Viernes decisivo para Grecia

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Es hoy que tiene que pasar, ante el Bundestag, la propuesta del gobierno del partido Syriza (izquierda radical) de Alexis Tsipras, para superar la fecha límite del primero de marzo. De lo contrario, deberá enfrentar a sus acreedores sin el respaldo de la Troika (Banco Central Europeo, Comisión Europea, Fondo Monetario International).  In extremis, un proyecto de seis páginas fue enviado el 23 pasado, a pocos minutos que se consuma el plazo, cuando ya se desestimaba que el gobierno griego cumpliría con lo acordado durante la reunión de la “última oportunidad” el 20 de febrero.

El proyecto fue aceptado por el Eurogroup, presidido por el luxemburgués Jean Claude Juncker.  Ahora deberá pasar ante los parlamentos alemán (hoy), finlandés, de los Países Bajos y de Estonia.  Si la lista de las reformas helenas no obtiene la aprobación de estos parlamentos, la salida de la zona euro se tornaría casi automática, por colapso de su sistema bancario. Si en cambio el gobierno griego logra superar el examen será puesto a prueba durante una fase de cuatro meses. Sólo después se decidiría  si se le gira la última parte del Plan de ayuda del Eurogroup de 7 mil millones de euros.

Lo más difícil será ganarse la simpatía del partido mayoritario en el Bundestag, el CDU. En conferencia de prensa, Wolfgang Schäuble, ministro de Finanzas alemán, apenas si puede disimular su aversión ante los acentos francamente populistas del más mediático de los ministros de Syrisa, su par en la cartera de Economía, Yanis Varufakis. Entre el 20 y el 23, el autor de “El Minotauro global” -, una versión griega de las Venas Abiertas de America Latina-, pero escrita trenta años depués, se expandia en los medios hablando de reducción de la deuda. Un concepto utra tabú en este milenio. La opinión pública de los países del norte europeo, es decir los que pagan los platos rotos, y no porque esten festejando a la griega, no toleraría que se refinancie una deuda ciegamente a un país que no ha sabido, o poco ha intentado, lidiar con los cuatro problemas fundamentales de su administración, que son: la corrupción, el fraude fiscal, la evasión fiscal y la falta de independencia de sus autoridades de control, que hace posible todo ello. Schäuble hizo saber su escepticismo ante la propuesta del gobierno griego. “Veremos si podemos tener la garantías del gobierno griego o no”, declaró en conferencia de prensa en el día previo al voto alemán.

Sin embargo,  en ese documento, el equipo de extrema izquierda ha debido aligerarse de 90% de sus promesas electorales, viejas de tan sólo unas semanas.  Parte de las reformas diseñadas portan sobre aquellos disfuncionamientos crónicos de Grecia, los cuales durante los años del inamovible Pasok (socialista) entraron a hacer parte de un nefasto acervo cultural. Tsipras se compromete a hacer de la lucha contra la corrupción una “lucha nacional”. En cuanto a las medidas relacionadas a la progresión de la gran pobreza, aquella generada por la corrupción precisamente, y la crisis antológica en la cual culminó, el proyecto dice que serán gestionadas “de modo a que no impacten negativamente en el presupuesto”. Muy, pero muy lejos de la campaña electoral.

De hora en más, se habla de “preservar la competitividad” y otros conceptos más ortodoxos. Además Tsipras se compromete a no volver sobre las privatizaciones consentidas. No sólo ello, sino que deja entender que la única forma de poner en pie una política anti-austeridad sería procediendo a más privatizaciones.

Es sabido que en Europa la mejor manera de proceder a reformas de mercado es esperar que llegue un gobierno de izquierda. ¿Sera este otro caso? Habrá que ver cómo el ala más populista de Syriza se traga la poción. Cuando Syriza llegó al poder con su legión de funcionarios argentino-venezolanizados,  para la Unión Europea, el caso Grecia pasó en pérdidas no amortiguables casi de oficio.  La reacción por parte del Eurogroup fue de unánime hartazgo.  El gobierno anterior, del conservador Antonis Samaras (ND), había logrado torcer el brazo a la Unión Europa en el marco de un plan de rescate sin precedentes en la historia económica europea y se anunciaba un retorno al crecimiento a fines de 2015 del orden de 2,3%. Y de pronto llegaba una camada de cuarentones con aires de adolescentes padeciendo el síndrome de Peter Pan, aleccionando a los bomberos por haberse atrevido a apagar el fuego.

El discurso que de pronto hacía entrada  era el que los políticos del Eurogroup acostumbran leer en los diarios, rubricado como exótico, de realismo social, cocotero, palmeras y bananeros.  Aquel que consiste en  contratar un crédito, reestructurar la deuda, votar un régimen más populista y más corrupto que el que precedió que niegue la legitimidad de la deuda, gritar a la soberanía, buitres y caranchos, pedir que se cancele o reestructure la deuda, vestirse de la Bella Mirella y volver a bailar sobre la tablas del mercado del crédito o pujar tras sus puertas.

El escollo con el cual se estrelló de inmediato Alexis Tsipras después de su elección es que en esa taberna, ese discurso sólo generaba fastidio e impaciencia. Viktor Schäuble o Jean Claude Juncker demostraron muy poca actividad hormonal ante el histeriqueo populista. Las medidas anti-austeridad enarboladas por Alexis Tsipras durante la campaña: si perfectas, siempre y cuando el contribuyente europeo no las tenga que financiar. Y si el partido Syriza insistía en no querer cumplir con reformas impuestas por la Troika europea, podía perfectamente renunciar al Plan de ayuda del Eurogroup a Grecia. Pedir ayuda tiene sus limitaciones, por la simple razón de que el que ayuda tiene que rendir cuenta al que desembolsa el dinero.

Sea o no reconocido, el hecho es que Tsipras tomó una decisión valiente que bien puede costarle beber la cicuta. En la misma situación, se puede conjeturar que el líder de Podemos en España, Pablo Iglesias, y su corte subsidiada por Nicolás Maduro, se hubiese mantenido en una actitud dogmática. Porque además de disponer de mucha menor preparación académica que la de los líderes de Syriza, la carga ideológica y sectaria de Podemos es lo más virulento que se ha visto en Europa occidental desde hace sesenta años.

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Categorías:EUROPA

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