Argentina y el síndrome de Waco

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Atrapado en el pantano político judicial de la causa del ex fiscal Alberto Nisman, cuya muerte el 18 de enero pasado sigue siendo caratulada dudosa, el gobierno argentino se ve además obligado a pasar por las horcas caudinas de la prensa internacional. En reacción a esta nueva demanda de noticias, surgida por la publicidad la menos deseada, el gobierno de Fernández se ha atrincherado evocando oscuros designios por parte de las “grandes potencias” para “desestabilizar” (conceptos recurrentes) y hacerse del cuerno de la abundancia del país. País que Cristina Fernández gobierna desde hace más de una década, sumando el mandato de su ahora fallecido marido. En ese marco, los culpables vuelven a ser los malos por antonomasia: Estados Unidos e Israel.

“Estamos bajo fuego”

En un mes, los discursos, declaraciones y notas procedentes de usinas de comunicación de la Presidencia reflejan un tonito muy particular: el del estado de alerta. Aquél que un agente inorgánico de la Secretaría de Inteligencia (SI) y comunicador kirchnerista resume en un leitmotiv: “Estamos bajo fuego”. El 12 de febrero, ese clímax llegó al punto más álgido al referirse al ex embajador estadounidense Spruille Braden: “La Argentina no es el patio trasero de ningún país del mundo. Éste es un país soberano en el que respetamos a todos pero no vamos a aceptar a ningún Braden más“. Spruille Braden fue el jefe de la legación de Estados Unidos en Argentina durante la Segunda Guerra Mundial. Su informe “The Blue Book on Argentina”, en 1947 ante las Naciones Unidas, demostró extensiva y copiosamente que, bajo el mando de Juan Domingo Péron se había conducido una política activamente colaboracionista con el Eje. Como resultado del informe de Braden, Argentina sufrió una fase de ostracismo por parte de la comunidad internacional. Sin embargo, Perón supo presentar lo que era una sanción internacional, como una victoria contra el atropello a la soberanía. El apellido de Braden se convirtió en un sinónimo de “imperialismo”. “Perón o Braden, Braden o Perón” es un clásico de los mantras peronistas.

El 17 de febrero, el canciller Héctor Timerman hizo públicos a la prensa dos correos dirigidos a Israel y a Estados Unidos. En su correo al secretario de Estado John Kerry, Timerman entra de pleno en el tema cuando advierte: “Argentina se ve en la necesidad de reiterar que nuestro territorio no sea utilizado para fines de intereses geopolíticos y militares de terceros países”. La única presencia castrense extranjera sobre territorio argentino de la cual se tenga conocimiento a la fecha es la de una misteriosa base militar china en la provincia patagónica de Neuquén. Un predio destinado a actividades aeroespaciales a propósito del cual el Congreso argentino no tuvo oportunidad de decir ni mu.

Si el canciller argentino no duda en inmiscuirse de entrada en las relaciones internaciones de terceros, al calificar negativamente “las divergencias entre su gobierno (Estados Unidos) y el estado de Israel sobre las negociaciones para concluir un acuerdo que reduzca las tensiones sobre temas nucleares”, la soberanía vuelve a ser hiperbólica pero ya cuando se trata de si mismo: “La Argentina observa con suma preocupación la creciente frecuencia con que muchos países son utilizados como escenarios en los que otros estados intervienen para definir disputas en función de sus propios intereses geopolíticos. También nos preocupa ver cómo se utilizan mecanismos de propaganda abierta o encubierta con tales fines”.

El mundo es simple: todos los extranjeros de  “potencias” trabajan para el Mossad y/o CIA

Damián Pachter, periodista de doble nacionalidad argentina e israelí del Buenos Aires Herald, fue el primero en twitear que “algo” había pasado en el edificio de Nisman al advertir dotaciones de policía y una ambulancia aquel fatídico domingo 18 por la noche. A partir de allí sufrió presiones y seguimientos sospechosos y optó por abandonar el territorio sintiendo que no podía garantizar su seguridad. Y es que tanto el oficialismo como la oposición no dudaron en presentarlo como un agente del Mossad infiltrado. Acusación adosada al sólo hecho de su doble nacionalidad y de haber, como todos los jóvenes israelíes, efectuado el servicio militar en Israel. Su miedo no fue infundado. En una nota publicada el 18 de febrero en el diario Perfil, “La muerte de Nisman fue perpetrada por la CIA”, se puede leer “(Carlos) Telleldín y la abogada Raquel Llobet aseguran que el periodista Damián Pachter recibió la primicia de la muerte de Nisman de un comando israelí”. En sí es extraordinario que Telleldín, piedra angular del esquema terrorista local del atentado a la Amia pueda expresarse en libertad. Que encima instale la versión conspirativa de la CIA, el Mossad y el periodista Pachter como parte de un complot de “desestabilización” contra Cristina, como también lo afirma, dice más que cualquier discurso sobre quiénes son los aliados sobre los cuales este régimen entiende afianzarse en los meses de poder que le quedan. Especialmente teniendo en cuenta que la libertad, Telleldín se la debe al testimonio de la Presidente en 2004 ante el TOF3 y del ex director de Operaciones de la SIDE, Horacio Antonio Stiusso.

Quien esto escribe también se benefició del extraño “homenaje” de ver de pronto varios medios pro-gubernamentales publicar notas en los cuales se la acusa de ser una “mercenaria”, “espía”, “desestabilizadora”, “kamikaze sionista”, trabajando para uno o varios servicios, según los autores. Los términos empleados son los de personas que inequivocablemente quieren instalar un cerco de intimidación.

Retórica de guerra fria

Esas declaraciones incendiarias concuerdan con el contenido de las misivas de Timerman y su retórica de guerra fría: “como Canciller de la República Argentina considera importante solicitar que el personal diplomático acreditado en nuestro país observe las normas y conductas estipuladas por la Convención de Viena (…) sobre la no interferencia en los asuntos internos en las jurisdicciones donde prestan servicio“. En claro está acusando a un estado aliado de encubrir espías. Es la clase de retórica que se tiene cuando se está a punto de retirar las credenciales a uno o varios diplomáticos o de expulsar extranjeros acusándolos de ser espías porque molestan.
El síndrome de Wako en Argentina tuvo su entronización apoteótica en una de las cadenas nacionales de este mes, cuando la Presidente describió un mundo “de afuera” lleno de “mugre” y de problemas de todo tipo, bombas, hambres y demás situación dantesca, por oposición al Jardín de Edén de la República Argentina. Y la Presidente concluía pidiendo a sus compatriotas que se cuiden de no hacer venir esa mugre.

En un contexto de fin de reino de una Presidente con muchas cuentas pendientes con la justicia de su país; de jueces y fiscales que en el fin del mandato del presidente de turno, tradicionalmente descubren el mérito de la independencia judicial y empiezan a atreverse a investigar; contexto al cual hay que agregar la ruptura con varios socios del poder, tales como el ex director de operaciones de la Side, Horacio Antonio Stiusso y otros socios no menos altisonantes pasados a la oposición; de fuerte inestabilidad institucional; es más que probable que el hostigamiento hacía los observadores extranjeros tome la forma de una caza de brujas. La constante alimentación de ese clima de asedio, desde la presidencia, pasando por el Canciller a entes de comunicación orgánicamente afianzados al gobierno, es un indicador de un riesgo que no debería pasar desapercibido.

 



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3 respuestas

  1. Si el poder judicial, no hubiera sido sordo y mudo cuando era necesario actuar y hacer valer la ley, Nisman estaría vivo. Se levantan en una mezcla de repudio y espíritu alterado por la culpa y el miedo. Lo que hicieron no tiene solución, lo que están haciendo es lo que deben y deberían haber hecho. Sin ser católica, me esperanzo en un resultado de lo que hoy persiguen. La nota, muy abarcante y buena. Gracias por la información.

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  2. Reblogueó esto en scacciabuey comentado:
    Muy buena nota

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  3. fin de reino de una Presidente y muchas cuentas pendientes con la justicia

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