Un gobierno con olor a naftalina

Opinión. teresitadussart@gmail.com Todos derechos reservados.

Plotinus_and_disciples

Agustín de Hipona. Maestro y discípulos. Una relación fundamental a la trasmisión del saber.

 

 

 

Al gobierno de Cristina Fernández le queda poco tiempo para dejar plasmado que hizo algo para el país, y la fuente de inspiración desde donde alguna chispa demagógica puede surgir en 2015 es del cajón apestando a naftalina, a moho y a barbudo apolillado de Mayo 68 que llegó a viejo pero no a sabio. Viejas ideas fracasadas, en particular en lo que toca a la juventud. Métodos usados hasta la cuerda, entre los cuales políticas de educación surgidas de Mayo 68, hoy desmentidas por quienes reconstruyen lo que fue deconstruido: el gusto del saber. Un senador del Frente Para la Victoria (FPV), Gustavo Oliva, acaba de sacar de su manga un proyecto fundado en el principio de afinidad electiva del alumno al maestro. El fin de la autoridad, la crisis de la cultura, todos esos eslóganes que desembocaron en el “we don’t need no education” de Pink Floyd son lemas que aluden para las nuevas generaciones de pedagogos, a desastre. Todos los días en algún lugar del mundo salen varias publicaciones sobre el tema de la restauración de la autoridad en la escuela, la autoridad como vector de integración, la autoridad positiva, etc.

El proyecto fosilizado de Oliva es el de alguien que vivió en una isla durante cincuenta años. No parece estar anoticiado ni de aquellas experiencias, ni de sus estragos sociológicos, educacionales y hasta antropológicos, si se enmarca la educación como eje de una epigénetica, de superación o regresión progresiva de las cohortes generacionales. Su propuesta consiste en que el alumno pueda cada cuatro años participar de la evaluación de sus maestros. El eslogan que compensa ese vacío propedéutico es que un joven de “16 años que puede votar, puede evaluar sus maestros”. El despotismo democrático podría así implementarse en la educación pública y los malos alumnos colaborar a la selección de los malos maestros y el escarnio de los buenos. En un segundo paso, se podría proponer a los maestros hacer campaña, acompañada de las promesas subyacentes. Lo cierto es que esa evaluación según el proyecto solo contaría por mitad, pero la disposición psicológica que instala en la mente del alumno es la del consumidor que compra o no el servicio propuesto según el grado de satisfacción. Satisfacción cuyos criterios pueden ser los de una mayoría de semianalfabetos revanchistas.

Argentina no ha cesado de ser retrogradada en los puestos más preocupantes en materia de adquisición de saberes objetivos. Así lo demuestran las evaluaciones PISA de la OCDE que dejan al país austral en el puesto poco reluciente de 59 en un listado de 69 países. En 2013 un estudio organizado por el propio Ministerio de la Educación de la Nación demostró que 70% de la población que llega al bachillerato no sabe leer y entender un texto simple. El recurso humano que se va gestando es malo y lo es cada vez más. Pero el problema no es sólo en su aplicación económica. Lo es en la dimensión humana. Los griegos de la antigüedad consideraban que un individuo culto es más humano que un ignorante, por lo tanto la institución encargada de proveer el saber habría de evocarse como Humanidades. El Renacimiento Europeo, con Erasmo hizo propio ese apotegma. Desde entonces, muchos países siguen calificando a su secundario como Humanidades.

Esas Humanidades no se trasladaron a Argentina, donde se pasó del tomismo al setentismo casi sin transición. No sólo ello. Pero para comprometer el desarrollo de una élite intelectual siempre hubo quién. Hay un largo contencioso entre la inteligencia y sus dirigentes contra-elitistas. Al menos si por élite se entiende mérito. El profesor emblemático, tanto que se celebra el Día del Profesor, el 17 de setiembre, día de su muerte, es el alsinista o neo rosista José Manuel Estrada . Un hombre que no obstante haber combatido el tirano Rosas, propaga al mundo académico una propedéutica de suplantación de los saberes objetivos por la catequesis, que es la de una iglesia católica versión Gauchito Gil. Su protagonismo como profesor de derecho constitucional en las postrimerías del siglo XIX y como rector del Colegio Nacional de Buenos Aires, del cual se dice que salen las élites argentinas, fue la de luchar contra la separación del Estado y la Iglesia, y subordinar éste a ésta, oponiéndose a la ley más ilustrada de tiempos argentinos que fue la Ley 1420 de Separación de la Iglesia y del Estado y Ley de Educación obligatoria y gratuita, que le valdrá al presidente Julio Roca entonces la ruptura diplomática con el Vaticano. Estrada fue un precursor de Perón y sus Mini me del tipo del Senador Oliva.
Las ideas de Estrada tenían dos siglos de retraso con los conceptos en vigor por entonces en Europa y en América del Norte. Hoy lo que retrasa es la catequesis setentista.



Categorías:Argentina

Etiquetas:, , , , ,

Responder

Por favor, inicia sesión con uno de estos métodos para publicar tu comentario:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: