Antonia, la menor mediaticamente más expuesta del mundo

©Teresita Dussart. Todos derechos de reproducción reservados. Contactar el autor.

 

En Argentina, en un programa de alta audiencia, La Noche de Mirtha Legrand, Antonia Macri, hija del actual presidente, fue una vez más exhibida. Una niña visiblemente cansada, a altas horas de la noche, desde lo alto de sus cinco años, vino a saludar a la vedette nonagenaria y expresar un tímido suspiro de admiración de chiquilina ante el despliegue gitano de alhajas. Desapareció a los pocos minutos.

Un año y medio tras la elección presidencial del fundador del PRO (ndrl: Es difícil explicar lo que es el PRO. Como todos los partidos argentinos no es realmente ni de derecha ni de izquierda. Es la supuesta Némesis del peronismo, corriente que teóricamente tiene por misión enterrar para generar el famoso “Cambio” esperado como el Mesías, pero que hasta la fecha obró en todo y por para darle una enésima vida), lo que pareció al principio como una graciosa excepción se generalizó. Es muy común como resultado de la actividad del Jefe de Estado que surja un set de fotos con la niña, acompañándolo en ocasiones de ceremonias públicas, en horarios insólitos para una menor. Aparentemente sería el resultado de un vínculo fusional entre padres e hija. Se supo durante la misma entrevista, por declaraciones de Juliana Awada, madre de Antonia y esposa de Macri, que la niña duerme en la cama matrimonial en un “trencito de amor”. Por si fuera poco para los aficionados a la obra de Freud, la madre agregó que la niña quiere seguir durmiendo con sus padres “hasta los treinta años”. Fue una nota exageradamente personal para un jefe de Estado, pero que no choca con las costumbres instaladas.

El protagonismo de la pequeña Antonia no ocurre sólo durante entrevistas o eventos prosélitas como el famoso “timbrazo”. El timbrazo es una invención del asesor ecuatoriano Jaime Durán Barba. Invención cuyos derechos no necesitan ser protegidos, pues nadie que no odie su cliente se la robaría. Consiste en pasear los miembros del gobierno, presidente e hija incluidos, en un vecindario determinado, previamente preparado, con la intención de hacerlo aparecer como espontáneo. En esas extenuantes jornadas, más de una vez la niña lo acompañó.

Pero además, la menor asiste a los eventos protocolares. Ningún vademécum de procedimiento ceremonial prevé la presencia de hijos de jefe de Estado. Por una sola razón, que es que las ceremonias públicas son para autoridades públicas, en general mayores de edad. Antonia fue parte de la comitiva durante la visita de Estado a España el pasado mes de febrero. Una vista de esa índole está hecha de secuencias, de las cuales cada una representa 20 páginas de instrucciones para una escenificación milimetrada de los intercambios, de modo de no dejar lugar a ninguna interpretación no deseada.  No hay lugar para la espontaneidad y menos aspectos familiares. Las infantas nunca aparecieron porque no correspondía que así fuese, pero Antonia fue interpolada en por lo menos una ocasión de foto oficial con los Reyes como un suvenir personal.

Por algún motivo, que no sea estrictamente electoralista, los Macri-Awada parecen querer forzar el protagonismo de la más joven de sus hijas. Un poco como personajes de una novela de Stefan Zweig en busca de reconocimiento de la alta sociedad para su prole.  Macri empezó su alocución en la cena de gala ofrecida por los Reyes, no con una referencia al pueblo argentino o español, sino por la anécdota de Antonia que habría expresado su deseo de quedarse a vivir en el Palacio Real de El Pardo.  Anécdota que hizo reír a Felipe IV pero que resulto ser de un tremendo sans-gêne. Más teniendo en cuenta el curioso repaso que Macri hace de la historia de Argentina, presentando a los españoles como meros migrantes del siglo XX y no por lo que son, los descubridores de sus costas en el siglo XVI, fundadores de sus universidades, de sus fronteras actuales a través de la creación del Virreinato del Río de la Plata en el siglo XVIII y ancestros de buena parte de los argentinos de hoy, entre otras cosas.

No hay en la antología protocolar nada de comparable al caso de Antonia Macri. El ex presidente francés Nicolas Sarkozy tuvo una hija durante su mandato con la bella artista y aristócrata Carla Bruni-Tedeschi. Empero, nunca se vio una sola imagen de la niña durante toda su presidencia ni hasta hace pocos meses. El servicio de protección presidencial tenía por consigna no permitir un solo cliché de la pequeña. Ello, tanto por la protección de la menor como para evitar a Sarkozy ser acusado de explotar con fines electorales la imagen de su hija en su más tierna edad. El presidente Vladimir Putin llegó al poder en 2000 con dos adolescentes bellas y excelentes alumnas, ahora adultas, sin que se haya filtrado hasta la fecha una sola foto de ellas ni de sus hijos, ya que Putin es abuelo. El que fue más público sobre su familia en el mundo occidental, estos últimos veinte años, fue el laborista Tony Blair, pero nada de comparable al presidente argentino. Cuando Macri fue de visita de Estado a Italia, se mostró con toda la familia recompuesta en numerosas producciones fotográficas. Mateo Renzi, entonces en función para recibirlo, no apareció jamás acompañado de sus hijos. Es que el cargo es un trabajo y no se suele llevar los hijos al trabajo.

La sobreexposición de menores en política está muy mal vista, como una cosa nepotista, vagamente explotadora, anacrónica, que pone en perspectiva el discurso de defensa de los derecho del niño y las convenciones internacionales al respecto. El derecho civil, de hecho lo impide de una forma u otra en todos los estados de derecho. En Argentina, la ley de Protección integral de menores menciona específicamente el derecho a la vida privada de los niños. La experiencia internacional demuestra que es algo a tomar en cuenta. Walter, el hijo del ex canciller Helmut Kohl, a pesar de haber aparecido en muy escasas ocasiones durante el legendario mandato de uno de los protagonistas de la caída del Muro, acusó su padre, muchos años después, “de haberle robado su infancia”.

Es difícil no comparar el macrismo con la anterior pareja presidencial,  Néstor Kirchner y, sobre todo, Cristina Fernández de Kirchner. La dupla Kirchner lleva la responsabilidad de haber instaurado la confusión entre vida privada y vida pública. Los monólogos verborragicos por Cadena Nacional de Cristina venían sembrados de referencias intimísimas y sentires personales, de los que se confiesan a muy pocas personas.  No pocas veces, en sus prestaciones públicas se dejó rebasar por la emoción. Su dolor siempre fue autorreferencial. En cambio fue más reservada en cuanto a la exhibición de sus hijos durante los dos primeros mandatos (cuando llegaron al poder en 2003, la menor, Florencia, tenía 12 años). En honor a la verdad, dado que pocas hadas se volcaron sobre la cuna de la prole patagónica, no hubiese agregado nada ni Florencia ni Máximo a la imagen de sus padres. No obstante, en su constante referencia a aspectos domésticos y el forcejeo mental consistente en hacer entrar a la opinión pública en consideraciones domésticas, logró por momentos hacer olvidar por qué le tocaba a ella sentarse en el sillón de Rivadavia y no a cualquiera de los otros cuarenta y tantos millones de argentinos.

Esa es parte de la herencia recuperada por Macri. Instalar una suerte de reality de la familia y romper con el protocolo cuando sea necesario, aunque ya no como consecuencia de un discurso antisistema.  Más bien bajo el mensaje subliminal: “Miren qué monos somos, el pecho de Juliana tan bien operado, sus transparencias,  yo que bailo el daddy dance ochentista y Antonia con sus cinco años”. Es que tanto Macri como Fernández ostentan una altísima autoestima de sus narrativas personales, aun cuando éstas no coincidan con las mediciones de opinión pública.

 



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2 respuestas

  1. Señora,

    !) Me parece de muy mal gusto mencionar “el pecho recién operado de Juliana y las transparencias de su vestido” (a menos que ella lo haya hecho, en cuyo caso pido disculpas).
    2) Su crítica del gobierno del Presidente Macri me parece exagerada. Ha hecho algunas cosas mal, pero otras bien y en su comentario daría la impresión de que es un desastre. Le ruego también tenga en cuanta en qué estado recibió el país.
    3) Si bien yo también pienso que es exagerado y desubicado estar exponiendo a Antonia todo el tiempo, le recuerdo que los argentinos malcrían a sus hijos, sea cual fuere la clase social a la que pertenezcan. Los niños son los dueños de todo. Los únicos privilegiados son los niños decía el Gral. Perón. Y fue la princesa Florencia la que coronó a su madre (The Queen) con la banda presidencial. Quizás eso justifique en parte esta saturación de la imagen de Antonia. No podemos comparar a argentinos con franceses o alemanes. Es otra crianza, otra mentalidad, para bien a veces, para mal otras. En cuanto a los italianos, el presidente actual no presentará a sus hijos pero el anterior no se privaba de ventilar sus relaciones con prostitutas y/o menores de edad. En cuanto a Putin, bravo!!!
    Last, but not least, le recuerdo que el presidente John Kennedy inició un discurso frente al presidente de Francia en el Salón de Espejos de Versailles, diciendo “Soy el hombre que vino a acompañar a Jacqueline Kennedy a Paris”. Para no hablar de las fotos donde John-John y Carolina se paseaban por abajo del escritorio presidencial. Si eso no es familiaridad, dígame qué es.
    Resumiendo, Señora, encuentro su artículo mal intencionado e irrespetuoso hacia la investidura de M. le Président, como dicen en Francia. No sé cómo llamarán en Bélgica al Rey, pero no Philippe, no es cierto?
    Atentamente,
    María Cristina Torrealday

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  2. Estimada,

    Este blog es un espacio de libertad y lo va a seguir siendo. Respeto su opinión pero lamento que los argentinos hayan perdido en Tato Bores el último representante del humor político inteligente. Yo no soy argentina y en el mundo del cual vengo la irreverencia es una calidad para el periodismo, la alcahuetería un estigma vergonzoso.
    En cuanto a los pechos de Juliana Awada, no dije “recién” operados sino bien operados, por cierto. Es mi derecho retratar la persona por el modo que se da a conocer. Una mujer del siglo XIX cuyo único objetivo parece haber sido casarse con hombres ricos y de la cual se le desconoce una idea propia. Del gobierno de Macri, los que observamos está sociedad con total objetividad por no ser parte de ella y no estar vinculado de ninguna forma a grupos de interés, no hemos dado cuenta, de hecho fui la primera en nombrarlo, antes que otros recuperen el concepto, de la cantidad de conflictos de interés que lo atan al gobierno anterior y, por lo tanto, su incapacidad fehacientemente demostrada a estas alturas de ser el agente de cambio. Mucha comunicación muy poco fondo.
    Por otra parte Macri no es Rey. La comparación con Philippe no viene a cuento. Nos reímos mucho del Rey además (aunque más de su hermano) y el Rey no gobierna en Bélgica como usted sabrá. Por fin Macri y Awada no tienen nada en común con la mítica pareja de los Kennedy ni de cerca, ni de lejos. Sentí un deje de ironía hacia Vladimir Putin, pero sepa que el presidente ruso heredó cuando llego al poder de una “herencia” mucho más complicada (default, inflación, guerra, crisis sistémica) en 2000 que Macri en 2016 y no obstante en un año había hecho de su país el hub donde todos querían invertir.
    En cuanto al uso de su hija estamos por lo menos de acuerdo en que sea algo de chocante.
    Es todo su derecho de conservar su confianza en su presidente. Por mi parte espero que le vaya mejor a Argentina y que las promesas de cambio se hagan realidad.
    TD.

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