El derrotero padre de Puigdemont

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Carles Puigdemont el jefe del gobierno autonómico catalán ostenta la ambición de entrar en la historia como el padre de la independencia. En una semana lo que ha generado es una ola de patriotismo español que supera con creces el trasfondo nacionalista de la minoría representada por las agrupaciones Candidatura de Unión Popular (CUP), Assemblea Nacional Catalana (ANC) y Ómnium que lo apoyan.  Masivas convocaciones en todo el país, Cataluña incluida este 8 de octubre congregaron centernares de miles en repudió a la sedición. Puigdemont hasta logró propiciar un entusiasmo monarquista tras el discurso de su Majestad el martes pasado. Finalmente provocó la fuga masiva de empresas de Cataluña hacia el resto de España. Una semana después de su asonada también debe hacer frente a un frente independentista dividido.

En declaraciones al programa 30 minuts de TV3, domingo por la noche, Carles Puigdemont se ha comprometido a “aplicar lo que dice la Ley” en referencia a la Ley catalana de referéndum, suspendida por el Tribunal Constitucional. Se sabía que, a pesar de la prohibición de Pleno en el Parlamento catalán, el jefe del Govern tenía previsto presentarse el martes ante la cámara autonómica para hablar de “la situación política”. En teoría no puede forzar el orden del día, pero pequeños partidos extremos pueden recurrir a algún ardid y permitir que se promulgue la Declaración Unilateral de Independencia (DUI). Aunque no vinculante, de ser así, el escenario en Barcelona sería equiparable al de una isla caribeña después del pasaje de un huracán nuclear.

Puigdemont es la fábula de un hombre cuya obsesión ególatra se tornó arma de destrucción económica masiva. El capricho golpista del jefe del Govern y de sus adláteres anti sistemas, logró en un santiamén hacer que se esfumen millones de euros de facturación de empresas, tres veces el PIB de Cataluña en lo que va de octubre. Desde el domingo pasado, quince empresas han elegido trasladar su sede social a otras urbes de España. Y nadie sabe que puede ocurrir el miércoles por la mañana. Motivos de sobra para los catalanes de vivir bajo el espanto desde hace una semana y así lo han hecho saber este domingo entonando el Viva España de Manolo Escobar en la propia Cataluña donde se han juntado centenares de miles de personas convocadas a través de las redes sociales para hacer entender la voz de la famosa mayoría silenciosa, en pos de la unidad de España y del respeto de la Constitución: “recuperem el seny” (recuperemos la sensatez) ¿Quién hubiese creído, que ese sería el efecto Puidgdemont? Una encuesta de la consultora NC Report, publicada este domingo en el diario La Razón permite tomar el pulso de aquella opinión pública que no siempre ocupó la calle. Según la encuesta solo 35,1% de los catalanes está a favor de la DUI. En Cataluña 52, 3% de los consultados cree que el independentismo está creando un ambiente de odio como lo sucedido en el país vasco. En el resto de España 80,8% de las personas lo creen así. Figuras emblématicas del independentismo están haciendo uso del freno de mano como Artur Mas, el cual declaró al Financial Times el viernes pasado que “Cataluña aún no está preparada para la independencia.”

La sensatez se encolumnó detrás del miedo ante la perspectiva de convertirse en un enclave extracomunitario, de tinte bolivariano compitiendo con el PIB de Albania. Es que Cataluña a pesar de disponer de un real dinamismo industrial autóctono vive bajo perfusión del estado nacional. Es la autonomía que más se beneficia de repartos de créditos para las autonomías. Recibirá 1649, 95millones de euros, una cuarta parte de lo que reciben en total las autonomías, este último cuarto de trimestre según datos del Ministerio de Hacienda y Administración Pública.

Las naves insignias de la banca y pronto de la industria catalana han sido los primeras en emprender el camino del exilio. Hasta la industria del Cava, lo más catalán: Freixenet y Conordíu trasladan sus sedes. Otros de raigambre también local, la banca Sabadell, del pueblo del mismo nombre o la CaixaBank han dado la señal del sálvese-quien-pueda. El terror de quedarse fuera del marco regulatorio del Banco Central Europeo (BCE) y de la zona Schengen es inapelable. Un pirómano quiso hacer de bombero: Oriol Junqueras, vicepresidente y Consejero de Economía y Hacienda, figura emblemática del nacional socialismo catalanista, intentó ponerles paños fríos a los grandes operadores, sin lograr mover el amperímetro.

A los operadores económicos no les gusta que les cambien las reglas del juego en pleno partido y cuando ese cambio se da en condiciones de total ilegalidad, lo que genera es substanciales dudas sobre la seguridad jurídica. Si los tribunales de la independencia ficticia de Puidgdemont cumplen con los mismos estándares que su referéndum ilegal no es alentador. Si por encima de ello se concreta a la letra el Proces se entiende que los operadores de la economía que tenían previsto el trasladado de su sede social desde hace dos años (802 empresas se mudaron a otra localidad en 2016 para prevenir el escenario de una independencia,  aún si fuese en condiciones de legalidad) hayan precipitado su planes de contingencia ante una situación tan disruptiva. Lo extraño es que Puidgdemont no se dé por anoticiado. Su irresponsabilidad ha actuado como un disparador de una crisis que hace tabula rasa de tres años de esfuerzos para salir airosamente de la peor recesión de historia española, cuyo mérito del actual gobierno ha sido saludado por el FMI. Pase lo que pase, la confianza en Cataluña es cosa del ayer.

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