Del populismo a la dictadura 2.0

urnas quemadas©Todos derechos reservados. Teresita Dussart

Opinión

La década de conducción la pareja kirchnerista habrá marcado un retorno, sin lugar a dudas, a las peores vicisitudes de la argentinidad: revitalización de una cultura mafiosa instalada por el peronismo y la inmigración italiana del sur, autoritarismo, histrionismo, necrofilia, presidencialismo hipertrofiado, culto de la persona, utilización de medios masivos con fines propagandísticos, amedrentamiento a recalcitrantes, desvirtuación de los engranajes del Estado a fines privativos, confiscación solapada de bienes bajo pretextos varios pero abocada a un solo objetivo: el enriquecimiento de la familia en el poder, robo al erario público, evasión, acumulación de riquezas de los gobernantes, varios asesinatos con claras ramificaciones mafiosas directamente vinculadas a la Casa de Gobierno, todo una abanico de actos de corrupción: prevaricato, sobreprecios, sobornos a todos los niveles, jueces disciplinados y nepotismo entronizando parientes totalmente desconectados de los requisitos de las funciones que ejercen. Un ejemplo de ello, es la ratificación por la Justicia del nombramiento de la hija del ministro de Defensa, Delfina Rossi, de 26 años, floja de papeles en cuanto a diplomas, conocida hasta la fecha por su compromiso político con el populismo catalanista en España, como directora del Banco Nación.

En medio de esos rictus que desfiguran el Estado de derecho, lograba sobrevivir la idea de que, así y todo, esa cosa horrorosa no dejaba de ser una democracia, en la medida que ese equipo, por poco presentable que sea, contaba con unción democrática. La mayoría es soberana hasta en el mal gusto.

Los últimos acontecimientos electorales en provincias del norte, dan a pensar que el gobierno kirchnerista reposa simple y llanamente sobre un nivel de usurpación propio de las dictaduras clásicas. Quema de urnas, colegio electoral a saldo, urnas abiertas, es decir nada menos que la profanación del derecho al voto secreto, cámaras que no ven, votos tirados, bolsones de comida por miles, falsificación de documentos de identidad argentinos provistos a votantes del Paraguay a cambio de promesas de ayudas sociales, control de poblaciones enteras para asegurarse que votaron “correctamente”; el espectáculo de las elecciones en Tucumán y Chaco no deja planear ninguna duda sobre un sistema donde el fraude no es la excepción, es la norma. Desde ese punto de vista hay que reconocer que las revelaciones del programa Periodismo Para Todos (PPT) acercan una realidad provincial a la cual los argentinos difícilmente tienen acceso, por el divorcio casi fundacional entre la capital y las provincias y los territorios del interior entre ellos.

Ya no es sólo Chaco y Tucumán en cuestión. Se puede dudar hasta del grado de representatividad del voto de 2011. ¿Qué pensar asimismo del nivel de transparencia en una provincia tan feudal como Salta, donde el gobernador fue reelecto en condiciones que causaron en su momento, a muchos, gran perplejidad? ¿Qué dejan augurar estos antecedentes de la organización de los comicios a nivel nacional para la elección presidencial de octubre?

El fraude se extiende como una psoriasis que desfigura la república. Cristina Fernández calificando el fallo valiente de una cámara de jueces provinciales en Tucumán, la cual ante la monumentalidad de los ilícitos en su modalidad más rudimentaria anuló esos comicios, se partió en un: “quieren decir que los pobres no saben votar”.

“Tal vez ése sea el rasgo más trágico en esa nueva forma de dictadura 2.0, el déficit de cultura democrática. La fábrica de zombis. Millones de personas que venden su voto y que lo venden barato”

Si en algo se esmeró la pareja, fue en producir en cantidades industriales pobres dispuestos a votar por un bolsón. Pobres que no saben votar, efectivamente, que no disponen de referencia, que no conocen otro mundo que su horizonte, que normalizaron su desamparo. Esa fue una política concertada. No es una mera consecuencia. Algo como un daño colateral. Y tal vez ése sea el rasgo más trágico en esa nueva forma de dictadura 2.0, el déficit de cultura democrática. En la dictadura clasica, el reprimido sabe que es reprimido, no en la fábrica de zombis. Millones de personas que venden su voto y que lo venden barato. Por un bolsón de comida de menos de cien pesos y seguirán viviendo los cuatros años siguientes bajo la autoridad de una cacicazgo feudal que les garantice un techo precario, una calle sin asfalto, pocos y malos servicios, una educación pública tan desnucleizada como imbecilizante. Gente que será acarreada, verá urnas quemadas y no rebuznará.

Los episodios de Chaco y Tucumán ratificaron lo que se sospechaba: Que el proceso electoral no es nada más que una operación cosmética para maquillar la enfermedad vergonzante de esa vieja hetaira que es la dictadura latinoamericana básica.



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1 respuesta

  1. Hasta pareciera que están buscando un golpe de Estado por la manera en que denigran y lesionan las instituciones y la Constitución. Quizás saben que no podrán manejar el país en lo económico y, consecuentemente, en lo social en los próximos años y antes que dar un paso al costado prefieren que los derroque una dictadura para luego quedar como mártires políticos.

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