#Metoo, el “feminismo” que agrada la Hermandad Musulmana

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El feminismo como caballo de Troya del islamismo es algo que, ni siquiera el propio Michel Houllebecq vio venir, pero, decididamente, ningún intersticio escapa a su invasión cultural. El movimiento #Metoo y #TimeUp consciente o inconscientemente genera la representación de una presunta vulnerabilidad de la mujer Picapiedra ante el gran depredador atávico. En tal acepción se entiende la urgencia de proceder a una forma de castración preventiva por intermedio de la intimidación y luego organizar el apartheid en los transportes públicos, el trabajo, los lugares de ocio. Las series Friends o Cougar Town debieron ser producidas en otro planeta.

De lo que se trata es de someter el feminismo a un juego de causas presentadas como convergentes, aun cuando no tengan nada que ver una con otra, en el marco de una férrea denuncia de los valores occidentales. No por nada, Oprah Winfrey, en su discurso de los Golden Globe, se abocó en un solo caso, el de Recy Taylor, víctima de violación por parte de varios hombres blancos en los 60, dejando de lado las diversas situaciones de sus contemporáneas en el mundo del trabajo, especialmente de aquellas que viven en los países donde sus derechos son pisoteados todos los días. Referirse a Taylor, fue una forma de remozar el discurso seudo liberador e igualitario del islam, enaltecido en los 60 por los movimientos civiles más radicales.

En Europa, el feminismo wahabita de buenos modales, o qatari, no ostenta aún de una representación tan prestigiosa como lo puede ser la industria del séptimo arte en Estados Unidos o de sus grandes cadenas de información permanente. Necesariamente para existir necesita acoplarse al discurso antisistema. La copla anticolonial del perroflauta provee el combustible al rebelde sin causa. Por ejemplo, en España, es dentro del radicalismo catalanista y filo islámico donde mejor anida el “feminismo” de sometimiento voluntario. A través de los agentes de la extrema izquierda, sus idiotas útiles, pero también la fuerza demográfica de los hijos y nietos de migrantes radicalizados se difunde una caricatura del autóctono masculino, con reflejos de colono aún vigentes. Ante tal engendro, interpolar el ordenamiento de las relaciones entre sexos según los preceptos de la Hermandad Musulmana se presenta como una forma de “resistencia”. De allí a que esa forma de obscurantismo sea declarada feminismo, es un paso que la imbecilización biológica objetiva de los milenials puede pegar sin mayores embates de consciencia.

La verdadera causa feminista es poner fin a la brecha salarial y al acceso a los puestos de más alta responsabilidad. Ese es un tema que ya no admite postergaciones. El acoso sexual debe ser denunciado, pero cuando lo es después de veinte años asienta la imagen de un ser inmaduro que no ha tenido el valor de utilizar las herramientas jurídicas que ya existían al momento de los hechos. La catarsis de denuncias #Metoo por un piropo o una propuesta galante en el mundo del trabajo, donde también se forman parejas, por afinidad de intereses, no tiene por objetivo proteger las mujeres sino automatizar la idea que cada interacción se inscribe en una lógica de depredación de la mujer por el hombre, de un ser débil por un ser omnipotente. Eso es un concepto venido de otros lares. Desde una perspectiva occidental, que es donde nace el feminismo, se trata de un importante retroceso. Ante toda propuesta de seducción, una feminista que se respeta, sabe que a toda pregunta la respuesta se divide en modo binario. Puede ser sí, puede ser no. Una mujer segura de su poder no es acosada por nadie en 2018 y hasta se puede permitir de agradecer un piropo.

Adaptación de una nota del mismo autor en francés: Le féminisme quatarisé ou féminisme paradoxal.

 



Categorías:ESPAÑA, Estados Unidos, EUROPA, Islam

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