La sombra de la mafia bonaerense detrás de la muerte de Nisman

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©Teresita Dussart Todos derechos de reproducción reservados.
El 8 de octubre el portal Adelanto24.com revelaba el extraño cruce de comunicaciones que mantuvo el fiscal Carlos Stornelli con Alberto Natalio Nisman la tarde anterior a la muerte del fiscal de la UFI-Amia. Entre las personas con quien el ex ministro de Seguridad de Daniel Scioli se habría comunicado se encuentra Silvia Beatriz Tomalini. Siempre según el mismo portal, Tomalini (identificada como primera mujer de Fernando Pocino, director de Reunión de la ex Side, Secretaría de Inteligencia del Estado, ahora AFI) se habría comunicado con Alberto Massino, el ex director de Análisis del servicio, entonces respondiendo al ingeniero Antonio Stiusso. “Las comunicaciones entre [Stornelli y Pocino] se repitieron hasta el momento en que la muerte del fiscal quedó confirmada.” Massino sería de las últimas personas con quien Nisman se comunicó. Se desconoce el contenido de esos intercambios.

La comunicación entre Stornelli y Nisman a pocas horas de su muerte aparece cuanto más extraña que los dos tenían pocos motivos de ser amigos. Prueba de ello, es el sciolista Stornelli quien decidió dar seguimiento a la denuncia del abogado filo nazi Juan Gabriel Labake en mayo pasado, en la cual se acusa a una serie de personalidades, entre otros a al difunto jefe de la unidad UFI-AMIA, de “traición a la patria” por supuesto vínculos con el financiero norteamericano Paul Singer. Una acusación de tinte antisemita que Cristina Fernandez implícita o explícitamente se ha personalmente encargado de propagar. La relación de Stornelli con el gobierno central a partir de 2007 siguió los aleas de la relación entre el gobernador de la provincia de Buenos Aires y la jefa de Estado. En 2015 es oficialista.

Ubeira abogado de Ribelli y Stornelli

Entre los muchos toques impresionistas no deja de sorprender que Stornelli, siendo él mismo imputado en una causa por su relación con la barra brava de Boca, ostenta el mismo defensor que Juan José Ribelli, el ex comisario de la Bonaerense implicado en una serie de ilícitos de supina gravedad: un sinnúmero de robos automotores y otros, atentado, resistencia a la autoridad, cinco homicidios en riña, una denuncia por asociación ilícita, una privación ilegítima de la libertad, extorsión. A ello hay que agregarle haber liderado la conexión local del atentado a la Amia del 18 de julio de 1994, del cual fue sobreseído en base a un vicio procesal. Ese defensor en común es José Manuel Ubeira quien defiende ahora el ex comisario en el juicio Amia II que lo enfrenta como querella al equipo investigativo de la fase Amia I, en su integralidad.

Esa es otra de las dolorosas paradojas de Nismán. A pesar de no haber aportado un hecho objetivo nuevo en diez años de conducción de la unidad fiscal mejor dotada de historia judicial argentina, de haber totalmente abandonado la pista local, Nisman constituía, en persona, un impedimiento para poder llevar a cabo el juicio Amia II ante el TOF 2 y brindar a Ribelli y consortes, una nueva capa de impunidad. Se lo necesitó para hacer diversión pero molestaba para lograr el cometido de Amia II.

Nisman fue colega desde 1997 de los fiscales que investigaron la conexión “Brigada”, para convertirse luego en el más feroz acusador de sus ex colegas, una vez sentado en el sillón de la nueva UFI-Amia. Su postura era constitutiva de un irreconciliable conflicto de intereses. El autor del hundimiento de la causa del juicio Amia ante el TOF 3 en 2004, lógicamente testigo estrella de la camada de policías criminales, Claudio Lifschitz, declaró que el lugar de Nisman habría sido entre los imputados, es decir los investigadores de la primera fase. De hecho el jueves 22 la defensa de los fiscales Mullen y José Barbaccia realizó un interesante planteo sobre la situación de los policías imputados en otras causas conexas a la Amia y el conflicto de interés que representa el marco procesal del juicio en curso.

La barrabrava de Boca y Aníbal Fernández como denominadores común

Mientras Stornelli era ministro de la Seguridad, un tal Carlos Telleldín se especializó en la defensa de policías provinciales. También intervino en defensa de uno de los imputados del triple crimen de policías en 2007 conocido como Masacre de La Plata. Tuvo un desempeño en la causa tan politizada como sórdida del homicidio de la niña Candela, interviniendo en defensa del padre de la víctima. Telleldín es el hombre que el 10 de julio de 1994 entregó la Renault Trafic a la brigada de Lanús de Ribelli, de donde pasó a la brigada de Vicente López, antes de ser cargada de los explosivos para ser detonada ante la sede de la AMIA. Oficialmente, Telleldín era apretado por Ribelli y su gente. Pero Telleldín volvió sobre esa versión en base a una operación conducida con brio por el ex agente Stiusso, con la estrecha colaboración de Cristina Fernández. Esa operación es todo el reto del juicio Amia II.

A Stornelli y Telleldín los une otro vínculo, que es la siempre barra brava de Boca. El actual abogado de Telleldín es Juan Martin Cerrolini, abogado del jefe de esa barra brava, Rafael di Zeo. Es un juego de calesita donde se alternan según las causas unos pocos abogados: Ubeira, ya nombrado, Maximiliano Rusconi y Gustavo Frasquet, el histórico defensor de Aníbal Fernández y amigo íntimo de Carlos Stornelli. Este hace el enlace con Ribelli. Se tiende a olvidar que el segundo jefe de la Brigada de Investigaciones de Quilmes en 1994 y cómplice de las picardías del Morsa, entonces intendente, fue Ribelli.

Stornelli le habría ofrecido su caja fuerte a Nisman pocas horas después de su denuncia contra la jefa de Estado. Algo de común entre fiscales, nos dicen. No obstante paradójico, debido a la amenaza que representaba Nisman tanto para el gobierno central como para Daniel Scioli, cuya campaña a la presidencia podía verse comprometida en caso de prosperar, no tanto la denuncia contra la jefa de Estado (fundada pero mal pensada) como la comunicación nacional e internacional en torno a ella. Más atípico aún resulta que sea Stornelli quien haya tomado la iniciativa y el liderazgo de la marcha del 18 de febrero. El ex ministro de Seguridad es definido por uno de sus pares como “una mujer gorda que habla mucho y con todo el mundo”. Un ser redondo, hábil comunicador, con aptitudes a la empatía, no obstante intrigante y oscuro.

Recibió Nisman ese mensaje el sábado por la tarde? ¿Es esa la tapa que lo saco de quicio?

Mientras la fiscal Viviana Fein, a cargo de la investigación de la muerte de Nisman, y los peritos de parte se cruzan a golpes de comunicados sobre una cuestión de posición de tiro, del cuerpo, afirmando o infirmando si se detectó pólvora en la mano de Nisman; subsisten señales mafiosas no dilucidadas y cronológicamente irrefutables. En su primera declaración de enero, el custodio Rubén Benítez (publicada en este portal), habla de la tapa de la revista Noticias la cual habría fuertemente indispuesto al fiscal del UFI-Amia en sus últimas horas. La tapa de esa semana lo retrataba a priori, de modo bastante laudatorio. Otra tapa hizo hablar mucho más de ella, es la que llegó por whatsapp el 17 de enero a su ex mujer Sandra Arroyo Salgado. Imagen donde el fiscal aparece con un punto en la frente, en un claro mensaje mafioso. Una foto mandada a Arroyo Salgado por su ex novio, Guillermo Elazar. Un hombre dotado de un pedigrí controvertido y, según el periodista Cristian Sanz, de Tribuna de Periodistas, con vínculos societarios que apuntan directamente a la seguridad de la Torre Le Parc, residencia del entonces fiscal.

Arroyo Salgado y Elazar se perdieron en explicaciones escabrosas para explicar el origen de esa foto, que les habría distribuido el canillita del barrio; esa y otras pistas apuntando al pensamiento mágico. El caso es que es una la persona que manda esa foto dotada de ese “detalle” tan elocuente, cuando le quedaban pocas horas de vida a Nisman. Mientras tanto Stornelli conversaba. ¿Recibió Nisman ese mensaje el sábado por la tarde? ¿Es esa la tapa que lo saco de quicio? El autor de esa foto puede llegar a ser tan importante como Diego Lagomarsino él mismo en la escenificación de la muerte. Un Lagomarsino sobre el cual corre una hipótesis en cuanto a la razón de ser de su arma y no otra. Explicación bastante lógica que necesita ser corroborada.

Si el Kirchnerismo ostentaba un blasón seguramente debería ser el de los “Patanegras”, símbolo de la policía maldita que la pareja supo recuperar del Duhaldismo y empoderar. Esa mafia, bonaerense por pertenecer a la fuerza de seguridad de esa provincia, se ha transformado. Ya no es la vulgar patota que incurría a través de sus brigadas de Quilmes, Lanús o Vicente López en secuestros extorsivos, robo de automotores, piratería del asfalto, trata de personas y aterrorizaba al conurbano. Desde la llegada al poder de la pareja Néstor y luego Cristina, el negocio es el narcotráfico. El centro de gravitación de ese poder, el Ministerio de Seguridad de la Provincia de Buenos Aires, se ha trasladado a la residencia de Olivos, lo ha acompañado durante la década a través de sus cuevas, sicarios, financistas, abogados, usinas de escuchas ilegales, patotas y la cuestión es, a 48 horas de las elecciones presidenciales ¿qué será de él a partir del 11 de diciembre? Lo que se sabe al respecto es que Ribelli financia la campaña de Scioli.



Categorías:AMIA, Argentina, Corrupción

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