PCC arrasa en Paraguay

 

amambay

©Teresita Dussart. Todos derechos de propiedad intelectual protegidos.

Provincia de Amambay, frontera seca entre Pedro Juan Caballero, Paraguay, y Ponta Porá, Brasil.

El motín perpetrado en el Complejo Penitenciario Anisio Jobin (COMPAJ) en Manaos, Brasil, entre el 1 y el 2 de enero, durante el cual fueron bestialmente asesinados 56 miembros de la pandilla criminal “Primer Comando da Capital” (PCC) representa sin lugar a dudas un hito en una escalada de violencia. La dimensión antropológica de la matanza abre conjeturas aun más inquietantes que lo que se puede deducir de su dimensión criminológica. Ateniéndose a ese último aspecto, el hecho de que entre las víctimas se contabilicen únicamente miembros del PCC, mientras que los victimarios son parte de una pandilla de raigambre local, Familia do Norte (FdN), infeudada a la organización criminal carioca Comando Verhmelho (CV), no puede opacar la irresistible expansión hegemónica del grupo paulista.

A priori, ninguna relación aparece entre el sangriento motín en el COMPAJ, muy lejos en tiempo y espacio de la frontera con Paraguay, y el asesinato del narco paraguayo Jorge  Rafaat Toumani en la ciudad de Pedro Juan Caballero (PJC), provincia de Amanbay, el 15 de junio de 2016. La masacre se inscribiría en una escalada de varios motines con víctimas por ambas partes. Sin embargo desde la muerte de Rafaat, la intensificación de la lucha para controlar lo que el periodista paraguayo Vladimir Jara¹, autor de dos libros sobre el crimen transfronterizo, sindica como un espacio determinante entre Brasil y Paraguay, parece haber reactivado la violencia extrema, a la luz del día y sin límites en el modo operatorio. “Pedro Juan Caballero es un lugar estratégico para el establecimiento y producción de drogas, cuenta con pistas clandestinas, depósitos, pero también financieras”.

Antes de la extensión del PCC y antes de la penetración del Comando Vermelho, hoy casi desaparecido en esa zona estratégica, había un minicartel súper violento que era el cartel de los “turcos” (mediorientales, chitas y sunníes, originarios de la zona del Levante, establecidos en Paraguay a fin de los 70). Jarvish Chimenes Parvao, uno de los jefes narcos que supo hacer la transición entre los mediorientales, fue ungido por el supernarco de la Triple Frontera, Fahd Jamil Georges, y ahora actúa en concertación con el PCC.  Al principio nota Jara, en declaraciones a Relaciones Internacionales,  Jarvish y Rafaat se llevaban bien pero Rafaat siempre quiso jugar su propia partición. No quería ser la correa de transmisión de nadie, o ser percibido como “una sucursal” de los brasileños. “Él era el más peligroso” agrega Jara. “No dudaba mandar matar a todos los que se ponían en medio.”

El PCC ya había intentado liquidar Rafaat dos meses antes, pero el atentado había sido repelido por la guardia pretoriana de Toumani, también conocido localmente bajo el apodo de “Sadam”. Entre los dos atentados, varios episodios pudieron ser interpretados como la señal previa de que algo fuerte estaba por ocurrir, como el incendio en la cárcel de siniestra reputación universal de Tacumbú, al sur de Asunción el 10 de junio. El fuego desatado en el sótano en un taller textil pudo tener como objetivo crear la condición de la fuga de sicarios del PCC. El atentado del 15 de junio necesitó de “mano de obra” de varias decenas de pandilleros de ese grupo. En ninguna organización criminal, tanto como en Brasil y ahora Paraguay, los presidios son tan importantes. Constituyen el epicentro desde donde se deciden las acciones y donde se dirimen sus consecuencias. En Tacumbú justamente, donde Jarvish efectua su condena desde 1999 con su lugarteniente Carlos Antonio Capilo, disponía hasta hace pocos días de una verdadera oficina ejecutiva con todos los lujos de una empresa de primer nivel.

En ninguna organización criminal, tanto como en Brasil y ahora Paraguay, los presidios son tan importantes. Constituyen el epicentro desde donde se deciden las acciones y donde se dirimen sus consecuencias.

Con la muerte de Rafaat, la mafia paulista hizo saltar el último cerrojo para el control de la cocaína boliviana, el trasiego de la droga colombiana y el control de la marihuana en la zona fronteriza. Han sido varias capas de crimen organizado que en menos de una década han desaparecido bajo la fulgurante acción del grupo dirigido por el histórico jefe “Marcola”, Marco Willians Herbas Camacho, el capo narco que alardea de haber leído la Divina Comedia de Dante, aunque su filosofía sea netamente más nihilsta que renacentista.

Antes de Marcola, el Comando Vermelho tuvo su momento en la persona de Luis Fernando da Costa, mejor conocido por Fernandinho Beira-Mar, por el nombre de la favela de Rio de donde proviene. Tras fugarse de su penitenciario en 1997, fue recibido por el clan narco de la familia Morel de la ciudad Capitán Baro. En 2001, el carioca acabó con la vida de todos sus anfitriones, tomando pretexto de una supuesta traición. De allí Beira Mar acrecentó, no inventó, el esquema armas contra cocaína con las Farc hasta su extradición en 2002. Los Turcos, los Morel, el Comando Vermelho, todos liquidados. Va quedando solo el PCC y los barones que aceptan trabajar en concertación con él.

En los primeros días del año, casi concomitantemente a las atrocidades cometidas en Manaos, varios socios del PCC fueron mandados al otro barrio. Walter Rodrigo Arevalos, capo narco, fue asesinado hace una semana durante una visita de libertad condicional a su madre en su barrio de la ciudad de PJC. Su esposa había sido asesinada el 31 de agosto.  Era una persona vinculada al PCC. Otro asesinato es el del encargado de la administración de los bienes de Jarvish, Paulo Jacques, abatido a la luz del día en Asunción con su novia, el 2 de enero. La escalada acaba de empezar.

  1. Vladimir Jara es autor de “Clave RRR. Mafias y corrupción en organismos de seguridad” (1997) y “Beira Mar en Paraguay, Narcos y Muertes en la Frontera” (2003). Periodista de investigación, se lo puede escuchar de lunes a viernes de 6 a 8 en el programa Punto Rojo, chacoboreal.com.py

 

¿A quien pagaba el canon narco Ibar Perez Corradi?

©Teresita Dussart. Todos derechos de propriedad intelectual protegidos.

No deja de sorprender que Ibar Pérez Corradi, traficante de precursores químicos, sindicado hasta hace dos semanas como autor material de la causa conocida en Argentina como “Triple Crimen de General Rodríguez”, se haya entregado o haya sido más o menos voluntariamente capturado el 19 de junio de 2016 en Foz de Iguazú, cuatro días después del espectacular atentado que terminó con la vida de Rafaat, teniendo en cuenta que éste mantenía buenas relaciones con la mafia bonaerense. Aunque su falsa identidad ya había salido a la luz del día entre otro, a través de una primicia en este blog. ¹

Según informó el diario argentino “La Nación” en repetidas notas, Pérez Corradi vendía drogas sintéticas para el PCC. Las revelaciones a ese medio son siempre fruto de la entrega de un documento proveniente de un juez federal o de la ex Side y son recopiladas como tal sin mediar proceso de investigación propia. No derivan de una investigación original, por lo tanto es difícil valorar la calidad de la información en sí. Empero, desde el punto de vista analítico tendría sentido que Pérez Corradi hubiese mantenido vínculos con el PCC. ¿Si no con quien o qué?

El Triple Crimen entre del 7 de agosto 2008 que último los candidatos a proveedores de efedrina al mexicano Don Jesús Martínez Espinosa, un vulgar intermediario (también preso en Tacumbú desde 2008) ha sido y sigue siendo considerado dentro de ciertos estamentos como una matanza haciendo espejo a la matanza del Unicenter acaecida dos semanas antes, el 24 de julio de 2008, en la cual murieron dos colombianos. Dicho de otra forma, en esa acepción, Sebastián Forza, Leopoldo Bina y Damian Ferrón pagaron el precio de la sangre para satisfacer a los colombianos, los cuales son los verdaderos clientes de la facción bonaerense que ordena su asesinato. Facción que en ese momento venía ella también con “viento de cola”. De verificarse esa hipótesis no habrían sido supuestas deudas sino una retaliación mafiosa lo que condujo los tres aprendices narcos al zanjón del conurbano bonaerense.  De hecho, según pudimos saber, la decisión habría sido tomada por un abogado de narcos colombianos, menos conocido que los dos abogados de Pérez Corradi, que son Juan José Ribelli y Carlos Broitman.

En disidencia, el especialista paraguayo Vladimir Jara, estima que Pérez Corradi seguía su negocio con los mexicanos y no con los colombianos. Son suputaciones. El caso es que se sigue conociendo muy poco del mapa de contactos de Pérez Corradi durante su estadía en la Triple Frontera. Ningún operador del mundo narco puede establecerse sea en la Triple Frontera o más al norte en Pedro Juan Caballero sin pagar alguna forma de canon. Dato sobradamente demostrado por los últimos desarrollos del crimen organizado en la zona. ¿A quién le pagaba el canon Pérez Corradi por su tráfico de precursores químicos? Saberlo constituiría un indicador importante del funcionamiento de las mafias argentinas.

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  1. En este blog, el 13 de Febrero 2016: Berni trabó la captura de Pérez Corradi en abril 2015.


Categorías:Corrupción, Latin America, Terrorismo

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