Como gobernó, se fue

cristina-tapaDespedida de Cristina Fernández

©Teresita Dussart Todos derechos reservados

 

 

Cristina se despidió en total soledad protocolar. Ni los representantes del pueblo, ni los gobernadores, ni los jefes de delegaciones internacionales acudieron a despedir a la jefe de Estado argentina que gobernó durante ocho años, doce sumando el mandato de su marido Nestór Kirchner. Fue una despedida estrictamente militante. Gobernó con las masas acarreadas, salpicadas de un fondo residual de kirchneristas sinceros, y un puñado de elegidos que se enriquecieron descomunalmente en base al paréntesis más corrupto de la historia argentina (siendo esta conocida por su abultada antología de presidentes corruptos). Sin sorpresa, la despiden aquéllos que se plegaron a sus humillaciones y furias tribunalicias religiosamente.

La asignación de 900 pesos por mes (60 US$) en lugar de calles asfaltadas, de luz, de una escolaridad de calidad, sin trabajo y sin futuro, acabó con tanto amor evitista. No obstante el desgaste, un millón de pobres creados por año durante los últimos seis años le siguió garantizando a Cristina un colchón de popularidad. La Plaza de Mayo se llenó ayer de las típicas huestes embrutecidas por la dieta nac&pop, soda y comida chatarra.

Más corto que de costumbre, el discurso de la ex presidente englobó los temas que la acompañaron durante su gestión. La obsesión hacia “los medios hegemónicos.” Por hegemónicos se refiere a los medios que la gente lee, mira o escucha. Tras más de doce años sin dar conferencias de prensa, de hostigamiento a los periodistas “no militantes”, Cristina osó abogar por la libertad de prensa, formando deseos que el nuevo gobierno no aplique censura. El otro TOC, el  “partido judicial”, en referencia a aquellos pocos jueces que no estuvieron a saldo, tampoco podía faltar. El porvenir judicial de la ex, le preocupa y no le faltan motivos.

En algún momento de su discurso llamó a los ciudadanos a ser algo así como Cerberos del funcionamiento de las instituciones de la próxima administración, en una sana loa al Estado de derecho, autoimputándose instante seguido,  al admitir inadvertidamente que las instituciones están más infeudadas que nunca al Ejecutivo. Ejecutivo que ella y su marido encabezaron, censurando el funcionamiento de todos los órganos de control del gobierno. Los discursos de Cristina fueron así hasta el final: patrañas empalagosas, peroratas sin filete que dejaban pasar una que otra verdad por distracción.

La salida de Cristina reveló la fragilidad psicológica de la mandataria. Su profundo divorcio de la realidad. Su dificultad para superar una vieja herida narcisista, su amargura. La dimensión neuroendocrinológica superó de lejos el esquema ideológico. En doce años, no obstante la quema y desaparición de archivos sensibles, el pasado de la señora de Tolosa no tiene más secretos. La dimensión ideológica, fue un préstamo. Un escudo para poder cumplir con una feroz ambición.

Parte de ese quiebre psicológico es lo que le impidió cumplir con el deber protocolar de la transmisión de los atributos del poder al sucesor Mauricio Macri. Incurriendo en el Vaudeville, la señora de Tolosa que siempre se representó como una mujer irresistible coqueteó con el presidente electo, hasta darle el arañazo final al no poder asegurar sus caprichos de Hembra alfa.

En su discurso final, Cristina Fernández tuvo un matiz vagamente golpista llamando reiteradamente a la “resistencia” hacia al nuevo gobierno, atizando el miedo. Antes, había hecho curiosas alusiones al terrorismo internacional, siempre sobre una nota de culpabilización de los países y sobre todo de los ciudadanos víctimas: “el terrorismo es el fruto de la discriminación social”. La pareja de terroristas de San Bernardino, tenía trabajo, casa, amigos, familia, futuro: encarnaba el American Dream. Eso no impidió su razzia asesina en un hogar de personas discapacitadas. El discurso apologético del terrorismo es una constante de Cristina Fernández, que se hizo más explícito estos últimos dos años. Poniendo en perspectiva los lazos que sus socios narcos han gestado con el yihadismo en Africa del Oeste y en Siria, ese perfil no deja de tener un  índice amenazante, especialmente teniendo en cuenta el pasado de Argentina. El atentado a la Amia, el 18 de julio de 1994, no se entiende si no se entiende la rivalidad Eduardo Duhalde-Carlos Menem.

Lo que Cristina no ha hecho a modo de asegurar a Macri la transición más inelegante posible de historia argentina y tal vez universal, su mala gestión se encargó. Nadie dentro del nuevo gabinete puede afirmar saber lo que va a encontrar en las cajas del Estado. Las últimas semanas se han dado a conocer varios incendios en centros estratégicos. Se ha quemado mucha documentación. Centenares de nombramientos discrecionales y decretos han sido firmados en los últimos días. El “modelo” económico kirchnerista deja un país en un estado no tan alejado del escenario de 2001, no obstante la renta de la soja que podría haberlo erguido a rango de nueva potencia emergente.

Acaba de salir de escena un personaje profundamente nefasto.  Argentina entra de nuevo en una fase de resolución de la impericia anterior.



Categorías:Argentina

Etiquetas:, , ,

Responder

Por favor, inicia sesión con uno de estos métodos para publicar tu comentario:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: