Desconcertante política extranjera de Estados Unidos

2014-09-11T193852Z_1530147612_GM1EA9C09YT01_RTRMADP_3_IRAQ-CRISIS-KERRY_0©Teresita Dussart Todos derechos de reproducción reservados

•Profundización del respaldo al eje Qatar, Arabia Saudita, Turquía (especialmente la de Erdogan) hasta convertirse en una suerte de fuerza subcontratante para esas potencias regionales.

•Sostén de lectura la más abstrusa  a misteriosos grupos de “rebeldes moderados” sirios los cuales siguen siendo evocados en los medios mainstream en plural, aun cuando no se pueda nombrar un dirigente.

•Insensibilidad total a lo que se pueda percibir en el mundo como ineficiencia en el terreno (Siria, Irak, Afganistán) por parte de su ejército.

•Postura totalmente sesgada e inamovible ante un escenario de crisis si los intereses rusos se ven directa o indirectamente envueltos (Ucrania, Siria).

•Silencio casi total ante los atropellos a las libertades civiles y derechos humanos en América Latina bajo las presidencias populistas del nuevo milenio.

@teresitadussart

El 9 de octubre ha sido oficializado lo que se venía gestando como operaciones, si no secretas, a lo menos azarosas: librar equipamientos y armas a grupos anti Bashar al Assad. Operaciones indiscriminadas que no exigieron otro criterio que ese: que los “rebeldes” profesen su oposición a Bashar al Assad.  A pesar del más hiriente fracaso de la historia castrense y de inteligencia,  poniéndolo en perspectiva, tal vez de todos los tiempos, de Estados Unidos y del mundo, el Pentágono seguirá sustentando  el terrorismo en Siria. La amenaza para su propia seguridad, la de sus aliados y la hecatombe civil que ya ha causado son datos dirimidos en el gran proyecto que puede ser: retrotraer las relaciones con Rusia a la era brejneviana, convertirse en una fuerza subcontratante para las petromonarquías del Golfo o escribir en letras de fuego la leyenda de los “Rebeldes moderados”. O todo eso a su vez.

Entrenar los “rebeldes moderados encargados de luchar contra el Ejército Islámico”, también conocido como Isis, Isil, EI o Daesh, acabó siendo una farsa sin precedentes cuyos ecos retumban más allá de la interpelación surrealista al general Lloyd Austin por el Congreso el 16 de septiembre.  Al oficial recayó la desgraciadísima misión de reconocer que del programa de 500 millones de dólares, con el fin de hacer surgir ex nihilo una insurgencia secular, tan sólo un contingente de 50 entrenados recibieron la formación.  De ese puñado de personas confesó, ante un auditorio atónito, solo queda “un muy pequeño número de 4 o 5 personas” en lugar de los 15.000 reclutas anhelados.

Como parte de la escenificación del conflicto acorde a las reglas de Hollywood, a alguien se le ocurrió bautizar esa fuerza  como “División 30” o “Nueva Fuerza Siria” (NSF). Crear tal ficción de supuestos partisanos anti Bashad y anti Isis, entonando un “Bella Ciao, Bella Ciao” en árabe, hubiese sido digna del Oscar hasta que el wishful thinking se estrelló contra la realidad. No existe ese país que se llamaría Siria, teatro de un fantaseado antagonismo entre democracia versus el tirano Bashar al-Assad. El país que existe opone Bashar al Assad versus yihadistas suníes sostenidos por Qatar, Arabia Saudita y la Turquía del islamista Recep Tayyip Erdogan, marginalmente el Partido Nacionalista turco y perdido en esa lista de improbables sátrapas, Estados Unidos.

El gran proyecto de que puede ser: retrotraer las relaciones con Rusia a la era brejneviana, convertirse en una fuerza subcontratante para las petromonarquías del Golfo o escribir en letras de fuego la leyenda de los “Rebeldes moderados”. O todo a su vez.

Después  de la almodovareña audiencia del general Austin, el coronel Patrick Ryder del mismo cuerpo, se refirió a la transferencia de equipos y armas al Frente al Nusra. “Muy preocupante” estimo. Un calificativo que suena algo eufemístico visto desde los campos de refugiados de Líbano, Jordania o de los países europeos que reciben los centenares de miles de víctimas huyendo de los yihadistas y de las bandas mixtas de islamistas y criminales de derecho común que se hicieron de ese pertrecho.

En vista de lo que han sido los deberes de la CIA en el terreno, no cabe espacio al optimismo. ¿Irán las nuevas armas a parar en manos de las facciones kurdas en primera línea contra Isis? Difícil imaginarlo. Los Peshmergas aliados al YPG (Unidad de Protección del Pueblo Kurdo) se han dado a conocer al mundo por su heroica gesta contra las huestes de Al Baghdadi. No obstante se trata de una milicia sostenida por Irán. Es decir enemiga del eje Arabia Saudita, Qatar, Turquía. La Turquía de Recep Tayyip Erdogan se comporta como el aliado objetivo del Daesh y de todos los grupos yihadistas, sobre todo de aquellos compuestos de chechenos.  Por sus fronteras han transitado todos los candidatos al yihad global que hoy colonizan parte de Irak y Siria. Entre Turquía y las hordas del yihadismo global se han tejido relaciones económicas a través del petróleo y de la industrial textil. Parte significativa del pertrecho utilizado por los grupos terroristas no habría llegado a destino sin la estrecha colaboración de Ankara.

En un mundo normal, Erdogan debería ser juzgado ante una corte internacional por sus crímenes. Miles de turcos bajaron a la calle el domingo 11 de octubre, acusando a Erdogan de haber urdido el atentado del sábado contra la manifestación pro kurda que dejó un saldo de más de cien muertos. Un sector importante de la sociedad turca considera que las relaciones carnales entre Daesh y el partido gobernante no dejan lugar a dudas sobre una devolución de servicios.

La única vez que vuelos turcos despegaron oficialmente para bombardear al Daesh, el 27 de julio, resultó en una campaña que diezmó al pueblo kurdo de Zur Maghar, en la frontera sirio-turca. Los medios mainstream, CNN el primero (totalmente apegado a la política de la Secretaría de Estado norteamericana desde la primera guerra de Irak) no dudaron en calificar esas poblaciones civiles de terroristas. Los kurdos del YPG (Unidad de protección del pueblo) han matado hasta la fecha más de 200 yihadistas de Al Nusra. Mala suerte, la filial del movimiento creado por Aymal al Zawahiri, brazo derecho de Oussama Ben Laden, figuró estos últimos cuatro años dentro de la nomenclura del políticamente correcto, en la casilla “rebeldes moderados”. Recurrentemente, el YPG acusa a Turquía de haber instalado a Al Qaeda en zonas lindantes con los asentamientos kurdos. Tal vez bajo las nuevas disposiciones de la Casa Blanca esas quejas sean por fin recibidas.

El primer Ejército Sirio de Liberación (ESL) en 2012 ya era un rejunte improbable de personajes con objetivos inconciliables y sin pasado político que les ofreciera la menor posteridad en caso de elecciones, de ser que alguno hubiese sobrevivido a las internas que acabó con su corta existencia. A pocos meses de hacer su presentación, reportes de inteligencia europea ya daban cuenta de la colonización del ESL por parte de elementos salafistas. Algo que el vocero del ESL, Fahd Al Argha, reconoció a esta periodista en una entrevista para un programa de radio, el 24 de julio de 2012. Pocos días antes había sido asesinado por elementos salafistas, Abdul Yahid, ex coronel del Ejército sirio regular pasado a la insurrección. En aquel momento todavía se daban a conocer los nombres. Pronto serían demasiados los seculares ejecutados por islamistas dentro de su propia formación.

A pesar del clima de terror instaurado por las hordas de psicópatas de Al Baghdadi, Hillary Clinton sigue profesando que el problema no es Isis, el problema es Bashar al Assad. Las primaveras árabes que se dieron a conocer durante su mandato como secretaria de Estado han roto los diques de la convivencia pacífica, aunque autoritaria, en Medio Oriente. Por si fuera poco, la barbarie yihadista ha volcado millones de personas sobre la ruta del exilio que hoy empujan las puertas de Europa, no las de Estados Unidos.

Por momentos la política extranjera de Estados Unidos ha incurrido en tales escollos que ha parecido faltarle el respeto a su personal de Defensa e Inteligencia.

La campaña de propaganda que acompaña la política extranjera más bizantina del mundo, después de la de Bizancio justo antes de su caída, no tiene reparos en calificar a kurdos y rusos de tiranos y terroristas, pero sabe hacer muestra de comprensión cuando de bordear mediáticamente hechos tan embarazosos como el bombardeo de un hospital de “Médicos Sin Frontera” en Kunduz, Afganistán, se trata. Sin duda la guerra limpia no existe, pero es difícil considerar que tras décadas de presencia en el país de Asia Central, antes y después de la desintegración de Unión Soviética, y más después del 9/11, el comando central no sea capaz de registrar correctamente coordenadas de un hospital, cuando éstas fueron entregadas con anticipo. Peor fue la tentativa de endilgar el error a terceros o desquitarse con un “fue sin querer”. Aparentemente, Estados Unidos es capaz de encontrar agua en Marte pero no de reconocer las coordenadas de un hospital en un mapa. Por momentos la política extranjera de Estados Unidos ha incurrido en tales escollos que ha parecido faltarle el respeto a su personal de Defensa e Inteligencia.

La misma doble moral se observa según el clivaje amigo-no amigo, al fragor de las guerras calientes del momento. Los houties (etnia chiita) en Yemen, no hacen parte de las insurrecciones árabes que gustan a la Secretaría de Estado. No es digna de figurar en el catalogo “Primavera Árabe”  de Hillary Clinton o John Kerry. Cuando las bombas tiradas por la monarquía satánica de Arabia Saudita causaron la muerte de 131 civiles en una boda houti, si hubo protesta debió ser confidencial a intención de unos pocos iniciados. Nada de asimilable a los espasmos del embajador de Estados Unidos ante las Naciones Unidas, Samantha Power cuando se siente ultrajada por la federación Rusa.

Rusia es paradójicamente vista como el último fuerte inexpugnable ante el avance del eje wahabita, sus petrodólares, sus Toyota boys y sus aliados presentables en sociedad.

La resurrección de la guerra fría,  enterrada por Ronald Reagan, es otra de las rarezas de la administración de Barack Obama. El postulado pro ucraniano casi militante de Obama ocupa un capítulo aparte del Nuevo Desorden Mundial. Barack Obama entró en funciones diciendo, en resumen, que su prioridad sería focalizarse sobre las cuestiones internas.  Ocho años después ningún presidente habrá creado tanto caos y problemas intricados en el mundo.

En América Latina, donde han crecido varios populismos, la política extranjera de Estados Unidos no es más clara. El retorno al autoritarismo setentista, caricatural, ha provocado cierres de periódicos y nuevas cohortes de exiliados. El líder de la oposición venezolana Leopoldo López está preso desde hace dos años. Sin embargo, ante esos atropellos, la autoridad moral de Estados Unidos sólo ha brillado por su extremada pusilanimidad. Lo que sí hizo Barack Obama fue levantar el embargo contra Cuba. Sin duda esa fue una sabia medida. Al fin y al cabo solo penalizaba a la población. ¿Pero, era necesario restablecer las relaciones diplomáticas al nivel de Embajador en un país donde todavía hay tantos prisioneros políticos y tantas violaciones de los derechos humanos?

Por oposición, en América Latina, la relación natural de Vladimir Putin consiste en una empatía afirmada hacia los gobiernos afines al socialismo del siglo XXI en nombre de un cierto sesgo autoritario de índole asiático. Un tropismo cultural irreconciliable con las posturas liberales y humanistas de los demócratas de América Latina. Pero sobre todos los otros temas, Rusia es paradójicamente vista como el último fuerte inexpugnable ante el avance del eje wahabita, sus petrodólares, sus Toyota boys y sus aliados presentables en sociedad. (Además de Estados Unidos, los socialistas franceses entre los cuales Laurent Fabius, Ministro de asuntos exteriores, mejor conocido como Ministro exterior a los asuntos)

La crisis de las armas químicas en Siria marcó el principio del fin del liderazgo de Estados Unidos.  Sin la intervención de Rusia, esa crisis hubiese desembocado en la transferencia de armas de destrucción masiva a los “rebeldes moderados” de Al-Nusra: “Como cada nueva temporada que empieza con una estridente declaración de fashionistas:grey is the new black’, parece que la tendencia de la temporada del presidente Barack Obama, habiendo completado la mitad de su segundo mandato, es haber cedido el liderazgo a Rusia. Al proponer un control internacional del arsenal químico sirio y un proceso de destrucción controlado, inmediatamente aprobado por el régimen de Bashar al Assad, Vladimir Putin sacó de su manga una carta decisiva. En realidad, hizo alarde de los valores que tradicionalmente se atribuyen a Occidente en las relaciones internacionales: racionalismo, shuttle diplomacy, moderación”. (¿Rusia, le Beau rôle? 10 de Setiembre 2013 en este portal).

El rol casi mesiánico que parte de la opinión publica occidental atribuye a Vladimir Putin es en ausencia de alternativa. Los gobiernos de Europa están plagados de idiotas inútiles. La política extranjera de Estados Unidos se ha convertido en un enigma esotérico medievalista. Lo que Rusia propone frente a una amenaza real es la reconfortante claridad de una resolución de crisis con malos y buenos fácilmente identificables. Los que degüellan, violan, secuestran son malos. De alguna forma Putin es el neoconservador que retoma la posta donde fue dejada por la primera administración de Georges Bush Jr.



Categorías:Medio Oriente, Terrorismo

Etiquetas:, , , , , , , , , , , , , , , , , , , ,

Responder

Por favor, inicia sesión con uno de estos métodos para publicar tu comentario:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: