Mauricio Macri ajusta su discurso tras la corta victoria de su sucesor

vertigo recortado

©Teresita Dussart

Todos las encuestadoras anunciaban una victoria con una ventaja de 10 a 15% para Horacio Rodríguez Larreta, delfín de Mauricio Macri (PRO, socio-democracia) para la jefatura del gobierno de la Ciudad de Buenos Aires en los próximos cuatro años. Es sabido que las encuestadoras locales constituyen un nicho confortable de parientes donde lo que menos impera es la calidad del recurso humano, pero este es un caso antológico de error de proyección. No sólo las encuestadoras se equivocaron. Habiendo pasado pocos minutos de las 18, el diario Clarín anunciaba a Horacio Larreta como nuevo jefe de gobierno. Cuando con 30% de los escaños escrutados la diferencia con el candidato del balotaje, Martín Lousteau (peronismo light, tirando a izquierda versión Podemos-Syriza), era de unos decimales. El sentimiento en el bunker del PRO era el de Scottie Fergusson sobre el techo intentando salvar a Kim Novak: Vértigo fulgurante.

Larreta finalmente ganó con 51,64% de los votos. Pero Martín Lousteau con sus 48,63% se benefició de los votos kirchneristas. Con un discurso más técnico, más preparado, es posible en una primera lectura que Lousteau haya logrado convencer una parte de un electorado indeciso, allí donde el candidato Larreta representa una real depreciación intelectual para el PRO. Lousteau hace frases salpicadas de conceptos respetables apelando a superar los errores del pasado, la corrupción etc. Larreta se dirige desde la tribuna a una platea de futboleros. Su campo lexical es olala, oléle, olala, alabar a su familia, madre, padre, hijos y actual esposa. Se podría deducir confrontando los discursos que el populista es Larreta y no Lousteau. No obstante, a pesar de un embalaje atractivo de un joven que estudió en las mejores universidades extranjeras, el discurso de Lousteau repite el viejo esquema argentino que prevalece desde la mitad del siglo pasado. Las mismas redundancias peronistas de un Estado al borde del precipicio. Y los bombos y folclore oclócratico que lo acompañó dejó a las claras a quién y qué se dirige su discurso. El ex ministro de Economía de la presidente Cristina Fernández, oficialmente actual némesis de la señora, comparte los mismos seguidores.

El gobernador de la Provincia de Buenos Aires, Daniel Scioli, candidato a la presidencia ungido por Cristina Fernández, no se equivocó e intentó en sus primeras declaraciones recuperar enseguida a la nueva estrella Martín Lousteau, que quedará como el hombre que puso en peligro a Mauricio Macri, también candidato a la presidencia en octubre 2015.

Es probable que los buenos resultados de Lousteau no sean debido a su discurso neo-kirchnerista sino, por defecto, por lo poco convincente de la performance de un Larreta técnicamente muy flojo, siendo su único argumento el ser el albacea de Macri y recuperar el equipo de su precursor. Pero no es ese el análisis que prima hoy. Tanto, que el propio Mauricio Macri peronizó notablemente el discurso que dio desde la tribuna del bunker del PRO en esta noche de elección.

Se declaró opuesto a la privatización de la compañía YPF, estancada desde su confiscación por parte del gobierno de Cristina Fernández de Kirchner. Igualmente se destacó opuesto a la privatización de la compañía Aerolíneas Argentinas, la empresa de línea que más dinero por día pierde en el mundo en valor absoluto y en valor PIB. Tomó una serie de compromisos de tinte muy peronistas que rompen con un discurso más socio democrático, más moderno, que encarnaba hasta ahora. Evocó una vía alternativa de “mejor administración” pero en el marco de la empresa nacionalizada. Dejó a las claras que a partir de lo que interpreto de las urnas va a preferir las acechanzas del peronismo a un discurso que pueda ser asimilado al lastre del ajuste. Algo que de todos modos no se elige. El que suceda a la presidente Cristina Fernández de Kirchner deberá simplemente implementarlo para solventar la deuda tan gigantesca como solapada que la señora gestó durante su último mandato. El riesgo en este giro semántico de Macri es que la gente tiende a preferir el original a la copia. Para un discurso clientelista ya hay una oferta pletórica. El votante del PRO lo que busca es una ruptura con el autoritarismo, proteccionismo, la corrupción.



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