Lecciones urbi et orbi de las elecciones francesas (1era vuelta)

©Teresita Dussart. Todos derechos de propriedad intelectual y reproducción reservados

El sufragio presidencial francés cierra una edición en ruptura total con su esquema partidista. El outsider del Partido socialista, Emmanuel Macron, fundador del movimiento En Marche obtiene un resultado provisional al cierre de esta edición de 23,75% de los votos,  mientras que la candidata del partido identitario Front National, Marine Le Pen, recoge por su parte 21,51%, resultado que puede cambiar en unos décimos. Los dos candidatos deberán enfrentarse en quince días en una segunda vuelta para acceder a la más alta magistratura de la República.

Movimientos en lugar de lo partidos

Los representantes en liza de lo que era el insoslayable bipartidismo francés hasta ayer recibieron una paliza antológica. El del Partido Socialista, Benoît  Hamon, recoge menos de 7% de votos. Una sanción histórica. En cuanto al gaullista François Fillon, se sitúa tercero en la contienda, víctima según él de la crueldad y de los obstáculos interpuestos en la campaña, en referencia a las acusaciones de nepotismo y empleos ilícitos cuando era primer ministro de Nicolas Sarkozy. Acusaciones que constituyeron un hito de la temporada electoral de la primera vuelta. Tanto el socialista Hamon, como Fillon, reconocieron su derrota y apelaron sus votantes a reportar su voto sobre la candidatura de Macron, para “hacer baraje” a la extrema derecha.

De ahora en más, Macron va a tener que diferenciarse de Le Pen, eligiendo entre su ala derecha y su ala izquierda en un esfuerzo casi contra naturaleza. Si algo distingue la vendimia 2017 es que las formaciones que ganan elecciones en las viejas democracias ya no son los aparatos partidarios clásicos con un esquema programático establecido, del cual derivan valores identificables y opciones políticas de larga trayectoria, por lo tanto previsibles, sino de “movimientos” que captan, y luego capturan, una esencia del momento político, no necesariamente por populismo, sino porque la formación de la opinión fluctúa con los bits de información a través de las redes sociales, y de una opinión maleable, sin ataduras partidarias que busca en la jungla del big data, la síntesis de sus variopintas percepciones inmediatas.

La opinión fluctúa con los bits de información a través de las redes sociales, y de una opinión maleable, sin ataduras partidarias que busca en la jungla del big data, la síntesis de sus variopintas percepciones inmediatas.

El movimiento de Macron, en el estado actual de la placa programática presentado antes de la primera vuelta, sería en paleo política un partido de centro derecha en Europa, centro izquierda en Estados Unidos; liberal en economía, con pocas preocupaciones de orden societal, pero no desprovisto de algunas convicciones. Desde ese punto de vista, su proyecto consistente en imponer una cura de adelgazamiento substancial al “Mamut”, como se suele nombrar al presupuesto público en Francia, en una proporción del orden de 60.000 millones de euros, entre otros pasando por la supresión de 220.000 empleos de funcionarios, lo cataloga como hombre de derecha.  Está establecido en Francia que para hacer una política de derecha mejor vale tener un presidente de izquierda, para poder llevar a cabo las reformas sin que se note. En esa acepción, Macron sería ideal.

Ambigüedad en la síntesis, claridad en la división

El programa económico de Macron presenta en realidad varias convergencias con el de Marine Le Pen, haciendo abstracción de la dimensión mercado abierto, valor cardinal del primero, fobia de la segunda, para quien el país necesita recrear un cierto nivel de proteccionismo. Idea que hace dos años la condujo a alabar la dimensión “nacional y popular” del gobierno de Cristina Fernández. Algo que no volvió a hacer después, estando más informada.  Sus medidas en el contexto autárquico argentino, aún en vigor, harían reír en Argentina. La propuesta proteccionista de Le Pen consiste en imponer 3% de tasas de impuesto para productos importados.

La disyuntiva de Macron en caso de ganar, como lo augura la aritmética del reporte de votos anti Le Pen, es gobernar contra todos o ser rehén de uno de los grandes partidos políticos. 

El desafío de una generación espontánea como “En Marche” es que si puede ganar una segunda vuelta, no es seguro que pueda ganar la denominada tercera vuelta que son las elecciones legislativas y el Deus ex machina de un día puede ser molido por la machina el otro. Para esa contienda, disponer de un aparato político es indispensable.  Apoyarse sobre el Partido Socialista le sería muy difícil a Macron en la medida que su presidente, el fallido candidato Hamon, lo ha declarado “adversario político” en su discurso de derrota. Los gaullistas han logrado 20%, lo cual hace de ellos una entidad de oposición temible, no dispuesta a conceder terreno, por el contrario. La disyuntiva de Macron en caso de ganar, como lo augura la aritmética del reporte de votos anti Le Pen, es gobernar contra todos o ser rehén con o sin consentimiento de uno de los dos grande partidos. Cuando Chirac ganó en 2012 por el reporte de votos anti Jean Marie Le Pen, su gobierno no fue un gobierno de síntesis. Fue un gobierno socialista interpolado en una presidencia gaullista. En algún momento, Macron se verá obligado a elegir él también entre sus varios yo, muchos de los cuales se asomaron alternativamente durante la campaña.

Percepción masiva ( y no populista) de un peligro

La otra lección de la campaña es que la noción de sobrevivencia de los valores de la república en peligro impregnó los tres cuartos de la masa votante. Mismo si esa percepción fue interpretada en una declinación muy amplia desde Le Pen al candidato comunista Jean-Luc Melenchon, pasando por Fillon y Macron.  El socialista Hamon, que quiso ignorar ese grito, fue sancionado con el peor score de toda la historia de su partido. Ese sentir, Macron o Le Pen lo tendrán que traducir en una respuesta societal, económica y sobre todo securitaria. Desde ese punto de vista, Le Pen encarna la opción más comprometida. Es el mismísimo ADN del partido. El Front Nacional se ha transformado en la transición (nada serena) del padre a la hija de lo que era un partido abiertamente racista, de tinte petainista, flirteando con lo peor de la historia francesa, a un partido de afirmación de la identidad nacional al cual se agrega un discurso asumido sobre el riesgo de la política migratoria indiscriminada. Guste o no guste, es la segunda vez que un Le Pen llega al segundo turno, aunque no sea el mismo.  Nadie puede desoír la voz de los que la llevaron a ese lugar y que aún pueden llevarla a la presidencia.

En política internacional se sabe muy poco del programa de Macron. Un poco a la imagen de su modelo, Barack Obama, el líder de En Marche no tiene vergüenza en asumir su poco interés en la marcha del mundo. Sus pocos desplazamientos durante la campaña, fuera del Hexágono, han sido catastróficos. Le Pen, en cambio, comparte con Rusia una visión pragmática, hasta se podría decir más gaullista, sobre la crisis Siria (de hecho, compartida con Fillon). En varias ocasiones puso el acento sobre el peligro del sunismo radical en el mundo. Su visión es la de un desarrollo sostenible de los estados dentro de una cooperación económica más que de vaciamiento poblacional.

Macron se ha alineado sobre una postura muy rusófoba,  a su vez inscrita en la política exterior atlantista del partido socialista francés. La otra línea divisoria entre los dos candidatos de la segunda vuelta es la cuestión europea. Macron es un férreo defensor de la Unión Europea. Aboga por una reforma de sus instituciones, para más integración tendiendo hacia el proyecto federalista europeo, con una propuesta de algo comparable a un semiejecutivo. Es decir más delegación de soberanía. No obstante, el arte de Macron es mantenerse en un estado de indefinición cuando no de franca ambigüedad sobre los temas más sensibles pudiendo volcar en tesis y antítesis según las circunstancias. Un arte oratorio muy francés: puedo demostrar que Dios existe pero si insistís puedo igualmente demostrar lo contrario. Le Pen, por su parte, hace de la salida de la Unión, el Frexit, el eje de su política.  Sea cual sea el candidato que gane, el paisaje político será totalmente diferente dentro de quince días.



Categorías:EUROPA, Francia

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