Todo ocurre. Pichetto-Bullrich, antiliberales agasajados por la Friedrich Naumann

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La Fundación Friedrich Naumann celebró sus 35 años de presencia en Argentina y con ese motivo convocó varios exponentes a los antípodas de los valores que profesa, generando estupor en los círculos liberales. Dos de ellos, Patricia Bullrich, actual Ministra de Seguridad de la Coalición Cambiemos y Miguel Ángel Pichetto, senador peronista, encarnan una trayectoria política y personal, en todo adversa a los principios cardenales que una Fundación liberal tiene por misión infundir y propagar.

Un entendido nos explica bajo condición de anonimato, que como de costumbre, es una cuestión de dinero. La “Naumann en los ochenta jugaba con la Unión Cívica Radical (partido ajeno al liberalismo en proporción equiparable al peronismo). En el 2003 abandona el radicalismo y apoya a López Murphy. Este, a su vez hace su desastrosa alianza con Patricia Bullrich. Cuando a López Murphy, Macri le quita su partido Recrear, a través de una maniobra de Esteban Bullrich (un alienígena para los valores liberales) entonces la Naumann se queda con Patricia Bullrich, que tenía el partido Unión por Todos, el cual cambia, oportunamente, de nombre por Unión por la Libertad. La cuestión es, que estas fundaciones como la Naumann, para seguir recibiendo dinero de Alemania, necesitan estar adscriptas a un partido político. Si no, Alemania les quita el subsidio. Como este año Patricia Bullrich fusionó su partido con el PRO, la Naumann se quedó sin partido, y por lo tanto corre el riesgo de quedar sin financiamiento. Es posible que la Naumann esté buscando adherir al peronismo de Pichetto.

¿Por qué confunde y escandaliza la presencia de Bullrich y Pichetto en semejante tribuna? Porque el liberalismo no es un molino donde entra cualquiera. Es una filosofía política sumamente exigente desde el punto de vista ético, tanto es así que es consustancial a la democracia. Promueve una educación cívica articulada en principios tales como el respeto de las libertades individuales, la defensa del sistema parlamentario, la libertad de mercado, el respeto de la propiedad privada, la no intromisión en la formación de los precios, la lucha contra los monopolios y oligopolios que destruyan las ventajas del libre comercio, la libertad contractual y asociativa (incluida la sindical), la responsabilidad personal y de las empresas (parte de la concepción de la vida de un liberal), el respeto de las minorías a través del sistema judiciario independiente como correctivo de la dictadura natural de la mayoría, una fervorosa defensa del derecho a la singularidad. Ese es el corpus de normas no negociable del liberalismo, sea un liberalismo conservador o más propenso a cierta sobrevivencia del Estado de Bienestar.

Una exegesis de todas las leyes promovidas por Pichetto retrata una trayectoria de destrucción de lo poco que hubo de país normal. Todas son, anti-mercado, confiscatorias, antiliberales y a menudo antidemocráticas

¿Qué cabe de esas disposiciones filosóficas contemplando la trayectoria de vida de Patricia Bullrich y Miguel Ángel Pichetto? Nada. En una perfecta palingenesia peronista, Pichetto, como diputado y senador nunca dejó de ser un operador legislativo a cargo de hacer votar todas las leyes de la mayoría del momento: Carlos Menem, Eduardo Duhalde, los Kirchner y ahora el macrismo y su peronismo light. El humor político se ha esfumado desde los 80 del escenario cultural argentino, con lo cual Pichetto obtuvo de la Fundación Konex el Diploma de Mérito a la disciplina de Legisladores por el periodo 2008-2017, sin que nadie se percate de lo irónico de la distinción. La disciplina será un valor peronista pero no es un valor liberal. Lo que es liberal es el libre albedrio y el coraje.

Una exegesis de todas las leyes promovidas por Pichetto retrata una trayectoria de destrucción de lo poco que hubo de país normal. Todas son, anti-mercado, confiscatorias, antiliberales y a menudo antidemocráticas. Pichetto como liberal no resiste a ningún archivo. Muchas de las expresiones del senador vehiculan por otra parte el ADN peronista antisemita y xenófobo, o sea del peronismo de Perón y Evita. Por ejemplo, en 2013, cuando se votó el Memorándum de Entendimiento con Irán, una aberración conceptual, tanto por el lado argentino, como iraní, el senador tuvo esta frase: “El atentado a la Amia le (sic) costó la vida a argentinos de religión judía y a argentinos argentinos que estaban en el lugar.”

Sus declaraciones xenéfobas van in crescendo Tal vez Pichetto se quiera inspirar del discurso que puntualmente en Europa pueda hacerse oír desde hace unos años, consistiendo en reafirmar la soberanía de la política migratoria ante hechos masivos y disruptivos que han culminado en atentados y en una real transformación del modo de vida de los europeos. Pero eso no se acompaña de un sentimiento xenófobo sino de una reconsideración de valores precisamente propios a la convivencia social. Tal vez Pichetto aspire a ser el Jair Bolsonaro argentino, pero para eso debería volver a nacer.

Patricia Bullrich ex figura en los años 70 de la violencia Montonera, se destaca por una vida dedicada a la fascinación de la fuerza bruta, por los dos extremos del tablero peronista

Patricia Bullrich ex figura en los años 70 de la violencia Montonera, se destaca por una vida dedicada a la fascinación de la fuerza bruta, por los dos extremos del tablero peronista, en si ya una sobrevivencia musolinista. A fin de los años 70 se destaco por ser parte del grupo que, desde el exilio invitada a sus compañeros del terrorismo mafioso, a una gesta de la cual se exoneraba, en una frase que se hizo célebre: “animémonos y vayan”. Mientras la cúpula montonera seguía haciendo sus negocios espurios en el exilio, con algunos miembros destacados del gobierno cívico-militar, que más que represión de terrorismo, se dedicaban a limpiar del terreno sus contrincantes y matar al buen tuntún, la base era envidada a la carnicería o a hacer otras víctimas. La impunidad propia a la Argentina le permite ser nada más, nada menos que Ministra de Seguridad hoy como para satisfacer su inagotable deseo fálico de poder y de uniforme.

Más cerca en el tiempo, su protagonismo en cuanto a la misteriosa muerte del fiscal Alberto Nisman en 2015 sigue siendo un enigma. Ella y Laura Alonso, actual jefa de la Oficina Anti-Corrupción, pasaron un numero totalmente anómalo de llamadas al ex jefe de la Unidad de Investigación del atentado Amia/Daia, hasta pocos minutos ante de la extinción definitiva de su teléfono. Se ignora todo del contenido real de esos llamados y del impacto psicológico que pudieron producir. Tampoco se entiende porque siguieron manteniendo ante las cámaras de televisión que el funcionario iba a declarar el lunes 19 de enero, cuando habían decidido desde ese sábado 17, a la tarde que no sería el caso. Eso más otros elementos alarmantes, demasiado sensibles para ser expuesto hoy día, todos directamente relacionados a una muerte que fue bandera del macrismo, hacen pesar sobre una Bullrich empoderada, una serie de funestos presagios para su país. En cuanto a sus valores, se podía rastrear toda su carrera sin encontrar una frase que pueda ser calificada de demócrata o liberal, y cuando pretendió serlo, como cuando digitaba la Fundación Led, a través de su mejor amiga, siempre fue en un acervo de manipulación, equiparable a lo que hizo durante toda su primera juventud, en la clandestinidad elegida mafio-montonera.

Pichetto y Bullrich, los cuales claramente están en el mismo atelaje, deberían crear un partido al estilo del viejo FN, el de Jean Marie Le Pen. Pero cuidado en la dosificación de la xenofobia. Argentina es un país con muy baja densidad poblacional que ha logrado que 1/40 habitantes se exilie por culpa de gente como Bullrich, de todos los que hicieron negocios del terror peronista y por las leyes votadas por gente como Pichetto. Y si la mayoría de esos argentinos en el exilio son gente de bien, no todos son pianistas y oncólogos. La xenofobia de una Bullrich o de un Pichetto podría traducirse en retorsiones imprevisibles. Por otra parte, el mundo no le pide nada a Argentina. En cambio, Argentina le pide todo al mundo. Argentina puede entrar en una enésima crisis antológica, sin que siquiera Paraguay se entere de otro modo que por los diarios. Pero el dinero del FMI viene del bolsillo de contribuables extranjeros, porque por la cuota argentino no llegan 57 mil millones de dólares. Cuando se ostenta ese perfil, la xenofobia, es mejor… bueno… pues eso…

Volviendo a lo esencial; ¿a qué juega el señor Jorg Denhert con gente de la estirpe de Patricia Bullrich y Miguel Ángel Pichetto?

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