentina empezó con los Kirchner, sigue con Mauricio Macri y tiene aún cierta vigencia en Bolivia, por supuesto Venezuela y Honduras. Lo nuevo es el surgimiento de una derecha liberal neocon. De Bolsonaro se observa un discurso liberal, por un lado. Pero también un sesgo moral.

Los fundadores del neoconservatismo americano nacieron a la vera del liberalismo económico y filosófico. En casi todos los casos fueron, originariamente, miembros del Partido Democrático, hasta que este, ganado por la contracultura, entregado a las narrativas de una izquierda estalinista soft, fue perdiendo sus más brillantes intelectuales. Los neocon, a diferencia de los conservadores rasos, conforman una miscelánea entre conservadurismo moral y liberalismo económico, pudiendo aceptar un cierto nivel selectivo de proteccionismo.

Durante su discurso en el palco, ya ungido del mandato presidencial, Bolsonaro se refirió a valores morales y lo hizo sin las mañas del neo lenguaje. Es muy neocon luchar contra el relativismo moral. La referencia filosófica del neocon es Leo Strauss, según el cual la decadencia de Occidente se debe a la pérdida de su perspectiva histórica. Lo propio de un neocon es de salir del libreto políticamente correcto y hacer alarde de convicciones, con el riesgo que algunas federen voces en torno a su nombre y otras generen polémicas o rechazo. Un ejemplo es la promesa de Bolsonaro de luchar contra la denominada «ideología de género», en un país ganado por la realidad aumentada, la difracción con la realidad y el adoctrinamiento a prácticas anormales que se quiere forzar a contemplar como consuetudinarias. En cuanto a política económica, el mandatario se aferró a los principios cardenales del liberalismo, por ejemplo “luchar contra el gigantismo de Estado”.

El mismismo discurso de la flamante Primera Dama, Michelle Bolsonaro, en lengua de señas ratificó ese sesgo antropológicamente correcto, que es el principio muy humano de protección del más débil a través de la promoción de causas que atañen a la vulnerabilidad biología. No a los efectos de la contracultura, como puede ser la defensa de derechos autoproclamados o de cualquier otro rubro de la hiper victimización, en una sociedad cuyo nuevo héroe es la víctima. En sí, fue mucho más político de lo que parece. Michelle Bolsonaro es una trabajadora de clase media, que bien hubiese podido arroparse en la toga de la «igualdad de género», como lo hace Juliana Awada para quien el mundo laboral sigue siendo un mapamundi rectangular. Pero Michelle Bolsonaro, que nada tiene que demostrar al respecto, eligió su causa: serán los sordos.

Un Bolsonaro neocon es una apuesta negentrópica. Es a la moral, lo que la low economy es a la globalización, no un freno, sino una bajada de cambio. No consiste en impedir la realización de las aspiraciones intimas de las personas, sino en recordar las intangibles realidades de la especie, y los valores fundadores de una nación, es decir aquella parte romántica de un relato nacional que da sentido a la noción de Patria. Es por eso que a menudo, para un neocon, Israel recela una dimensión icónica por reunir todos los valores que profesaba Leo Strauss y los padres del Nation Building.


Un Bolsonaro neocon es una apuesta negentrópica. Es a la moral, lo que la low economy es a la globalización, no un freno, sino una bajada de cambio.

La tesitura neocon de Bosonaro hace de él un rompedor de iceberg ideológicos y lo más probable es que va a tratar el Mercosur por lo que es. Una cascará vacía y le dará el trato que se merece. Mauricio Macri, el presidente argentino, ejerciendo la presidencia de turno del bloque regional desde diciembre no dignó interrumpir sus vacaciones, ni a un título, ni a otro, para asistir a la asunción de su gran vecino del Norde, del cual depende la economía argentina, tanto como México depende de Estados Unidos. En cambio, Bolsonaro puede llegar a ser, en asociación con el flamante presidente colombiano, Iván Duque una variable de ajuste decisoria para la resolución de la crisis humanitaria venezolana de frente a la tiranía chavista.

Las grandes naciones de Americana Latina son extremadamente previsibles y les cuesta cambiar. El factor Bolsonaro puede ser un factor de cambio o más de lo mismo y entonces recaer en ese Weltshmertz compuesto de recesión, depresión, caudillismo, miseria, crimen organizado, proteccionismo y su correlato de perspectivas menos alentadoras, especialmente para aquella porción de habitantes que padecen de las realidades propias al País de las últimas cosas.

En el entusiasmo, no se puede obviar ciertas particularidades del discurso. Durante su campaña Bolsonaro cometió intolerables deslices de lenguaje haciendo la apología de la tortura durante la última dictadura, o defendiendo el tiro sin voz de alto de los efectivos de policía, lo cual lo asemeja a un sátrapa latinoamericano clásico, o un paleo conservador. Los neocon americanos siempre se han caracterizado por una riposta bíblica a las agresiones externas y un uso de la fuerza sin complejos, pero en un marco defensivo y dentro de una sociedad con larga tradición democrática. La celebración del asesinato en un continente gangregano por las mafias policiales, no es un buen indicador. El eje del – Qué es esto – no está inmune de la potencialidad de correrse hacia el autoritarismo, en cual caso sería otra aventura funesta para la región.

 



Categorías:Brasil, Latin America

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