CFK ante el TOF 2: Un testimonio circunscrito a la nada

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Cristina Fernández de Kirchner prestó declaración testimonial durante cuatro horas entre las 10.30 y las 14.40 ante el Tribunal Oral Federal (TOF) 2 en la causa conocida como Amia II, sesión interrumpida por un solo cuarto intermedio, fruto de un corte de electricidad. Vino acompañada de una importante comitiva política conformada por fieles entre los fieles, Oscar Parilli, último jefe de la AFI del gobierno kirchnerista; la diputada Diana Conti y Axel Kicillof. Se esperaba mucho de la ex presidente, a más de un título, entre otros motivos por haber sido la única testigo de oficio, hace 13 años, declarando en el juicio Amia y por ser su testimonio aquel permitió la liberación de toda la camada de policía bonaerense a pesar de la enormidad de las pruebas que pesaban en su contra. No obstante, el testimonio de Fernández en este nuevo juicio resultó ser circunscrito a su rol de miembro de la Cámara de Seguimiento de la Investigación Amia y Embajada de Israel, de 1996 a 2001.

El hecho de limitar su comparecencia a ese período inhibió todas aquellas preguntas que apuntaran a su desempeño o el de su marido en el período que va de 2003 a 2015 en cuanto al avance de la causa, ni siquiera sobre aquellas tesis que desde 2001 vienen desarrollando como la famosa “pista siria”. El Dr. Daniel Rubinovich, abogado del ex juez Galeano, inquirió sobre los avances efectuados en relación a la pista Kanoore Edul [entender la pista que apunta a la persona del ex presidente Carlos Menem y entorno familiar], a lo cual la ex mandataria no pudo responder, porque además de no haber hecho nada, fue interrumpida por el presidente, el Dr. Jorge Gorini, ya que esa pregunta se situaba fuera del cuadro de tiempo.

La presidente no hizo nada que no sea ratificar lo que había hecho en 2003, defender al ex comisario Juan José Ribelli, al cual calificó durante la audiencia como alguien “muy inteligente”, con ”fojas de servicio excelentes”, cosa que subrayó en dos ocasiones. También quiso dar su opinión, según la cual la introducción de la pista bonaerense fue para desfavorecer al entonces candidato a la presidencia, el peronista Eduardo Duhalde. Como el Tribunal le señaló que su opinión no es lo que era requerido en ese momento,  esperó otra pregunta para volver al ataque sobre ese punto. A pesar de la animosidad que luego tendría la pareja  Kirchner una vez llegados al poder con Duhalde, sacarle las papas del fuego al ex gobernador de la Provincia de Buenos Aires para pasárselas a Menem fue clave para sus propios intereses.

Es importante  poner el supuesto buen desempeño de Ribelli en contraposición con varias causas en la justicia provincial por extorsión, robos, enriquecimiento ilícito. Ribelli fue la cara visible de la “maldita policía”, también conocida como la policía más corrupta, más violenta del mundo. Cae de peso propio que no se le hizo ninguna pregunta a Fernández sobre los vínculos societarios con Ribelli o intermediarios durante su presidencia, los cuales impactarían de nulidad cualquier testimonio sobre los protagonistas del atentado. [1]

Durante su testimonio calificó el desempeño de Galeano como políticamente motivado. Un aspecto del cual se daría cuenta sólo a partir de 2001, a pesar de haber estado en el mejor lugar para evaluarlo durante años sin percatarse de ello. En ninguno de los dos informes que firma en 1997 y 1998 hace mención de ese sesgo ni tampoco en el caso de los fiscales, Eamon Mullen o José Barbaccia. Al contrario.

Que Fernández mienta no sorprende, porque no puede en el fondo no mentir sin autoinculparse por encubrimiento lindando la complicidad con la mafia bonaerense. Lo que sorprende es la dimensión procesal dentro de la cual se despliega su testimonio. En todo momento da la impresión de un trámite a despachar a la brevedad. La ex presidente se contradijo o mintió por acción u omisión sobre aspectos que conllevan constancia documental presente en el expediente, sin que se le repregunte en ningún momento.

Por ejemplo, alegó  que jamás, ni la AMIA ni la DAIA, realizaron planteo alguno sobre el desempeño de la investigación, cuando existe un documento nombrado “La Denuncia”, firmado por Rubén Beraja, ex presidente de la DAIA; Luis Dobniewski, abogado de la Amia; Raúl Zaffaroni; Ricardo Gil Lavedra y León Arslanián,  entre otros, quienes apuntan una lista de 20 aspectos disfuncionales. Fernández declaró bajo juramento no acordarse de esos 20 puntos, a la vez que en la misma frase detalló el contenido de las irregularidades evocadas, las cuales tenían todas que ver con las fuerzas de seguridad obrantes.

Al contrario de la usanza en el sistema democrático de la mayoría de los países donde se practica el juicio oral y público, no parece existir el “cross examination” para juicios de esa envergadura. Aparentemente, el Código Penal Nacional (CPN) no lo admitiría. Solo sería posible ante la Justicia Federal de Provincia de Buenos Aires. Por ende,  se le hace una pregunta al testigo y contesta lo que quiere sin ser expuesto a sus contradicciones. Eso conlleva a que el testigo pueda mentir descaradamente bajo juramento y que se pase a la pregunta siguiente sin ser objeto de mayor inquisición.

En otro momento de la audiencia, Cristina Fernández alude al ex secretario de la Side, Carlos Soria. Evoca un episodio posterior a la entrada en acción del autor del hundimiento de la causa, el ex agente de inteligencia de la Policía Federal Claudio Adrián Lifschitz: “¿Gringo [por Soria] te parece que Galeano podría tener un careo con este tipo [Lifschitz]?. Ni cinco minutos, contesta Gringo“. En realidad ocurrió un extenso careo entre Galeano y Lifschitz en el juzgado de Ariel Lijo.

La ex presidente tiene una memoria muy selectiva. No recuerda si la Side de Stiusso tenía relaciones con la policía bonaerense; no recuerda quién es el comisario Mario Naldi (el que instala en Contraespionaje los dos personajes que fueron a buscar la Trafic en casa de Telleldín); no recuerda en 2016 si se discutió el pago a Ribelli de 2,5 millones de dólares, como no lo recordaba en 2003, a pesar de haber firmado el informe donde se deja constancia, (página 120, del punto E.3.2) del pasaje por la comisión de la escribana Juana María Vaquer Garmendia la cual registró la escritura. Y así tantos más hechos fundamentales con valor de prueba. Con la metodología de tales juicios no es sorpresivo que no se llegue nunca a la manifestación de la verdad.

Probablemente lo más sincero por parte de Fernández fuese su indisimulable antisemitismo, ya expresado en varios ámbitos. Como cuando declara que ella sólo se desvela por los familiares (aquellos que hacen parte de su militancia) porque de la “Amia sólo se perdió un edificio de ladrillos”.

 

[1] En este blog: Amia IV. De la Amia a Sueños Compartidos pasando por el Triple Crimen.



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