Perdidos en los 70, para el aborto también

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Argentina se enfrenta a la rispidez del debate sobre la despenalización del aborto, más de 40 años después que fueran votadas las primeras leyes de interrupción voluntaria de embarazo en Europa, en una época en que se despertaban a la libertad sexual hombres y mujeres y que no se disponía de la farmacopea actual en materia de anticonceptivos. Como siempre el país se retrotrae a su generación favorita, la de los 70, para debatir de entre todos los temas candentes, el menos ajustado a sus realidades del momento.

En Argentina existe una ley que prevé la posibilidad de interrupción voluntaria en contados casos, tales como la violación de una mujer “idiota o demente” o cuando riesgo de salud de la madre haría imprescindible el aborto. En los otros casos, los médicos serían punidos por el artículo 86 del Código Penal. El artículo 88 por su parte pena la mujer que recurriría a la intervención. En el contexto actual quedan afuera la mayoría de las víctimas de violación y menores de edad. Se han visto un sinfín de situaciones aberrantes de menores, a penas púberes obligadas de llevar a cabo embarazos producidos por incestos.  Bastaría modificar la ley y abrogar dos artículos para actualizar el dispositivo, sin tanto cambalache.

La cuestión del aborto divide las aguas entre una mujer cuyo problema se relaciona potencialmente más a la infertilidad que al riesgo de fecundación no deseada.  La clase media alta argentina vive una realidad análoga a la de los países del hemisferio norte en cuanto a envejecimiento poblacional, reporte de la edad de reproducción una vez pasado el equinoccio hormonal, parejas secuenciales, síndrome de Peter Pan, dificultades de acceso al hábitat, malas estructuras de acogida de los niños para las madres que trabajan. Ello sin hablar de los perturbadores endocrinológicos impactando sobre la salud reproductiva, y no menos influyente, la soledad generada por la digitalización de la vida social.

Al otro extremo se desdibuja  el estereotipo de una mujer pobre, cuya voz, decididamente  no es representada en el actual debate. De ella surge el embarazo adolescente a su vez que brilla por su ausencia la política de control natalista en su entorno. La actitud ante la procreación en ese tipo de familia es bastante similar a la de la vida pastoril, donde la cantidad de hijos constituye una forma de capital, a pesar de las condiciones socio-sanitarias en la que se desenvuelven.

Maltusianismo bien intencionado

Curiosamente el debate del aborto ha sido cooptado por adolescentes que se han arrogado el derecho de representar personas de las cuales no están en edad de medir los embates internos que las atraviesan. Esas adolescentes que se definen como militantes de izquierda, a menudo afiliadas a agrupaciones del gobierno anterior kirchnerista, podrían ser instrumentales  a la aplicación de un neo maltusianismo, porque en el fondo no hacen sino abogar el aborto para los únicos que aún se reproducen. Están bregando con un celo de dama de beneficencia por el recorte de sujetos no productivos.

Rejunte de entidades cromosómicamente divergente, unidas por una forma de sororidad subliminalmente lésbica, las chicas han inventado un léxico psicótico “inclusivo”, una neo lengua embebida de ideología de género.

El militantismo tiene esos vericuetos pero no parecen molestar  “les chiques. Rejunte de entidades cromosómicamente divergente, unidas por una forma de sororidad subliminalmente lésbica, las chicas han inventado un léxico psicótico “inclusivo”, una neo lengua embebida de ideología de género. Por ejemplo: cuerpos gestantes para mujeres embarazadas. El “como si” se impone, ya que varios transexuales se han unido a la protesta caracterizada por el pañuelo verde. Puede ser casual pero la patraña de la cual el femenino y masculino ha sido excluido se parece mucho al catalán. Es sabido que el nacionalismo catalanista y la argentinidad kirchnerista, han procreado una misma generación de perroflautas de los dos lados del Atlántico.

En un programa de alta audiencia, una de las adolescentes en verde se expresa desde su “jurisdicción” [entender colegio tomado], haciendo alarde de un sentimiento de hiper potencia digno de Hannibal Lecter.  Asocia el aborto a la carencia de educación a la diversidad sexual (adoctrinamiento a la homosexualidad, el transgenero, etc). Entre sus dolencias, que pone como ejemplo de la necesidad de la despenalización del aborto,  figura el hecho de solo haber beneficiado de hora y media para aprender a disponer un preservativo sobre un miembro masculino en erección. Una enseñanza que parece considerar superior a cualquier otro saber académico.  Enseguida se la ve un poco avergonzada, pero no es por haber proferido algo de un poco osado. Es por haber incurrido en la trasgresión heterosexual. Intenta reparar la ignominia, trayendo a colusión el hecho que recientemente fue incorporado el preservativo femenino al programa de educación sexual de su establecimiento.

Trata de personas trendy

Interesante hubiese sido que se mobilice la misma pasión sobre ese verdadero derrotero bioético, que es el fenómeno de hijo Tamagoshi. El hijo “comprado” a vientres alquilado por “padres” a pesar del hecho que los padres-clientes-compradores estarían en condiciones de asegurar su reproducción. Se trata de una forma trendy de trata de personas, con un agravante eugenista. Ya han sido varias las vedettes habiendo concurrido a “comprar” hijos en Estados Unidos. El fenómeno de desparentalización en la reproducción humana colude en la reducción a accesorio de moda del menor.  Ese hijo virtual, aunque biológico, recibe los mismos cuidados que la mascota Tamagoshi, celebre juguete de los años 90. ¿Quién se acuerda de lo que fue de su Tamagoshi, cuando dejo de divertir?



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