Sí poder se puede pero se requiere saber

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En su tercera alocución de abertura de las sesiones en el Congreso, el presidente Mauricio Macri volvió a agitar el leitmotiv “Si se puede” copiado de Martin Luther King, o más cerca en el tiempo de Barack Obama. El culto de la alegría obligatoria ya no basta para disipar la perplejidad ante la perpetuación de la matriz peronista por parte del gobierno del Cambio. El “no se puede” es un sentir que cala hondo y eso se traduce por una merma de la percepción positiva del mandatario. En un estudio de la consultora Management & Fit, a pedido del diario Clarín, su imagen habría caído de 10% tras la victoria de las legislativas en octubre 2017. Otra encuesta encargada por el diario kirchnerista Pagina 12, al Centro de Estudios de Opinión Publica (CEOPS) registra una caída de 12%.

El primer año fue el año de todas las esperanzas. No daba para menos: ¡refundar un país condenado por su larga noche populista! Pero a medida que fue transcurriendo 2017, se instaló una duda: ¿Será que no tiene la voluntad política? El discurso sobre “la grieta” que ocupó el debate todo el año pasado actuó como factor de relativización moral de los estragos del kirchnerismo. A pesar de la inercia, algunos parches podían generar la ilusión de un cambio, aunque en modo “pianissimo allargando”. Como resistiéndose a aprovechar la ventana de popularidad para imponer las reformas necesarias. Ya en 2018 y, muchos errores después, la duda se ha trasladado de una élite liberal inquieta a la mayoría. ¿Está Macri a la altura del reto? ¿Es Macri un liberal o la variante Barrio Parque del peronismo?.

En la liga de Sudan del Sur

La inflación macrista oscila entre 24 y 26% según quien la mida. Es la misma que la de los dos últimos años del cristinismo. Poner fin a la espiral inflacionista debía ser el objetivo económico por excelencia del gobierno. “Gracias por entender que las cosas llevan tiempo y no hay atajos ni soluciones mágicas” declaró el presidente en el plenario. Lo que sí es mágico es el pensamiento del Banco Central, el cual sigue emitiendo moneda a lo loco pensando que eso no tendrá consecuencias. Por eso Argentina registra el siniestro hito de ser el sexto país en términos de inflación según el FMI. En ese pódium, solo es superada por países en guerra o bajo una intensa convulsión política como Venezuela, Sudán del Sur, R.D. del Congo, Siria, Libia, Sudan. Ni Angola, ni Egipto, ni Sierra Leone que vienen inmediatamente después son miembros del G20, donde sí se destaca Argentina. Tal vez haya allí una injusticia que deba ser reparada.

Argentina se resiste a la libertad económica. El país sigue esperando la instauración de una normalización, sin trabas burocráticas, ni regulaciones abstrusas.

En ningún momento de su alocución el presidente parece haber acatado el mensaje. Esa inflación estructural no es la enfermedad sino el síntoma de la carencia de una verdadera economía de mercado. Argentina se resiste a la libertad económica. El país sigue esperando la instauración de una normalización, sin trabas burocráticas, ni regulaciones abstrusas. Los argentinos han naturalizado trabas que consideran absurdas apenas franquean las fronteras de su país, pero con las cuales conviven con fatalidad en su territorio. Cosas pequeñas como asociar una tarjeta bancaria a un portal de compra extranjero o hacer una transacción sin pasar por un banco intermediario, o importar un bien de consumo doméstico. En este último caso, llamado “ventas puerta a puerta”, el gobierno se propuso “simplificarlo”. Nunca la palabra simplificación fue más alejada de la realidad. La simplificación en Argentina equivale a un infierno de arbitrariedad burocrática y proteccionismo ultrajante, según un criterio occidental medio. Y Argentina sigue siendo un país eminentemente proteccionista.

Aduana, la pared contra la cual se estrella la economía

Según la Organización Mundial del Comercio, en 2016-2017, Argentina ocupó la posición 136 de 138 países evaluados sobre sus trabas a las importaciones. Allí también, como para la inflación, el país acampa en compañía de campeones. Sola la precede en el podio, Irán y Venezuela, dos países bajo sanciones o colapso interno, por lo tanto no pudiendo de todos modos importar, y la sigue el Chad, un país en estado de guerra civil larvaria permanente. Ese es el perfil de Argentina y sus profundas anomalías.

Para medir lo aberrante de la situación lo mejor es sumergirse en el ambiente de las pymes. El CEO de una mediana empresa argentina deber ser ante todo un experto en derecho aduanero, por lo menos si tiene la ambición de colocar su producción en el mercado global. Su principal problema no será ni el marketing, ni el R&D, ni ninguna consideración normal de un jefe de empresa en otro país, ni siquiera la carencia de infraestructura o la situación energética: su problema será lograr atravesar la pared contra la cual se estrella toda la economía argentina, sea para sacar, sea para hacer entrar los insumos necesarios, la aduana.

De ética mejor no hablar

Una desafortunada frase de Macri consistió en alabar los estándares éticos de sus funcionarios. Allí también el nepotismo, el amiguismo, el clanismo crean un tejido de conflictos de intereses, sui generis. Sin hablar de la corrupción al primer grado que representa otorgar puestos a familiares, todas prácticas que nada tienen por envidiar al kirchnerismo. Ese era uno de los pedidos de la sociedad hacia los que debían encarnar el cambio. Más transparencia, fin de la privatización del Estado en manos de unos pocos, menos gasto público, menos economía prebendaría. El caso del Ministro de Trabajo Jorge Triaca, mantenido a su puesto, a pesar del evidente abuso de autoridad y de su corrupción al nombrar alegados por centenares en un gremio intervenido (SOMU) y la increíble cantidad de familiares de ministros acomodados, hicieron tabula rasa de esa esperanza. Una auditoria de compliance de la función pública argentina expondría más situaciones escabrosas que las del Zimbabue en época de Roberto Mugabe.

El padre de la Nación que no fue

Entre los momentos fuertes de 2017, está la desaparición del submarino ARA San Juan y sus 44 tripulantes en noviembre del año pasado. Ese fue un momento en que Macri debería haber cedido el rol de padre de su hija, para ser padre de toda la Nación. No hubo un homenaje, una vigilia, un gesto simbólico, un tributo solemne del jefe de Estado hacia sus hombres en armas. Durante su alocución, el jefe de Estado consintió por primera vez, cuatro meses más tarde, a hacer respetar un minuto de silencio. El hecho más parecido al hundimiento del San Juan es la desaparición del submarino francés, el Minerve (S647), el 27 de enero de 1968. El General de Gaulle entonces presidente fue despertado apenas informado por el Estado Mayor de la desaparición. Las búsquedas duraron una semana. El 8 de febrero se organizó una ceremonia para marcar el luto de una nación con presencia de todo el gabinete. “Marineros han muerto en el mar. Eran voluntarios. Es decir que habían aceptado un pacto con el peligro. Es por eso en particular que el submarino Minerve ha dejado en el corazón de Francia entera, un recuerdo tan profundo, y a sus fuerzas un ejemplo que durara. En nombre de la Patria, saludo vuestra memoria, y estoy seguro de que lo que quisieron hacer y lo que hicieron quedará para nuestra Francia, algo de fuerte como lo habrían querido. Viva Francia”. Cambiando Francia por Argentina, esas palabras podrían haber sido pronunciadas por Macri. De Gaulle llevo un brazalete en señal de duelo al brazo izquierdo durante un mes. La indiferencia de Macri ante un caso que intento esconder bajo la alfombra, estando a punto de iniciar una gira internacional, lejos de mejorar su imagen, generó consternación.

No se puede ser líder regional sin una política extranjera clara

En su discurso del jueves hubo un gran ausente: las lineaciones de la política extranjera del país en cuanto a integración regional o el caso venezolano. Macri tuvo y perdió la oportunidad de erguirse en líder regional. En una conferencia de prensa conjunta con Emmanuel Macron en Paris[i], el 26 de enero, justo después de la decisión de Nicolás Maduro de excluir la coalición de oposición del proceso electoral presidencial y la expulsión del Embajador español de Caracas, la proactividad del francés contrastó con la pasividad del argentino. “Denunciamos la deriva autoritaria inaceptable del gobierno venezolano”. A nivel europeo, nos coordinaremos para aportar la solución adecuada.” Mientras que el latinoamericano, del cual se esperaba que como mínimo adhiera a la firmeza del europeo, por su parte apelaba a elecciones libres, algo de imposible en Venezuela y no pedía sanciones. Pero peor, no formuló idea. “No veo soluciones a la crisis venezolana” espetó Macri ante los periodistas. Ese es el problema, porque estar en un lugar tan singular implicar liderar, es decir tener una visión y aportar soluciones.

[i] http://www.lefigaro.fr/flash-actu/2018/01/26/97001-20180126FILWWW00334-macron-denonce-la-derive-autoritaire-inacceptable-du-pouvoir-venezuelien.php



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