Refugiados: A pagar los platos rotos

HillaryClintonLibya©Todos derechos reservados. Teresita Dussart

La imagen del cuerpecito de Aylen Shenu devuelto por el mar ha creado un antes y un después en la percepción y tal vez gestión de la crisis de los miles de sirios que se amontonan a la puerta de Europa. Ha contribuido a plasmar en las mentes la ordalía del exilio.

A pesar del efecto Aylen, la crisis no podía caer en peor momento. La ola de atentados en Francia este año ha potenciado un sentir en la parte oeste del continente, compartido más allá de la incompresible franja de votantes de la extrema derecha. Hay un fenómeno que oscila entre cansancio y desencanto en cuanto a parte de la inmigración reconvertida a un islam militante, cuya cantidad es percibida como poniendo en riesgo el equilibrio alcanzado con las primeras generaciones. Es en todo caso un estado de opinión con el cual todos los partidos en Europa deben, les guste o no, componer, y no solo los partidos marginales cuyo fondo de comercio ha sido tradicionalmente el nacionalismo.     

El canciller alemán Frank-Walter Steinmeier evoco la necesidad de un programa “permanente” de repartición por cuotas de los refugiados. Una decisión ya resquebrajada por el primer ministro húngaro, el conservador Viktor Orban. Orban evoca criterios étnicos, como el miedo de convertirse en minoría en su proprio continente. Otras objeciones más templadas seguirán porque en la situación imperante, el deber de proteger entra en colusión con otras prioridades, como la seguridad. Los refugiados y migrantes llegan con las redes de trata, muchas de las cuales financian el terrorismo y/o el crimen organizado. Casi todas las capitales europeas tienen implementados, desde meses, protocolos de seguridad ajustados en proporción al nivel de la amenaza terrorista. ¿Cómo acomodar esos programas a cohortes de refugiados que transitan fuera del mecanismo de entrada oficial al territorio? No se puede tampoco obviar que, en esos flujos, disimular yihadistas de retorno de Medio Oriente sería muy fácil y se ha producido ya un caso aislado esta última semana.

La seguridad no es el único escollo de frente a un hecho migratorio que se hace cada vez más masivo.  ¿Qué servicios ofrecer, qué programa implementar para lograr la adaptación de personas tan alejadas de sus costumbres y tradiciones, qué presupuesto? Además de los refugiados, 347.000 clandestinos cruzaron el Mediterráneo hacía Europa en lo que va del año. Las crisis humanitarias van instalándose en el paisaje.

Según la ONG Care, hay potencialmente 12 millones de sirios que tendrían buenas razones de huir de su país. A ello hay que agregarle los ciudadanos iraquíes y libios liberados por la supuesta revolución emancipadora de las “primaveras árabes”. La guerra en Siria fue iniciada hace cuatro años como un experimento político en las usinas del ala más wilsoniana de la administración de Barack Obama, personificada entonces por la ex Secretaria de Estado Hillary Clinton y la embajadora de Estados Unidos ante las Naciones Unidas, Samantha Power. Sus buenas intenciones plagaron el infierno de los ahora candidatos al exilio. Las primaveras árabes estimularon la metástasis del wahabismo yihadista en la región mesopotámica. Siria, es una república baasista por excelencia, autoritaria y laica a su vez, adosada a Irán pero sin compartir el fundamentalismo religioso de los ayatollah. No vio venir el golpe, cuando tras ser aliada de Occidente, fue transformada en Némesis absoluta, desde una nube de hachís, o algún coctel hormonal superior en efecto al tetrahidrocannabinoles (THC) proviniendo de la nueva usina de ideas de la Casa Blanca. Es allí que se concitaron las expresiones de regocijo que exaltaron los eventos de la calle árabe hace cuatro años.

Algún día vendrá algo peor que Isis, y la rama Toyota del djihadismo pasará a ser calificada de moderada ella también.

La diplomacia bridjetjoniana, animada de esas ideas generosas fue hasta armar los yihadistas disfrazados de rebeldes del Ejército Libre de Siria (ELS), afiliado a la Hermandad Musulmana. Cuando ésta demostró su inoperancia y tras varios cambios de representatividad, otros tantos chiismos internos seguidos de matanzas y robos de pertrecho, Al Quaeda y sus tentáculos Jabhat al Nusra, luego fundido en al Nusra, tomó el liderazgo. Hasta que llego lo peor -a la sazón-, con la irrupción de Isis. Los afiliados de al Quaeda en Siria fueron calificados de “moderados” por la administración de Obama, sin rasgarse las vestiduras, en virtud del lema los enemigos de nuestros amigos son nuestros amigos. Algún día vendrá algo peor que Isis, y la rama Toyota del djihadismo pasará a ser calificada de moderada ella también.

Cuesta recordar que no se registraban refugiados sirios antes que se intente derrotar a Bashar al-Assad. Hoy constituyen el grupo de desplazados más importante del mundo. Tampoco se avistaban, en suelo sirio, yihadistas viniendo de los cuatro rincones del mundo, armados por los países del golfo como Arabia Saudí  y Qatar. Lo más importante: no habían muerto 240.000 civiles.

Los muy golfos países del Golfo que siguen financiando los conflictos de Medio Oriente por medio de una predicación de combate son conocidos. Lo que no pagan, son las consecuencias de sus política de desestabilización y destrucción, ya que ninguna petromonarquía ha ofrecido cobijo a un solo refugiado. Mucho menos financiado un solo hospital de campaña que no sea para tratar a sus jaurías de fanáticos.

Europa no tiene por qué hacerse cargo sola, ni por qué ser objeto de lecciones de moral por parte de aquellos que no hacen nada, o de aquellos que hacen al problema y no a la solución.

El gobierno de Recep Tayyip Erdoğan en Turquía es otro actor fundamental del desbaratamiento humano y su efecto dominó en Europa Occidental. En una entrevista con la periodista Cristiane Amanpour en plena crisis de refugiados, Erdogan declaró que el “Mediterráneo es un cementerio”, apuntando a la responsabilidad de la Unión Europea. A pesar de que la región es víctima de las mafias de la trata de personas. Turquía ha tenido un rol cardenal en la potenciación de los grupos yihadistas en Iraq y Siria al dejar pasar por su territorio los miles de candidatos al terrorismo en Siria e Iraq que proveyeron el grueso de los “recursos humanos”. Por si fuera poco, en julio la aviación Turca bombardeo poblaciones kurdas en el norte de Siria, pese a ser los Peshmergas el primer grupo en la línea de fuego contra ISIS. 

El angelismo cegado de Barack Obama, especialmente durante su primer mandato, derivó en una responsabilidad directa en lo que va de la situación presente. Los países del Golfo, por su parte, son los autores intelectuales de los crímenes cometidos por los grupos yihadistas. La república de Turquía es cómplice objetiva de los mismos. Pero el único que paga los platos rotos es la Unión Europea.

El reconocimiento del estatuto de refugiado proclamado por la convención de Ginebra en 1951 y enmendado por el protocolo de New York diez años después, ilustra la humanidad. Desde los años 90 otros conceptos al derecho humanitario han venido a agregarse, como el deber de proteger o el derecho de injerencia humanitaria, pensado por el ex canciller de Jacques Chirac, Bernard Kourchner, fundador de Médicos Sin Fronteras. Un cuarto de la población mundial tendría potencialmente buenas razones de emprender el camino del exilio: dictaduras, malos tratos a las mujeres, corrupción sistémica, catástrofes naturales. Tal vez tenga sentido considerar que si el derecho internacional implica que el país de recepción vea sus costumbres y su soberanía parcialmente alteradas por la entradas de miles y miles de personas en busca de refugio, una simétrica alteración de la soberanía sea aplicada para poner fin a la razón del destierro de esas personas. Y ¿porque no? imponer una suerte de justicia retributiva. Que quién cree caos pague los platos rotos por ejemplo. Europa no tiene por qué hacerse cargo sola, ni por qué ser objeto de lecciones de moral por parte de aquellos que no hacen nada como la integralidad de las naciones asiáticas o latinoamericanas, o de aquellos que hacen al problema y no a la solución.

@teresitadussart

Sobre el mismo tema, del mismo autor: Las mafias detras de la trata de personas

https://relacionesinternacionales.co/2013/10/12/las-mafias-detras-del-trafico-de-personas/



Categorías:EUROPA, Islam, Uncategorized

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