Tres meses después ningún elemento corrobora el pedido de arma de Nisman

Le_Parc_Puerto_MaderoTeresita Dussart. Todos derechos reservados. teresitadussart@gmail.com

Tres meses después ningún elemento corrobora el pedido de arma de Nisman

Las dos últimas personas en haber visto en vida el fiscal Alberto Nisman, el custodio Rubén Fabián Benítez y el informático Diego Lagomarsino, declararon que éste les había pedido un arma a pocas horas de su muerte. Ese pedido de arma nunca parece haber sido cuestionado. Sin embargo, cuando dos testigos claves en una investigación dicen la misma cosa sobre un aspecto tan decisorio de la mecánica de muerte, como fue el acercar el arma, la Bersa Thunder 22, se abre técnicamente la posibilidad que se esté ante una coartada. Esa parte de la declaración no parece haber sido ahondada. Empero, tiene su importancia teniendo en cuenta que tanto Lagomarsino como Benítez obedecen a una línea de mando que dista de ser neutral.

El 23 de enero, en este blog se dieron a conocer en primicia las declaraciones de los custodios de la Policía Federal, el domingo fatídico en que fue descubierto el cuerpo del fiscal, los suboficiales Armando Niz y Luis Alberto Miño. A ellas agregamos, el 27, la declaración del custodio Benítez; el que mejor conocía Nisman ya que estaba a su servicio desde 1997. El escrito ante la autoridad judicial es un testimonio pero también es un hecho. El aporte de Benítez tiene dos ejes. El primero es que penetra en condiciones de excepcionalidad hasta el salón del departamento de la torre Le Parc, ya que es algo que Nisman tenía proscrito a sus custodios. El segundo aspecto es la afirmación del pedido de arma. En los dos casos, tanto de la entrada a los aposentos, como del supuesto pedido de armas: no hay testigos, como no los hay en el caso de Lagomarsino.

“Como respuesta, se le intima a Benítez de subir al domicilio, ubicado en el piso trece por la puerta de servicio. Nisman abre la puerta y lo invita a pasar hasta el living. Lo cual, informa en su declaración el oficial, ‘llamó extremadamente la atención de Benítez, ya que no era común, que el funcionario invite a pasar a los efectivos policiales, es más, durante todos estos años el dicente sólo en algunas oportunidades y a solicitud del funcionario sólo había ingresado hasta la cocina del departamento, pero jamás hasta el living’. Allí se habría encontrado, según trasude de su declaración, con un Nisman desencajado.
La revista Noticias se hallaba sobre una mesita. El fiscal hace ese sábado la portada. Nisman, toma la revista y le hace el siguiente comentario ‘Vio esto, les voy a romper el culo, los voy a hacer mierda, pero pase, pase…’. Una vez en el living, el funcionario lo invita a sentarse en los sillones y le hace entonces un pedido insólito: ‘Benítez, me quiero comprar un arma, usted qué me recomienda? A mí me dijeron que comprara un revólver’”. (Nota del 23 de febrero 2015)

Si tal fuese el caso, la percepción de amenaza debió ser muy importante por parte de Nisman. Sin embargo no hay eco de ello, en ninguna de las comunicaciones que tendrá el fiscal esa tarde. Tampoco ajusta su comportamiento a ese índice de riesgo tan álgido. Se mantiene en su domicilio, sin modificación alguna a sus costumbres.
El fiscal conocía el entorno kirchnerista, ya que había participado de varias de sus operaciones espurias mientras hubo afinidad entre ellos. No ignoraba que en Puerto Madero se encontraba en territorio kirchnerista. Tampoco podía ignorar las ramificaciones de la SIE, la sociedad de seguridad privada contratada por el consorcio del complejo inmobiliario Le Parc, sociedad íntimamente relacionada al corazón del poder al cual Nisman se enfrentaba desde 2012. El periodista Luis Gasulla ha investigado esa parte en profundidad.

Benítez, en su declaración, insiste en el pedido de confidencialidad por parte de Nisman a punto tal de apartar al otro custodio, Durán: “Siempre por la puerta de servicio. Allí Nisman pregunta detrás de la puerta, ‘¿Benítez, con quien está?’. Éste aclara, según consta de su declaración que se encuentra con el sargento Durán. Nisman habría pedido entonces a Durán de retirarse y de esperar en el área de estacionamiento. O sea:no hay testigos.

El gobierno de Cristina Fernández parece dar por superado este otro Titanic judicial. La vieja receta consistiendo en imponer cuantiosas operaciones (maniobras de hundimiento) surgiendo de varios de sus diversos sectores de inteligencia (ex SIDE, SI-Casa Rosa, AFI-Cámpora, inteligencia militar de César Milani) en funcionamiento. En este caso, la causa ha padecido, encima y desde el primer momento, de una monumental y tal vez genuina incompetencia por parte de la fiscal Viviana Fein. Por su parte, la representante de la parte civil, las hijas del fiscal, la ex esposa y jueza de San Isidro, Sandra Arroyo Salgado, mantenía relaciones con la pareja Kirchner, a la que le debe directamente su puesto, a la vez que con el ex hombre fuerte de la Side, Stiusso. No es una parte confiable. En cuanto al periodismo, ha dividido las aguas entre obscenos anatemas emanando del sector pro gobierno hacia todo aquél que acercaba información. La prensa independiente se ha entregado, la mayoría de las veces, a una nismanolatría apenas menos embarazosa.

Nisman fue elegido por Néstor Kirchner por su impericia. Por ser manipulable. Por compartir los mismos requisitos de todos los elegidos por la pareja Kirchner. Y eso se traduce en diez años de status quo en la causa Amia. Su gestión obedeció a un imperativo: alejar cuanto más posible la atención de los autores del atentado. Su dictamen de 2006 es un caso antológico de aberración judicial. Los que lo conocieron en la sede de Interpol de Lyon hablan de sus malos modales, de su soberbia, y hasta de desórdenes psíquicos. Mucho se ha dicho de su extremo narcisismo y del hecho que tal perfil psicológico no era sujeto a un suicidio, desconociendo que el propio Narciso termina arrojándose en el agua por no poder despegarse de su reflejo. La herida narcisista es constitutiva de uno de los dolores más tanáticos y genera gravísimas descompensaciones. El actuar de Nisman tras diez años de gestión de la UFI Amia se encontraba muy cuestionado antes de su muerte. Pero la cuestión no es saber si Nisman presentaba un perfil de suicida. La cuestión es saber si es eso lo que hizo o si, al contrario, lo mataron, y en este caso ¿quién?

De haber Nisman planificado su suicidio, sorprendería que no hubiese arreglado sus asuntos personales, de modo tal de no dejar a su madre en una situación tan delicada frente a la justicia por las cuentas extranjeras y el origen de los fondos que podrían recelar, de las cuales, al menos en un caso, la madre sería cotitular con Lagormarsino.
Independientemente de la personalidad de Nisman, consta que la responsabilidad del gobierno de Cristina Fernández no está lavada. Una hipótesis razonable es el crimen de estado.



Categorías:Argentina, Corrupción

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