José Luis Espert, un espíritu renacentista

No es casual que el economista José Luis Espert se refiera a Nicolás Maquiavelo desde su prefacio. En los pasos del florentino, primer teórico de la política moderna, seis siglos más tarde y en Argentina, Espert, intenta hacer soplar un espíritu renacentista, o por lo menos reformista, en un país neutralizado desde hace seis décadas por el corporativismo neo-mussoliniano o peronista. Los tópicos razonables que defiende Espert, los mismos que dieron sus resultados en la totalidad de los estados más desarollados, resultan corrosivos, polémicos a veces hasta insolentes para una opinión pública como anestesiada.

Muy presente en los medios, Espert acaba de publicar un primer opus: “La Argentina Devorada” (Galerna) en la cual identifica los tres males responsables, a su entender, de la decadencia de su país. Estos son: la unicidad de la organización sindical por corporación profesional; el empresariado prebendario que vive del estado y/o del tráfico de influencia; y, no podía faltar, los políticos todos macerados dentro del molde de pensamiento único.

A pesar de defenderse de haber escrito una enésima Filípica sobre el peronismo, a menudo “La Argentina Devorada” hace revivir sentimientos olvidados de consternación y asombro ante un sistema que no ha dejado de demostrar bajo todas sus aristas cuan nefasto era. De ese punto de vista, la contribución de Espert puede ser considerada como una dilatada respuesta en el tiempo al “¿Qué es esto?” de Ezequiel Martínez Estrada.

El libro es un éxito de librería en Argentina. Ya se ha vendido a más de 20.000 ejemplares. Tal vez sea ese un síntoma del comienzo de un fin de ciclo para aquellas ideas caníbales que fueron “devorando” una por una las esperanzas de un país.

Entrevista con el autor de la “Argentina Devorada” para disecar los mecanismos del ocaso argentino, las herramientas para salir del statu quo, y su análisis de la situación prevalente bajo los auspicios del actual gobierno que llegó bajo la bandera de un cambio.

©Teresita Dussart/ Relacionesinternacionales.co Todos derechos de propiedad intelectual reservados.

 

T.D: Haciendo honor a la actualidad, ¿cómo juzgas esos dos primeros años del gobierno? En tus declaraciones no siempre eres muy tierno.

J.L.E: Lo que yo digo es objetivo, no tierno.

T.D: Bueno, apelando a esa objetividad: ¿cómo juzgas esos primeros dos años de mandato? ¿Cómo una oportunidad no aprovechada? ¿El famoso gradualismo ha sido pusilánime, le ha faltado iniciativa? Son dos años importantes que no se traducen hasta la fecha por ninguna reforma acuñada por el macrismo.

J.L.E: Mira, yo tengo una lectura de medio vaso vacío y medio vaso lleno. Yo rescato muchas cosas que ha hecho el macrismo, pero también tengo muchísimas críticas. Yo creo que hay un montón de medidas que para mí están muy bien como el haber eliminado el cepo cambiario, como el haber salido del default, como plantear otro esquema de relaciones de Argentina con el mundo, {la cual} ya no se relaciona con fascismos como Venezuela, Rusia y China, sino que empieza a tener relaciones también con Occidente. Me parece bien haber dejado de hacerle la guerra al campo. El campo fue un sector que fue directamente tomado como enemigo por parte del Kirchnerismo, así que me parece muy bien, que Macri haya dejado de hacerle la guerra. Uno opina hoy con una libertad que no tenía con el kirchnerismo a pesar de que yo siempre me la tomé. Nunca me importaron las consecuencias por opinar como opinaba. Pero bueno, no deja de ser cierto que se vive otro clima. Así que todo eso me parece muy positivo.

T.D: Finalmente los principales cambios, que no fueron reformas en substancias, fueron realizados en los tres o cuatro primeros meses de gobierno y después no pasó nada.

J.L.E: Exactamente.

T.D: ¿Por qué no pasó nada después?

J.L.E: Te hablé del medio vaso lleno hasta ahora. Medio vaso vacío: yo veo allí dos medio vasos vacíos. Un medio vaso vacío sería si Macri no está dispuesto, como hasta ahora muestra que no lo está, a cambiar sino a seguir dentro del modelo decadente de Argentina, que es el que denuncio en el libro, el cual requiere de ajustes más de tipo shock para tener un rebote económico, más o menos duradero y con un crecimiento a tasa alta. Este gradualismo, más que pusilánime es una actitud absolutamente incoherente con el modelo implícitamente elegido por Macri que es el modelo decadente de los últimos 70 años de Argentina. El segundo error, o el segundo medio vaso vacío, que para mí es el más importante, es no cambiar el modelo. Me parece que en algún lugar Macri estaba llamado a hacer un cambio, a quebrar con el modelo de los últimos 70 años.

T.D: Bueno, llegó usufructuando la marca “cambio”!

J.L.E: Exactamente. O sea, el cambio no era de hacer gradualismo shock, dentro del modelo decadente sino cambiar completamente. Ir hacia otra cosa. Así que, si tú quieres, los dos medios vasos vacíos superan con creces el medio vaso lleno. O sea que para mí el balance es negativo. Yo no me compro ese cuento asustador de los Macri que si hubiera sido por los Kirchner terminábamos en Venezuela. Eso es hacer futurología. Argentina no daba ninguna muestra de terminar como Venezuela, ninguna. Sí complicado, pero no como Venezuela.

T.D: Lo extraño es que generalmente la gente prefiera el original a la copia. Es extraño que Macri haya decidido por un lado optar por la marca “cambio” sin darle contenido, por otro imitar el kirchnerismo.

J.L.E: Si bueno yo lo he definido, he acuñado la expresión: “Cambiemos es Kirchnerismo de buenos modales”. Gente muy liviana, muy enferma por el marketing. Con mucho envase y nada de contenido. No es que su problema sea su obsesión por el envase. Acá viene el tema: un modelo como el que hace Argentina desde 70 años, que se repite tanto y genera tanto fracaso te genera cada vez más presión para hacer marketing: ¿cómo vendes algo que hace mal? Entonces sí, están obsesionados por el marketing, pero su obsesión esconde el error de estar validando, apoyando y aplicando un modelo económico que está mal.

T.D: A un cierto punto la política tiene que ver con la personalidad. La política la hacen personas. Mauricio Macri no fue ni Enrique Capriles, ni Leopoldo López, ni Aecio Neves, no llegó con un protagonismo de opositor al kirchnerismo.

J.L.E: No. Es más, Macri cuando hizo campaña en 2015, apenas empezó a ser acusado por el kirchnerismo de que “se viene el ajuste neoliberal”, lo primero que dijo fue: “no esperen grandes cambios conmigo. No, no cuidado. No se compren el discurso del kirchnerismo, yo no soy una cosa muy diferente.” Lo dijo. Y además, el viene criado en un hogar de un empresario absolutamente prebendario. Su padre y toda su montaña de dólares que ha hecho, millones, lo ha hecho con negocios con el Estado básicamente. Ya sea con obra pública o con las prebendas del proteccionismo por su fábrica de autos.

T.D: Ningún político, desde que observo este país, se ha dado la pena, ante una contienda electoral de ofrecer eso que en otros países se llama programa, Macri cuando llego al poder llegó sin programa.

J.L.E: Yo no diría que llegó sin programa, yo creo que llegó con el mismo programa de los últimos 70 años. Me parece que una metáfora que resume muy bien Argentina es Matrix. Si tú miras la película Matrix, ¿de que se trata?: las maquinas se han apoderado del planeta y usan a los humanos; usan la energía que los humanos producimos como una suerte de batería para que las maquinas sigan funcionando. Por eso los tienen en esa suerte de incubadora y les presentan una realidad virtual. Para despertarse de esa realidad virtual hay que tomarse la pastilla roja y entonces darse cuenta de la realidad. Acá hay un sistema: las máquinas de Matrix han cooptado la vida política, social, intelectual de la Argentina. Es sistémico, por eso es tan difícil romperlo. Los engranajes están perfectamente aceitados por casi 70 años. Ninguno de los actores que yo enuncio en este libro se explica por si mismo, sino que se explica por la interacción con el otro. O sea, cuando tú ves un empresario prebendarío pidiendo protección por la importación (que no la hay), aparece en mismo tiempo un sindicalista diciendo sí, se están destruyendo puestos de trabajo por culpa de la apertura económica de comercio y, en mismo tiempo, tienes el político, el tercer vértice del triángulo vicioso, pidiéndole al gobierno que mire la destrucción de puestos de trabajo y el cierre de precios, por la invasión de productos importados. Entonces viene una nueva actitud proteccionista. Como ocurrió en Buenos Aires, donde el jefe de gobierno, {Horacio} Larreta[i] (el político), de la mano del sindicalismo, con {Omar} Viviani[ii], estuvo persiguiendo a Uber como si fueran narcotraficantes.

T.D: Eso también es extraño, porque la opinión pública argentina que, dentro de todo, a votado por un cambio, sostuvo la persecución inquisitorial contra Uber de Larreta. ¿Los argentinos miran al mundo? No me refiero solo el denominado “Primer Mundo”, sino a los países vecinos. En Brasil, Uber ha sido uberizado por varios competidores, por ejemplo.

J.L.E: Lo que es increíble de los argentinos es que aman viajar por el mundo. Ahora nunca hay una sola conducta razonable en el mundo que les pegue, diciendo: hay que traer esto acá. Yo creo que esto tiene que ver con esto que es sistémico. Después de 70 años de hacer lo mismo, Macchiavello lo dice y yo lo cito en el libro,[iii] al revés de lo que uno piensa, después de mucho tiempo, que una sociedad este acostumbrada al mal, le cuesta romper. ¿Es una cosa rara esta no?

Un empresario que no arriesga, y que solamente busca la prebenda no es un empresario es un traficante de influencia.

T.D: ¿Tú puedes romper el cerco del mal? Te veo encerrado en el rol del polemista. Eres “el” pensador liberal. Te invitan mucho en los medios, pero te invitan un poco como un agitador de ideas. Tus ideas liberales siempre vienen acompañadas del calificativo “polémicas”, a pesar de ser perfectamente razonables. Como cuando hablas del sindicalismo mussoliniano, de la subsistencia del espíritu de la Carta del Lavoro[iv], de lo que nombras el “unicato” sindical, todas esas cuestiones que aparecen como aberraciones en el siglo XXI, pero allí estas, siempre en el rol del polemista. ¿Es posible insertar esas ideas fuera de su dimensión marginal y polémica en Argentina?

J.L.E: Es importante que te diga esto. Yo soy un hombre muy feliz. Amo lo que hago. Yo soy un consultor de empresas. Doy cerca de más de 200 charlas al año a empresas con los pronósticos económicos de mi estudio. Doy trabajo a una decena de personas en mi estudio que está en Palermo. Soy docente en la universidad del CEMA de finanzas públicas. Que a mí me pongan en un rol de polemista, me tiene sin cuidado. Yo soy como en Matrix, el humano que se da cuenta de lo que pasa y que quiere destruir el mundo de las maquinas. Yo quiero destruir al sistema que nos empobrece y nos genera miseria. Yo sé, perfectamente cuando me dicen neoliberal o cuando me dicen polemista, o ayer Randazzo me dijo maleducado, yo sé de dónde viene. Se que viene del sistema que trata de evitar que cualquier cuerpo extraño rompa con el sistema. Por eso me tiene sin cuidado.

T.D: En mismo tiempo, si escribes un libro, tan nutrido en referencias históricas peronistas…

J.L.E: A ver este libro no es antiperonista. Este libro lo escribí mecánicamente en seis meses, pero en realidad es la consecuencia de 20 años de pensar de estas cosas. El libro consiste en hacer hablar un gigantesco banco de datos, en promedio de 150 países durante 150 años, tomando 50 variables en cada uno de los 150 países y mirar Argentina. ¿Cuándo Argentina empezó a andar mal? No es casual que Argentina haya empezado a perder puestos, en el ranking mundial de ingresos per cápita a mediados del siglo XX con la primera presidencia de Perón. Argentina entre principios del siglo XX y mediados del siglo XX flotó, en esos cuarenta años, desde el fin de la Primera Guerra mundial, hasta fin de la segunda entre el puesto 5 y 11 en el ranking mundial de ingresos per cápita. Pero, a partir de allí, empieza una declinación que no ha parado. Entonces, sin duda que el problema empieza allí. Pero ahora: ¿el problema es solamente el peronismo? No. El problema es que esto ya es sistémico.

T.D: ¿Quieres decir que los espíritus han sido peronizados, aun los no peronistas?

J.L.E: Por supuesto. Todos son populistas ahora. Margarita Stolbizer hace dos semanas dijo que ella se había unido con {Sergio} Massa[v] porque el país se merece una verdadera alternativa progresista, cuando son todos progresistas. Aquí no hay una sola alternativa liberal. ¿Por qué no la hay? En parte no la hay porque la sociedad está tan enferma que demanda lo mismo. Parecemos adictos. O los sufrientes del síndrome de Estocolmo. Hemos desarrollado como sociedad una relación de empatía con el que nos secuestró, con el populismo. Si ahora todo el mundo es peronista acá. Por lo tanto, yo no descalifico el peronismo, yo estoy por la lucha contra un sistema de explotación que rige Argentina. La gente no se da cuenta, pero este es un sistema marxista, en algún lugar, de explotación de la sociedad por parte de las tres corporaciones.

T.D: De estos tres vértices, o corporaciones que señalas, la más audaz de tus criticas es aquella que tiene que ver con los empresarios prebendarios. ¿Cuáles han sido las reacciones a ese punto en particular? Porque nadie había tan claramente apuntado a este aspecto. De la omnipresencia del estado argentino, de los” ñoquis”, del sindicalismo mafioso, de Moyano se habla, pero de los empresarios prebendarios es nuevo eso de ponerlo sobre la mesa del debate público. Sobre ellos, hay como un discurso compasivo. Nadie hasta ahora había enfatizado el cáncer que representa el comportamiento de esos operadores tan poco competitivos, tan poco creativos.

J.L.E: No son empresarios en los hechos. Un empresario que no arriesga, y que solamente busca la prebenda no es un empresario es un traficante de influencia. De eso hay mucho en Argentina. Obviamente no es todo el empresariado. Por eso yo aclaro muy bien: ¡empresarios prebendarios! Aquel que, bajo el pretexto de generar empleo, en realidad, lo que está buscando es una renta.

T.D: ¿Has tenido reacciones sobre este aspecto por parte de una cámara industrial? Porque imagino que tocas intereses muy importantes cuando dices eso.

J.L.E: Yo no recuerdo que haya habido hasta ahora así públicamente reacciones. Sé muy bien lo que dicen de este libro y sobre mí, por supuesto. Pero lo que dicen de mí, lo dicen hace un cuarto de siglo, es que yo los combato. Porque si tu lees mis notas en los diarios en los últimos veinte años, muchas veces me he dirigido a ellos de una manera muy crítica. Pero así formalmente no he leído declaraciones formales en ese sentido. Sí, por supuesto sé que están muy dolidos con este libro. Están muy enojados.

T.D: En cuanto al nivel de aranceles a la importación que evocas en tu libro ¿no hay una complacencia culpable por parte de las autoridades multilaterales, como la OMC hacia Argentina? Argentina fue mucho tiempo la rubia Mireya del mundo, la nación emergente sobre la cual se invertía muchas esperanzas, otro Estado que hubiese tenido una política tan sumamente proteccionista se le hubiese sancionado.

J.L.E: El problema con la OMC es que no tiene sanciones. Es difícil instrumentar a nivel multilateral sanciones. La OMC nace cuando termina la ronda en Uruguay del GATT en 1994. De allí, hasta acá ha transcurrido casi un cuarto de siglo. En ese cuarto de siglo de vida de la OMC hay un solo país condenado en 2015, por su política proteccionista global: es la Argentina. Los niveles de proteccionismo de Argentina que arrancan, en particular a partir de 2011, con el “cepo cambiario”, llegaron a tal punto, que fue condenada. Sin embargo, a pesar de esta condena, meramente nominal, nocional, no ha ocurrido nada.

T.D.: En tu libro también hablas de la integración regional con el Mercosur y la aberrante situación consistiendo en reimponer aranceles dentro del espacio regional. ¿Cómo se explica que pasen los gobiernos y que esta situación se mantenga? ¿O por qué no se disuelve el Mercosur?

J.L.E:  No es casual todo lo que ha pasado. Luego del fin de la ronda Uruguay del GATT que provoca el nacimiento de la OMC a partir del 95, el mundo consolidó aranceles muchísimo más bajos de lo que existían antes. La ronda Uruguay del GATT lo que dijo es: no puede ser que existan en los hechos aranceles de 300%, 400%. Argentina tenía aranceles de esa magnitud en los 80. Lo que hacen {entonces} los industriales proteccionistas que están todos anidados en la Unión Industrial Argentina (UIA) es venderle a Alfonsín primero, y a Menem después, el Mercosur con el argumento de: hagamos libre comercio como sugiere la OMC entre nosotros Mercosur (Uruguay, Paraguay, Brasil, Argentina) pero con el resto mantengamos niveles proteccionistas que sean menores a los ochenta, pero mayores a los que en general hay en la OMC en el arancel consolidado. Uruguay, Paraguay, no cuentan por supuesto. Allí es con Brasil. Y con Brasil todo se negocia. Entonces la UIA salió ganando porque hoy todo el comercio que tenemos con Brasil es un comercio administrad: mándame las autopartes para hacer autos de Brasil yo los armo aquí y te exporto con eso algo de autos a Brasil. O sea, fue un triunfo del proteccionismo, el Mercosur. Fue romper con el espíritu de libre comercio del ingreso de la Argentina al OMC.

T.D: ¿O sea nada que ver con integración regional?

J.L.E: Exactamente. No hay ninguna integración regional. Uruguay no se anima a salir porque Uruguay es un país que lamentablemente no se anima a romper con Argentina y con Brasil. Debería hacerlo al estilo chileno en los 80. Pero, además, hay una cosa, está tan claro para mí: uno comercia con los países que son distintos a uno, no comercia con países iguales. Yo le vendo servicios de consultoría macroeconómica a alguien que no sabe. Yo no le voy a vender a {Ricardo} López Murphy a {Miguel Ángel} Broda o a {Martin} Redrado. Ellos compiten conmigo. Brasil y Argentina son muy parecidos. Son países del Cono Sur con grandes extensiones, con mucha minería, petróleo, agro, o sea no es viable el comercio. Por eso el comercio está todo administrado con ellos. Y allí ganan ellos. Ganan la UIA, ganan los proteccionistas claramente.

T.D ¿Cuál de las ideas que expones en tu libro será la más urgente de implementar?

J.L.E: El libre comercio. Argentina tiene que empezar a ver a la importación, en lugar de como un enemigo -, como la ve hoy, que destruye empleo argentino-, como un método indirecto de producción. Uno cuando importa en realidad no es que está destruyendo empleos o que está destruyendo cosas. Cuando uno importa está liberando energías mucho más eficientes para la producción de otra cosa. Acá se piensa que si Argentina, supongamos, dejará de armar autos -, autos carísimos, además, tres cuatro veces lo que valen afuera-, habría un enorme desempleo. Argentina, esto nadie lo dice, o se dice poco, explota su consumidor para tener los autos que tiene. Yo lo que digo es, si uno importará todos los autos en Argentina, primero dejaríamos de explotar al consumidor. El consumidor pasaría a tener mucho más dinero en su bolsillo para consumir otras cosas, y ¿por qué no? aparecería un montón de industrias que hoy no tenemos. No sabemos que industrias nuevas aparecerían con un consumidor con mucho más poder adquisitivo. Y además si uno importará los autos, tendría una ganancia- eficiencia, porque si Argentina abriera su economía al mundo, por ejemplo, podría producir mucho más petróleo, mucha más energía, mucho más agro. En el fondo Argentina terminaría exportando otros fierros que son: maquinas cosechadoras mucho más grandes, máquinas para perforar petróleo. Para mí eso es clave. Si Argentina no tiene esa cabeza, si no piensa así, no tiene ninguna chance. ¿Por qué? Porque si uno entiende que el comercio es prosperidad y no destrucción de empleo, automáticamente el Estado tiene que cobrar impuestos razonables porque uno no exporta impuestos. Los impuestos son un costo para poder producir para exportar. Entonces si uno entendió la importancia del comercio, como consecuencia de eso pasa a entender la importancia de tener un estado pagable. Un estado pequeño. Con impuestos bajos para un país pequeño como Argentina. Y también entiende el tercer vértice que es: para poder exportar necesitas bajos impuestos y costos laborales razonables. No podemos tener estos costos laborales.

T.D: En algún momento en tu libro pareces rendirle justicia al Menemismo diciendo que esa Argentina existió, en un momento en que las inversiones privadas reemplazaron las inversiones públicas. Es complicado referirse al menemismo en Argentina. Es una mala palabra.

J.L.E: Si yo hablo de 70 años de decadencia, el menemismo forma parte de esa decadencia. Ahora, el menemismo o la reforma que se hizo en la Argentina durante los 90, pensando en los tres vértices, yo rescato una reforma pro mercado importante: romper un poco (no mucho) el empresario prebendarío. Rescato la reforma pro mercado de {Carlos} Menem pero lo que pongo en énfasis es que ese programa quedó completamente arruinado, porque siguió con la misma mafia sindical, pero fundamentalmente porque continuamos con un Estado grandote, sobredimensionado, y deficitario, que hizo colocar mucha deuda pública que Argentina terminó defaulteando en 2001 y eso hizo estallar el plan. Para que esto funcione, uno no puede atacar uno solo de los tres vértices. Acá hay un triángulo. Es un triángulo que está vivo. Hay que atacar los tres frentes de manera simultánea. O sea, el menemismo puede haber tenido razón en atacar un poco el triángulo del empresario prebendario pero se equivocó mucho con los otros dos. Por eso ese programa termina en la crisis. Ahora, fíjate vos que es interesante lo que ocurre con la crisis 2001, 2002. Para el imaginario popular, imaginario muy condicionado por el relato en aquel momento, esa fue una crisis del modelo neoliberal o del modelo liberal. Es como {decir} que la libertad en Argentina genera crisis. Es una cosa ridícula. Pero el sistema se encargó de decir: “esto es un problema de la libertad”. “La libertad generó esta crisis”. Ergo, ocho años de kirchnerismo, vamos a un estado presente, con mucha más protección comercial, como fueron los últimos once años. O sea, lo que es interesante acá es que la crisis, que recurrentemente tiene este modelo, sirve para regenerarlo: tenemos una crisis, allí baja el gasto público, baja el déficit fiscal. Durante algunos años se guarda un poco el equilibrio fiscal. Pero, apenas queda un poco atrás la crisis, el sistema vuelve a aumentar el gasto público. Volvemos a entrar en déficit, y a la larga volvemos a tener una crisis.

T.D: Atacar esos tres vértices exige una voluntad extraordinaria en este acervo político-cultural. ¿Es posible?

J.L.E: Mira, yo no veo que Argentina sea algo muy diferente a lo que en su momento fue Chile y Chile cambió. A lo que en su momento fue Perú, y Perú cambió. Y a lo que en algunos lugares es Brasil. Brasil tiene una justicia que mete preso a los delincuentes, están conduciendo una reforma laboral.

T.D: Bueno pero aquí Cristina Fernández está a punto de recuperar peso político en el escenario argentino.

J.L.E: Sí. Sin duda que lo va a recuperar. Por eso mi evangelización. O mi intento de evangelizar.

T.D: El hecho que tu libro sea muy vendido, no sé si es por una elite liberal, socio-demócrata argentina, pero: ¿se puede pensar que es sintomático de un apetito de cambio?

J.L.E: El libro lleva vendido 20.000 ejemplares en poco más de 100 días. Es un récord absoluto de ventas. Por lo que veo, el libro ha sido presentado en siete lugares diferentes del país, incluso en Uruguay, donde siempre los auditorios han estado llenos, hay gente donde algún ruido le está haciendo que en Argentina permanentemente estemos hablando de devaluación, de crisis, de ajuste, default. Y el libro lo que dice es: mira, el ruido es por esto. Yo veo muchos jóvenes en las presentaciones. Que son los que me parece más ruido les hace todo esto.

T.D: La informalidad es un problema que existe en toda América Latina, pero en particular en los países donde el problema es la formalidad, no la informalidad. Uno puede estar en la informalidad por tener una actividad delincuencial, pero también puede ser que este en la informalidad porque el Estado no le permite emprender. ¿Por qué esas cosas no se discuten? Como la cuestión de la libertad empresarial, y no se discuten, no como un tema de ricos versus pobres, sino como una aspiración natural del pueblo de promoción social.

J.L.E: Yo creo que el pueblo está abducido por el relato de los sindicalistas argentinos de que sin ellos no hay justicia social. El sindicalista nunca asume ninguna responsabilidad de los 5 millones de trabajadores privados que hay en negro. No sé si lo sabías, pero en Argentina hay casi tantos trabajadores privados en negro como trabajadores en blanco. Hay 6,2 millones de trabajadores privados en blanco y 5 en negro. Los sindicalistas nunca hablan de porque hay 5 millones de trabajadores en negro. Hay 5 millones de trabajadores en negro porque es la única manera que encontró el sistema de tener alguna flexibilidad laboral. La inflexibilidad laboral que impone este sistema fascista está denunciada en el libro.

T.D: ¿Hoy habría que desdiabolizar parte de la informalidad?

J.L.E: Pero por supuesto. Es decir que la informalidad es el atajo que encuentra el sistema económico, no el liberal, de tener algo de flexibilidad. Porque acá hay una cosa, las falencias culturales de la Argentina, son tan grandes que en lugar de asumir que la economía es una ciencia que tiene sus leyes, independientemente que, a vos, como político, te gusten o no te gusten, la hemos transformado en una suerte de relato tercermundista medio socialistoide marxista, donde en realidad la economía no es una ciencia, sino que es el campo de batalla entre proletarios y burgueses o empresarios. No, la economía tiene sus leyes! Si a la empresa no la dejas despedir si no es con costos que te pueden provocar la quiebra, si a la empresa le pones costos laborales altísimos, si para mover un trabajador de acá a acá tenes que convocar a una reforma de los convenios colectivos; naturalmente la empresa, el sistema, buscará flexibilidad por otro lado. Y la economía en negro es la flexibilidad que ha encontrado el sistema. Todos los que forman parte del sistema son un conjunto de hipócritas. Después esta la sociedad que por acción u omisión valida el sistema. Pero habría que desdiabolizar el mercado en negro. Habría que decir, el mercado negro es la manera que encontró el sistema de tener algo de flexibilidad que la ley le niega.

T.D. Cuánto tardaría, haciendo un poco de wishful thinking, el implementar un mercado libre en Argentina? ¿Aplicar estas 400 y algo de páginas?

J.L.E: Me parece que como mucho en dos periodos presidenciales, con un presidente decidido a cambiar, Argentina cambia.

[i] Jefe de Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires y miembro del Pro, el partido principal fuerza de la coalición “Cambio” que gobierna Argentina.

[ii] Omar Viviani, líder del Sindicato de Peones de Taxis desde hace 33 años.

[iii] Citación de Nicolas Maquiavelo “No puede haber un hombre de vida lo suficientemente larga como para acostumbrar bien a una ciudad por mucho tiempo mal acostumbrada”, Discurso sobre la primera década de Tito Livio.

[iv]  Teoría económica del Fascismo y del establecimiento del Estado Corporativo Nacionalista que inspiró directamente el sindicalismo argentino y brasileño.

[v] Sergio Massa, fundador del Frente Renovador, disidencia peronista del kirchnerismo.



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2 respuestas

  1. Entrevista imperdible, de sumo interes por los conceptos alli vertidos. Mi agradecimiento tanto al entrevistado como a la talentosa inteligente y sagaz periodista Teresita Dussart. Digna de ser compartida con argentinos que coinciden con tales apreciaciones..

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  2. Excelente nota, gracias sra. Dussart y Sr. Espert

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