Clinton muy entrenada para el debate, tal vez excesivamente

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Hillary Clinton dominó el primer debate para la presidencia de Estados Unidos, en la Universidad de Hofstra, Nueva York. La esposa de Bill Clinton dedicó las últimas 48 horas de su agenda a preparase, afilando sus argumentos en la declinación habitual: Donald Trump no tiene el temperamento para ser presidente, atacando sobre la cuestión de los impuestos del millonario del sector inmobiliario y sobre la relación de este con Rusia.

La performance de Donald Trump se apoyó sobre argumentos difíciles de desarrollar bajo la administración del mejor bailarín de historia de presidencia americana, Barack Obama. En el rubro seguridad, Donald Trump insistió sobre el hecho de que entrar en Irak fue un error, pero la decisión de retirar las tropas sin dejar detrás un contingente de 10.000 soldados creó las condiciones para el surgimiento de Isis. Aludió, pero no lo articuló suficientemente, que Estados Unidos no tiene por qué actuar de ejercito proxy de Arabia Saudí. Podría haber recordado que gracias a la ex Secretaria de estado, la hermandad musulmana llego a gobernar Egipto, antes de ser derrocada por un golpe de estado pero no lo hizo.  Increíblemente no trajo a colación la tragedia de Benghazi en 2012 y la responsabilidad de Clinton. En cuanto a la economía, Trump insistió en la pérdida de empleos como consecuencia de las empresas que se fueron de Estados Unidos debido al clima hostil de estos últimos ocho años, prometió abocarse  a recuperar esas empresas o por lo menos impedir que se vayan.

Hillary por su parte se había preparado al debate como una nadadora de Alemania del Este decidida a utilizar los esteroides que sean

Hillary por su parte se había preparado al debate como una nadadora de Alemania del Este decidida a utilizar los esteroides que sean. El populismo light de los demócratas nueva generación desde Barack Obama se nutre de la idea que el presidente es afroamericano, por ende ellos son los buenos. Por eso Hillary movió sus principales piezas en el terreno de la cuestión racial. Donald Trump, con razón, recordó que los demócratas controlan el voto afro desde hacen 100 años pero sólo se acuerdan de ellos cada cuatro años durante las elecciones. No le asqueó traer a colación el fenómeno de los gangs, que son efectivamente en su mayoría compuestos de afro americanos (aunque no lo dijo explícitamente), recordó que las primeras víctimas son los mismos. Perdió la oportunidad de enfatizar que entre los policías que luchan contra esos gangs hay negros también. Lo que si hizo fue mencionar que durante la presidencia de Barack Obama se registró el mayor grado de homicidios en los barrios sensibles.

Sobre la cuestión femenina, una materia sobre la cual Trump tiene mucho por reprocharse en cuanto deslices de lenguaje su defensa fue de muy baja intensidad. En cuanto al voto latino, el escollo más previsible, Trump perdió la ocasión de recordar que bajo la administración de Barack Obama, los venezolanos, argentinos, bolivianos, ecuatorianos sufrieron los peores recortes en sus libertades civiles en sus respectivos países, en materia de calidad de vida, bajo la mirada indiferente de la primera potencia de la región y del mundo que jamás expresó una amonestación hacia las semidictaduras del milenio. Los latinos americanos recordaran Barack Obama como el presidente pusilánime y Hillary Clinton simplemente inexistente. La realidad es que a pesar de las declaraciones de Trump sobre México, el voto latino no es antiTrump y sobre ese punto también estuvo flojo el republicano.

Trump tuvo algunas frases innecesarias por no decir realmente problemáticas, como decir que no pagar sus impuestos hace de él alguien inteligente. No le faltaban argumentos en cuanto a la fortuna de los Clinton, no incurrió en ningún ataque en ese rubro. Pero sobre todo pareció querer evitar actuar de él mismo. No quiso atacar por debajo de la cintura, ni contestar a las provocaciones de Hillary. Podría haber elaborado más insistentemente sobre la cuestión de los mails, constitutiva de una increíble amenaza a la seguridad por parte de Hillary Clinton, especialmente cuando la candidata demócrata le reprocho sus relaciones con Rusia sobre la cuestión de seguridad cibernética. Tal vez esa es su verdadera victoria, demostrar que sabe moderar el perfil. La próxima vez, tendrá que demostrar que ganar una elección pasa también por prepararse para un debate.



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