Expansión de un islam radical en América Latina

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©Teresita Dussart Todos derechos de reproducción protegidos.

A fines de agosto, París fue escenario de un momento instructivo sobre el avance paulatino del radicalismo islamista 2.0 en América Latina. Idriss Sihamedi, el presidente de una asociación de beneficencia musulmana, Baraka City, con sede en Francia, no pudo embarcar en un vuelo Air Europa con destino a México.  Era el segundo día consecutivo en que se lo rechazaban como consecuencia de una alerta emitida sobre su pasaporte. Ninguna institución, ministerio u organismo de seguridad se hizo cargo formalmente de la medida. Según el presidente de la ONG de financiación del proselitismo islamista, la decisión fue tomada por Estados Unidos, aunque no especificó autoridad alguna. El caso es que existiría una prohibición de sobrevuelo del territorio para Sihamedi, fichado por los servicios de seguridad franceses como sujeto S, por “Sureté”. Desde los atentados de noviembre de 2013, el intercambio de inteligencia en materia de prevención contra el terrorismo entre Estados Unidos y Francia se ha intensificado.

Inmediatamente, el líder radical convocó a sus numerosos seguidores en las redes sociales. En uno de esos mensajes, Sihamedi alega que el objeto de su viaje a “América del Sur” (por México) consiste en aportar donaciones humanitarias a “los Chiapas, una minoría musulmana olvidada” como se podía leer en su Facebook. Tan olvidada está que se la tuvo que inventar.  Es que a pesar de las lagunas en geografía y etnología de Sihamedi, un puro producto de la triunfal ignorancia en la cual crecieron los candidatos al yihad, queda el aguijón: ¿qué iba a hacer Sihamedi en el Estado de Chiapas, lugar que no era su último destino en la región, aparentemente?

No existe ninguna comunidad musulmana de origen entre los mayas. Ni siquiera como descendiente de algún morisco llegado hace 600 años a la Nueva España. Lo que hay son conversos, aparecidos hace 20 años. Constituyen la cola de cometa de lo que dejo detrás de si el Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN). Corresponsal free lance para el diario Le Figaro durante los eventos de 1994, la que escribe se acuerda de la fauna de turistas “alter” que recorrió, desde San Cristóbal de las Casas hasta la jungla Lacandona, el sendero hacia Marcos, el inventor del movimiento antimundialización y del uso de las proto-redes sociales.

Del variopinto rejunte de fans del hombre del pasamontañas, se distinguían vascos simpatizantes de la Eta,  trotskistas, o simplemente jóvenes adultos aburridos. Entre tanta prodigalidad humana, un español hizo historia en México, nuevamente, iniciando una más que sorpresiva colonización religiosa, el islam.  Aureliano Pérez Yruela llevó a Chiapas el Movimiento Mundial Morabitun (sufí). Logró en un terreno abonado por una azorada propensión a la religiosidad, entre tzotziles, lacandones y mayas, convertir al islam un cantidad discutida de  personas, en un cerco muy endogámico.

Eso fue hace más de 22 años. Desde entonces perdió el monopolio del islam chiapaneco. Los conversos al islam de San Cristóbal de las Casas están hoy fraccionados en varias comunidades que desde entonces proliferaron, las cuales como es común en el islam, no se hablan y alegan de los otros que no son musulmanes.

Sin embargo, el caso Chiapas demuestra que el sufismo sólo fue un eslabón.  En Tuxtla Gutiérrez, San Cristóbal de las Casas, Morelia, Juárez, por todas partes donde va creciendo la comunidad musulmana, lo hace de la mano de imanes del sunní radical. En México, el movimiento de origen saudí, el salafismo, es el que más prospera a pesar de lo extraordinariamente distanciado que pueda parecer con las costumbres latinas. Hasta el sunismo  rigorista clásico, que algunos prefieren evocar como” moderado” está amenazado por una oferta siempre más radical.

Hasta donde pudimos saber, por investigaciones propias y por consultas a fuentes, Isis no plantó bandera en México. La prueba de su presencia en suelo mexicano no está sustentada por ningún informe serio.

El caso de Omar Weston es emblemático desde ese punto de vista. Weston, un ex surfista de unos cincuenta años es hijo de ingleses crecido en México. Adolescente con muchos problemas de comportamiento, ostentaba el perfil perfecto del candidato a la conversión. Aunque en su caso, su conversión fue fruto de estudios rigorosos. Durante dos años estudió en Medina la Suna y el Corán. Habla árabe y fue un pionero en México del proselitismo islámico, hace un cuarto de siglo. En su complejo hotelero de ecoturismo de Morelos, recibe gente venida de países tan aficionados a los derechos humanos y la ecología como Nigeria, Indonesia, Malasia, Siria y Egipto. A pesar de su tasa de conversión a un islam, presentado como un culto más en México, hoy Weston padece del ostracismo por parte de los salafistas a quienes allanó el camino.

Mucho se ha dicho de una presencia del Isil/Isis en México y singularmente en la localidad de Anapra, uno de los lugares más pobres del país, en el estado de Chihuahua. El portal “Judicial Watch” evocó en una publicación, luego retirada, la presencia de un mercenario de Al Quaeda, también presentado como miembro de Isis, Sheik Mahmood Omar Khabir, en esa zona. Otras fuentes de prensa refieren a contactos con los carteles y hasta alegan de un tipo de asociación con Ismael “El Mayo” Zambada (Sinaloa). Es obvio que el yihadismo se financia, cuando no por sus patrocinadores, a través de ilícitos de amplitud transnacional. En este blog, desde el primer artículo se denuncia el efecto dominó del narcotráfico de cocaína y precursores a través de África del Oeste, como financiamiento del terrorismo. Pero hasta donde pudimos saber, por investigaciones propias y por consultas a fuentes, Isis no plantó bandera en México. La prueba de su presencia en suelo mexicano no está sustentada por ningún informe serio. Lo que sí existe es un estado de alerta por parte de los aparatos de seguridad, entre otros el CISEN.

Es muy temprano en la fase de expansión del islam rigorista para que el yihadismo pueda establecerse en América Latina y beneficiarse de la contención de una comunidad adquirida a su causa. El radicalismo, para plantar bandera, necesita que lleguen muchos predicadores, individuos del estilo de Sihamedi que le brinden su marketing indirecto. Y con ellos conversos. La conversión al islam es aún más importante que la inmigración musulmana como tal. Según los países, México, Colombia, Brasil, Argentina puede llegar en un plazo de 15 a 40 años, pero el radicalismo de conquista llegará si no se cambia el rumbo, como llegó a Europa. Puede incluso llegar más rápido por la componente política local. Porque el islam siempre predica en comunidades vulnerables, receptivas al clientelismo, con un rasgo de aversión a Occidente o a Estados Unidos ya instalado. Y eso son rasgos muy compartidos en algunos territorios de la región, donde precisamente más conversiones se registran, como Chiapas.

El radicalismo, para plantar bandera, necesita que lleguen muchos predicadores y conversos que le brinden su marketing indirecto

Según la organización islamica para América Latina, los musulmanes en el continente superarían los 6 millones. De los cuales 1.500.000 en Brasil y 700.000 en Argentina. La cuestión no es la cantidad. Es la radicalidad. En las calles de Buenos Aires se empiezan a ver cada vez más individuos ostentando la vestimenta salafista. Algo totalmente inaudito hace tan solo cuatro años y no porque no hubiesen musulmanes sino porque no eran los mismos. Cuando los Mamelucos se expandieron en Asia Central en 1453 (casi concomitantemente al descubrimiento de América), la mayoría de la población era cristiana. Medio siglo después, 90% por ciento era musulmana, no tanto por la inmigración, sino por el proceso de conversión o reconversión.

La Da’wa, [ndrl: invitación en árabe, se dice del proceso de conversión] siempre se dio de dos maneras. Una es militar. Por la espada y la imposición de la fe. Otra consiste en interpolarse dentro de una comunidad, crear las apariencias de un cierto nivel de asimilación, esperar haber alcanzado un volumen demográfico crítico, que tenga peso político y sociológico, entonces, olvidando la condición adventicia inicial, pasar a la colonización religiosa. Esta acepción de la da’wa no es del gusto del ala más radical, que la considera portadora de un sesgo sincrético, por lo tanto hereje.

Existe una tercera vía más rápida que es el dinero, y no es incompatible de las otras. Para eso está Arabia Saudí y sus petrodólares. En 2013, en Bogotá, Colombia, se construyó la mezquita Estambul, justo en frente de la Escuela Militar de Cadetes José María Córdoba. Curiosamente, las nuevas construcciones de mezquitas a menudo buscan la proximidad de establecimientos militares. Lo mismo se intentó al lado de la famosa Academia Real de Sandhurst en el Surrey, pero la oposición fue tal al proyecto promovido por una oscura ONG “The Berkshire, Hampshire & Surrey Bengali Welfare Association (BWA)” que fue abandonado. En Argentina la mayor mezquita de América Latina, la mezquita Rey Fahd está en el mismo barrio que el Regimiento de Patricios. Puede ser una casualidad. Tal vez la frecuentación de hombres en uniforme y la perspectiva de pasearse con ellos bajo el Minarete dándose la manito constituya un aliciente. El islam rigorista esconde las mujeres, prohíbe la homosexualidad, pero los hombres se tocan y mucho.

Allí es cuando empezaría la chingada, como diría une experta en seguridad, amiga de este blog.  ¿Qué pasaría el día que el sindicalismo violento de tipo CNTE pasara a ser dirigido por yihadistas? El día que los sicarios de los carteles del Norte compartan su know how en materia de decapitación, reducción a la esclavitud, trata y violaciones masivas con los neowahabitas de retorno de los conflictos de Siria, Irak u otro terreno de exacciones. ¿Qué pasaría el día en que una narco guerrilla ya no se disfrace de marxismo sino de salafismo? ¿Qué pasaría el día en que el antisionismo como reflejo condicionado del folclore de protesta estudiantil chileno, promoción tras promoción, pase a ser liderado por un converso o un retornee? ¿Que pasaría el día en que el peronismo se afiance al radicalismo musulmán como, por demás, lo fue muchas veces y en un caso a través del Modín en los años 90, condujo a un atentado, el de la AMIA en 1994? Sería política  ficción si no fuese cierto que América Latina es el nuevo terreno de expansión del islamismo radical. Sihamedi, en su página Facebook, cita un afgano, hablando de los “infieles”: “ellos tienen el reloj, nosotros el tiempo”.



Categorías:Islam, Uncategorized

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1 respuesta

  1. Lamento pensar que A.Latina y argetina en particular seran los destinos donde mejor prenda ideologia terrorista islamica

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