La década de oro de la mafia bonaerense

©Teresita Dussart Todos derechos reservados

th332UWBMKEl primer salto cualitativo de la mafia fue en 1994, con el pasaje de la violencia gansteril al terrorismo mediante el atentado a la Amia. Con el Kirchnerismo, la mafia bonaerense se benefició de la avenida de oportunidades del narcotráfico y de la entronización de sus máximos exponentes en los negocios lícitos del Estado. Un quiebre para la mafia fue la ruptura de Antonio Stiusso con Cristina Fernández. Ahora debe enfrentar una transición de poder. ¿Se adaptará? Paralelo con la mafia italiana.

 

La mafia argentina no difiere de la mafia italiana. Sus ejes son los mismos: relación osmótica con el poder, tesitura familiar o clánica, utilización de la violencia como modo de resolución de conflictos y de imposición del respeto, impuesto mafioso en los territorios controlados, el Pizzo o Pizzu (la armería de Martín Lanatta antes del Triple Crimen se llamaba Pizzu); la mafia argentina organiza el crimen y le brinda protección. A diferencia de todas las otras organizaciones criminales que infieren en el poder corrompiéndolo, la mafia es el poder.

Sin embargo, la mafia bonaerense o mejor dicho argentina se desarrolló más fuerte fuera de su cuna cultural. Los contrapoderes que la pueden contrarrestar en el sur de Italia,  no funcionan en su extensión diaspórica. Por medio del peronismo en general y del kirchnerismo en particular, la mafia argentina ha conocido tres décadas de infiltración de las instituciones más estratégicas. El sistema clientelista, sus prebendas, cooptaciones y su discrecionalidad son intrínsecamente constitutivas de una forma de mafia sin ejercicio de la violencia. El clientelismo es el abono orgánico de la mafia y el traspaso de uno a la otra se produce en las fases de crisis del gobierno clientelar. Como cuando a los grupos de choque les han entregado armas para intimidar los opositores y, con el paso del tiempo, esos grupos de choque se han consolidado como mafias rivales.

Para esa entidad político-criminal la cercanía de un cambio de gobierno tan incestuosamente afín a sus intereses,  como lo ha sido el Kirchnerismo, es un reto que apela a sus reflejos de preservación y por ende a sus capacidades de inteligencia y defensa.

Para la mafia, un cambio de gobierno puede representar lisa y llanamente un riesgo de desalojo de su hábitat.

A menudo se evoca la mafia de “la Bonaerense” y no como lo hacemos en este blog, la mafia bonaerense. En la primera acepción se evoca la policía de la Provincia de Buenos Aires, como nicho exclusivo y circunscrito del crimen organizado. Los hechos demuestran que la mafia ha rebasado a fines de los 90 esa fuerza de seguridad, donde las “brigadas” incurrían en un abanico de ilícitos tan importantes como la piratería del asfalto, homicidios, toma de rehenes, extorsiones varias, trata de personas, proxenetismo etc. Hoy el negocio es el narcotráfico y su nicho el Estado. Para la mafia, un cambio de gobierno puede representar lisa y llanamente un riesgo de desalojo de su hábitat.

De la Edad de Plomo a la Edad de Oro de la mafia

Si algo impacta en la mezzanine del Tribunal Oral Federal II (TOF2) es la deserción de la prensa. Abajo está declarando el representante más notorio de la maldita policía de los 90, el ex comisario Ribelli, y se abre una hemeroteca non sólo de la historia, sino de la contemporaneidad del crimen organizado. Un relato que se desvela en la indiferencia, también organizada, de los medios. Cuando declaró Ribelli, no estaba presente ni siquiera la prensa pro-gobierno.

Amia II es una de las carpetas más candentes para la mafia. Los representantes de aquella maldita policía hoy juegan en un ajedrez más importante que las salvajadas en las cuales incurrían en los años 90.  Nunca se deber perder de vista que la mafia apunta tanto a lo ilícito como a lo lícito, cuando esto último puede traer mayores beneficios con menos riesgos y la respetabilidad como cereza del postre.  Juan José Ribelli es hoy abogado de narcotraficantes, sus negocios lo acercan a la intimidad de las grandes causas criminales del gobierno kirchnerista, es una gran fortuna argentina con canas.  Debe quitarse de encima la espada de Damocles que representa la causa, imprescriptible, del atentado a la Amia del 18 de julio de 1994, del cual fue participe y por el cual fue encarcelado, además de la causa 5681 instruida en Lomas de Zamora por una multiplicidad de delitos.

Nada se parece más al atentado de la Amia de 1994 que la ola de nueve atentados que va del 92 al 94 en Italia.

A través de esta nueva causa, Cristina Fernández le ofrece a Ribelli, cual a una Salomé, la cabeza de todo el equipo investigador del juicio Amia I en una bandeja de plata. El ex jefe de la bien nombrada división de sustracción de automotores puede respaldarse en el celo paradójicamente defensista del equipo de fiscales “militantes” de la nueva UFI-Amia. Personal que remplazó al ex fiscal Alberto Nisman, después de su muerte más que dudosa.

Nada se parece más al atentado de la Amia de 1994 que la ola de nueve atentados que va del 92 al 94 en Italia. Los que más impacto tuvieron fueron el atentado mafio terrorista que terminó con la vida del juez Giovanni Falcone. En el estrago murieron el juez antimafia, su esposa y tres guardaespaldas. El segundo atentado tuvo como víctima al sucesor de Falcone, el juez antimafia Paolo Borsellino, en el ataque de la Via d’Amelio (Palermo).  La causa Borsallino conoció cuatro “temporadas”, en las cuales todos los meandros de desinformación, como falsos testigos e instrumentalización de los servicios para inhibir la acción del equipo investigativo, fueron puestos a disposición. Las pruebas sobre quién cargó la Fiat 126 con los 100 kilos de TNT y quién la condujo hasta la puerta de la casa del juez fueron progresivamente minadas por las versiones destinadas a embarrar la investigación y su carácter de prueba fue relegado a medida que aspectos anecdóticos se invitaban en el debate.

Por alguna razón, el hecho terrorista argentino ha sido constantemente desvinculado de su acervo cultural de origen.

Lo cierto es que esos estragos terroristas permitieron a la Cosa Nostra pegar un salto cualitativo del gansterismo o etnocriminalidad al verdadero poder, que es imponer la paz mafiosa. “Hacer la guerra para hacer la paz”, como llegó a declarar el capo de la Cosa Nostra Salvatore Riina. En una nota en este portal, escribíamos en referencia a la conexión local del atentado: “Ese grupo local, venía escalando operaciones de gran bandidismo cada vez más violentas. No por nada los medios identificaban esas acciones como “masacres”. El paso al terrorismo constituyó apenas un salto de calidad[i].  Los años 90 en Italia son los años de la Mani Pulite y los atentados apuntan a erradicar los jueces que molestaban.  Los años 90 en Argentina son los de la rivalidad entre el gobernador y recaudador de la Provincia de Buenos Aires, Eduardo Duhalde, y otro tipo de poder con nexos con el crimen organizado pero en una modalidad de corrupción clásica, la del presidente Carlos Menem. Los componentes locales argentinos incluyen una fuerte dosis antisemita y un discurso político fuertemente marcado por el musolinismo soft argentino o peronismo.

Por alguna razón, el hecho terrorista argentino ha sido constantemente desvinculado de su acervo cultural de origen. No se trata de decir que el atentado Amia es un hecho excluyentemente localista de la mafia bonaerense. Hay evidentemente una conexión internacional y más específicamente líbano-paraguaya en la Triple Frontera. De ese punto de vista, el juicio ante el TOF II trae a colación, si no información nueva, situaciones nuevas. Estando en situación de querella los ex policías deben responder las preguntas de la defensa. Entre tantos momentos singulares, fue el 29 de octubre, cuando Ribelli no pudo contestar a la pregunta sobre el origen de los 2.500.000 dólares que escrituró regresando de la Triple Frontera una semana antes del atentado. Sus explicaciones contradictorias sobre una herencia de su madre italiana, liberada con su pase a mayoría de edad pero “protocolizada” más de veinte años después y a pocos días de cometido el atentado, y otras improbables alegaciones, lejos de exonerarlo, volvieron a poner el foco sobre sus conexiones con el hampa de Ciudad del Este.

Ejemplo de la conexión entre el hampa libano-paraguayo y la mafia bonaerense es la relación entre André Donald Vandenheede (entrevista por esta periodista para el diario La Libre Belgique), oficial belga echado del ejército de su país, que compraba pertrecho militar a un intermediario libanés, el cual se proveía de la mafia bonaerense. Ese material finalmente terminaba siendo vendido a guerrillas africanas, especialmente en ese momento en Costa del Marfil. Eso era en los 90.

Hay actualmente una causa narco abierta con interesantes conexiones entre propietarios de narco veleros y ciudadanos con nombres y apellidos que abren sobre el terrorismo puro. El pase del financiamiento del djihad al narcodjihad en la zona transaheliana en África es el efecto dominó del salto de calidad dentro de la mafia bonaerense. La mafia tiene un mundo de oportunidades por perder si no se ajusta o si no “ajusta” el poder de turno que se viene.

La muerte del fiscal Alberto Nisman pudo ser una variable de ajuste dentro del “esfuerzo” de transición de la mafia bonaerense. Así como lo son varios casos de resolución judicial de narcotráfico, en los cuales los ex cómplices pasaron a ser percibidos como “traidores”. Entre esos casos,  el del colombiano “Mi Sangre” y otros, bajo jurisdicción de la jueza Sandra Arroyo Salgado, reside una posible explicación del famoso “quiebre” entre el hombre fuerte de la ex Side, Horacio Antonio Stiusso, y el gobierno de Cristina Fernández. Entre los que brindaron protección, algunos se adelantaron en preparase a la transición de gobierno.

 

 

[i] Dossier Amia, quien como y porque organizó la impunidad.

https://relacionesinternacionales.co/2013/09/20/dossier-amia-quien-como-y-porque-garantizo-organizo-impunidad-para-los-terroristas/



Categorías:Argentina, Corrupción

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