Umbanda, la secta del crimen.

imagesLa secta umbanda ha conocido una expansión muy importante a lo largo de la década pasada. Además de expandirse en territoritos sensibles de la República Argentina ha mutado hacia formas apologéticas del delito y del crimen organizado

© Teresita Dussart Todos derechos de reproducción reservados

La antología criminal argentina es atravesada por denominadores comunes como cualquier otra sociedad criminal. Desde el crimen crapuloso de derecho común, hasta los hechos imputables al crimen organizado típico, se observan tres denominadores comunes: El referente político peronista o peronizado, un substrato de cultura mafiosa diaspórica y la secta umbanda.

La secta no es nueva, existe desde principios del siglo XX, pero sus raíces son anteriores a la proclamación de la república argentina y vestigio de sus prácticas se puede deducir de alguna milonga rosista que retumba en la noche porteña para quien sepa de tango, sin que nadie se preocupe por su significado. Durante la última década  la secta de origen afroamericano ha extendido su proselitismo a través de múltiples pasarelas: la valorización de la subcultura tumbera[1], la glorificación del hampa, del punterismo y el enaltecimiento de la delincuencia. Varias canciones del grupo “Los Pibes Chorros” se refieren al umbandismo, explícita o implícitamente, y no es de extrañar. La apología del crimen, tanto aquella que alude a la cultura villera y las bandas que la habitan o el crimen organizado que blanquea dinero desarollando barrios cerrados ven en la imposición del terror un factor de éxito que nada podría equiparar como garantía de respeto y de tranquilidad para sus menesteres.

El umbandismo está en expansión”, deplora el comisario mayor de la PBA, Mario Fernando Quinteros, un especialista, a menudo requerido en los tribunales por su conocimiento de la secta, al ser solicitado por este medio. Pero observa que ya no se trata de la santería de antaño, o de las creencias rurales en el “yuyo” que cura, sino de una secta que ha mutado. “El delincuente se bendice a través de San la Muerte”. “Hay toda una simbología nueva“, señala el experto. Antes de un “trabajo” el delincuente recurre a rituales, como “enterrar un gallo en una maceta (el gallo simboliza el policía) o un arma”.

El vínculo umbanda es tan recurrente y tan importante que, abordando una causa de narcotráfico, de tráfico de armas, o de cualquier ilícito, la cuestión de la pertenencia a la secta se presenta casi inmediatamente como herramienta de relacionamiento en un mapa de contacto.

La secta actúa como el San la Muerte mexicano pero con un discurso aún más abiertamente apologético del crimen. La ritualización y estetización del dolo y de la codicia se expresa en las encantaciones de la liturgia tanto como en las expresiones artísticas que lo difunden. Su radio de influencia son las provincias de Buenos Aires, Corrientes, Entre Ríos, Paraná, Misiones, Santa Fe, principalmente.

No me ata ningún miedo ni limitación de la sociedad en la que vivo

La secta animista difunde una idea esencial a la perpetración del crimen, que es que el sujeto tiene que liberarse de las ataduras del pasado que le inhiben y dar rienda suelta a sus ambiciones. Esas ataduras son la ley, la moral, los prejuicios. Una de las encantaciones, “Yo me merezco todo lo bueno”, del “Pae Lautaro de Yemanjá”, reza elocuentemente: “Yo me merezco todo lo bueno, no algo, un poquito, sino todo lo bueno. Ahora disuelvo cualquier pensamiento negativo o restrictivo. Me libero y disuelvo todas las limitaciones del pasado. No me ata ningún miedo ni limitación de la sociedad en la que vivo. Ya no me identifico con ningún tipo de limitación. En mi mente tengo libertad absoluta”. La referencia al acceso a los bienes materiales es permanente. Un nombre que se le podría dar a la secta sería la del restaurante de Puerto Madero “Que nunca nos falte”, frecuentado por varios umbandistas, los cuales lograron su cometido a más de un título.

Pero esa referencia obsesiva a la riqueza obtenida, como sea, no es el único “valor” de la secta. Otra característica es la falta de empatía total frente al dolor del otro. Aunque lo más importante es la organización del terror.

Para instalarse en un entorno ya muy descompuesto moral e intelectualmente, el crimen organizado necesita crear un impacto decisivo en las mentes que supere el nivel de respeto propio de la percepción de la cosa “mágica”. El terror instaurado por el umbandismo es el de los actos de barbarie que comete, al igual de las mafias contemporáneas en África del Oeste, que mutaron del bandolerismo a pasar a ser grupos con bandera religiosa djihadista. Instaurar el terror devenga en el buen desempeño de sus actividades criminales, y ello en una escala más grande. La secta umbanda reina sobre muchos territorios de la república a través del miedo que inspira.

Sacrificios humanos

Los hechos perpetrados van hasta sacrificios humanos. Algunos casos lograron sentencia dictada, como el caso del martirio del niño Ramoncito González. Aunque huelga lamentar, la mayoría se mantiene fuera del alcance del brazo de la Justicia, siendo los perpetradores protegidos por la omerta intersectaria y por el hecho que los crímenes se producen en zonas ajenas al estado de derecho. Cuando no zonas donde las fuerzas públicas están ellas mismas contaminadas.

No hay ni estudios de la secta por administración alguna, ni tesis que se haya volcado sobre el fenómeno, ya sea en criminología, etnopsiquiatría, teología, antropología o lo que sea. Sí hay monografías, pero es en Uruguay o Brasil, es decir con variantes locales alejadas de los tropismos argentinos. Para investigar, hay que remitirse al trabajo de los fiscales con experiencia de terreno, como la fiscal Marcela Falabella, de Mercedes (provincia de Buenos Aires),  y aquellos policías como Quinteros. Pero ese esfuerzo de poner en perspectiva, en números, el hecho umbandista es por motus proprio, por curiosidad, por estar esos funcionarios recurrentemente expuestos a casos relacionados a la secta, no hay una política por parte de los poderes públicos de entender lo que está pasando.

La hipersexualidad infantil es un denominador común en esa secta. Hay que referirse al espeluznante caso de Ramoncito Gonzalez, 12 años, violado, empalado, golpeado, decapitado, escalpado en el marco de un sacrifico humano satanista el 7 de julio de 2006, en la ciudad de Mercedes (provincia de Corrientes). El niño había sido abusado repetidas veces antes de su suplicio. El antropólogo Micelli[2] declaró en sede judicial: “frecuentemente [los niños] son usados para producir pornografía infantil ya que esta tiene en el mundo delictual mucho más valor que la pornografía de adultos. Este último dato es importante porque dentro de este grupo pudo advertirse que la cuestión sexual aparecía permanente. A los chicos se les obliga a hacer ‘cosas malas’. Tenían relaciones sexuales unos con otros permanentemente, incluso incestuosas y llevaban a los chicos con personas que pedían por ellos para realizar actividades sexuales ilícitas”. El asesinato de Ramoncito fue considerado un acto del cual cada una de las etapas de la sofisticada dramaturgia de ejecución “buscó producir extremado sufrimiento a la víctima”. Se supo que alguien pago por el sacrificio humano. Doce personas fueron sentenciadas pero fueron muchos más las que asistieron.

Otro caso de sacrificio humano fue el de la maestra jardinera ocurrido en Santiago del Estero en junio de 2012. Fabiana Raimundo fue desmembrada, decapitada, con detalles muy similares a la ordalía de Raimundito: drogadicción, vejaciones sexuales, golpes, podría haber sido ella también escalpada tras la muerte, aunque hubo una duda por parte de los investigadores, a saber si el estado de la piel post mortem fue el trabajo del hombre o de los animales. Partes blandas del cuerpo habrían sido enterradas aparte, como parte del ritual macabro como lo fue con el jovencito. La víctima venía siendo objeto de maltrato reiterado por la secta durante cuatro años.

En todas las causas de torturas relacionadas a esas sectas satánicas, para lograr el condicionamiento conductual derivando en la aceptación de la extrema violencia, todos pero especialmente los niños son iniciados a la parafernalia sectaria, y asisten a templos, en su mayoría situados en los domicilios del pae o mae (padre o madre en portugués), la mayoría de ellos clandestinos, donde normalizan procesos conocidos como “transfiguración” (transe), “incorporación” (alusión a la dimensión animista de “espíritus”, también referidos como entidades de muertos que se incorporan a los vivos), son bautizados con sangre de animal sacrificado (macumba), se familiarizan con las figuras de la santería más clásica como los Orishas de origen yoruba, pero que a diferencia de la santería cubana, en Argentina no incorporan referencias heredadas de la islamización de aquellos países, Nigeria, Benín,  de dónde provenía la etnia a quien se debe la santería. Los niños son adoctrinados a infligir tormentos a animales como cortar las patitas de los pájaros, tal como surge del expediente de Ramoncito González. Se mezclan rituales del registro satanista como la referencia al “soldado a caballo matando un dragón”, o elementos sincréticos como el Gauchito Gil y otros del culto a San La Muerte. El cóctel entre esos elementos explosivos es distinto según el pae o la mae.

El 14 de abril 2016, en Mercedes (Provincia de Buenos Aires) en la Cámara del Crimen volvió a retumbar parte de la terrible letanía de abusos sexuales a menores, suplicios físicos, malos tratos psicológicos, prostitución infantil. Allí ante el Tribunal en lo Criminal Nº2, una fratría vino a enumerar las atrocidades vividas en el día a día por parte de la madre Carmen Rago, del padre Luis Enrique Sangrano, de los primeros tres hijos y los seis hijos de la segunda pareja de la madre, Horacio Osmar Enrique, todos viviendo bajo el mismo techo. A una de las menores de tres años, la imposición ritual de sangre de animal y miel (ambos elementos rituales) en el cráneo, atrajo insectos y tuvo por efecto que una garrapata se le introdujera en el oído destruyéndole el tímpano. Otras niñas de la misma fratría revelaron, una vez remitidas a la custodia de un hogar, tener gusanos intradérmicos en la espalda.

Actos de barbarie una figura que no existe en el derecho penal argentino

Humillaciones tales como tener que comer la comida en el piso, golpes, suplicios, hambre,  estigmas físicos, drogadicción, lavado de cerebro, incesto repetido a diario resume la infancia de esos niños, cuya puesta en peligro remite a la indigencia y al umbandismo por partes iguales e indisociables. La mayor de las niñas, C., evoca ante el tribunal presidido por la Dra. María Graciela Larroque, que los adultos vivían “siempre incorporados”. Es decir habitados por un espíritu. En el caso de H.O.E refieren a “Omulu”, siendo éste el Ángel de la Muerte. Omulu sería en el panteón de la secta el “espíritu” más fuerte que sólo puede incorporarse en elegidos. Ese “espíritu da mucho miedo”, agrega la mayor. Comportamientos abominables como éstos, que exceden de lejos la violencia intrafamiliar, en otros países se verían caratulados como actos de barbarie. Una figura que no existe en el derecho penal argentino, como no existe figura  abocada a sancionar específicamente la violencia hacia menores.

Desde el balcón dedicado a la prensa del TOF2 en Buenos Aires se podían ver a lo largo de las sesiones en 2015, los brazaletes rojos distintivos

El umbandismo no sólo atañe a los barrios pobres. Desde el balcón dedicado a la prensa del TOF2 en Buenos Aires se podían ver a lo largo de las sesiones en 2015, los brazaletes rojos distintivos de la secta en la muñeca de varios de los policías que fueron parte de las brigadas o patotas de la “maldita policía” en los 90, antes de caer por su participación en la comisión del atentado a la Amia el 18 de julio 1994.  El umbandismo pega muy fuerte en las fuerzas de seguridad corruptas y en ciertos estamentos políticos y sindicales.

El esquema “Armas” de la investigación Amia hasta 2004, compuesto de ex carapintadas y de lo que era su vidriera política, los miembros del ex Modin, fueron desenmascarados por una testigo: Mónica Cañete. Esa mujer hacía de Mae en un Templo de Paso del Rey. El mismo donde en 2013 fue aprehendido un pae por abuso sexual de seis menores de edad.

La secta como logia del crimen

Brigadas de policía, carapintadas implicados en varias actividades delictivas, desde la piratería del asfalto al secuestro, al asesinato, el asalto, la trata de personas, tenían en devoción a San la Muerte. Pero el vínculo entre crimen organizado y umbanda no se termina en los 90. Al contrario, va creciendo. Los hermanos Christian y Martín Lanatta concurrían a un templo de Florencio Varela. En esa misma localidad fue desarticulada una banda liderada por un pae umbanda que también era policía. En la casa de los padres de los hermanos Lanatta, en Berzategui, se alojaba Norberto Gabriel Alé, pariente de Juan Carlos Eslaiman Alé, concurrente del templo de Paso del Rey. Este último se hizo conocer por la profanación del cementerio judío de Berazategui, una actividad que además de antisemita se relaciona a las prácticas cúlticas del satanismo. En 2014 se allanó un templo umbanda de Florencio Varela que luego se denominaría “templo del terror”, donde encontraron 15 calaveras y 22 piezas óseas. A priori provenían de la profanación de cementerios. En relación al prontuario de los fieles, no se puede descartar tampoco que pueda ser una forma de hacer desaparecer gente molesta.

Florencio Varela, General Rodríguez, Merlo, son lugares del conurbano bonaerense donde más trenzados se observan los vínculos entre crimen organizado, algunas de las causas más escandalosas del kirchnerismo y umbandismo.

——-

Nota del editor: El 5 de Mayo de 2016, Luis Enrique Sangrano fue condenado por la Cámara del Crimen Nº2 de Mercedes a 27 años de cárcel. Carmen Rago y Horacio Osmar Enrique fueron ambos condenados a 30 años. 

 

Próxima entrega: La idílica relación entre el kirchnerismo y el umbandismo.

[1]
[1] Todo lo que refiere al mundo carcelario en el slang argentino.

[2]
[2] Página 96 del dictamen “ALEGRE DANIEL ALBERTO P/ HOMICIDIO TRIPLEMENTE CALIFICADO POR HABERSE COMETIDO CON ENSAÑAMIENTO, ALEVOSÍA Y CON EL CONCURSO PREMEDITADO DE DOS O MÁS PERSONAS; EN CONCURSO REAL CON EL DELITO DE ABUSO SEXUAL CON ACCESO CARNAL; AMBOS EN CONCURSO IDEAL CON EL DELITO DE PRIVACIÓN ILEGÍTIMA DE LA LIBERTAD PERSONAL CALIFICADA – MERCEDES



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2 respuestas

  1. Buen día. Con todo respeto al sano disenso, y en lo personal como quien ha investigado -sin pertenecer- a este territorio de creencia, permítame señalarle dos graves errores: uno, si se quiere, casi subjetivo: endilgar el mote de “secta” lo que indica todo un prejuzgamiento. Erróneo, dado que “secta”, por provenir de “secqüis” (“seguir”, en el sentido de “seguir a un líder) y “sectare” (“separarse”, de otro grupo religioso) no implica otro significado. A fin de cuentas, el Cristianismo fue una secta, que seguía a su líder y se separó del judaísmo. Pero, en segundo lugar, hay una grave imprecisiòn: mezclar el culto a “San La Muerte”, de raíz indígena, con la Umbanda o Quibanda, toda vez que esta última no implica lo primero (hay una representaciòn gráfica de un “exú” que se le asemeja, pero le corresponde tanto como le correspondería Oxalá a Jesús o Iemanjá a la Virgen Stella Maris…). Y agrego algo más: discriminar una creencia cualquiera por el comportamiento de algunos de sus seguidores (aunque esos “algunos” sean muchos) está en la raíz de muchos genocidios y crímenes de lesa humanidad.
    Por cierto, es evidente la simpleza intelectual de algunos de sus referentes. ¿Eso nos autoriza a erigirnos en fiscales de la consciencia ajena?
    Saludos.

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  2. Con todo respeto Sr. Fernadez no coincido con sus apreciaciones sobre lo escrito por la Sra. Teresita, por propio estudio y conocimiento de las religiones de umbanda y quibanda se que todos sus miembros participan de manera activa o pasiva en la crueldad de sus riruales en los que se utilizan animales o humanos, y en especial niños. Y es hacia esta modalidad a la que apunta la critica del editorial. No somos fiscales de la conciencia ajena, pero no podemos ignorar las atrocidades a la que son expuestas personas que no pueden defenderse y no decir nada por no estigmatizar o discriminar. Los crímenes y genocidios se dieron también por la falta de interés o ignorancia del conjunto de la sociedad. Cordiales saludos

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