Elecciones Argentina: Knock-out al populismo

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Muchos escollos de por medio, pero la esperanza de un retorno a la normalidad tras una década que se fue hundiendo en un sistema discrecional, con aristas manicomiales y un nivel altísimo de corrupción.

 

©Teresita Dussart Todos derechos protegidos

Editado. Última actualización 2.am

Mauricio Macri es el nuevo presidente de Argentina. La diferencia se tasaba en unos 2.8 puntos con el 99,17% de los votos escrutados, a favor del candidato de Cambiemos con 51,40%. Daniel Scioli el candidato del FPV y de la continuidad del gobierno de Cristina Fernández de Kirchner registraba por su parte 48,60% de los votos. Cuando quedaba 10% de las urnas por contabilizar, la diferencia entre los dos candidatos paso inexplicablemente de 7 a 2,80% generando persistentes rumores de fraude en las redes sociales. A pesar de ello la victoria ha sido reconocida tanto por la presidente saliente como por Daniel Scioli.

Macri hereda una lista de problemas al límite de la ingobernabilidad. Deuda interna; arcas del Estado infiltradas por centenares de miles de funcionarios nombrados a dedo como recompensa de su militancia, estado de la infraestructura en ruinas; profunda desconfianza entre los territorios del interior y el estado central, reservas del banco central secas, deuda interna que se perfila como la próxima burbuja a punto de explotar, deuda exterior multi focal (Club de París, CIADI, houldouts), crisis energética y crisis habitacional, son parte del muestrario. Por otra parte, la mayoría del Senado se mantiene infeudada al kirchnerismo.

Un panorama poco alentador teniendo en cuenta una victoria tan justa (a menos que se confirme el fraude) ya que para enfrentar tantos focos de problemas en mismo tiempo, el apetito de cambio constituye la mejor garantía de orden institucional. En un país acostumbrado a los golpes de Estado (ocho en el siglo XX), la resilencia de Macri va a ser el principal reto a tomar en cuenta para los analistas riesgo país. Argentina es una república que vive rehén del peronismo (sobrevivencia mussoliniana). Parte del peronismo federal que votó al tercero en discordia, Sergio Massa, habrá aportado sus votos a Mauricio Macri. Es temprano para sacar cuentas. Otra parte se mantuvo encolumnada a Daniel Scioli. En ese último caso pudo ser por obediencia debida a Cristina Fernández o por considerar que Scioli representaba la justa medida de disidencia a la presidente saliente. Hacia dónde se volcaron los votos peronistas, entre salvar al peronismo de las garras del Kirchnerismo o el anhelo de un cambio real, importa para diagnosticar la estabilidad del gobierno de Macri.

El caso es que el peronismo nunca es tan fuerte como cuando encuentra un enemigo común y Macri puede llegar a encarnar la némesis soñada a ese populismo autoritario que tanto daño le ha hecho al país. En las últimas semanas, Macri se arriesgó a acercarse al enemigo dando señales de conversión al peronismo. Entre ellos estuvieron pesos pesados del poder mafio-político peronista, como Hugo Moyano (CGT) o Eduardo Duhalde (ex gobernador de Buenos Aires, ex presidente). No obstante, al final Duhalde llamó a votar a Scioli.

Se espera de Macri que dé definiciones rápido. El país no puede mantenerse mucho tiempo en el clima de campaña de la alegría y de globitos

Macri es una persona que tiene la fama de gobernar en base a un entorno técnico. Poco se sabe de quién conformará su gobierno, pero se infiere que hará lo mismo que hizo como gobernador de la Ciudad de Buenos Aires. Se espera de él que dé definiciones rápido. Su campaña dejó más de una vez a los observadores perplejos por la vacuidad de contenido programático. Vacuidad tal vez estudiada para no crear antagonismos, pero el país no puede mantenerse mucho tiempo en el clima de campaña de la alegría y de globitos y, más temprano que tarde, habrá que dar señales de cuáles serán las prioridades para reconstruir el país.

Algo va a cambiar aún en lo más profundo y más sutil. Eso es el retorno a una vida intelectual no definida por el extremo antagonismo entre un poder autoritario, gótico, manicomial y una oposición constreñida a no poder ejercer el menor matiz debido a la naturaleza misma de la “bestia” a la cual se opuso y la red de represión instaurada por la militancia kirchnerista. A partir de ahora, la clase política, el ejecutivo, entran a ser “clientes” de una crítica más analítica, más construida. Salen del escenario los que gritan más fuerte para dar lugar a un nivel más sereno, no obstante más incisivo de crítica para el ejecutivo.



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