Impeachment de Dilma puede ser una trampa

©untitledTodos derechos de reproducción reservados

@teresitadussart

 

Con el voto positivo a favor del proceso de destitución de Dilma Rousseff, ayer, Brasil ha abierto una caja de Pandora que puede resultar en una aceleración del saneamiento de la economía a través de una alternancia de poder en manos del vicepresidente Michel Tremen, aunque pesa la mayor incógnita sobre la composición de lo que sería su equipo económico.  O, puede producir el efecto contrario, con el regreso en bumerán del populismo. La fuerza de tracción de ese movimiento es la victimización. Exactamente aquello sobre lo cual se articula toda la comunicación de Inacio Lula da Silva en vista de las elecciones presidenciales de 2018. Lo mismo se puede decir de Dilma, cuyo objetivo es atornillarse a su sillón del Planalto hasta el final de su mandato. Suerte que depende ahora del dictamen del Senado.

La victimización es un procedimiento siempre redituable. Abucheada durante su campaña en agosto de 2014 en el estadio Corinthians de San Pablo, instrumentalizó ese hecho, dramatizando la expresión de desaprobación popular relativamente banal, especialmente hacía un gobierno padeciendo de corrupción septicémica, para clamar al complot. En ese momento apuntó a “la clase media blanca” (a la cual pertenece) para así recuperar intenciones de votos que la candidata Marina Silva (PSB) estaba cosechando dentro del electorado petista.

Dilma Roussef es percibida con razón como una mandataria hostil al mercado. Durante su mandato, el B de Brics fue perjudicial a la percepción de los mercados emergentes, mismo si huelga decir que a Brasil nadie le dice no a largo plazo. Su política es la de un estado omnipresente, pero un estado que desde marzo de 2015 se ha comprometido a una cura de adelgazamiento tan drástica como la que Dilma se aplicó a sí misma transformando su silueta. No obstante, ese ajuste no viene acompañado de las debidas reformas generadoras de una dinámica de crecimiento. Es austeridad a secas. A pesar de la necesitad del país de proceder a una profunda modernización en aspectos tan claves como el de una reforma fiscal, como alcanzar la autonomía del Banco Central, disponer de cambio flotante, reducir el peso dantesco de la administración -a título de ejemplo se necesitan 160 días para crear una empresa en Brasil-, de poder decomisar un bien sin pasar por el tribunal de inquisición aduanero, modernizar los cuerpos agregados como Petrobras a imagen de lo que México hizo con Pemex; la do-to-list es muy larga. Y, naturalmente, se necesita cauterizar la hemorragia inflacionaria.

Precisamente, ese último punto es algo del cual Dilma puede alardear un primer logro,  aunque aún muy lejos de la meta de 4,5%. En marzo de este año se logró pasar de 10,4% a 9,4%. O sea, simbólicamente Brasil ya está al amparo del techo fatal de inflación de dos dígitos. Muchos dicen que lo más inteligente sería dejar a Dilma hacer el trabajo sucio hasta 2018, dejar que se genere el desgaste del PT en relación a la corrupción y sus malos resultados económicos, y permitir a la oposición llegar en una casa, si no en orden, por lo menos apuntando al retorno al crecimiento, y de ese modo poder implementar las reformas necesarias.

El PT ha terminado su ciclo de viento de cola y de usufructuar los dividendos de las reformas pensadas por Fernando Henrique Cardoso. La erosión de popularidad de Dilma, pasada de 77% a 44% y ahora 10% obedece al fin de una fama usurpada. De Dilma sin Lula sólo se puede especular quién sería. No se sabe si su incapacidad de implantar reformas es el fruto de una genuina convicción política, encarnación del eterno retorno del genero tapioquesco, o si sigue cautiva de su padrinazgo en la persona de Lula. Su seguidismo en política internacional del kirchnerismo mientras este gobernaba, a lo largo de sus dos mandatos (sanción a Paraguay por la destitución de Fernando Lugo, entrada de Venezuela al Mercosur…) aboga por la primera hipótesis. El mal trato de Lula hacía ella durante la campaña electoral de 2014, expresiones de desprecio y de alejamiento, las cuales fueron varias veces objeto de titulares, apunta a la segunda hipótesis. El peor escenario para la oposición, sin lugar a dudas consistía en recrear una comunidad de destino entre los dos. Todo apunta que cayó en la trampa.

Si la campaña mani pulite suscita la admiración por ser inhabitual en América Latina que los jueces instruyan causas de políticos en ejercicio, aunque en Brasil exista el precedente de Fernando Collor de Mello, el juicio de destitución puede potencialmente convertirse en algo políticamente contraproducente en la medida que objetivamente no se le ha podido probar nada a Rousseff en cuanto a enriquecimiento ilícito. Por otra parte, no se puede obviar que todos los partidos fueron eclécticamente beneficiados por la causa Lavajato y que son muchas las otras causas de corrupción de las cuales no se habla. El propio presidente del Senado que ahora tendrá la tarea  de aprobar o rechazar el impeachment, Renan Calheiro, está envuelto en uno de ellos. Quedan dos años antes de las próximas elecciones y bien habría venido dejar a Dilma limpiar el caos generado por el PT al poder desde 2002, a lo largo de cuatro mandatos. Algo para lo cual ha demostrado buenas disposiciones.

Sobre el mismo tema en este blog:

https://relacionesinternacionales.co/2015/07/09/viii-cumbre-grupo-paises-brics-en-su-peor-momento/

https://relacionesinternacionales.co/2014/10/05/elecciones-brasil/

https://relacionesinternacionales.co/2015/05/28/cumbre-de-dos-paises-asimetricos-brasil-y-mexico/

 

http://iris-cis.com/

 



Categorías:Latin America, Uncategorized

Etiquetas:, , , , , , ,

1 respuesta

  1. Un par de reflexiones con respecto a la victimización. Al “impeachment” se llega por una falta grave a la ley de presupuesto (las conocidas pedaladas fiscais) Por supuesto, ellos lo dan vuelta y lo disfrazan de “golpe” y para sus seguidores no es un caso de corrupción, aunque haya sido una maniobra escandalosa desde el punto de vista fiscal. Ahora en los casos de corrupción en PETROBRAS, si bien no esta directamente vinculada (todavía), en el momento de los negociados DILMA tenía un alto cargo en el área de energía. Resulta sugestivo que hicieran todo a sus espaldas, y ella no se enterara de nada.

    Lo que es curioso como ese mismo discurso, lo podemos encontrar en Argentina y en Venezuela, buscar la culpa en los otros para no hacerse cargo de los problemas. Lo peor es que una parte de la población todavía les cree.

    Para ser justos, salvo honrosas excepciones como MARINA SILVA, de la clase política brasileña son pocos los que están libres de tirar la primera piedra. Veremos en que termina todo esto
    Muy interesante el blog.

    Saludos

    Me gusta

Responder

Por favor, inicia sesión con uno de estos métodos para publicar tu comentario:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: