Terror en París. Por una aplicación del principio de realidad y una resistencia activa

1087956-experts-legaux-examinent-entree-restaurant©Teresita Dussart Todos derechos reservados

 

Un presidente socialista ha debido proclamar el Estado de Emergencia, tras 70 años de paz en territorio propio.  La palabra guerra ha vuelto a hacer su irrupción en el lenguaje de todos los franceses, empezando por Francois Hollande, su jefe de Estado. Es lo nuevo normal. En el país del buen vivir, de la libertad y de la graciosa figura del “Titi parisien”, ser asesinado por armas de guerra o degollado por un miembro de esa secta psicótica que viene infundiendo muertes violentas por todos los territorios donde se expandió desde el primer año de la Hégira, entra en el campo de los posibles.

Una de las sobrevivientes del atentado de la Rue de Charonne (19 muertos de los 129 hasta ahora) declaró “si me escuchan (los terroristas) que lo sepan: es de cobarde tirar sobre un blanco en movimiento que no está preparado para ripostar, que no está armado, mujeres, niños, civiles”. Esta guerra va a ser difícil por eso mismo. Si la primera y la segunda guerra mundial dejaron un saldo de decenas de millones de víctimas, tenían la magra ventaja que el enemigo llevaba uniforme. En este caso el enemigo está dentro de la república. Vive al calor de los fueros naturales que le concede el Estado de derecho. Conoce las debilidades de la República, su melosidad malvavisco encarnada en el espíritu Bobó (Bourgeois Bohême, burgués bohemio). Sabe que sus derechos constitucionales siguen vigentes incluso cuando es imputado en una causa de terrorismo y sabe cómo reclamar dádivas del Estado que son de variada índole. El enemigo interior sabe de nuestra disposición a preferir ser corderos de Panurgo antes de proferir alguna consideración que incurriría en el índice prohibido de lo políticamente incorrecto.

Muchos se interrogan porqué los atentados ocurren en Francia y no en Estados Unidos o en Rusia. Los tres países están en lucha contra ISIS en la misma zona.

Enfrentar ese enemigo no sólo implica renunciar a varios hábitos del “vivir juntos” que tan importante es para los que, justamente, amamos París, Francia, Europa, la sociedad abierta, su cosmopolitismo. Despertar los viejos reflejos de defensa procede de una revolución antropológica, una reconciliación con los reflejos primigenios de antes del deconstructivismo, de Mayo 68, de la caída del muro. Devenga en replantearse los recuerdos de guerra del abuelo y bisabuelo escuchados con condescendencia. Lo cierto es que borramos de nuestra memoria transgeneracional los condicionamientos de confrontación a la hostilidad. ¿Qué es hoy una guerra que no sea la de CNN? ¿Qué es una guerra que no sirva para generar una disputa elegante entre amigos intelectuales? ¿Qué es una guerra que te fusila de una ráfaga de AK 47 en manos de alguien de quien has venido defendiendo sus “derechos”, en tu bar  preferido, en tu barrio? No existe en Europa Occidental espíritu de autodefensa como sí existe en Israel o en Estados Unidos o en Europa del Este frente al terrorismo islamista.

Muchos se interrogan porqué los atentados ocurren en Francia y no en Estados Unidos o en Rusia. Los tres países están en lucha contra ISIS en la misma zona. Estados Unidos acaba de matar al líder de la formación terrorista en Libia. Rusia bombardea alegremente todas las posiciones no sólo de Daesh sino de las otras fuerzas que no valen más que la horda de Al Baghdadi. Rusia también cuenta con una importante población musulmana, ya sea dentro de la Federación o dentro de la Comunidad de Estados Independientes (Ex Unión Soviética). Lo mismo se puede decir de Estados Unidos. ¿Por qué entonces? Tampoco se puede decir que falla el sector de inteligencia. Es Francia, desde Fouché a la fecha, el único país que dispone de una tradición de inteligencia humana por infiltración nunca desmentida. ¿Por qué esa vulnerabilidad como blanco repetido? La diferencia consiste en la aptitud psicológica en romper con los buenos modales de la democracia y el grado de aceptación de la opinión pública a los procedimientos de seguridad nacional. Bajo el estado de excepción se podrá recurrir ahora a herramientas que son utilizadas a diarios en otros países para prevenir el terrorismo. Ese estado dura doce días y sólo puede ser extendido con sanción parlamentaria. Algo que Manuel Valls, el primer ministro ya ha hecho saber que procedería a solicitar.

La irrupción del atentado multi focal, de la figura del suicida y de la cantidad de víctimas, todo a su vez, generó por parte de Hollande un discurso algo más firme que la advertencia habitual: “no hagamos amalgamas”. Esta vez los nombró por lo que son. “Francia actuará sin piedad hacia los bárbaros”. Valls, tradicionalmente más proclive a la firmeza, remató evocando “un ejército de djihadistas”. En una entrevista a la televisión francesa dijo que “se expulsarán los imanes radicales”. E introdujo nociones nuevas que habrían sido furiosamente condenadas hace una semana, al evocar el “alma francesa” y declararse a favor de la “destitución de la nacionalidad francesa de todos aquellos que atentan contra los valores (en el sentido moral) franceses

Por ahora prevale el luto. Los políticos, especialmente a la derecha, guardan enfundados sus comentarios. Empero se sabe cómo fundarán sus críticas. Es muy difícil dar asidero a las declaraciones de Hollande cuando en pleno dispositivo naranja del programa antiterrorista “Pigipirate”, a seis meses de la carnicería de Charlie Hebdo, el mandatario francés se hizo con Angela Merkel el impulsor de la suspensión del Protocolo de Dublín de modo de permitir que se trasladen por toda la parte occidental del continente miles de “refugiados” sirios, iraquíes, algunos con pasaportes falsos. Sin hablar de los afganos y otros nacionales todos oriundos de zonas de conflicto bajo yugo yihadista.  Individuos que entraron con poco o nada de control. Un turista latinoamericano promedio tenía que enfrentar más control para entrar en Europa que cualquier barbudo salido de Siria o Irak  dentro de las redes de tráfico de migrantes, todas organizadas o consentidas por Recep Erdogan, el presidente islamista, recientemente reelecto en Turquía.

El falsísimo Erdogan va a aprovechar de su palanca mafiosa de maestro del  caos para lucirse de pacificador.

Tres de los ocho terroristas ya identificados, Ismaël Omar Mostefaï, Ahmed Almuhamed y Abboulakba B. tienen en común de haber “combatido” en Siria y de haber transitado todos por Turquía a la ida como a la vuelta. Almuhamed y Abboulakbak volvieron como “refugiados”. La entrada de Almuhamed fue registrada en Serbia el 7 de octubre.

El principio de realidad impone despertar los reflejos de resistencia activa. Pero también de discriminar sin nimiedades entre los verdaderos aliados y los enemigos ontológicos. En nombre de la misma urgencia, en el frente interior se imponen sanciones decisorias hacia los terroristas y sus familias. El enemigo obedece a un espíritu clánico, sectario, tribal, supremacista donde se impone la lógica dominante-dominado. Esa es la disyuntiva dentro de la cual cada uno debe elegir su campo.



Categorías:EUROPA, Islam, Terrorismo

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1 respuesta

  1. Hay dos opciones para luchar contra el fundamentalismo islámico. uno, el retornar a los valores ontológicos con los que se construyó el Mundo Occidental y CRISTIANO (ahora es sólo “Mundo Occidental”. Los valores son el presupuesto de todo sentido (Spranger), y la religión o moral (que ya no se enseñan en las escuelas gracias al laicismo) es la principal fuente de valores.
    No es posible aceptar que Francia haya vendido sus iglesias, pagodas o sinagogas o lo que fuere, para que los inmigrantes funden sus mezquitas. Pues lo hicieron, ahora atenerse a las consecuencias, porque pronto ni Francia ni Alemania y otros países de Europa podrá resolver el problema DEMOCRÁTICAMENTE. Ni piensen en resolverlo mediante la liberté, egalité e fraternité. Cést fini.
    O tendrán que (BIS) ATENERSE A LAS CONSECUENCIAS.

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