El nuevo dogmatismo apunta a censurar la realidad más que la opinión

©Por Teresita Dussart, todos derechos de reproducción reservados y sometidos a previa autorización del autor.

 

El asunto del autobús de la asociación HazteOir.org, inmovilizado por la municipalidad de Madrid hace una semana tras haber cometido el crimen de enunciar una realidad biológica irrefutable (impresentable en neolengua): “los niños tienen pene, las niñas tienen vagina” se convirtió en una parábola de la evolución manicomial de la sociedad occidental.  La radicalidad de las reacciones proviniendo de todo el arco político en España, ilustra el grado de control social de la corrección política potenciada como propedéutica de negación de la realidad.

La biologia como opinión

El políticamente correcto ya no obra a defender los derechos civiles de minorías  sexuales o étnicas. Obra a imponer la transexualidad y el hermafrodismo como el nuevo normal recalando la biológica al rango de opinión. La idea según la cual el políticamente correcto debía corregir  opiniones crueles sobre minorías arbitrariamente discriminadas por la emérita lucha de clases o el racismo es, en esta etapa, una idea ya casi reaccionaria. El políticamente correcto se ha puesto a las órdenes de otra tarea que es de considerar la naturaleza como fuerza de avasallamiento. “¿Y por qué tú podrías tener los ojos azules y yo no?” “¿Y por qué tú podrías ser mujer y yo no?” En una sociedad post moderna, de repudio de la ciencia y de celebración de la tecnología al servicio de la realidad aumentada, esa “injusticia” sui generis debe ser allanada. Se extiende el campo de la lucha de las clases sociales a la naturaleza.

Para ello se debe recurrir al control de las mentes obligándolas a callar la voz de la razón o de la simple observación fenomenológica y prepararlas a comulgar todas en la ideología transformista sobreinterpretando esa pobre Simone de Beauvoir la cual ya no se puede defenderse del uso conferido a su: “no se nace mujer, se convierte en mujer”. Apotegma apuntando a los determinismos culturales en la modelización de los roles no al determinismo biológico.

La ideología de género es una doxa fecundada por el pensamiento mágico. La mera idea de una presunta elección de sexo en ruptura con la radicalidad de lo innato es un síntoma psicótico, un delirium tremens que pude conducir padres biempensantes a cortar el pene a un niño que habría querido jugar con una muñeca. Es la consagración de la confusión entre realidad y ficción, la definición mismo de la locura. Pronto un nuevo registro de fiesta, como bautizo, comunión, Bar Mitzvah aparecerá para el festejo de cambio de sexo y se exigirá a los representantes de los cultos de consagrar la mutilación. Es cuestión de tiempo.

¿Castración de menores?

Por algo al denunciar Ignacio Arzuaga, el director de HazteOir, Rubén López, vocal de Arcopolí, agrupación de denuncia de delitos de odio, pidió a “a niños y adolescentes LGTBI que no hagan caso de grupúsculos ultra radicales que no representan a nadie y van en contra de organismos internacionales“. Se normaliza la idea de “niños trans”. Ante lo cual corresponde alarmarse: ¿A quien se refiere por niño trans? ¿Es que hay niños trans en España? ¿La castración de menores no está prohibida?:¿Tendrá en mente alguno de esos pobres niño Bacha Bazi, esclavo sexual de un pederasta afgano, entrado por error en el territorio nacional? ¿Habrá avizorado un hijra acompañado alguna familia india fregando platos, le habrán reportado el caso de un eunuco en una Embajada de un país del Golfo?

La mutilación física o psicológica es indenunciable en el acervo hegemónico LGTBI. Simplemente porque el eslabón libertario permitiendo a un hombre auto-mutilarse o vestirse de mujer se ve rebasado. Ya no basta. Ahora se trata de imponer a la colectividad dirigirse a ese mismo hombre como Señora. La anuencia total de la sociedad, todos sectores ideológicos, etarios, religiosos, filosóficos incluidos es exigida. Y es que claro: ¿a qué sirve querer parecer si la sociedad no consagra el “como si”? El delirium tremens debe ser compartido.

Transexuales y Pokemones

El repudio al positivismo y a la lógica amputó de dos ramas fundadoras la historia del pensamiento occidental. Vivimos una era tecnológica, pero no científica. Transexuales y Pokemones cazan en la misma pradera. Una era donde se pueden componer artefactos que participan de la realidad aumentada, alterada, perceptiva, virtual, en breve del “como si” no obstante estéril en descubrimientos científicos. De hecho los grandes laboratorios farmacéuticos no han desarrollo un nuevo principio activo desde hace décadas y viven sobre su patrimonio de moléculas desarrolladas antes de los 90 o de sus copias. El lenguaje del políticamente correcto, el mismo, es un tecnólecto expurgado de todo matiz trayendo a colación alguna noción negativa. Un lenguaje manteniéndose en los neutros, empobrecido deliberadamente, eludiendo lo descriptivo para no arriesgarse a incurrir en la incorrección. Un enano no es una persona de baja estatura sino una persona de crecimiento diferente. “Baja” y “estatura” son palabras malas. Hombres y mujeres son antagonismos eminentemente relacionados a una realidad innata, por lo tanto son palabras malas, las cuales terminarán por desaparecer del vocabulario cuando el hermafrodismo cultural sea hegemónico, condicionando a su vez la evolución biológica.

A esa imposición de modelo cultural trabaja una nueva raza de comisarios políticos. Escuadrones de espantosas creaturas almodovareñas, travestidos en ONG, con sus tablas de la Ley sexualmente correctas. Ellos conforman las tropas de la Nueva Inquisición. La iconografía cristiana es consubstancial a su histrionismo estético y sirve de sustento a sus representaciones más sadomasoquistas. Los retablos de la pasión de Cristo, las postales de la Inquisición, el purpura cardenalicia, las ordenes monásticas femeninas, el neronismo, alimentan un erotismo mistico-fascistoide, franqueado de todo miedo de herir las creencias de terceros. Son los detentores de la nueva moral. El protocolo compasional los ha entronizado como los maestros de la fiesta pasados de la esloganización de sus derechos a la imposición del deber de los otros; deber ser como ellos o por lo menos pensar como ellos.

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Sobre el mismo tema: Un milenio psicótico

https://relacionesinternacionales.co/2016/07/31/un-milenio-psicotico/



Categorías:ensayo, EUROPA

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