Cumbre de la OMC en el país más proteccionista del mundo

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Hoy se abre en Argentina la undécima edición de la cumbre Ministerial de la Organización Mundial del Comercio. Es la primera vez que la reunión bianual se celebra en América Latina desde su fundación en 1995. No es anodino. Argentina está en los peores puestos en todos los rankings de proteccionismo. Desde quince años, siendo uno de sus estados fundadores, contradice punto por punto todos los motivos por los cuales la OMC ha sido creada. Argentina sigue liderando la lista de las naciones que imponen barreras no tarifarias a la importación, sigue manifestando la misma opacidad en el desempeño de sus licitaciones públicas, sigue practicando su peculiar acepción de los intercambios internacionales, reclamando abertura, inversiones extranjeras,  pero cerrando sus puertas.

Una de las manifestaciones de esa unilateralidad es la manera en que ha sido analizado el arancel compensatorio anti dumping impuesto al biodiesel argentino por Estados Unidos el 22 de octubre pasado. La administración argentina lo ha trasladado a la prensa local como la expresión del nacionalismo o del proteccionismo de Donald Trump, cuando se trata de la aplicación de un concepto cardenal de la OMC y del Grupo Cairn del cual Argentina es miembro: luchar contra que las subvenciones distorsionantes en el sector agrícola. El protecionista no es Donald Trump es Mauricio Macri.

Durante doce años, el kirchnerismo remozó el espejismo peronista de la substitución de importaciones por la (inexistente o a lo menos valetudinaria) industrial nacional, alcanzando así niveles de proteccionismo superlativos, hasta legar a ser lisa y llanamente el país más proteccionista del mundo en 2013, según Global Trade Alert. Se trató de un proteccionismo articulado en base a estratagemas alevosos, capciosos, francamente desleales, cuyo efecto perverso fue el empobrecimiento de todo el Mercosur; un caso de escuela del famoso beggar-thy-neighbour cuya historia queda por escribir. Brasil concomitantemente también se encerró en una política proteccionista empero obedeciendo a cierta métrica.

Entre esas herramientas hostiles al mercado figuran las “licencias no automáticas” (LNA) cuyo objetivo consistiría teóricamente en proteger aquellos bienes referenciados como estratégicos para la industria nacional. Uno de los sectores donde se ampliaron las medidas proteccionistas es el del negocio de las autopartes, lo cual ya ha motivado nueve litigios ante el órgano competente de la OMC. Ese sistema abarca la casi totalidad del sector textil argentino, tanto que Argentina sería un país prácticamente virgen de importaciones extranjeras si no fuese por el contrabando. El propio sistema, por su arbitrariedad crea las condiciones del mercado paralelo casi como un reflejo biológico para descomprimir la escasez y falta de incentivo a la competitividad de la industria nacional.

Libertad económica severamente restriginda

A partir de 2018 comprar un teléfono al exterior para un consumidor particular será equiparable a un acto de contrabando. El consumidor será sancionado por el mecanismo de la doble imposición a pesar de haber comprado un bien lícito. Verá un vez más su libertad económica restringida y criminalizada de modo humillante en comparación con cualquiera de los otros ciudadanos de los Estados miembros del Mercosur, de la OMC o del G20. De no someterse al pago de esa medida proteccionista arbitraria, su equipo se verá bloqueado por el sistema IMEI. Argentina vive en una camisola de fuerza proteccionista que amputa los derechos del ciudadano consumidor y condena su industria a producir mal, poco y caro en situación a menudo monopólica o, en el mejor de los casos, oligárquica -, prebendaría siempre-, por verse eximida  de la competencia internacional. Un mal favor que se le hace a largo plazo. Todo por no plantearse la pregunta: ¿por qué es más interesante económicamente viajar para comprarse un producto de calidad y de última generación que quedarse y comprar un producto ensamblado por muñones con tres generaciones tecnológicas de atraso?

Argentina vive en una camisola de fuerza proteccionista que amputa los derechos del ciudadano consumidor y condena su industria a producir mal, poco y caro en situación a menudo monopólica o, en el mejor de los casos, oligárquica -, prebendaría siempre.

Ese proteccionismo también priva la industria argentina de los insumos necesarios a un desarrollo con más valor agregado. Hay una fórmula que Argentina parece obstinada a desoír que es: nación que más importa,  más exporta.

En el informe 2016-2017 de la OMC Argentina ocupa el puesto 136 de las 138 naciones más proteccionistas. Es decir el tercero en ese palmarés detrás de Irán (138) y Venezuela (137). Desde que el informe fue redactado, nuevas políticas de restricción al comercio internacional fueron implementadas. Ya no se puede interpretar el estado de cosas, como la consecuencia del mandato anterior a Mauricio Macri. Tampoco atribuirlo a una falta de voluntad política sería creíble tras dos años de gobierno y una confortable victoria legislativa. Tal vez la interpretación adecuada consista en considerar que las cosas son lo que parecen: la voluntad positiva de seguir en el mismo rumbo equivocado. La magia es mantener el estatus quo, cambiando solo el nombre. La declaración jurada anticipada de importación (DJAI) autentico acto de fe de la Aduana convertida en sede de la Inquisición proteccionista de la década pasada, se renombró Sistema Integral de Monitoreo de Importaciones (Simi) pero el yugo burocrático, la cantidad de administraciones por transitar antes de recibir el visto bueno no ha cambiado.

En declaraciones al diario británico The Guardian, Nicolás Dujovne, Ministro de Hacienda declaró: ·Nos estamos abriendo gradualmente, pero seguimos siendo la economía más cerrada de América Latina. Argentina ha tratado de seguir el modelo de la autarquía. Aislamiento era el modelo del gobierno (referencia al Kirchnerismo). Estamos empezado a sumarnos a la globalización”. Lucidez alentadora pero que después de dos años son desmentidas por los actos.

 

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PRENSA Y ACTIVISTAS DEPORTADOS

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El noruego Peter Slaatrem Titland, activista de la ONG Asociación por la Tasación de las Transacciones financieras y por la Acción Ciudadana (ATTAC) y Sally Burch periodista británica de la Agencia Latinoamericana de Información (Alai) han sido deportados de Argentina en las últimas 48 horas. Otras 60 personas, miembros de ONG acostumbrados a acudir a las cumbres de la OMC, algunos acreditados en su sede de Ginebra se vieron denegados la entrada al territorio por el Ministerio de Seguridad. Esa actitud, una primera en la historia de las cumbres de la OMC, generó una protesta diplomática por parte de la Unión Europea y de la Embajada de Noruega en Argentina.

La Comisaria de Comercio de la UE la sueca Cecilia Malmström, envió una carta dirigida a Jorge Faurie, el canciller argentino : “No veo cómo los representantes de ONG con sede en Europa que han visto su acreditación rechazada plantearían cualquier amenaza para la seguirdad. Es muy lamentable que las autoridades argentinas no hayan proporcionado claridad en cuanto a los motivos de seguridad específicos detrás de estas decisiones”. “

La participación de una fauna de ONG es parte del folclore de la OMC. Tal vez sean los únicos en preocuparse por lo que se dice allí, aunque lo hagan desde un sesgo ideológico más que previsible. No obstante, son la voz de una cierta sociedad civil y algunos de sus aportes figuran en las nuevas propuestas de la OMC. Especialmente a partir de la cumbre de Doha. Son en todo caso los únicos en pagarse el viaje para seguir los debates sin por lo tanto tener acceso a las masitas y los canapés, mientras que los que discuten de las reglas del mercado son funcionarios. Solo por eso, merecen un poco de respeto. Si eso no convence, está ese otro concepto al cual aún algunos seguimos apegados: libertad de expresión incluso para aquellos con los cuales no compartimos las mismas apreciaciones.

 

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