G20, la cumbre en su momento zugzwang

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“Dicen que el equipo de backoffice necesitó de 50 horas para redactar el texto final. Debe ser por el wifi bloqueado que no permitía el acceso a Google. El texto en la mayoría de sus puntos podría ser el copiar pegar de una convención de compliance de una mediana empresa de hoy”

Los dirigentes del último G20, desembarcaron con las valijas cargadas de conflictos caníbales. Lejos del escenario de 2008 que federalizaba, más que dividía, en búsqueda de soluciones globales a una crisis financiera de efecto planetario, la edición del G20 que se desarrolló en Buenos Aires constituyó una precipitación de situaciones corrosivas. Contenciosos todos muy por encima de aquellos enconos identificados como los más espinosos: la cuestión climática y el neoproteccionismo o, dicho de otra forma, aquel proteccionismo practicado por aquellos que hasta hace poco abogaban por abolirlo.

Un encuentro entre Donald Trump y Xi Jinping, in extremis el sábado, logró suavizar la guerra comercial entre China y Estados Unidos y suspender por 90 días, a partir del 1 de enero la amenaza consistiendo en aumentar de 10 a 25% las tasas aduaneras. No obstante, no deja de ser una solución de tipo zugzwang como se denomina en ajedrez aquella movida a la cual es forzado un jugador, por desventajosa o indeseada que sea. Es retroceder para mejor saltar. La tregua será difícilmente prorrogable. El contencioso comercial y financiero surgido de las ambiciones expansivas de Xi Jinping es demasiado estratégico y fundamentado, como para poder desescalar. El uso de la expresión economía “depredadora” por parte de Sarah Sanders, la encargada de prensa de Trump, a pocos días de la cumbre, resume la percepción del actuar de China por parte de la Casa Blanca, en cuya acepción las medidas proteccionistas no constituyen otra cosa que un parche ante al unilateralismo sesgado y blindado de China desde décadas. De hecho, en su motín anti-China, Estados Unidos no está solo.

Otro contrincante en un momento delicado frente al capitalismo de Estado chino es Australia. Su presidente Scott Morrison ha impulsado una medida que impide el acceso de los teléfonos Huawei a la red de telecomunicaciones nacional. El poco caso que hace China del concepto de propiedad intelectual, sumado en Australia a la infiltración perniciosa de las instituciones democráticas se ha transformado en un tema candente de la agenda política.[1]

El espacio europeo tambièn aportó su lote de malestar. Italia se encuentra en un conflicto al rojo vivo con las autoridades de Bruselas sobre la cuestión migratoria. Una situación que la península carga a cuestas sola, desde décadas, in crescendo a medida que las mafias de traficantes se consolidan, multiplicadas por el factor primavera árabe. Su premier, Giuseppe Conte, presente durante el G20, se ve tachado de populista por varias administraciones de países miembros, entre los cuales el gobierno de Emmanuel Macron. No es aún un divorcio. El Reino Unido, sí acaba de sellar su separación con la Unión Europea a pocas horas del G20.

En Francia, antes del fenómeno insurrecionista de los chalecos amarillos, todos los días, la prensa hacia su tapa con el caso de Carlos Ghosn, CEO de Renault, además de vicepresidente de Nissan y presidente del Consejo de Administración de Mitsubishi, detenido en prisión preventiva en Japón. La situación judicial de un capitán de la industria francesa envenena las relaciones entre los dos países y fue objeto de un encuentro privado entre Xinzo Abe y Emmanuel Macron, en margen de la agenda oficial.

Con Rusia, los últimos hechos en el Mar de Azov, sumandos a la farsa del caso Serguei Skripal no ayudan a construir puentes. Pero el presidente ruso está curtido a la extrema hostilidad cuando no al explicito ostracismo y sus contenciosos con los otros miembros del G20 no fueron óbice de negociación alguna. Si no es bueno, no es malo.

El tema de la construcción del muro y de la inmigración mexicana tampoco tuvo incidencia. Era el último día de presidencia de Enrique Peña Nieto y lo ejerció firmando el T-MEC, un tratado remozado de la ex Alena, antes de retirarse. Andrés Manuel López Obrador asumió el sábado. De lo que irá su relación con el vecino del Norte y con los otros miembros del G20, decir que es un enigma es poco. Las señales son como mínimo ambiguas y en su mayoría poco alentadoras.

De todos los invitados, el más polémico fue el Príncipe Mohamed Ben Salman[2], alias MBS, con un informe de la CIA a cargas que lo sitúa como autor intelectual de la muerte atroz, en octubre pasado, del periodista del Washington Post, Jamal Kashoggi en el consulado saudí de Estambul. A ello se suma denuncias de varias fuentes, entre otras por parte de la ONG Human Rights Watch por crímenes de lesa humanidad cometidos contra poblaciones civiles en Yemen desde que inició su guerra casi privativa. Un conflicto olvidado que vuelve a ser noticias. El asesinato de Khashoggi vuelve a poner el foco sobre el rol desplegados por las potencias en el conflicto atávico entre saudíes y chiitas en el mundo y sus aliados, como los quataries. Imposible apretarle la mano a MBS, (con excepción, paradójicamente de Putin), pero aún màs difícil humillarlo. Curiosamente la única que se prestó a una entrevista con MBS fue Theresa May, la misma que condenó a Putin por la supuesta tentativa de envenenamiento de Skripal.

La cuestión de la inmigración y las varias crisis que se han producido estos últimos años en Europa y en Centro América es despachada como lo saben hacer los diplomáticos más expertos, adiestrados a reunirse para consensuar de una nueva fecha de reunión

Una declaración porque no podía no haber una

Hasta el viernes por la noche se evocaba la posibilidad que no se logré un texto común. El paso que se dio fue un paso forzado como en una situación donde todas las partes pierden de todos modos, pero se nota menos si se corre hacia otro jaque. En ese marco no es de extrañar que la declaración del G20 “Construir consenso para un desarrollo sustentable y ético” se cierre sobre el denominador común más pobre posible de historia de la organización.

Dicen que el equipo de back office necesitó de 50 horas para redactar el texto final. Debe ser por el wifi bloqueado que no permitía el acceso a Google. El texto en la mayoría de sus puntos podría ser el copiar pegar de una convención de compliance de una mediana empresa de hoy, impregnada de ideología de género, de bondades sobre las nuevas tecnologías y otros lugares comunes al estilo Malala; “subrayamos el derecho de las niñas a ser educadas.” ¿Quién no? Toda la semiótica de la época, “evoluciones societales”, “aprender a aprender”, “economía inclusiva” y blablablá figura disciplinadamente como si el texto fuese redactado por becarios.

El punto 10 pudo ser una ocasión textual de manifestar un freno al uso orwelliano de la inteligencia artificial en China, pero la tímida y estéril evocación genérica del business model de la economía digital y la protección de la privacidad no alcanza ni en un millón de años luz, el concepto de moratoria o principio de precaución, lo cual ya, en si, serían conceptos atrasados.

La cuestión de la inmigración y las varias crisis que se han producido estos últimos años en Europa y en Centro América es despachada como lo saben hacer los diplomáticos más expertos, adiestrados a reunirse para consensuar una nueva fecha de reunión [punto 16]. La UE no ha movido un dedo para generar una consciencia y una respuesta con relación a ese fenómeno. El texto para quien lo lea ilustra la grieta infranqueable entre la realidad de los pueblos y la capacidad de tomar decisiones a nivel multilateral. Es de alguna forma la muerte del multilateralismo. Sobre la cuestión climática no se innova. Se reconoce que lo dicho durante la COP21 sigue de actualidad. Estados Unidos incluye un punto propio, en el cual reafirma su intención de salir del Acuerdo de Paris.

El Punto 27 apela a una reforma de la Organización Mundial del Comercio. “El sistema se está quedando corto con relación a sus objetivos y hay espacio para mejoras. Por lo tanto, sostenemos la necesaria reforma de la OMC para mejorar su funcionamiento. Repasaremos los progresos durante nuestra próxima cumbre”. Es lo único realmente nuevo e interesante que deja la cumbre, aunque nada permita prefigurar del tipo de cambios al cual será sometida la organización que regula el comercio global.

Los organizadores admiten que les “ha sido cada vez más difícil sincronizar entre los países, y algunos de los riegos claves, incluyendo vulnerabilidades financieras y preocupaciones geopolíticas se han materializado. “[Punto 2]. La edición de 2018 no quedará en los anales y es probable que la de 2019 ya no sea otra cosa que la reconducción de un evento reducido a su mundanidad a falta de multilateralismo.

[1] Ver en este blog: https://relacionesinternacionales.co/2018/05/30/china-una-potencia-insidiosa-y-desleal/China una potencia desleal.

[2] “En este blog. https://relacionesinternacionales.co/2018/01/01/tiro-por-elevacion-contra-el-gran-ayatola-ali-khameney/ “¿Qué hacemos con el poder sin límites que está estableciendo el nuevo hombre fuerte de Arabia Saudí, el príncipe heredero Mohamed Ben Salman y una potencia nuclear en la Meca?”

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