El angelismo de Merkel provoca un giro derechista

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Angela Merkel logra mantenerse al poder por un cuarto mandato, dentro de su coalición Unión Demócrata Cristiana CDU) y la Unión Social Cristiana de Baviera (CSU). No obstante, con 32,9% de votos marca un retroceso de 8% en comparación con 2013 y deberá enfrentar un paisaje político en ruptura con décadas tranquilas oscilando entre el CDU/CSU y el partido Socio demócrata SPD.

La elección del 24 de septiembre es el debut de un partido protestatario que ha ido creciendo no solo en intenciones de voto, sino en profesionalización: Alternativa para Alemania (AfD). El partido co dirigido por Alice Weidel y Alexander Gauland superó de tres puntos los pronósticos de la mayoría de las consultoras. Es una victoria no necesariamente populista, como la quieren presentar todos aquellos que denostan las dificultades reales del pueblo confrontado a la masividad de la inmigración musulmana, sino más bien un voto en reacción a una realidad inmanente que Angela Merkel ha decidido ignorar, tozudamente, hasta la fecha, empecinada en abrir la puerta a centenares de miles de hombres musulmanes en edad de combatir, cohortes de indocumentados alimentando un escenario de seguridad espeluznante. El AfD era una agrupación civil muy dividida en los territorios de Alemania del Este antes de la crisis migratoria de 2016 y podría haber seguido siéndolo, de no ser por el autismo de Merkel.

Tomando acta de lo sucedido, Merkel anuncio el domingo por la noche querer “recuperar ese voto”. En lo inmediato deberá provisoriamente descontar de la alianza parlamentaria con el SPD de Martin Schulz, gran perdedor de las elecciones con solo 20% de votos. Shulz, un hombre que durante la crisis migratoria tomó posiciones muchas veces más conservadoras que la propia Merkel, pero que ahora buscará reinventarse. El SPD ya ha anunciado que la coalición con el CDU/CSU se terminó domingo, día del voto y de hora en más desempeñara un papel de opositor.  Lo más importante para Schultz será elegir entre marcar la diferencia o asociarse al nuevo partido emergente:  Liberales, (FPD) que ganó 10,5% de los votos, en gran parte “robados” al CDU. Linke (izquierda) y los Verdes ya no ilusionan empatando a 9% de votos. La variable de ajuste que podría poner orden en este nuevo paradigma será la cuestión europea. Si a algo sirve la Unión durante las crisis políticas es en dividir las aguas. El AfD es antieuropeo y lo quiera o no, esa postura lo arrinconará hacia el mismo lugar que los partidos marginales.

El voto alemán es un voto que surge de una decepción amorosa: él fin del ensueño de la sociedad abierta. No es un voto neo nazi, ni ultra derechista, ni racista, aunque dentro del mosaico AfD, pueda permanecer un componente residual xenófobo. Hay que entender la evolución migratoria sunita en Europa y su radicalización a partir de los 90 para aprehender el fenómeno AfD. La intervención turca de Recep Erdogan en las elecciones alemanas caldeo aún más los animos.

La recomposición política va a tener que hacer entrar algo de realismo y Merkel convertida durante su último mandato en una suerte de Michelle Bachelet, siendo la CDU un partido de derecha, tendrá que volver a ser Merkel o quedará en la historia como la mujer que hizo posible el AfD.

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