Gente muy mala

Otro Dia en Argentina

Contado en primera persona

@teresitadussart

 

La tasa de no resolución judicial en Argentina es un infinito por cero.  Hay una variedad de factores para explicarlo. Rematando una obviedad, primero está el factor incompetencia objetiva, rotunda, pero eso sí, con soberbia, de los servicios de seguridad. Instituciones que históricamente han estado más ocupadas durante décadas en organizarse en células de crimen organizado dotadas de algún nivel de especialidad delictivo, más bien que investigar, analizar aportar pruebas sobre aquellos hechos relacionados a sus quehaceres. Los estamentos medios técnicos de esas fuerzas suelen ser compuestos de gente honrada es por eso justamente que tienen techo. Fuera de la cultura ‘ndrangetista” o mafiosa no se accede a puestos ejecutivos. Cuando alguien llega a jefe es que “algo habrá hecho”.

 

Imagen:

Labertino judicial, como todas las grandes causas penales en Argentina

 

Hay también una explicación estructural que es la carencia de policía judicial. Los jueces de instrucción o fiscales, tanto a nivel federal como provincial, delegan sus tareas procesales de investigación a servicios orgánicamente infeudados al ejecutivo. Por lo tanto, la independencia de los investigadores es un criterio por excluir de entrada en el repaso de los expedientes. En claro, en materia penal no puede haber independencia en el cuadro institucional en vigor. Algo que los argentinos no parecen tener muy claro, justamente.

El otro aspecto es la mediocridad de su periodismo de investigación, que lo deja como contra-poder castrado a medias. No sirve ni para cantar. Los buenos periodistas argentinos murieron o emigraron. El substrato militante, partidario de un lado u otro es la clave de todo.  Es una cuestión de sobrevivencia, además. He conocido algún periodista talentoso durante mi estadía en Argentina, pero en algún momento para comer tuvo que convertirse en unidad básica. La única forma de paliar a un activismo militante es de ser hijo de periodista, ya que el periodismo en Argentina se trasmite como un artesanado, al igual que un zapatero del siglo XVI.

Esa mediocridad no es un detalle menor. El periodismo es un formidable contra poder, siempre y cuando el periodista se imponga una disciplina permanente de libre examen, evaluando su grado de pureza en la evaluación de los hechos, para no dejarse contaminar por un sesgo ideológico, o por la inclinación natural consistiendo en querer que las cosas sean lo que deseamos que sean, el famoso whishful thinking. Esa es una disposición filosófica imposible en el país del Boca-River.

Por otra parte, investigar es un talento real que deriva de varias aptitudes psicológicas e intelectuales que no todo el mundo dispone. Es como tocar música. Hay talentos. En la medida que 100% de los periodistas argentinos está donde está por vínculos familiares o por militancia, cuando no los dos, evidentemente la profesión como todos los sectores argentinos ha pedaleado al revés de la evolución darwiniana. Es la selección de los peores.

Por lo tanto, ¿qué les queda? Robar. Este blog es como un fortín luchando contra las razzias del malevaje. Durante el kirchnerismo a cada una de mis notas relativas a la mafia bonaerense, me esperaba una salva de insultos y difamaciones. Con Macri “cambió”. Lo que hace este equipo es distinto. Pasa la información a una autoridad que lo transfiere en calidad de “fuente” a un periodista de los que Mauricio Macri considera como “propios”. Es importante tener presente que un periodista de investigación en Argentina es alguien que los viernes por la tarde va a buscar su carpeta en la oficina de algún juez federal mediático, por eso mismo, o de un service (in)orgánico. Así como la reciben, lo publican sin corroborar, menos intentar entrevistar las personas nombradas no vaya a ser que sea peligroso. Es lo que en otros lugares llamamos el periodismo Ranx Xerox porque son fotocopiadoras más que periodistas.

A mí, como extranjera me han tratado muy mal en Argentina. Me han robado notas, no me han pagado las que he escrito cuando he trabajado para publicaciones locales, me han tratado de espía de todos los servicios habidos y por haber, me han amenazado. Hacer investigaciones en Rusia en los 90 ha sido menos peligroso y mucho menos sucio que lo vivido en Argentina.

No conocí a Nisman en persona, pero estudié casi todas las fojas de su trabajo como fiscal en la causa Amia hasta el juicio oral de 2003, su mejor momento como fiscal, cuando obraba a hacer la luz sobre la conexión local del atentado de 1994. Tanto que requirió condenas a perpetua para los patanegras participes {co-autores} del atentado. Aunque luego, como resultado de un apriete, decidió no apelar la sentencia de sobreseimiento de los mismos en 2005.  Con todas sus vicisitudes y vulnerabilidades, algunas no tan simpáticas, había algo de ingenuo en el personaje del ex fiscal. Algo que finalmente acabó por hacer de él la víctima de esa gente mala. Nisman confió que lo iba a salvar gente, la cual resultó considerar que le era más conveniente muerto que vivo.



Categorías:AMIA, Otro día en Argentina

Etiquetas:,

Deja un comentario

A %d blogueros les gusta esto: