CRIMEN ORGANIZADO Y/O TERRORISMO

©Teresita Dussart Todos derechos reservados

El destino del crimen es de terminar incurriendo en el terrorismo. A través del terror crea las condiciones de realización de sus ilícitos, pero también logra una legitimidad política o religiosa escudándose en una ideología; logra un nivel de consenso de una fracción de la opinión pública; traslada su salida de escenario desde los tribunales donde se debate el crimen del derecho común a la mesa de negociación política. El antagonismo entre crimen organizado y terrorismo es una entelequia. Uno es el paso previo del otro.

A pesar de algunas revisiones surgidas desde asépticos recintos multilaterales, el enfoque general tanto a nivel académico, periodístico, hasta operativo en gran medida, sigue siendo el de abordar mafias y grupos terroristas como realidades criminológicas ajenas una a la otra. En el mejor de los casos, el análisis tiende a enfocar intereses puntuales, so forma de mecenazgo con matices de “derecho de piso”, “impuestos” propios del crimen organizado hacia el terrorismo, cuando no de apoyo militar del segundo hacia el primero.

La percepción surgida del terreno en 2016 es que haciendo abstracción de la “motivación” ideológica o religiosa proclamada por las bandas terroristas, la operatividad es en todo similar a la de una mafia. La diferencia es cuantitativa. Se traduce por la escala de violencia, mayor en el caso del terrorismo, al estar sustentada por un relato épico y por abarcar entre sus víctimas bienes y personas ajenos a la sociedad criminal. Y si el móvil “comercial” es presentado como secundario, con grado de necesidad en el caso de la organización terrorista, en la observación de su hoja de ruta resulta prosaicamente parecido al de un fin en sí.

Si es crimen que no se note

Las preguntas que cabe formular serían de esta índole: ¿El contrabando de cigarrillos y luego el trasiego de drogas en África del Oeste de manos de grupos yihadistas es financiamiento de terrorismo o mafias, que buscan abroquelar sus actividades criminales detrás de un pretexto religioso para legitimar la violencia necesaria a la realización de sus objetivos?

El enarbolamiento de una “causa” política o religiosa da lugar a otra ventaja a largo plazo que es un abordaje por parte del Estado de búsqueda de una resolución de fin de conflicto, y otras respuestas políticas, apuntando al “pragmatismo”.  El escenario del crimen se ve elevado a la condición de “conflicto armado”, y la amnistía es entonces el último paso previo a la consagración en Partido político  (ejemplo acuerdo de paz entre Colombia y FARC). Cabe decir, amnistía de crímenes de derecho común, los cuales en condiciones normales serían contemplados como producto del crimen organizado y castigados acorde al código penal.

La mafia vernácula, etnocentrada, puede ella misma cometer actos de terrorismo sin necesariamente tener que referirse a una ideología de odio. La antología criminal Latinoamericana es tristemente rica en casos de mafio-terrorismo. El 18 de julio de 1994, Argentina fue el teatro de un atentado terrorista que dejo 85 muertos. Varias brigadas de la Policía Bonaerense actuando como bandas criminales, implicadas en un complejo y denso abanico de delitos como la denominada piratería del asfalto, trata de personas, contrabando y adulteración de fármacos, secuestros extorsivos y robo de automotores, estaban implicadas como autores materiales del atentado aunque luego fueron sobreseídas en base a exitosas operaciones de hundimiento e intoxicación de la causa judicial.

El esfuerzo de deslegitimización de la investigación y del equipo investigativo fue concluyente para los partícipes del atentado en 2004. Algo parecido a lo ocurrido en Italia, tras los atentados mafiosos que concomitantemente ensangrentaron ese país en los 90. En Colombia, el crimen organizado ha utilizado el Caballo de Troya de la guerrilla para consolidarse y en algunos casos lograr aceptación social y política. El mismo fenómeno se observa en México.

Expansión del crimen organizado requiere consenso social

Los carteles de América Latina viven en sus comunidades y, con el paso del tiempo, la necesidad de obtener el consenso popular se hace sentir para su sobrevivencia, con lo cual los carteles también van buscando escudarse en un discurso ideológico (síndrome de Robin Hood, de repartición de las riquezas).

Los “narcos corridos” dan cuenta de una corriente estetizante del crimen más odioso y más violento. El escudo también puede ser corporativo (acoplamiento a un sindicato influyente, o alguna rama disidente de ese sindicato) o místico (caso del código de los Caballeros Templarios de La Tuta, recurrencia a referencias bíblicas) etc. Hasta toma matices de ajusticiamiento de los “excesos” de otros carteles, como lo fue por ejemplo el grupo “Matazetas” del cartel Jalisco Nueva Generación.

La mutación de cartel a organización terrorista puede darse en todo momento, es simplemente una decisión estratégica. O dicho de otra manera, un salto en calidad en la instauración del terror. Una decisión que el crimen organizado toma a menudo, cuando pierde la protección política con el pasaje de un gobierno muy corrupto a un gobierno mucho menos corrupto. Por ejemplo, el pasaje de la presidencia de Carlos Salinas de Gortari a Ernesto Zedillo.

La eventualidad de esa mutación no deja de ser preocupante para un estado como la República Argentina, cuyo sedimento peronista ha nutrido hasta en insospechados repliegues una potentísima mafia, vieja de décadas, que acaba de perder su santa patrona en la persona de la presidente Cristina Fernández. Varios episodios de decomiso de material militar durante el mes de enero no son algo para tomar a la ligera.

Hecho el pretexto religioso, hecho el crimen

En África del Oeste, las mafias de contrabando de fármacos y cigarrillos dieron un salto en calidad con la llegada masiva de cocaína en tránsito hacia Europa. El reto comercial, al hacerse más lucrativo, reforzó la verticalidad del poder, la necesidad de un elemento de cohesión de grupo como la religión. Para la conquista militar de las zonas de trasiego, una jerarquía carismática se hizo necesaria de modo de cumplir con exigencias operativas cada vez más arriesgadas.

El efecto dominó del narcotráfico de manos del crimen organizado latinoamericano tiene una injerencia directa, aunque no excluyente, en el surgimiento de grupo terroristas sunníes en lugares donde nunca los hubo, y sus terribles consecuencias humanitarias, cuando no la desestabilización de gobiernos ya vulnerables. No deja de sorprender que en lugares de súbita radicalización, como Mauritania, se observan “infieles” con fuerte acento latinoamericano que no corren ningún riesgo de ser secuestrados.

El historial de las relaciones entre crimen organizado y terrorismo también se nutre de la suma de pequeñas hipocresías de quienes tienen por misión combatir esos flagelos.

Sobre el mismo tema en este blog:

https://relacionesinternacionales.co/2016/01/06/mafia-argentina-ante-la-perdida-de-su-proteccion-politica/

 

 



Categorías:Corrupción, Latin America, Uncategorized

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