La mafia argentina ante la perdida de su protección política

fuga

El hecho mafioso argentino, ignorado por la criminología contemporánea.

Esa mafia teme por la pérdida de sus referentes políticos.

La triple fuga tiene meses de preparación y la entrevista de Martín Lanatta en PPT es parte de esa preparación.

Sembrando pistas falsas desde el principio.

Misterioso viaje de Stinfale a Paraguay.

©Teresita Dussart Todos derechos reservados

Una de las características de la antología criminal argentina es su tasa de resolución judiciaria que es de 0.0. Del atentado Amia a la muerte del fiscal Alberto Nisman, o la desaparición del Robinson 44 y su piloto, de varios “cuevistas” (blanqueadores de dinero sucio) tragados por la tierra o abatidos, esos episodios y muchos de menor resonancia no prosperaron en la Justicia. En todos ellos, a pesar de la enormidad de elementos en el expediente, que en otro país tendrían rango de pruebas, la investigación terminó en un embrollo de retorcidos escenarios, cuando no fue simplemente archivada tras un cabo razonable de impericia de las diligencias operativas. La triple fuga de los hermanos Christian y Martín Lanatta y Víctor Schillaci, tres de los autores del hecho conocido como Triple Crimen del 7 de agosto de 2008, es otro episodio abracadabrante.

Una diferencia a descargo es que ocurre con un gobierno, el de Mauricio Macri, que lleva menos de un mes en el poder. Administración que hereda de una mafia que vivió enquistada en la cumbre del Estado, como lo escribimos en una publicación anterior, habiendo alcanzado su apogeo durante los doce últimos años. Además de la triple fuga, motines en las cárceles de la Provincia de Buenos Aires auguran días difíciles  en relación a la amenaza que podría representar para esa mafia la pérdida de sus referentes políticos.

Denegación del hecho criminal argentino

En realidad el problema lleva décadas. Es tan viejo como la inmigración italiana en Argentina y tan fuerte como la cultura política que lo hizo posible a través de su red de punteros (comisarios políticos) y sindicalistas: todos agentes de protección o escarmiento: el peronismo.  No obstante su antigüedad, prevalece la denegación del hecho criminal argentino. Tanto por parte de la comunidad de inteligencia nacional e internacional como del mundo científico. Se conoce el funcionamiento de las triadas chinas, de la mafia rusa, de las bandas criminales del sur de Francia, de las mafias africanas, de la mafia, la n’drangeta, la Camorra, se observa cada vez con más interés  la relación entre crimen organizado y terrorismo, pero nunca el crimen argentino se ha contemplado dentro de su tejido socio cultural. Ni tampoco se ha medido su impacto internacional. Síntoma de esa indiferencia, el centro de estudios Insight Crime, en su informe anual, “Organize Crime in the Americas: what to expect in 2016”, simplemente pasa por alto Argentina.

El crimen organizado argentino es una réplica superadora de la mafia italiana, habiendo logrado mejor la colonización de las fuerzas de seguridad y del poder político. A diferencia de Italia, donde existen jueces antimafia, leyes antimafia y una sensibilización de todos los sectores de la opinión pública a sus rasgos criminológicos, en Argentina la mafia se ha fundido en el paisaje con un nivel más alto de tolerancia al delito siempre y cuando no sea el recurrente hostigamiento al ciudadano en el rubro de criminalidad urbana.

La mafia de la efedrina, el triple crimen, la participación de brigadas de la policía bonaerense en el atentado de la Amia, las relaciones con el hampa paraguayo, el contrabando de pertrecho militar, las sociedades de “seguridad” que practican secuestros, las mesas de dinero, la relación osmótica con el hooliganismo, el amparo ofrecido a narcos internacionales, la fabricación de drogas sintéticas, los actos de sicariato, el desvió de fondos públicos, la financiación ilícita de políticos, los grupos de choque que custodian narcos y proveen escarmiento militante, todos esos hechos son contemplados como desvinculados los unos de los otros, a pesar de la recurrencia de los apellidos protagonistas y del evidente mapa de contacto que los vincula.

Ninguna de las grandes causas de los últimos veinte años fue de resolución complicada si hubiese sido contemplada dentro de su cuadro criminológico, y de lo que fue su epicentro, que se mantuvo como referente territorial fuerte durante casi tres décadas: Quilmes. Entre las muchas manifestaciones de la sociedad criminal vernácula se despejan nexos insoslayables como la actuación de unos pocos abogados (Víctor Stinfale, Juan Martín Cerolini, Fernando Burlando, Gustavo Frasquet, Miguel Angel Pierri, José Manuel Ubeira). Otra de sus características son las guaridas de lujo para prófugos de la justicia internacional, especialmente narcos, una red de protección a los caídos muy fácilmente identificable dentro del sistema penitenciario VIP y el escueto abanico de sanciones a los traidores: muerte o “desaparición”.

Pocos días antes de la fuga de los Lanatta y Schillaci, Victor Stinfale pidió una autorización a la secretaría del TOF 2 para viajar a Paraguay con su defendida la vedette Moria Casán. A muchos sorprendió que Stinfale, el que fuera abogado de Carlos Telleldín, de Alejandro Sucksdorf, de Juan Carlos Zacarías, contador, estafador y amante de la viuda de Pablo Escobar en Argentina,  desempeñe esa estrategia algo “rara” al exponer a su clienta en un muy costoso viaja a Asunción, en vuelo privado, para un trámite percibido como innecesario. La anciana robó un collar en ese país hace dos años. Desde entonces un acuerdo privado regía entre el joyero víctima del hurto y la señora, por lo cual, resarcido el perjuicio se daba la causa por extinguida. Quedaba en vilo la homologación por la justicia paraguaya de ese mismo acuerdo. No es descabellado, acorde a finos observadores de la realidad argentina, que ese viaje pudo ser el preludio a “otra cosa”.

Investigar la mafia no es popular

Investigar la mafia argentina tiene un costo que va más allá de la amenaza clásica de aquellos que nos enfrentamos a ella. Hasta la fecha generó oprobio y ostracismo en proporción a la eficiencia puesta en combatirlos. A lo largo de la década kirchnerista, varios probaron de ese tipo de escarnio: Gustavo Beliz, el primer ministro de justicia de Néstor Kirchner, que denunció las relaciones entre el ex hombre fuerte de la Side, Horacio Antonio Stiusso, con el crimen organizado, tuvo que autoexiliarse varios años.  El ex juez Juan José Galeano, a la fecha el único hombre que se enfrentó a la camada de policías bonaerense bajo las órdenes del capo mafioso Juan José  Ribelli, vio su nombre convertido en sinónimo de reprobación social y es actualmente procesado por Ribelli así como todos los agentes y fiscales que lo investigaron. El agente Iván Velázquez tuvo que exiliarse en Uruguay por motivos análogos. Acaba de ser sobreseído por la jueza Sandra Arroyo Salgado, la cual durante una década se vio afectada por la pareja Kirchner a las causas más sensibles de la narco política aún cuando no eran de su jurisdicción.

El periodista emblemático del antikirchnerismo es el que le garantizó impunidad y operatividad a uno de los principales socios mafiosos de los Kirchner

El consenso social en torno a ese hostigamiento fue posible gracias a un control de los medios. Los medios propagandísticos del FPV pero también los otros, de “la otra vereda”, con más eficiencia. Respaldarse en la figura de periodistas famosos de medios sindicados como afines a la “oposición” era más redituable durante el kirchnerato para hacer pasar mensajes. Simplemente porque éstos eran más leídos y, en aparente lógica, gozaban de más credibilidad. Services orgánicos o no, tanto como jueces federales corruptos, hicieron de “fuente” a través de un lucrativo y aceitado proceso de distribución de “informes reservados” o “carpetas”. Eso hizo a la perennidad de una mafia hoy desestabilizada.

Desde su pasaje en el programa de Jorge Lanata, PPT,  Martín Lanatta aparece episódicamente como víctima de un complot político. Hay actualmente gente de prensa que les hace de relaciones públicas, victimizándolos.  Sea esto deliberado o no. Es una ironía de la historia que Martín Lanatta, quien extorsionaba a piacere con Ribelli y el apoyo de toda la DDI de Quilmes, diseñó su fuga concomitantemente a la entrevista que dio a Jorge Lanata en agosto de 2015. Lanata (con una t), el mismo que al difundir el vídeo de la transacción ofrecida por el Ministerio de Justicia a Carlos Telleldín, a través del entonces juez Juan José Galeano,  en el marco de un programa de testigos en 1996, permitiría in fine a las brigadas mafiosas de la PBA ser sobreseídas en 2004. Es decir que el periodista emblemático del antikirchnerismo es el que le garantizó impunidad y operatividad a uno de los principales socios mafiosos de los Kirchner: Ribelli, abogado, pariente y capo de Ibar Pérez Corradi, autor intelectual del triple crimen y proveedor en competencia con Sebastian Forza de efedrina a los narcos mexicanos en 2008.

Sería reductor y caricatural considerar que los únicos cuerpos contaminados son la PBA o la ex SIDE, hoy AFI. La mafia es una organización en fase metastásica desde la época del ex Gobernador de la Provincia de Buenos Aires Eduardo Duhalde. Son varios los bolsones corrupción, como los calificó un día el ex juez Galeano, enquistados en todas las fuerzas de seguridad y otros ámbitos estratégicos. A los Lanatta y Schilacci se los asocia con toda razón con la PBA y específicamente con la DDI de Quilmes. Es obvio que los prófugos han sabido jugar desde el principio de la fuga con ese estereotipo plantando pistas falsas, con el apoyo de esa fuerza y de la familia. Lo que no parece poder ser denegado a esta altura es que los prófugos estuvieron en Ranchos, al lado de Lobos, feudo incontestado del ex comisario Ribelli.

Los Lanatta, especialmente Martín, hubiesen podido salir hace meses. Las condiciones de interno dentro del SPB durante la era kirchnerista requería prácticamente del consentimiento del reo para no fugarse

La fuga estrambótica de los Lanatta, Martín y Christian, con el coequipero Víctor Schillaci, ilustra en todas letras la logística multifocal de protagonistas importantes de la organización criminal, dispuestos a todo una vez perdida la protección política. Con sus vericuetos y sus internas dentro del grupo Frente para la Victoria (Aníbal Fernández versus Julián Domínguez), hasta entonces proveedor de protección, formaban un todo. Frente a una alternancia política del todo ajena a sus objetivos, quemaron las naves.

Los Lanatta, especialmente Martín, hubiesen podido salir hace meses. Las condiciones de interno dentro del SPB durante la era kirchnerista requería prácticamente del consentimiento del reo para no fugarse. Su fuga ha acelerado los cambios que debían acompañar la actual administración. Es muy posible que parte de aquellos que debían ejercer esa protección perdieron a través de la evasión la discreción necesaria a sus menesteres, pero era una cuestión de tiempo. Es muy posible también que las falsas pistas hayan jugado sobre los estereotipos territoriales, a través de una red de complicidad familiar y policial del SPB para dirigirse hacía un aguantadero, ajeno desde la primera hora a las huellas dejadas en el conurbano sur.

La mafia argentina es bastante fiel a la descripción que hace el periodista Roberto Saviano de la Camorra italiana. Más que códigos de honor, hay mucha traición, bajeza, vulgaridad, codicia primigenia y estupidez. Pero si hay dinero y armas, hay poder. Y a Martín Lanatta, el hombre que supo transferir todas las armas del Renar a su armería paralela “Pizzu”de Florencia Varela, no le falta ni lo uno ni lo otro.

Como la mafia italiana y a veces con evoluciones como sincronizadas, especialmente durante los 90, la mafia argentina no aspira a corromper, aspira a gobernar directamente o través de un proxy para poder entregarse a su primera actividad, que es vender protección a los autores de las líneas delictivas. Desde ese punto de vista, difícilmente la historia argentina vuelva a proveer un presidente que le sea tan funcional a la mafia como lo fue la pareja Néstor Kirchner y luego Cristina Fernández. La pérdida de un nivel de protección que hizo no sólo a su impunidad, sino a su prosperidad y la honorabilidad de los capos mafiosos, es de esperar que genere disturbios importantes en la provincia de Buenos Aires.

 

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Sobre este tema en este blog recomendamos estas notas en este blog:

La Secretaria de inteligencia conocía el paradero del Robinson 44

https://relacionesinternacionales.co/2015/12/12/la-secretaria-de-inteligencia-conocia-el-paradero-del-robinson-44/

Mesas de dinero y efedrina para la corona

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La decáda de oro de la mafia bonaerense

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Unidad de crimen organizado enquistado al más alto nivel

https://relacionesinternacionales.co/2015/08/06/unidad-de-crimen-organizado-enquistado-al-mas-alto-nivel/

Amia IV de la Amia a sueños compartidos pasando por el Triple Crimen

https://relacionesinternacionales.co/2014/09/04/amia-iv-de-la-amia-a-suenos-compartidos-pasando-por-el-triple-crimen/

 



Categorías:Argentina, Corrupción

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