Lo que podría ser la política extranjera de Donald Trump

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©Teresita Dussart Todos derechos de reproducción reservados. Sujetos a autorización previa.

 

Sin entrar en el «negocio de la adivinación», parafraseando a James Woolsey, ex director de la CIA: ¿Qué sabemos de lo que será la política extranjera de Donald Trump? ¿Ruptura radical, cambio de paradigma o, tras algunas cavilaciones, ahora que “va en serio”, mantenimiento de la misma línea que sus predecesores por falta de experiencia y miedo a lanzarse en algo nuevo?

Los mismos analistas y periodistas del establishment, cuando no presidente en ejercicio que insultaron y redujeron a personalidad estrafalaria e impredecible Donald Trump, hoy lo describen como un pragmático que no hará nada que no hiciere su predecesor en política extranjera, “superando las transicionales diferencias políticas”, como lo dijera el propio Barack Obama. Es cierto que Trump a través de su programa America First centra las preocupaciones de su gestión en los asuntos internos. Las críticas a la intervención americana en Irak, durante la segunda guerra del Golfo en su efecto dominó, parecen apoyar la teoría de su preferencia a la no intervención. Sin embargo es poco probable que el protagonismo de Trump, mismo en la modalidad de repliegue sobre los asuntos domésticos, alcance el aislacionismo y la pusilanimidad de Barack Obama. El presidente n° 44 quedará en la historia como el Comandante en Jefe de la mayor potencia del mundo, el cual aleccionando el mundo a través de sus embajadores, especialmente Samanta Power en Naciones Unidas, miró desde la tribuna sin involucrarse ni en las barbaries en Siria, ni las exacciones del chavismo, ni los horrores en Malí con desplazamiento de centenares de miles de personas como consecuencia de los grupos islamo terroristas. Fue ecuánime en su indiferencia. No se inmutó por nadie.

Rusia y Medio Oriente

Las relaciones entre Rusia y Estados Unidos van a mejorar con Trump. No hay nada de especulativo en esa aserción. La comunicación del lunes entre Vladimir Putín y el presidente electo de Estados Unidos deja a las claras la sintonía. Paradójicamente es la mejoría de esas relaciones que propulsaría la recuperación del liderazgo de Estados Unidos abandonado por Barack Obama. Es ese vacío cavado por una mezcla de cobardía y sectarismo del políticamente correcto, que creo las condiciones para la Confederación Rusa de actuar como la fuerza de interposición diplomática (crisis de las armas químicas en Siria, ver nota en este blog “Rusia le beau rôle”, 10 de Septiembre 2013) y de intervención militar en el terreno.

El posicionamiento ruso, netamente a favor del mantenimiento de Bashar al Assad en el poder o de uno de sus allegados no molestaría a Trump. En su estilo campechano lo dijo en una ocasión: “si los rusos los hacen mejor que nosotros no tengo problema con eso. No tenemos por qué ocuparnos de todo”. En el mismo orden de idea es muy probable que Trump también mejore sus relaciones con la parte del mundo árabe menos dictatorial, dentro de lo dictatorial, y más alejado de la influencia del wahabismo. Es decir Egipto y su junta militar liderada por Abdel Fattah el Sisi. Lo contrario de lo que hizo Obama y de lo que vienen haciendo, desde la revolución iraní, todas las administraciones americanas, la de Obama de modo más enfático, por lo menos durante el primer mandato con Hillary Clinton como Secretaria de Estado.

Trump es el primer presidente post-postmoderno del milenio. Toda su retórica da a pensar que observa los acontecimientos del mundo, no como obras de arte contemporáneas que ganan siendo comentadas, sino como fenómenos que se valen en sí.

El acervo político trumpiano es una suerte de pragmatismo comprometido. Por algo en las postrimerías de su campaña la bautizó como “Movimiento”, con todo lo que ese vocablo puede abarcar como implicaciones. A menos que el poder lo vacíe de su substancia y le haga perder de su lozanía, Trump es el primer presidente post-postmoderno del milenio. Toda su retórica da a pensar que observa los acontecimientos del mundo, no como obras de arte contemporáneas que ganan siendo comentadas, sino como fenómenos que se valen en sí. De confirmarse esa idiosincrasia, sería realmente revolucionario simplemente el no incurrir en los razonamientos bipolares de Barack Obama, de Hillary Clinton, de la mayoría de los demócratas (en eso de acuerdo con los republicanos), consistiendo en, por un lado criticar a Sisi por su autoritarismo y por otra parte hacer buenas migas con las petromonarquías degolladoras.

Su constante y cabe decir legítima acusación contra la Fundación Clinton durante la campaña, aludiendo a los centenares de millones recibidos por su entonces contrincante, Hillary, provenientes de Arabia Saudí y Qatar, demuestran el conocimiento y el caso importante que hace de esos Estados en cuanto al fomento del terrorismo en el mundo.

América Latina

Extendiendo la proyección en base a lo que se sabe al día de hoy de Donald Trump, se puede arriesgar a pensar que las relaciones entre el magnate y el mundo latino serán excelentes. A pesar de arrebatos algo desconcertantes sobre los mexicanos durante su campaña, retratándolos como violadores seriales, la visita efectuada a Los Pinos, y aunque fuese muy criticado por ello Enrique Peña Nieto, fue fecunda. Se trató de un encuentro que exigió coraje político por parte de los dos hombres y sellará el futuro de las relaciones. Se puede arriesgar afirmar que no habrá abrogación del acuerdo de libre comercio, NAFTA por su sigla en inglés. Estados Unidos insistirá en la afirmación del respeto de sus leyes migratorias, es decir su soberanía, como incumbe a todos los estados del mundo de hacerlo. Probablemente reforzará la frontera con una valla, o muro, pero lo más probable es que el armazón tenga fuerza de símbolo. Los controles migratorios serán más importantes. En cuanto al resto de América Latina, la condescendencia hacia las repúblicas como Venezuela tal vez encontraría en Trump su techo después de 17 años de complacencia cobarde. El recalentamiento de las relaciones entre Rusia y Estados Unidos podría jugar en contra de la democratización de la región, empero es poco probable.

Mucho depende ahora de saber si Obama anulará, antes de su fin de mandato,  el decreto impuesto en marzo 2015 que designa al Estado fallido de Nicolás Maduro como “una amenaza inusual y extraordinaria para la Seguridad de Estados Unidos” a la vez que congela los bienes de nueve funcionarios venezolanos implicados en la violenta represión chavista de 2014. Esa fue la única medida algo efectiva contra el régimen castro chavista en ocho años.

América Latina necesita de un líder que abandone el relato de una culpa “colonialista” o “imperial” imprescriptible, por lo cual no se le podría reprochar a los estados canallas lo que sí se le puede imputar a África. El subcontinente latino representa el lugar más peligroso para la especia humana. Es la región donde más se cometen homicidios del planeta acorde a todos los rankings de seguridad del mundo. Es el continente de las mafias y pandillas más crueles. Han muerto más civiles en Brasil en estos últimos cuatro años que en Siria, sin por lo tanto que sea necesaria una guerra. América Latina necesita que alguien le intime a su clase política, sin tapujos, cuánta vileza, cuánto despotismo, cuánta arbitrariedad, corrupción, recela en sus territorios. Algo de particularmente escandaloso para naciones que tanto se vanaglorian de su nacionalismo sanctuarizado. Es una perogrullada decir que se viola, degüella y mata al por mayor en ciertos estados de México o en Nicaragua en proporciones similares a lo que practica Isis y alguien se tiene que hacer cargo de denunciarlo.

América Latina necesita que alguien le intime a su clase política, sin tapujos, cuánta vileza, cuánto despotismo, cuánta arbitrariedad, corrupción, recela en sus territorios.

Desde ese punto de vista, atacar al narcotráfico, manteniendo o aumentado el esfuerzo financiero en Colombia y otras repúblicas será un reto importante para el próximo presidente de Estados Unidos. Si decide o no interesarse en otras repúblicas más periféricas al interés inmediato de Estados Unidos es otra historia. Lo que Trump hará para América Latina, lo hará también para su electorado latino en Estados Unidos.

Europa

La política con la Unión Europea dependerá mucho del resultado de las elecciones por venir, entre otros países, en Francia, la cual podría, es muy factible, pasar a el timón al centro derecha en manos de los “Républicains”. Los gobiernos europeos de centro izquierda tienden a ser más atlantistas que los gobiernos de derecha. Las declaraciones de Trump sobre el poco respeto que le amerita la OTAN generaron un temblor de tierra en Europa, una vez que el republicano fue electo.

En el marco de una cena de los 28 cancilleres del viejo continente, convocada para analizar lo que representa la elección de Trump para Europa por la Alta representante para Asuntos Exteriores y Seguridad Pública de la Unión, Federica Morgherini, esta remozó una vieja idea: la creación de una fuerza de defensa europea. Una idea complicada. La OTAN se ve financiada a la altura del 73% por Estados Unidos. Los otros estados tardan en pagar su contribución, la cual la mayoría de las veces no alcanza el 2% del PIB tal como fue acordado entre los estados miembros. Es difícil imaginar los parlamentos nacionales consentir al financiamiento de otro “coso” multinacional. Los estados miembros no logran ponerse de acuerdo entre ellos para realizar una misión de patrulla en el mar Mediterráneo, es cuanto más difícil imaginar una fuerza de intervención conjunta. Finalmente, la idea de remplazar la OTAN no tiene sentido en la medida que no se remplaza algo que no sirve para nada.

La idea de remplazar la OTAN no tiene sentido en la medida que no se remplaza algo que no sirve para nada.

En las últimas horas, el proyecto parecía haber perdido su aliciente. Los cancilleres británico, francés y húngaro no se dignaron a acudir a la cumbre del domingo, considerando la dramatización y premura de Morgherini, sin conocerse siquiera la identidad del Secretario de Estado como una insensatez.

En materia de defensa, los europeos están a la espera. Lo más probable es que cerrarán filas con Donald Trump si éste reconcilia el mundo a través de una plataforma de sentido común y les da un pretexto para enterrar aunque sea provisoriamente la rusofobia imperante en su parte más occidental, para atender las urgencias como el conflicto en Irak/Siria y lo que conlleva de reto de seguridad para la Unión.  Será cuanto más fácil recomponer una unidad transatlántica que la crisis de refugiados creó un antes y un después dentro de la Unión. Ya varios de los nuevos estados más frágiles como Bulgaria y Moldavia miran hacia Rusia.

Sobre el famoso proteccionismo de Trump, sus relaciones con Europa y China, habrá que verlo en la acción. Lo que es seguro, es que al anatema parece por el momento substituir un halo entre esperanzador o por lo menos una actitud de wait and see.

Sobre el mismo tema en este blog:

https://relacionesinternacionales.co/2013/09/10/es-rusia-el-nuevo-occidente/

 

 

 



Categorías:Estados Unidos, Latin America, Terrorismo

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