Nuevo orden eurasiático

rusian-turquia-iranDe 2011 a 2016, lo que el conflicto sirio se llevó.

©Teresita Dussart Todos derechos de propriedad intelectual y reproducción reservados.

RUSIA. Cuando el conflicto en Siria se desató en 2011, la putinofobia ya estaba muy consolidada. Se ponía en duda la legitimad de las elecciones legislativas de 2012, se acusaba el Vladimir Putin (primer ministro del interludio Medvedev) de la muerte de la periodista Ana Politkovskaya, un caso aún sin resolución judicial a la fecha tras dos juicios. La detestación de Putin era un argumento socializante en la Rusia de 2011. El occidental que no odiase tajantemente Putin se veía impactado de infamia.  A fines de 2013, el entonces presidente de Ucrania Viktor Yanukovich amaga con preferir un acuerdo de cooperación con Rusia a un probable acuerdo con Europa. Empiezan las protestas de grupos ultra nacionalistas ucranianos y los cantos fascistas en Kiev que el mundo no quiere oír. Yanukovich es depuesto. En marzo de 2014, Rusia anexa Crimea. A partir de allí, CNN empieza a escenificar el conflicto para el mundo, con rusos invariablemente villanos y ucranianos invariablemente nobles. Se gesta el famoso “Fuck the EU” de Victoria Nuland, secretaria de Estado adjunta a las cuestiones europeas, exacerbada ante los reparos, por pocos que fueren, de Alemania principalmente, de levantar un muro de ostracismo a Rusia. La imposición del boicot del Consejo de la Unión Europea en marzo de 2014 solo le dio una traducción económica al clima general de Rusian bashing que venía de muy lejos.  La administración de Barack Obama reinventó la guerra fría.

TURQUIA. Por su parte, en 2011, a Recep Tayyip Erdogan aún le falta salir totalmente del placar antes de convertirse en el sátrapa asiático. El acceso del país euroasiático a la Unión Europea seguía su curso. Jean Claude Juncker, el presidente del Consejo, hacía las veces de impertérrito abogado del proceso de integración a pesar de los platos rotos que Erdogan iba generando.

En 2011, la ruptura entre el presidente turco y jefe del partido de Justicia y Desarrollo (AKP, por sus iniciales en turco), Fetullah Gülen, no se había consumado. Las primeras señales aparecerían en 2013, tras la represión de los eventos del Parque Gezi por parte de Erdogan. A partir de allí el presidente turco va a atribuir a su ex socio, líder del movimiento conocido como Hizmet (Servicio), toda una serie de operaciones de desestabilización hasta la presunta tentativa de golpe de estado de julio de 2016. En la prensa turca ya solo se puede referir al gulenismo bajo el acrónimo “FETO” por Fetullah Terrorist Organization.

El gulenismo es una suerte de fusión paradigmática entre un ultra nacionalismo turco y un rigorismo religioso no prosélito y no salafista. Gracias a su extrema infiltración de los aparatos del Estado, el Hizmet puede efectivamente tirar de muchos hilos y no sólo en Turquía, sino en todas las repúblicas de Asia Central, los Balcanes y el Cáucaso, respaldado en el revival turquesco. Gülen es por ende un enemigo objetivo de Rusia y eso crea una comunidad de destino nueva entre Erdogan y Putin.

En 2011, Turquía es la vía Appia de los candidatos al Yihad. Dispone de toda la logística para acercarlos al grupo receptor. La colaboración de Turquia con el yihad no fue solo por omisión. Ankara financió varios grupos terroristas, todos cercanos al Frente al Nusra (ANR por sus siglas en Ingles) tales como Ahrar al-Shar, Suquour al-Sham,  Harakat Nour al-Din al Zenki. Grupos contra los cuales luchó Rusia en apoyo al ejercito regular sirio. Al-Zenki, a pesar de las exacciones cometidas ya reportadas por Amnesty Internacional, fue entrenado por Estados Unidos en Turquía en 2014. El grupo activo en el noroeste de Alepo hasta 2014, se hizo conocer entre otros casos por decapitar y difundir la filmación de un niño palestino de 12 años.

El Ministerio de Defensa ruso, ahora aliado de Erdogan, acusó a al Zenki  de haber utilizado armas químicas el 2 de agosto de 2016 en un parque público de Alepo donde sólo había civiles. Todos los grupos sostenidos por Turquía sostienen intensas y complejas relaciones con el otro gran patrocinador, Arabia Saudí, y son todos salafistas. Ninguno de esos combatientes podría haber sido evacuado pacíficamente de Alepo, sin siquiera cometer un atentado suicida, si no fuese por garantías acordadas por Erdogan.

QATAR. El emirato del Golfo era aún un país gobernado por amigos de Nicolas Sarkozy en Francia. El microestado solo era conocido por su afán de shopping de edificios e instituciones emblemáticas por el mundo. Su mejor embajadora era la bellísima y moderna cheikka Moza, madre del príncipe reinante desde 2013, Tamim Ben Hamad Al Tani. Poco traspasaba del financiamiento a grupos terroristas. Las informaciones al respecto empezaron a fluir a partir de 2014.

IRAN no había aún firmado el acuerdo nuclear con Estados Unidos, y el “moderado” Hasan Rouhani no había sido aún electo, lo sería el 4 agosto de 2013. Ahmad Ahmadinejad seguía entreteniendo con sus payasescas procacidades antisemitas y sus relaciones espurias con los gobiernos estrepitosamente corruptos de América Latina. Durante el primer año de conflicto, el estado iraní se involucra económicamente para compensar las pérdidas debidas al embargo y con el envío de armas. A partir de la declaración del comandante de los Pasdaran, Masud Jazayeri, advirtiendo que no dejaría que sus enemigos destituyan a Bashar al Assad, la situación empieza a cambiar con una presencia creciente, entre otras, de la Brigada Al Quods. Pero como siempre en Irán, provocando tensiones internas, entre otras con el nuevo presidente Hasan Rouhani, sobre el nivel de involucramiento. En ese momento, la prioridad es lograr un acuerdo que acabe con las propias sanciones. Ese acuerdo sobre la cuestión del nuclear iraní es firmado el 14 de julio de 2015. Irán se encuentra en la paradójica situación de haber esperado 12 años un acuerdo de paz, firmado gracias a la enérgica disposición de Barack Obama, el cual por otra parte ha desencadenado el Armagedón sunní. Y Siria está en el medio.

En 2012 ya no queda duda que las primaveras árabes resultan aún más peligrosas que la intervención en Irak de Jorge Bush Jr.

ESTADOS UNIDOS. Barack Obama estaba en pleno apogeo de sus primaveras árabes, haciendo de aprendiz de brujo obsesionado por quedar en los libros de historia bajo el label “the change factor”. Los primeros reveses llegaron muy rápido. En Benghazi, Libia, al producirse el horrorífico asesinato del embajador Christopher Stevens, el 11 de septiembre de 2012. Atentado cometido por islamistas sunníes y no por elementos del kadafismo residual. El 15 de junio de 2012, la entonces secretaria de Estado americana, Hillary Clinton, es recibida bajo una lluvia de tomates y lanzamiento de zapatos en Egipto, por manifestantes que la acusan de respaldar a la Hermandad Musulmana. El  3 de junio de 2013, el presidente Mohamed Morsi, una figura prominente de esa organización, es derrocado por un golpe de Estado. En 2012 ya no queda duda que las primaveras árabes resultan aún más peligrosas que la intervención en Irak de Jorge Bush Jr. Por lo menos, las botas americanas en Irak hacían de remedio al caos instaurado. Sin tropas americanas en el suelo, Barack Obama financia lo peor de lo peor de la nebulosa salafista para derrocar al dictador Bashar al-Assad. Proyecto concebido en concertación con las tiranías asesinas del Golfo Pérsico.

De ese escenario nada quedo en pie. Una nueva troika eurásiatica fue moldeada del caos conformada por Rusia, Turquía, Irán. Cada uno de los componentes de esa troika se ha esmerado a su manera por demostrar que las libertades civiles no eran su fuerte. Una es una teocracia, Irán; la otra un revival otomano, el cual ha explícitamente apoyado los grupos más terroristas del reciente conflicto, hasta pincharse los dedos en su propio juego. Rusia es un país que hasta hace poco era mala palabra en Estados Unidos y ahora el nombre de su presidente, Vladimir Putin, atrae votos; si no que se lo pregunten a Donald Trump. De lo que no cabe duda alguna es que ese paradigma eurasiático es en esencia conjuntural, especialmente en lo que atañe al eje turco-ruso. Pero el tiempo que dure nunca logrará ser tan bizantino como lo fue la retorcida política extranjera de Barack Obama y sus peligrosas buenas intenciones.



Categorías:Estados Unidos, Medio Oriente, Terrorismo

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