La campaña hipersexual de Hillary

© Teresita Dussart Todos derechos de reproducción reservados.

Hace veinte años, cuando irrumpió en la tapa de los diarios el affaire entre Bill Clinton y Monica Lewinsky,  a algunos les cayó como un episodio jocoso que rompía con el pseudo puritanismo americano. En Europa hasta se armaron bulliciosas ligas en defensa del entonces presidente de los Estados Unidos. El problema es que el affaire no era tanto una aventura sentimental extraconyugal entre dos adultos con consentimiento. Era la típica escenografía de acoso sexual, de una persona abusando de su posición jerárquica. Y cuán jerárquica que no sólo era el hombre fuerte de su oficina sino que esta era el Despacho oval. Ese sí que era un hombre de poder. La víctima por su parte, una pasante de 22 años. Una becaria, es decir una persona que a cambio de su trabajo recibe una enseñanza para el resto de su vida profesional. Para Lewinsky, no habría vida profesional después de esa pasantía. El estigma del affaire, contando en sus más mínimos detalles en cosmovisión, enterró toda posibilidad de desarrollo profesional ulterior. William Jefferson Clinton (WHC) conoció mejor suerte. Tras dejar la presidencia se dedicó a dar conferencias millonarias sobre derechos humanos y la paz en el mundo.

Lewinsky no fue el único caso de abuso por parte de Bill Clinton. Son por lo menos siete los registros de violencias sexuales lindantes con la violación y en uno de ellos, el de Samantha Broadrick, ésta es segura. No se trata de denuncias surgidas durante una campaña electoral sino de víctimas que intentaron mantener un perfil bajo. No buscaron ningún redito de ningún tipo. Eso sí, dejaron constancia inmediata de los hechos ante testigos y en una oportunidad bajo juramento.

Por eso, y porque Hillary Clinton (HRC) nunca tomó posición a favor de las mujeres agraviadas por su marido, al contrario, hizo todo lo que estuvo en su poder para difamar las víctimas, uno hubiese creído que durante la campaña iba a intentar mantenerse a distancia razonable de cualquier incursión en el tema escabroso del comportamiento sexual.

Fue todo lo contrario. Hillary es al feminismo lo que Cristina Fernández de Kirchner fue a la defensa de los derechos humanos de los 70. Son vocaciones tardías, cuando ya el peligro paso hace varias décadas. El paralelo es cuanto más irresistible porque, en el fondo, son dos esposas de. Lograr una carrera meteórica por ser esposa de, no es, se diga lo que diga, la matriz por excelencia del feminismo.  Lo valiente hubiese sido por parte de Hillary, como mujer y como madre de una hija, casi de la misma edad que Mónica Lewinsky, preocupase por el futuro de la becaria, como mínimo. Y, por lo misma ocasión tomar distancia del depredador sexual. Pero ese depredador era el eslabón necesario a la realización de su ambición, ser ella presidente.

La escalada en la dimensión sexual de la campaña empezó cuando Hillary evocó los insultos que Trump habría proferido en contra de una ex Miss Belleza venezolana, Alicia Machado. No cabe duda que los comentarios de Trump en cuanto a las mujeres han sido a menudo insufribles. Han tenido que padecerlo mujeres tan respetables como Carly Fiorina, una de las contrincantes en la primaria republicana y ex presidente de Hewlett Packard. Siguió con la filtración en el diario The Washington Post de una grabación entre Trump y el presentador de la cadena NBC, Bill Bush, desde entonces despedido. Se trata de un intercambio en todo irrepetible con tecnicidades francamente obscenas. Pero son palabras. ¿Quién, hombre o mujer, puede jurar no haber tenido en un momento de decaimiento intelectual alguna conversación embarazosa con un allegado? La grabación tuvo una repercusión inmensa dentro del propio estamento republicano encabezado por el senador Paul Ryan, provocando casi un cisma dentro del GOP que llego hasta a condicionar las declaraciones del candidato a vicepresidente de Donald Trump, el gobernador de Indiana, Mike Pence, el día de su propio debate con el candidato a vice demócrata, Tim Kaine.

Habiendo alcanzado a destartalar la ya valetudinaria unidad republicana, fueron entonces a buscar casos de abuso que sean coherentes con lo dicho en la grabación, es decir besos en la boca y manoceos en los genitales.  En una semana sumaron 17 las denuncias sobre “besos” y “manoceos” no deseados cometidos por Trump. Una señora declaró haber sido molestada al final de los años 80 por el magnate inmobiliario en un avión. “Sus brazos eran como un pulpo”, dijo. Pero entre el momento de tal ataque y la campaña de 2016, nunca hubo ninguna denuncia.

Otro episodio de acoso tendría por víctima una partidaria declarada de Hillary Clinton. Ella también habría sido víctima de un comportamiento inapropiado. Otro caso es el de una ex participante de un programa, The Apprendice, del cual Trump fue productor. Summer Zervos fue expulsada durante la Temporada 5 de la producción. Pero habría mantenido un vínculo con Trump esperando conseguir un trabajo, según sus declaraciones. En el relato que hace Zervos, Trump  ya la habría besado anteriormente. En una ocasión, el magnate la habría invitado a cenar pero no al restaurante, sino en un bungaló. Allí habría querido tener sexo con ella. En esa ocasión, la habría también besado y tocado,  pero no habrían tenido sexo, según Zervos.  O sea, habría ido hasta allí respondiendo a una invitación, pero cuando ella dijo no a la propuesta sexual, se aplicó el axioma: toma un no, por un no, como corresponde. Sea lo que sea, Trump por su parte negó que haya existido tal encuentro.

Michelle Obama dio un brillante discurso el jueves 14, sobre aquellos hombres de poder que abusan de las mujeres. La Primera Dama había sido utilizada en un cuadro análogo, durante la campaña que opuso su marido, Barack Obama, a Hillary Clinton para la nómina del Partido Demócrata en 2008. En esa ocasión declaró con la misma pugna: “Si no puedes hacerte cargo de tu casa, no puedes hacerte cargo de la Casa Blanca”, en alusión al comportamiento de Bill Clinton. Un comentario muy sexista por cierto.

Cualquier editor de contenidos sabe que nada tapa mejor, nada vende mejor que el escándalo sexual, especialmente el coctel sexo-política. La sucesión de “casos” de ataques sexuales surgidos desde el segundo debate, colide en dos resultados. Uno impacta en las intenciones de votos, especialmente el voto femenino en desfavor de Donald Trump. El segundo consiste en tapar los hechos gravísimos que surgen de los 9.000 mails difundidos por Wikileads. Se trata de filtraciones de los correos electrónicos del jefe de campaña de HRC, John Podesta, un lobista de larga trayectoria con los Clinton.  Los mails ponen en evidencia la corrupción de la Fundación Clinton cuando HRC era secretaria de Estado. Si no fuese por la sucesión de revelaciones sobre el supuesto comportamiento de Trump, son centenares de tapas de diarios que se ofrecen a la vista. Pero justamente, esas filtraciones revelan el grado de relaciones orgánicas de los medios mainstream, actuando como equipo de campaña de HRC, especialmente CNN, The New York Times, CNBC. John Harwood, presentador de esa cadena fue quién animo el primer debate generando muchas críticas entre los republicanos. Comentó el programa económico de Trump burlándose pero nunca repreguntó nada a HRC. Ni siquiera sobre el escándalo de los mails. Cuando se terminó el debate fue felicitado por Podesta en uno de los mails  filtrados por Wikileaks. Harwood le contesta a Podesta: “Si me siento muy bien. “Luego provee apreciaciones a proposito de un colega del cual, cree saber, el equipo de campaña de Clinton debería desconfiar. Otra es Donna Brazile de CNN. Rompió con todas las reglas éticas más elementares al transmitir por adelanto las preguntas a Clinton ante de un debate con Bernie Sanders.  “De en cuando en cuando recibo las preguntas en adelanto” reza el título del mail que manda a John Podesta. El nivel de colusión es tal que probablemente cree un antes y un después en Estados Unidos para el periodismo político.

Algunos mails aluden a aspectos preocupantes para la seguridad de Estados Unidos, y por ende del mundo, en relación a pagos a favor de la Fundación Clinton provenientes de países que financian el terrorismo, como Qatar. Se entiende mejor el desvío sistemático de la responsabilidad de la tragedia siria hacia Rusia, como culpable de todos los males del mundo, y nunca hacia los grupos sunníes financiado por Turquía o Qatar. Otros correos tienen que ver con aspectos reveladores del verdadero carácter de Hillary Clinton. La preocupación de sus consejeros se hace más candente a un cierto punto en 2015, cuando comentan la frialdad y el desconocimiento de la vida de las familias americanas de la ex secretaria de Estado.  Está también presente la preocupación acerca del “material sensible sobre WJC”, evidenciando que el riesgo de destape de un comportamiento de depredador es conocido. Se puede medir la magnitud del trabajo desplegado desde la redacción de esos correos, puesto que por estas horas la infamia ha sido incontestablemente trasladada al campo de Donald Trump. No por nada, en un mail, Podesta agradece a Donna Brazile. Tremendo trabajo de propaganda.

 



Categorías:Argentina, Uncategorized

Etiquetas:, , , , , , , , , , , ,

Responder

Por favor, inicia sesión con uno de estos métodos para publicar tu comentario:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: